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Higuerones al borde del abismo

Ruta a pie por Priego de Córdoba: Barrio de la Villa, Balcón del Adarve y Fuente del Rey

Un pueblo antiguo que se coloca al borde de un precipicio no suele hacerlo por afición a las vistas. Esta ruta te lleva por el Barrio de la Villa, el Balcón del Adarve y las fuentes para averiguar qué buscaban quienes eligieron este sitio. Por el camino hay flechas clavadas en una torre, higuerones que sujetan un muro y un manantial con leyenda.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Higuerones al borde del abismo

Plaza de San Antonio: el Barrio de la Villa de Priego y su trazado

Una plaza sin calles rectas

Plaza de San Antonio, en pleno Barrio de la Villa; mira las fachadas y fíjate en cómo se cierran las calles que salen de ella.

Antes de que te cuente nada, haz una prueba: busca una calle recta. No la vas a encontrar. Las calles del barrio se apretujan, se doblan y se esconden unas detrás de otras, como si el barrio hubiera querido hacerse pequeño. Y no es casualidad. Este es el lugar más antiguo de Priego, y en mil novecientos setenta y dos el casco fue declarado conjunto histórico-artístico, con una delimitación inicial centrada precisamente en el Barrio de la Villa y en el Balcón del Adarve.

Ahora, la pregunta que nos va a acompañar todo el paseo. Si tú fueras a fundar una ciudad, ¿la pondrías al borde de un tajo? Pues alguien lo hizo. La protección patrimonial de dos mil dos describe el núcleo primitivo apoyado en el arco natural del Adarve y defendido por el castillo. Y una tesis académica sobre la región sitúa aquí la medina andalusí, junto a un acantilado de travertino, y relaciona un manantial con el espacio de huerta que se extiende debajo.

El argumento ya tiene dos piezas: un borde que defiende y un agua que alimenta. Lo que no sabemos todavía es cuál pesó más, o si pesaron las dos. Lo iremos viendo, parada a parada, y te prometo que al final hay respuesta, aunque con un matiz.

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Sal de la plaza por las calles encaladas y busca la Calle Real. No te puedo dar una distancia exacta, así que guíate por las fachadas blancas y por los quiebros del barrio. Mientras caminas, fíjate en que casi nunca ves más de unos metros por delante: en esta trama, el horizonte no existe. Es la manera que tiene el barrio de esconderte lo que viene, que es un horizonte enorme. Para en la Calle Real.


Calle Real: el túnel de 1986 y el agua oculta bajo el barrio

El túnel que nadie sabe a dónde iba

Calle Real del Barrio de la Villa de Priego, calles encaladas del casco antiguo

Calle Real, en el Barrio de la Villa; mira los quiebros y los pasajes estrechos que se abren a los lados.

En mil novecientos ochenta y seis, unos aficionados a explorar lo que hay bajo tierra, el Grupo de Exploraciones Subterráneas de Priego, dieron aviso de algo curioso: durante unas obras en la calle había aparecido un túnel. Eso es todo lo que cuenta la noticia local. No detalla por dónde iba ni de cuándo era. Así que no te diré que fuera una acequia, ni un pasadizo secreto, ni nada: solo que bajo estas calles encaladas hay más de lo que se ve, y que alguien lo encontró con un casco y una linterna.

Esa es la sensación que quiero que te lleves de este barrio: lo visible es la mitad. La otra mitad es agua, y se mueve. Según la reconstrucción académica del sistema hidráulico andalusí, un cauce se bifurcaba al llegar al final de la calle Ribera y rodeaba el espacio de la medina. Y desde el borde del Adarve, acequias secundarias llevaban agua hacia terrenos de cultivo dispuestos en terrazas de distintos niveles.

Es decir, que mientras tú pasas por una calle estrecha pensando en su encanto, el agua del lugar hacía otro recorrido, mucho más largo, por abajo y por fuera. Un barrio en lo alto, y un jardín esperando abajo.

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Sigue por el barrio en dirección al castillo, que queda junto al Barrio de la Villa y el Llano. Sin distancia calculada, usa de referencia las torres: cuando las veas asomar entre los tejados, vas bien. Un detalle del camino: observa cómo las calles se ensanchan un poco al acercarte, como si el barrio respirara antes de llegar al recinto defendido. Para en el exterior del castillo.


