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Fuente del Rey de Priego de Córdoba: audioguía de sus estanques, esculturas y jardín

Entre todo lo que hay que ver en Priego de Córdoba, la Fuente del Rey es el lugar donde la ciudad nació alrededor del agua. Esta audioguía recorre en cinco paradas sus estanques, su león con un misterio sin resolver, un Neptuno recién lavado y el jardín bajo la roca donde empezó un festival. Te explica la historia de la Fuente del Rey de Priego de Córdoba como te la contaría un amigo que sabe mirar.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Fuente del Rey de Priego de Córdoba: audioguía de sus estanques, esculturas y jardín

Fuente del Rey de Priego de Córdoba: origen del nombre y Alfonso XI

El rey que acampó junto al agua

Colócate en la parte baja del conjunto, de frente a los tres estanques, con la fuente subiendo ante ti hacia el nacimiento.

¿Qué tiene que pasar para que una fuente se gane el apellido de un rey? Aquí la respuesta tiene nombre y fecha.

Cuenta la tradición que en mil trescientos cuarenta y uno, mientras Alfonso undécimo asediaba Priego para conquistarla, el rey plantó su campamento junto a este manantial. Tiene su lógica, hay que reconocerlo: si vas a sitiar una villa, mejor tener el agua a mano. Desde entonces, dicen, este paraje es la Fuente del Rey. Es la historia que más se repite en Priego. Convierte a aquel monarca en el vecino más famoso de este rincón, aunque estuviera de paso y con un ejército detrás.

Ahora mira lo que tienes delante. Tres estanques escalonados, uno tras otro, con bordes curvos que entran y salen. Recorre con la vista esas curvas y los mascarones de piedra que escupen agua. En total, ciento treinta y nueve caños. Si alguien te dice que son trescientos sesenta y cinco, sonríe y no discutas. El recuento dice ciento treinta y nueve. Ya te contaré de dónde sale el otro número.

Y ahora busca el panel informativo del recinto. Su escena muestra el campamento, el asedio y el terreno tal como se imagina en la Edad Media. Parece antigua. No lo es. Se instaló en dos mil veinticinco para recrear aquella conquista. Es una imagen de hoy hecha a partir de un recuerdo medieval.

La leyenda empezó con un rey. Pero lo que trajo al rey hasta aquí fue el agua. Sube hacia el estanque más alto, que vamos a buscarla donde nace.

Para profundizar

Todo esto brilla, pero no se cuida solo. En dos mil diecinueve, el restaurador Manuel Jiménez Pedrajas se ocupó del grupo de Neptuno y Anfítrite, que verás más adelante. Desmontó piezas y las limpió. Retiró líquenes y morteros viejos. Después consolidó la superficie de la piedra. Fue un trabajo de paciencia, pieza a pieza.

Las conducciones dieron más trabajo todavía. En las obras de conservación de dos mil veinte y dos mil veintiuno apareció un enemigo silencioso. Las raíces de los árboles se habían colado por las grietas y habían cegado los canales. Es la pelea más vieja de cualquier jardín con agua: los árboles beben donde pueden, y si pueden hacerlo por dentro de la fuente, mejor para ellos. El mismo restaurador encontró otra cosa curiosa. Más de doce mascarones no están hechos de la caliza blanca habitual. Pasea la mirada por las caras de piedra e intenta adivinar cuáles son. Ellas no lo van a confesar.

Una nota más para curiosos. Entre dos mil veintidós y dos mil veintitrés hubo vigilancia arqueológica en la cercana calle Río. Nadie vio necesario excavar de forma preventiva.

Fuente de la Salud y Virgen de la Cabeza en la Fuente del Rey

Donde nace el agua

Fuente de la Salud con hornacina en la Fuente del Rey Priego de Córdoba

Sube hasta el estanque superior y colócate frente a la fachada de piedra pegada a la roca, la Fuente de la Salud, con la hornacina en el centro.

Antes de los ciento treinta y nueve caños, antes de Neptuno y de los estanques, ya estaba esto: una fachada de piedra pegada a la roca para domar un manantial.

Es la Fuente de la Salud. Se levantó en el siglo dieciséis con una idea muy práctica: encauzar el agua que brota aquí mismo. Ese manantial abastecía a la gente de Priego. De él nace también el cauce de la calle Río. Observa cómo la piedra labrada se encaja en la roca viva del nacimiento, como si la fachada no se atreviera a taparla del todo.

