Parque Natural de las Sierras Subbéticas: audioguía de Cabra al Picacho
Una ruta por el parque natural Sierras Subbéticas, Geoparque Mundial de la UNESCO desde dos mil seis, con salida en Cabra. Un centro de visitantes que se quedó sin luz y sin agua, la cumbre más alta de la provincia de Córdoba, una llanura que no encuentra por dónde vaciarse y un mirador con santuario que fue uno de los primeros espacios naturales protegidos de España. Seis paradas para descubrir qué ver en la Subbética y conocer a las personas que aprendieron a leer este paisaje de caliza.

Centro de visitantes Santa Rita: qué ver en el Geoparque de la Subbética para empezar
Santa Rita, la casa que explica el agua
En la recepción del centro de visitantes, frente a la gran espiral del ammonite.
¿Cuánto cuesta un fusible? En este edificio llegó a costar quinientos euros al mes. Ahora te lo explico.
Antes, fíjate en la espiral enorme que tienes delante. Es un ammonite, y conviene aclararlo desde el principio: es una escultura hecha para contar, no un fósil sacado de la roca. Está aquí como emblema del patrimonio geológico de estas sierras, que lucen un título que pocos lugares tienen. En dos mil seis, las Sierras Subbéticas fueron declaradas Geoparque Europeo y Geoparque Mundial de la UNESCO.
¿Y qué es un geoparque? Un territorio donde lugares y paisajes de importancia geológica internacional se gestionan a la vez con tres ideas: protección, educación y desarrollo sostenible. Dicho de otro modo, aquí la piedra no solo se conserva: también se explica.
Y este centro es donde empieza esa explicación. Aquí se cuenta cómo el agua ha ido tallando la caliza, y qué valores naturales y culturales guarda la sierra.
Vamos con los fusibles. El centro se puso en marcha en mil novecientos noventa y dos. Cuándo se levantó exactamente el edificio, o si alguna vez se reformó de arriba abajo, no ha quedado bien documentado. Lo que sí quedó escrito fue un detalle del acuerdo de entonces: el mantenimiento de la línea eléctrica correspondía a la Junta. Papeleo del que nadie se acuerda, hasta que hace falta.
En dos mil diecinueve, una tormenta dejó el centro sin electricidad más de tres meses. Y los trabajadores no cerraron: siguieron atendiendo al público con un generador. Según la prensa de aquel momento, arreglar los fusibles costaba unos cien euros, mientras el generador se comía unos quinientos cada mes. Haz la cuenta: con un solo mes de generador se podían haber cambiado los fusibles cinco veces.
Aquel verano de dos mil diecinueve, la luz la puso la paciencia de la gente. Las obras que llegaron años después tuvieron otro protagonista: el agua.
Para profundizar
En el centro que explica cómo el agua modela la sierra, a veces faltaba agua. El abastecimiento dependía de un afloramiento subterráneo, y algunos meses no llegaba para tanta demanda. Así lo contó el delegado Rafael Martínez en enero de dos mil veinticinco, cuando él y el alcalde Fernando Priego inauguraron las mejoras.
La principal fue un depósito nuevo de setenta y ocho metros cúbicos, es decir, setenta y ocho mil litros, con su propia red de suministro. Es más del doble que el anterior, de treinta y tres. Tragsa ejecutó las obras en seis meses.
Sal al área recreativa y busca el parque infantil temático del Geoparque, que se estrenó con esas mejoras. Sus juegos y figuras evocan plantas y criaturas del antiguo mar de Tetis, pensadas para aprender jugando. Alrededor se plantaron ciento veinte especies autóctonas, para que todo se funda con el monte.
Ruta de La Tiñosa, el techo de Córdoba, en la Sierra de la Horconera
La Horconera, la cumbre que volvió a abrirse

Al comienzo del sendero de La Tiñosa, en Las Lagunillas, junto a la primera baliza y mirando hacia la sierra.
La cumbre a la que lleva este sendero es La Tiñosa: mil quinientos setenta metros. Es el pico más alto de la provincia de Córdoba. Si te gusta coleccionar techos, este es el de toda la provincia.
Durante unos años, sin embargo, no hubo una subida oficial por aquí. El sendero dejó de ofertarse en dos mil dieciocho y no volvió a abrirse oficialmente hasta el uno de junio de dos mil veintidós.
Ese día se recuperó un trazado de cinco mil cuatrocientos noventa y cuatro metros. Algo menos de cinco kilómetros y medio, que no asustan sobre el papel. El desnivel es otra cosa: setecientos cincuenta y nueve metros de subida. Es como trepar a pie un edificio de unas doscientas cincuenta plantas, sin ascensor y con piedras sueltas.