Castillo de Priego: flechas de 1341 clavadas en la torre

Flechas clavadas en la torre

Castillo de Priego de Córdoba junto al Barrio de la Villa

Exterior del Castillo de Priego, junto al Barrio de la Villa y el Llano; mira las torres desde fuera.

Hay una cosa que te va a gustar de los castillos: no mienten. Este es de los que guardan pruebas. Durante las obras de dos mil dieciséis y dos mil diecisiete, el arqueólogo Rafael Carmona documentó puntas de flecha clavadas en la torre y piezas de armadura. Huellas materiales de la violencia fronteriza, dicho sin adornos. Y hay más: en mil trescientos cuarenta y uno, durante el asedio de Alfonso Undécimo, varias flechas impactaron en los morteros exteriores. Siglos después, alguien las sacó de allí.

Antes de eso, el castillo ya existía en época musulmana, y el decreto patrimonial recoge que fue destruido en una primera conquista cristiana en mil doscientos veintiséis. Y hay un episodio que no tiene desperdicio: el cronista local recuerda una traición, en mil trescientos veintisiete, cuando el alcaide calatravo entregó la plaza. La defendía por encargo de Frey Pero Ruiz de Córdoba. Hay que reconocerlo: el castillo cambió de manos más veces de las que a un castillo le conviene.

¿Y qué tiene que ver esto con nuestra pregunta? Que aquí la defensa construida es el contrapunto del tajo. La descripción local dice que, al fin y al cabo, el precipicio hacía el trabajo y las obras se limitaron a rematar la cresta con mampostería. El castillo es el refuerzo, no el cimiento.

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Ahora toca bajar la vista hacia el borde, unos trescientos cincuenta metros hacia el sureste, unos cuatro minutos a pie. Verás cómo el barrio se va abriendo según te acercas al Adarve, y cómo la luz cambia, porque donde terminan las casas empieza el aire. Un aviso práctico: el acceso al interior del castillo depende de su apertura, así que no cuentes con entrar. Para en el Balcón del Adarve.


Balcón del Adarve: qué es y por qué se asienta Priego sobre el tajo

La barandilla frente al vacío

Vista desde el Balcón del Adarve de Priego de Córdoba sobre la vega

Balcón del Adarve, calle Adarve; apóyate junto a la barandilla y mira hacia abajo y hacia la vega.

Aquí es donde la pregunta de la ruta se pone delante de tus ojos. Asómate. Estás sobre el arco natural, con el cortado de roca bajo los pies y el paisaje abierto delante. La tesis sitúa la medina junto a este acantilado de travertino, y el terreno irrigable queda justo debajo. Defensa y cultivo, en una sola mirada.

Ahora, un detalle que me encanta. En un informe, el ingeniero Miguel Cabrera Castro atribuyó un desprendimiento a las filtraciones de agua y a las lluvias persistentes, que reblandecieron la roca. Hasta ahí, normal. Pero lo mejor es que las raíces de los higuerones que crecían en el muro aparecen en ese informe como una defensa inesperada: habrían contenido una caída mayor. Es decir, que unas higueras salvaron la ciudad de algo peor. Nadie las había contratado.

Para reparar el muro, el ingeniero propuso incluso demoler las casas números veinticinco, veintinueve y treinta y tres, para cambiar la alineación de la calle. Y luego está el paseo que pisas: Ramón Linares dirigió las obras y promovió aportaciones particulares para financiarlas. El mirador fue también una iniciativa de los vecinos. O sea, que este balcón se lo regaló Priego a sí mismo.

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Ahora vas a recorrer el paseo siguiendo el borde, de sur a norte, empezando por la Fuente de la Puerta del Sol, en el extremo sur. Sin distancia calculada, déjate guiar por la barandilla a tu lado y el vacío al otro. Fíjate en los pilones de piedra que irás encontrando: son tres, y cada uno tiene su carácter. Para en la Fuente de la Puerta del Sol.


Fuente de la Puerta del Sol: agua para el interior del barrio

Una fuente que no era decoración

Fuente de la Puerta del Sol, una de las fuentes de Priego de Córdoba

Fuente de la Puerta del Sol, en el extremo sur del Paseo del Adarve; mira el pilón y el frontal de piedra.