La obra se atribuye a Francisco del Castillo. Trabajó con la ayuda de un cantero, Alonso González Bailén. Me gusta que el nombre del cantero haya llegado hasta nosotros, porque casi nunca pasa. La historia suele recordar al que diseña, no al que corta la piedra.

Fíjate en el almohadillado: bloques de mármol de varios colores, tallados en relieve como cojines de piedra. Junto a las rocas del manantial hay más relieves. Y en el centro, una hornacina con una imagen de la Virgen.

Aquí viene el detalle curioso. Hoy esa imagen se identifica como la Virgen de la Cabeza, y entre sus devotos se cuenta que se colocó aquí en mil ochocientos cincuenta y seis. Pero no todo el mundo la llama igual. Unos dicen Virgen de la Cabeza. Otros, Virgen de la Salud, como la fuente. Cuál fue la advocación original sigue siendo una pregunta abierta.

Más de dos siglos tardaría esta fuente en convertirse en lo que ves abajo. Baja al estanque central, que vamos a contar caños.

Para profundizar

La devoción a la Virgen de la Cabeza en Priego tiene su propia historia de idas y vueltas. La cofradía local se fundó en mil quinientos setenta y tres. Después de mil seiscientos setenta y siete, sus registros se pierden. A partir de ahí, los papeles callan durante casi tres siglos. En mil novecientos setenta y seis la cofradía se refundó, y al año siguiente recuperó la romería. Es como un hilo que se corta y, generaciones después, alguien vuelve a anudar.

Incluso la fecha de esta fachada tiene su pequeño baile. Hay quien la sitúa en mil quinientos ochenta y cinco. El estudio arqueológico la lleva a los años entre mil quinientos ochenta y seis y mil quinientos ochenta y ocho. Son un par de años arriba o abajo, que para una piedra que lleva más de cuatro siglos mirando el agua no es mucho.

Antes de bajar, vuelve a mirar la frontera entre lo labrado y lo natural: el mármol termina, la roca empieza y el agua no distingue entre una cosa y otra.

Estanque central de la Fuente del Rey: 139 caños y la leyenda de los 365

Ciento treinta y nueve, ni uno más

Caños y mascarones del estanque central de la Fuente del Rey Priego de Córdoba

Ponte en el borde del estanque central y deja que la vista baje, siguiendo el agua, hacia el nivel inferior.

Haz la prueba: empieza a contar caños. Uno, dos, tres. Te aviso de que es fácil perder la cuenta.

Se dice que aquí hay trescientos sesenta y cinco, uno por cada día del año. Es una idea preciosa, un calendario hecho de agua. Pero el inventario es tozudo y dice ciento treinta y nueve. La leyenda sigue viva igualmente, porque una buena historia aguanta muy bien una mala cifra.

Lo que sí es exacto es la fecha en que esto quedó terminado: mil ochocientos tres. La fuente se fue transformando poco a poco desde el siglo dieciséis. El diseño final, barroco, lleva la firma de Remigio del Mármol. Fíjate en cómo se encadenan los tres estanques, cada uno a su altura. El agua no se queda quieta en ninguno: va pasando de vaso en vaso, hacia abajo. Y mira las paredes interiores, con sus mascarones de piedra, caras con la boca abierta de forma permanente.

Ahora, una pregunta que parece obvia. ¿Por qué se llama Fuente del Rey? Al arqueólogo municipal, Rafael Carmona, le pareció que no era tan obvio para quien llega de fuera. Por eso, en noviembre de dos mil veinticinco, se presentó en el recinto el panel que viste al entrar. La idea era que cualquier visitante entendiera el nombre sin tener que preguntarle a un vecino. Es una pieza de hoy, no forma parte de la fuente histórica. Cuenta la conquista de mil trescientos cuarenta y uno apoyándose en crónicas de aquella época.

Más abajo te esperan un dios del mar, su esposa y un león con un misterio encima. Sigue al agua.

Para profundizar

Si vuelves a mirar el panel, quizá te recuerde a las páginas ilustradas de un libro medieval. No es casualidad. Tiene su gracia: para contar la campaña de un Alfonso, se toma prestado el estilo visual de otro Alfonso.

Eso sí, es una recreación actual, no una imagen original de la época. La dirección académica estuvo a cargo de Rafael Carmona, y detrás del dibujo hay investigación histórica y arqueológica. El resultado es una forma bien documentada de imaginar el asedio, no un documento antiguo.

Mira el juego de tiempos que se cruzan aquí. Un rey medieval, contado con el estilo de otro rey medieval, dibujado en el siglo veintiuno, junto a una fuente terminada en mil ochocientos tres. Pocas cosas resumen mejor cómo funciona la memoria de un lugar: cada época añade su capa, y el agua sigue corriendo por debajo de todas.