Fíjate en las balizas que marcan el camino. Son cuarenta señales que se instalaron con la reapertura, en dos mil veintidós, junto con los pasos acondicionados. Síguelas y no te salgas de la senda, porque atraviesa fincas y sectores protegidos.
Y sin embargo, mucho antes de que hubiera balizas, ya había quien conocía estas sierras paso a paso. Un cronista de la comarca, Miguel Forcada, empezó a recorrerlas en mil novecientos ochenta y dos. A veces solo, a veces acompañado. Y aquellas salidas no se quedaron en domingos de monte: acabaron formando parte de su trabajo sobre la comarca. Caminar, para él, era una manera de investigar.
Hoy la señal te dice por dónde ir. Antes, eso había que aprenderlo con las piernas.
Para profundizar
En la memoria de ese cronista aparece también un poeta. Se llamaba Juan Bernier Luque, y hacía algo que pocos poetas hacen: subía las cumbres y luego escribía sobre ellas. La montaña como tema, y también como esfuerzo.
Un mismo paisaje, contado de dos maneras. El cronista, que lo recorre durante décadas para entender la comarca. El poeta, que llega arriba y busca palabras para lo que ha visto. Ninguno de los dos subía con señales que le indicaran el camino.
Mientras subes, deja que la caliza te vaya preparando para la siguiente parada. Porque lo que hace el agua sobre esta roca se entiende mejor en el llano. En concreto, en uno que no sabe muy bien por dónde vaciarse.
Polje de la Nava, Dolmen de la Lastra y nacimiento del río Bailón
La Nava, la llanura sin desagüe

En el borde de la llanura del Polje de la Nava, de cara al fondo plano y a los afloramientos rocosos que asoman en él.
Una bañera de piedra del tamaño de casi seiscientos campos de fútbol, con el desagüe escondido. Eso es lo que tienes delante.
Se llama polje. Es una depresión de fondo llano en la caliza, donde el agua de la superficie busca una salida y, mientras la encuentra, forma zonas húmedas. La de la Nava mide cuatrocientas dieciocho hectáreas y está inventariada como Lugar de Interés Geológico.
Ahora busca las pequeñas lomas de roca que sobresalen del llano, cubiertas de vegetación. Tienen nombre propio: hums. La Universidad de Córdoba las interpreta como testigos rocosos, restos de roca que asoman entre los sedimentos y que las plantas han ido colonizando.
Pero la Nava no es solo geología. Según esa misma universidad, este llano fue elegido desde antiguo para asentarse, y el registro arqueológico respalda esa lectura. Su testimonio más conocido es el Dolmen de la Lastra, fechado a comienzos del segundo milenio antes de Cristo. Es un sepulcro de cámara y corredor, levantado con ortostatos, grandes losas puestas de pie, de caliza de aquí mismo. Piensa en el esfuerzo de mover y alzar esas piedras para dar sepultura a los suyos.
Una advertencia práctica. Las fuentes que manejamos sitúan el dolmen en la Nava, pero no confirman si hoy se puede ver o visitar. Si quieres buscarlo, pregunta antes en el centro de visitantes.
Para profundizar
El agua de la Nava no se queda quieta para siempre. Aquí nace el río Bailón. Y lo que hace después es lo que más sorprende: en lugar de pasear por la llanura, se encaja en la roca y va abriendo un cañón que llega hasta Zuheros.
Desde el borde del polje puedes intuir la zona donde empieza todo, al principio del sendero geológico del río Bailón. Cuánta agua veas depende del año y de la estación. Hay días de cauce visible y días en que casi hay que creérselo.
Vuelve a mirar los hums. Visto así, el polje es un paisaje que se está haciendo. Los sedimentos rellenan el fondo, las rocas más duras aguantan y el agua sigue buscando por dónde salir.
Desde aquí, el Picacho se adivina en lo alto. La siguiente parada sube hacia él, por caminos que llevan el nombre de las personas que mejor conocieron esta sierra.
Ruta de Los Pelaos al Picacho y sendero Enrique Triano
El sendero que cambió de nombre

Junto a los paneles de la ruta ornitológica de Los Pelaos al Picacho, en el aparcamiento de la Nava, mirando hacia la cumbre.
Hay caminos con nombre de santa y caminos con nombre de vecino. En este parque hay uno que ha tenido los dos.
Antes se llamaba sendero de Santa Rita, como el centro donde empezaste. Hoy lleva el nombre de Enrique Triano, un naturalista nacido en Cabra. Se le reconocen trabajos importantes de etnobotánica, que es la ciencia de lo que la gente sabe y hace con las plantas: para qué sirven, cómo se llaman en cada sitio, qué se cuenta de ellas.
Pero lo que de verdad explica el cambio de nombre es cómo trabajaba. Triano no se guardaba lo que sabía. Compartía sus excursiones y sus conocimientos con aficionados y con otros naturalistas. Salía al monte y volvía con más gente sabiendo más.