Mira el pilón: rectangular, de piedra blanca, con un frontal de piedra tosca detrás. Cuesta imaginarlo hoy como algo distinto a un rincón bonito para una foto. Pero el motivo por el que está aquí es otro: esta fuente muestra que el agua abastecía el interior del barrio, y no solo adornaba el borde.

Una ciudad asentada sobre un tajo, con la vega allá abajo, necesita llevar agua hacia arriba o repartirla bien. Y cada fuente de este paseo es un punto de ese reparto, de agua para beber, para el día a día.

Y ya que estamos en el Adarve, una anécdota de pantalla: en mil novecientos cincuenta y siete se rodó en Priego la película Saeta del Ruiseñor, y en ella imaginaron al personaje de Joselito con una herrería en el Adarve. Es decir, que hasta el cine quiso poner oficio y trabajo en este borde. Y tiene su lógica: un borde con agua cerca es un buen lugar para vivir de algo.

Al fin y al cabo, una fuente es la respuesta más sencilla a la pregunta más vieja: ¿de dónde bebemos?

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Continúa por el paseo hacia el tramo central, con el borde siempre a un lado. Sin distancia calculada, la señal es el siguiente pilón de piedra blanca. Mientras caminas, piensa en una cosa: tres fuentes en una sola línea no son un capricho, son una manera de organizar la vida. Para en la Fuente de Enmedio.


Fuente de Enmedio: los vecinos de la Villa y sus pleitos de 1567

Lo que no se podía elegir

Fuente de Enmedio en el Paseo del Adarve, fuentes de Priego de Córdoba

Fuente de Enmedio, tramo central del Paseo del Adarve; mira el pilón de piedra blanca integrado en el paseo.

La Fuente de Enmedio hace honor a su nombre: está en medio. Y desde aquí te cuento algo de las gentes que vivieron arriba, en el barrio. El relato histórico recoge que los vecinos no podían elegir libremente dónde moler, hornear, vender jabón o curtir. Eran actividades sometidas a monopolios señoriales.

En mil quinientos sesenta y siete, Pedro Ximénez encabezó una demanda de veinticinco capítulos contra doña Catalina Fernández de Córdoba y su nieto, en nombre propio y de otros vecinos. Entre las quejas, el dinero del pósito, que debía socorrer al pueblo, se había reducido de más de quince mil ducados a cuatro mil. Y, según los cargos, en mil quinientos sesenta y seis el concejo pagó un costoso regalo al marqués y dos corridas de toros durante su visita. Los vecinos reclamaron también poder hacer jabón y venderlo sin depender de los estancos señoriales.

Lo que sí veo es una ciudad que discutía por todo lo cotidiano. Y por eso este pilón, de uso común, me parece lo contrario de un monopolio: un lugar al que se llegaba con un cántaro y se hablaba con los demás.

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Sigue hacia el extremo norte del paseo, con el borde a tu lado. Sin distancia calculada, usa de guía la barandilla y los pilones. Ahora prepárate, porque la siguiente fuente nos va a obligar a decir algo incómodo: que no lo sabemos todo. Para en la Fuente del Ermitaño.


Fuente del Ermitaño: el regadío del Adarve y su datación incierta

El agua cruzaba el borde, pero ¿desde cuándo?

Fuente del Ermitaño en el Adarve, qué ver en Priego de Córdoba

Fuente del Ermitaño, en el extremo norte del Paseo del Adarve; mira el frontón de sillería sobre la pared encalada y el pilarillo.

Aquí cierra el recorrido de las fuentes del Adarve: un frontón de sillería en pared encalada y un pilarillo. Sus usos, abastecimiento y abrevadero. Agua para las personas y para las bestias.

Y ahora, el giro de la ruta. Hasta aquí te he contado una historia redonda: un borde que defiende, un agua que sube a las casas y baja hacia los cultivos. La tesis describe que, desde el borde del Adarve, acequias secundarias llevaban agua hacia terrazas de distintos niveles. Todo encaja.

Pero la propia tesis es prudente. Propone que el sistema parece responder a un diseño irrigado andalusí, y advierte que hacen falta análisis de tierras para fijar su datación. Dicho de otro modo: el paisaje que ves está ahí, las acequias existieron, pero nadie ha demostrado todavía de cuándo es cada terraza. Y eso es lo que me gusta de esta historia: la parte que no sabemos.