Esculturas de la Fuente del Rey: el león, Neptuno y Anfítrite

El león que debía ser negro

Esculturas de Neptuno y el león en la Fuente del Rey Priego de Córdoba

Colócate junto al estanque inferior y mira hacia arriba: primero al grupo de Neptuno en el estanque central y, más allá, al león del estanque superior.

En mil ochocientos dos, un documento pedía para esta fuente un león de piedra negra. Busca con la vista el estanque superior, donde empieza el recorrido del agua, y encuentra al león que pelea con una serpiente. Es blanco.

Este es el enigma más bonito de la Fuente del Rey. La tradición atribuye el león a José Álvarez Cubero. Casi todo se apoya en un solo hombre, Pedro Alcalá-Zamora, que en unos apuntes de mil setecientos noventa y ocho escribió que Álvarez lo hizo cuando empezaba a estudiar escultura. Sería, entonces, el león de un aprendiz.

Ahora haz las cuentas conmigo. Unos apuntes de mil setecientos noventa y ocho que ya hablan del león. Un pliego de mil ochocientos dos que pide un león negro. Y un león blanco delante de ti. Algo no cuadra, y nadie ha conseguido todavía que cuadre. La autoría sigue siendo una atribución, no una certeza, y los expertos aún discuten.

Más cerca de ti, en el estanque central, Neptuno y Anfítrite avanzan sobre un carro tirado por caballos que emergen del agua. El grupo se atribuye a Remigio del Mármol. En dos mil diecinueve lo restauró el prieguense Manuel Jiménez Pedrajas, que trató y conservó piezas originales. El tridente y las cadenas que ves son los de siempre.

Sigue ahora el agua. Cae desde ese grupo hasta el estanque inferior, donde estás, y se despide en el extremo por el mascarón llamado del Clero. Busca su cara: es la última que ve el agua antes de marcharse.

Nosotros también nos vamos, hacia un jardín donde el agua no solo adornaba: también movía molinos.

Para profundizar

La restauración de dos mil diecinueve tuvo algo de trabajo de detective. Al desmontar el relieve de Diana, el restaurador contó dieciséis fragmentos rotos que alguien había pegado con resina en una intervención anterior. Algunos estaban mal unidos. Era un puzle montado con prisa que hubo que deshacer para volver a hacerlo bien.

Luego llegó la limpieza. Sobre la piedra se habían formado costras marrones de hasta medio centímetro, el grosor de dos monedas apiladas. Venían del agua de las tuberías y del óxido acumulado. Es la paradoja de una escultura que vive bajo el agua: la fuente le da sentido y, al mismo tiempo, la mancha.

Se retiraron los materiales de arreglos anteriores, se limpiaron las piedras y se volvieron a colocar en su sitio. Así que, cuando mires a Neptuno, estás viendo la escultura histórica restaurada, no una réplica reciente. Es un dios del mar con la cara lavada, pero con todos sus años encima.

Recreo de Castilla o Huerta de las Infantas en Priego de Córdoba

Conciertos al pie de la roca

Recreo de Castilla junto a la Fuente del Rey Priego de Córdoba

Entra en el jardín del Recreo de Castilla y colócate junto a la alberca, con las arcadas cerca y la pared de roca del Adarve elevándose sobre ti.

En mil novecientos cuarenta y ocho, un grupo de prieguenses fue a pedirle un favor a Álvaro Castilla Abril: que les cediera su jardín. Querían organizar un concierto. Y aquí sonó el primero de lo que acabaría siendo el Festival Internacional de Música, Teatro y Danza.

Para entonces, este lugar ya tenía una larga vida. Levanta la vista hacia esa pared de roca natural: es el Adarve, y el jardín ocupa el nivel de abajo, al pie del castillo. Ya en mil quinientos cincuenta este terreno aparece documentado como huerta de regadío bajo las defensas de la villa medieval. Era la Huerta de las Infantas.

En mil ochocientos cincuenta y siete la compró Antonio Castilla, que se construyó aquí una casa. Sus herederos la transformaron en un jardín romántico, lleno de vegetación y juegos de agua. De ahí viene su otro nombre, Recreo de Castilla. En las noches de verano, la familia celebraba veladas y fiestas privadas. Prestarlo para un festival era casi seguir la costumbre, solo que con muchos más invitados.