Y aquí viene el giro. Una flor de la Subbética lleva su nombre: es un híbrido de narciso, bautizado como Narcissus × trianoi. Un hombre que dedicó su vida a las plantas de su tierra, y ahora es un narciso el que lo recuerda a él.
La ruta que sale de este aparcamiento, la de Los Pelaos al Picacho, es uno de los itinerarios señalizados de la comarca para observar aves, con paneles en la zona de Los Pelaos y aquí mismo, en la Nava. Qué cuentan esos paneles y por qué se pusieron lo verás al pie de Las Buitreras. Triano, en cambio, tenía otra cosa: la costumbre de llevar a alguien al lado.
Para profundizar
Triano no fue el único que convirtió esta sierra en tema de estudio. Juan Carandell investigó la geología de estas montañas. Y no se quedó en sus apuntes.
En mil novecientos veintiséis se celebró el Decimocuarto Congreso Geológico Internacional. El congreso no tuvo lugar en Cabra, pero se acompañó de un itinerario científico de doce días, y una de sus etapas fue esta sierra. Según la crónica local, Carandell preparó y dirigió la excursión que trajo hasta aquí a los especialistas. Geólogos llegados de fuera caminaron por los mismos llanos de caliza que acabas de cruzar.
Para una sierra que entonces no tenía ninguna protección, que la miraran de cerca los expertos fue mucho más que un honor. Fue un argumento.
Y ese argumento llegó muy lejos, hasta un despacho real. Pero eso se entiende mejor arriba, en el mirador, con toda Andalucía extendida a tus pies.
Mirador del Picacho de Cabra y Santuario de la Virgen de la Sierra
El Balcón de Andalucía

En el mirador del Picacho, junto al Santuario de la Virgen de la Sierra, de cara a la gran llanura que se abre al frente.
Antes de mirar al horizonte, mira a tu lado. El edificio que acompaña al mirador es el Santuario de la Virgen de la Sierra. Y la Virgen de la Sierra es la patrona de Cabra.
Así que esta cumbre se puede leer de dos maneras. Para el geólogo, es un balcón de caliza. Para la ciudad que tienes a los pies, es también la casa de su patrona. Las dos lecturas conviven aquí arriba, y conviene recorrer el lugar con el respeto que merece un espacio de devoción.
Ahora sí, el paisaje. ¿Cuánto se tarda en proteger una montaña? La crónica local habla de doce años de gestiones. Eso significa que los primeros pasos se dieron antes de lo que te voy a contar, aunque esa crónica no detalla cuáles fueron.
El primer hito bien documentado llega en mil novecientos veintiuno. Ese año subió una visita técnica del ministerio, y con ella representantes de casi toda la vida local: la cultura, la industria, la enseñanza, la Iglesia y la política. Pocas veces se ponen de acuerdo tantos para mirar el mismo paisaje.
En aquella comisión iba el geólogo Eduardo Hernández-Pacheco. Dicen que fue él quien bautizó este lugar como el Balcón de Andalucía. Mira alrededor y juzga tú si acertó.
Cinco años después, el quince de mayo de mil novecientos veintiséis, Cabra recibió a los geólogos de la excursión del Decimocuarto Congreso Geológico Internacional, la que preparó Carandell. Aquella visita dio nuevo empuje a la petición.
Y aquí está el final. El once de julio de mil novecientos veintinueve, por orden de Alfonso trece, el Picacho fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional. Es uno de los primeros espacios naturales protegidos de España.
Para profundizar
Estás a mil doscientos doce metros sobre el nivel del mar. Busca en el horizonte tres paisajes distintos. A lo lejos, Sierra Morena. En medio, el gran llano de la depresión del Guadalquivir. Y alrededor, las montañas del Sistema Bético, de las que forma parte esta misma cumbre. Las rocas, los cortados y la llanura son obra del tiempo.
Hay una curiosidad de calendario. El parque natural se declaró por decreto el treinta y uno de mayo de mil novecientos ochenta y ocho, y Cabra quedó entre sus municipios. Esta cumbre llevaba ya protegida casi sesenta años. El Picacho fue la semilla, y el parque llegó después.
Desde aquí arriba se entiende mejor la sierra. Para la última parada toca hacer lo contrario: ponerse al pie de una pared y mirar hacia arriba.
Cortado de Las Buitreras: buitre leonado y ruta ornitológica en la Subbética
Las Buitreras, mirar hacia arriba

Bajo el cortado, junto al panel informativo de la ruta ornitológica, con la pared de roca delante.
El nombre de este lugar ya avisa de quién vive en la pared. Levanta la vista: en Las Buitreras está la mayor colonia de buitre leonado de todo el parque natural. Si tienes suerte, verás alguno planeando sobre el cortado sin mover apenas las alas.