La pregunta que te dejo es si importa. Porque la relación entre el borde y el agua sigue en pie, aunque el calendario esté sin cerrar. Y para ver esa relación en acción, no hay que mirar hacia arriba, sino bajar.

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Vamos a bajar, por la calle Santiago, hacia la Huerta de las Infantas, también llamada Recreo de Castilla. El acceso tiene escaleras y un elevador público, así que puedes elegir cómo descender. Sin distancia calculada, lo notarás en las piernas, o en el ascensor, que sentirás el desnivel que separa el núcleo alto del agua de abajo. Para en la entrada del Recreo de Castilla.


Huerta de las Infantas y Recreo de Castilla: jardín restaurado

El jardín que volvió a enseñar sus canales

Recreo de Castilla y Huerta de las Infantas bajo el Barrio de la Villa de Priego

Huerta de las Infantas o Recreo de Castilla, a los pies del tajo; mira el jardín, el estanque, las arcadas y los canales.

Mira hacia arriba: el tajo y el castillo quedan sobre tu cabeza, y tú estás en el sitio que la tesis llama espacio irrigado. Un protocolo notarial de mil quinientos cincuenta documenta la Huerta de las Infantas como parcela agrícola de regadío vinculada a las defensas de la villa. O sea, que ya entonces agua, cultivo y defensa iban de la mano.

Más tarde, según la historia local, en mil ochocientos cincuenta y siete Antonio Castilla adquirió los terrenos del Recreo de Castilla y mandó construir allí una villa estival conocida como La Quinta. Un señor con dinero que decidió veranear junto al agua. Poco original, pero muy sensato.

Luego vinieron décadas de deterioro. Entre dos mil ocho y dos mil catorce, la recuperación restauró el estanque, las acequias subterráneas y las arcadas, haciendo visible parte de la infraestructura hidráulica del jardín. Y como pasa con los jardines abandonados, crecieron leyendas: pasadizos, tesoros. Cuentan, y me gustaría creerlo, que hay algo escondido. Pero son relatos, no hallazgos.

Lo que sí es real es esto que tienes delante: agua canalizada, estanque, desnivel. La premisa de la ruta, en pequeño y en verde.

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Vamos ahora hacia la calle Ribera, donde la tesis sitúa la división del cauce. Sin distancia calculada, déjate guiar por las pendientes. Un aviso honesto: no se garantiza que veas una acequia visible, así que aquí hay que mirar con la imaginación informada. Fíjate en cómo la calle se relaciona con el desnivel del entorno. Para en el final de la calle Ribera.


Calle Ribera: donde el cauce rodeaba la medina

Donde el agua se partía en dos

Calle Ribera de Priego de Córdoba, donde el cauce rodeaba la medina

Final de la calle Ribera; mira cómo baja la calle y cómo se abre el terreno alrededor.

Esta parada pide un poco de fe, y te aviso: aquí no hay acequia garantizada que enseñarte. Lo que hay es una calle, unas pendientes y una reconstrucción académica. Según esa reconstrucción, el cauce, al llegar al final de la calle Ribera, se bifurcaba y rodeaba el espacio de la medina.

Un agua que llega, se parte en dos y abraza el barrio por ambos lados. Un foso de agua viva alrededor del lugar donde vivían. Defensa y suministro, otra vez en la misma pieza.

La lectura que conecta el borde defensivo con el regadío se apoya en la tesis sobre la medina, el acantilado y las terrazas. Y aquí hay que repetir la cautela, porque es honrada: la cronología precisa de cada acequia no queda fijada. Lo que se ofrece es una forma de leer el paisaje, no un plano firmado.

Y me parece una forma muy buena. Porque te enseña a mirar una calle corriente y preguntarte qué hubo antes, por dónde iba lo que ya no se ve. Eso, en una ciudad, vale tanto como un monumento.

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Ahora toca buscar la base del tajo, el entorno de los molinos históricos, en la zona hidráulica de la Huerta. Sin distancia calculada, sigue el descenso y los restos del complejo que se vean desde el espacio público. No se garantiza el acceso a interiores, así que contempla desde fuera. Para en el entorno de los molinos bajo el Adarve.