Y aquí viene lo bueno. El agua de este jardín no era solo decoración. Bajaba por tres arcadas, llenaba la alberca, alimentaba los surtidores y movía cinco molinos harineros. Busca las arcadas y la caída escalonada del agua hacia la alberca. Lo que hoy parece un capricho romántico era también un lugar donde se molía harina.

Un rey acampado, un cantero con nombre, un león del color equivocado y un jardín que pasó de las fiestas de una familia a los conciertos de todo un pueblo. Todo, siguiendo el agua.

Para profundizar

El festival se celebró en este jardín hasta mil novecientos cincuenta y siete. A partir de mil novecientos setenta llegó el abandono, y el recinto acabó en ruinas. En dos mil tres se convocó un concurso para recuperarlo como parque público. Entre dos mil ocho y dos mil catorce se restauraron el estanque principal, las acequias subterráneas y las arcadas, y se instaló un elevador público. Lo que pisas es un jardín histórico rehecho en buena parte hace pocos años. Las arcadas, por así decirlo, viven su segunda vida.

Como todo lugar con roca, agua y piedras viejas, este también tiene su leyenda. Cuenta la tradición que bajo varios parajes de Priego corren pasadizos secretos con tesoros escondidos. El geógrafo Ángel Luis Vera Aranda recogió la historia en mil novecientos noventa y seis. No hay ningún hallazgo que la confirme, pero la leyenda se conserva estupendamente.

Al salir, si vuelves a pasar junto al panel de dos mil veinticinco, el que ilustró Julia Lillo García bajo la dirección de Rafael Carmona, levanta la vista hacia esta roca. Ese paisaje medieval que el panel imagina empieza aquí arriba.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Priego de Córdoba

La Fuente del Rey es una visita imprescindible: 3 estanques escalonados con 139 caños, terminados en 1803 según diseño de Remigio del Mármol. Incluye la Fuente de la Salud del siglo XVI, el grupo de Neptuno y Anfítrite y un león de autoría discutida. Muy cerca está el Recreo de Castilla, un jardín situado bajo la roca del Adarve.

¿Cómo llegar a Fuente del Rey

La Fuente del Rey se encuentra en la cabecera de la calle Río de Priego de Córdoba, ya que su manantial dio origen al cauce de esa calle. Desde allí se puede continuar hasta el Recreo de Castilla, que cuenta con un elevador público instalado durante la restauración de 2008 a 2014.

¿Cuál es el horario de visita de Fuente del Rey

Los horarios pueden variar según la temporada, sobre todo en el jardín del Recreo de Castilla, junto a la Fuente del Rey. Lo más seguro es consultarlos antes de ir en la web oficial de turismo de Priego de Córdoba o en la oficina de turismo local. Así podrás organizar bien el recorrido completo de esta audioguía.

¿Cuánto se tarda en visitar Fuente del Rey

Esta audioguía tiene 5 paradas y unos 15 minutos de audio en total. Si a eso sumas el paseo entre los estanques, el tiempo para mirar las esculturas y la visita al jardín del Recreo de Castilla, conviene reservar al menos media hora. Merece la pena ir sin prisa.

¿Cuál es la historia de Fuente del Rey

Según la tradición, su nombre recuerda el campamento de Alfonso XI durante la conquista de Priego en 1341. En el siglo XVI se construyó la Fuente de la Salud para encauzar el manantial. Tras sucesivas transformaciones, el conjunto se concluyó en 1803. En 2019 se restauró el grupo de Neptuno y Anfítrite.

¿Cuántos caños tiene la Fuente del Rey

La Fuente del Rey tiene 139 caños repartidos entre sus 3 estanques escalonados. La cifra de 365, un caño por cada día del año, pertenece a una leyenda popular que todavía se repite mucho, pero no coincide con el inventario patrimonial. Aun así, sigue formando parte del folclore de Priego de Córdoba.

¿Quién esculpió el león de la Fuente del Rey

La tradición atribuye el león enfrentado a una serpiente a José Álvarez Cubero, a partir de unos apuntes de Pedro Alcalá-Zamora de 1798. Sin embargo, un pliego de 1802 pedía un león de piedra negra y el que se conserva es blanco. Por eso la autoría sigue en debate y no está acreditada.

¿Qué es el Recreo de Castilla

Es la antigua Huerta de las Infantas, documentada en 1550 bajo el Adarve. Antonio Castilla la compró en 1857 y sus herederos la convirtieron en un jardín romántico. En 1948 acogió el primer concierto del futuro Festival Internacional de Música, Teatro y Danza. Fue restaurado entre 2008 y 2014.

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