Molinos bajo el Adarve: el agua que también trabajaba

El agua también trabajaba

Molinos históricos bajo el Adarve en Priego de Córdoba

Molinos históricos bajo el Adarve, en la base del tajo; mira los restos y elementos del complejo hidráulico accesibles desde fuera.

Hasta ahora el agua bebía y regaba. Aquí aprende un oficio más: trabajar. Los molinos históricos bajo el Adarve permiten contar que el agua tuvo usos productivos además del abastecimiento y el riego.

Un agua que nace arriba y baja por un tajo tiene energía de sobra, y quien viviera aquí lo sabía. Del barrio al jardín, del jardín a la rueda: una cadena donde cada eslabón aprovechaba lo que el anterior dejaba pasar. Es la economía más antigua que existe, la de que nada se desperdicie.

Del funcionamiento concreto de estos molinos no hay más datos que su existencia y su sitio, así que no voy a inventarte una molienda. Lo que sí puedo decirte es lo que ves, o lo que quede a la vista: el entorno de la Huerta, los elementos del complejo, la base del tajo.

Y es suficiente para entender algo importante: la ciudad de arriba y el agua de abajo no eran dos mundos, sino uno solo con dos alturas. Ahora falta ver de dónde sale el agua de verdad, el manantial.

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Dirígete hacia el recinto de las fuentes, en la calle Cervantes. Sin distancia calculada, la mejor señal es el sonido: el agua se oye antes de verse. Mientras avanzas, ve preparando una pregunta: ¿acampó aquí un rey? Hay un relato que dice que sí, y lo vamos a tratar con el cariño y la distancia que merece. Para en la Fuente de la Salud.


Fuente de la Salud: manantial, leyenda de Alfonso XI y obra del siglo XVI

El rey que acampó, quizá, junto al manantial

Fuente de la Salud, una de las fuentes de Priego de Córdoba

Fuente de la Salud, recinto de las fuentes, calle Cervantes; mira el frontispicio y el manantial canalizado.

Cuentan, y me gustaría creerlo, que en mil trescientos cuarenta y uno el campamento de Alfonso Undécimo se instaló junto al manantial que después se canalizó en esta fuente. Es un antiguo relato ligado a la conquista de Priego, y conviene dejarlo donde está: tradición, no hecho probado. Pero tiene lógica: si vas a asediar un lugar, quieres agua cerca. Los ejércitos también beben.

Lo que sí está documentado es lo otro. La Fuente de la Salud se construyó en el siglo dieciséis para canalizar el manantial, y la ficha patrimonial atribuye la obra a Francisco del Castillo, con el cantero Alonso González Bailén. Dos nombres de personas que trabajaron con las manos para que el agua saliera con orden.

Fíjate en lo que hacen estas dos historias juntas. Una, la del rey, es incierta y vistosa. La otra, la del cantero, es segura y modesta. Y me quedo con la segunda, porque al manantial nadie lo inventó: estaba aquí antes que el rey, antes que el castillo, y probablemente antes que la propia decisión de poner una ciudad en lo alto.

El agua primero. Después, todo lo demás.

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Un paso corto: unos cincuenta metros hacia el noreste, un minuto a pie, hasta el recinto monumental de las fuentes, junto a la Fuente de la Salud. Notarás cómo el espacio se hace más grande y el ruido del agua, más variado. Prepárate para la última parada, donde vamos a cerrar la pregunta con la que empezamos. Para en la Fuente del Rey.


Fuente del Rey de Priego: la respuesta al enigma del Adarve

El final: un mascarón y una respuesta

Fuente del Rey de Priego con sus estanques y esculturas

Fuente del Rey, recinto monumental de las fuentes; mira los estanques, los caños y el conjunto escultórico.

Esta es la fuente grande, y tiene ese aire de decir que lo sabe. Estanques, caños, un conjunto escultórico. El académico Pedro A. Galera Andreu describe el mascarón de desagüe como una gran tragona y lo considera excepcional dentro de Andalucía: una lectura expresiva de su escala y de su aspecto. Tú tienes esa boca delante. Juzga.

Hay más detalles humanos. La restauración reveló que el relieve lateral dedicado a Diana tenía dieciséis fragmentos rotos pegados con resina, algunos de manera defectuosa, según explicó el restaurador Jiménez Pedrajas. Y en una visita divulgativa de dos mil once, Marín Molina propuso leer los niveles de la fuente como cielo, mundo terrenal e infierno; es una interpretación simbólica, no una descripción oficial del programa escultórico.

Y ahora, la respuesta. El decreto patrimonial relaciona el crecimiento urbano del siglo dieciséis en varias direcciones con elementos extramuros, entre ellos esta fuente. La ciudad, ya sin necesidad de encogerse en lo alto, salió hacia el agua.

Así que: ¿por qué ahí? La respuesta es doble. El arco natural ofrecía un borde defensivo, y el agua de la fuente alimentaba los cultivos bajo el asentamiento. La tesis sustenta la relación entre ambos, sin demostrar que el agua fuera la única causa de la elección del lugar. Un borde para protegerse y un agua para vivir. Y, quizá, una vista que ya merecía la pena.

Epílogo

Empezaste en una plaza de calles torcidas y acabas frente a una fuente con una boca enorme. Entre medias, has visto un borde que defendía, un agua que subía, bajaba, regaba y movía ruedas, y unos vecinos que discutían por todo, incluso por el jabón. Y has visto algo más raro: una historia que se atreve a decir dónde no sabe. Las terrazas no tienen fecha cerrada, el campamento del rey es un relato, y el túnel de mil novecientos ochenta y seis sigue sin dueño. Quizá por eso Priego resulta tan creíble: no necesita que todo encaje para que el lugar se explique solo. Si vuelves al Balcón del Adarve al atardecer, mira abajo otra vez. Ahora sabes qué estás viendo.

Si te has quedado con ganas


Preguntas frecuentes

¿Qué visitar en Priego de Córdoba a pie

Un recorrido cómodo por el casco antiguo reúne la Plaza de San Antonio, la Calle Real, el castillo, el Balcón del Adarve, las fuentes del paseo, el Recreo de Castilla, la calle Ribera, los molinos bajo el tajo, la Fuente de la Salud y la Fuente del Rey.

¿Qué es el Balcón del Adarve

Es el paseo mirador del borde del Barrio de la Villa, con barandilla, cortado rocoso y vistas al paisaje inferior. El núcleo primitivo se apoyó en este arco natural, y el paseo fue también una iniciativa vecinal: Ramón Linares dirigió las obras y promovió aportaciones particulares.

¿Cuál es el barrio más antiguo de Priego

El Barrio de la Villa es el núcleo antiguo. La protección patrimonial describe el núcleo primitivo apoyado en el arco natural del Adarve y defendido por el castillo. En 1972 el casco se declaró conjunto histórico-artístico, con una delimitación inicial centrada en la Villa y el Balcón del Adarve.

¿Dónde están las fuentes de Priego de Córdoba

Tres pequeñas fuentes jalonan el Paseo del Adarve: la de la Puerta del Sol al sur, la de Enmedio en el tramo central y la del Ermitaño al norte. La Fuente de la Salud está en el recinto de las fuentes, en la calle Cervantes, y la Fuente del Rey queda junto a ella.

¿Cuánto se tarda en visitar el Barrio de la Villa

No hay un tiempo fijado, pero el recorrido es corto. Entre el castillo y el Balcón del Adarve hay unos 350 metros, unos 4 minutos, y de la Fuente de la Salud a la Fuente del Rey, unos 50 metros. Con paradas, calcula de una hora y media a dos.

¿Por qué se asentó Priego junto al Adarve

La explicación narrativa es doble: el arco natural ofrecía un borde defensivo y el agua del manantial alimentaba los cultivos bajo el asentamiento. La tesis sustenta esa relación, pero no demuestra que el agua fuera la única causa de elegir el lugar.

¿Quién construyó la Fuente de la Salud

Se levantó en el siglo XVI para canalizar el manantial. La ficha patrimonial atribuye la obra a Francisco del Castillo, con el cantero Alonso González Bailén. Un antiguo relato sitúa allí el campamento de Alfonso XI en 1341, pero es tradición, no hecho probado.

¿Qué se puede ver en el Recreo de Castilla

Es un jardín a los pies del tajo con estanque, arcadas y canales. La recuperación entre 2008 y 2014 restauró el estanque, las acequias subterráneas y las arcadas, haciendo visible parte de la infraestructura hidráulica. Se accede desde la calle Santiago, con escaleras y elevador público.