Y no están solos. En esta misma pared anidan también grajillas y chovas piquirrojas. Buitres arriba, en lo grande, y bandadas más pequeñas y ruidosas alrededor.
Para llegar hasta aquí has pasado entre olivares, almendros y matorral. Si vienes en febrero, puede que los almendros te hayan recibido en flor. Y en el tramo de aproximación, junto al arroyo del Zurreón, la vegetación de ribera pone el verde que le falta al resto. Es un paisaje trabajado, de campo, que de pronto se topa con esta pared.
Ahora fíjate en el panel que tienes al lado. Forma parte de la señalética ornitológica que la Mancomunidad de la Subbética instaló en ocho rutas de la comarca, entre ellas la de Los Pelaos al Picacho. Aquí colocó puntos de información bajo el cortado y otro en el entorno del cruce de Carcabuey.
Detrás de esos paneles hay una decisión: que observar aves fuera más fácil para cualquiera. Para el visitante de paso, para el aficionado con prismáticos y para el especialista. Por eso los repartieron en sitios de acceso sencillo y con buena visibilidad. Durante mucho tiempo, saber dónde ponerse para ver bien dependía de conocer el terreno. La idea es que ya no haga falta haber nacido en la comarca para elegir buen sitio. Basta con llegar al panel y levantar la vista.
Para profundizar
Los carteles tienen otra sorpresa. Llevan un código que se lee con el móvil. Con él puedes consultar la guía en español y en inglés, y ver un documental sobre la fauna y la flora de la zona. Así, la información de la sierra cabe en el bolsillo.
Si haces la variante de Marchaniega, vas a encontrar cancelas. Aquí el sendero comparte espacio con los usos rurales. La regla es sencilla: la cancela que abres, la vuelves a cerrar. Detrás puede haber ganado, una finca o el trabajo de alguien.
Y quizá ese sea el mejor resumen de todo el recorrido. Esta sierra no es un museo. Es caliza tallada por el agua, con una cumbre protegida desde mil novecientos veintinueve, cruzada por senderos señalizados y habitada por gente que la trabaja.
Te vas con la cabeza llena de nombres: Triano, Carandell, Hernández-Pacheco, Forcada. Todos aprendieron lo mismo que tú hoy. A este paisaje se le entiende caminando.
Prepara tu visita
- El recorrido arranca en el Centro de visitantes Santa Rita, en el término de Cabra. Consulta la ubicación exacta y el horario en la web oficial del parque o en la oficina de turismo.
- El estado de los senderos puede cambiar, sobre todo después de lluvias intensas. Confirma con el parque qué tramos están abiertos antes de salir.
- La subida a La Tiñosa, la cumbre más alta de la provincia de Córdoba (1.570 m), parte de Las Lagunillas: el trazado mide 5.494 m, algo menos de 5,5 km, con 759 m de desnivel. Las fuentes consultadas no precisan si esa distancia es solo de ida, así que confírmalo con el parque al planificar. Calcula fuerzas y sigue siempre las balizas.
- La ruta ornitológica de Los Pelaos al Picacho tiene paneles en el aparcamiento de la Nava, un buen punto de partida para subir al mirador y al Santuario de la Virgen de la Sierra.
- Si quieres ver el Dolmen de la Lastra, en la Nava, pregunta antes en el centro de visitantes si es visible o visitable.
- En Las Buitreras lleva prismáticos: es la mayor colonia de buitre leonado del parque natural.
- En la variante de Marchaniega, hacia Las Buitreras, cierra cada cancela después de pasar.
- Lleva el móvil con batería: los paneles ornitológicos tienen códigos con guía en español e inglés y un documental.
Preguntas frecuentes
¿Qué rutas hay en el parque natural Sierras Subbéticas
Entre las rutas de senderismo de la Subbética destacan la subida a La Tiñosa desde Las Lagunillas, reabierta oficialmente en 2022; la ruta ornitológica de Los Pelaos al Picacho, con paneles en el aparcamiento de la Nava; el sendero geológico del río Bailón y el itinerario de Las Buitreras, con su variante de Marchaniega.
¿Cuánto se tarda en subir a La Tiñosa
Depende del ritmo y de la forma física de cada senderista. El trazado oficial mide 5.494 metros, algo menos de 5,5 km, y salva 759 metros de desnivel hasta los 1.570 metros de la cumbre más alta de la provincia de Córdoba. Está señalizado desde 2022 con 40 balizas. Confirma con el parque si la distancia es solo de ida.
¿Dónde empezar la visita al parque
Lo más práctico es empezar en el Centro de visitantes Santa Rita, en el término de Cabra, donde se explica cómo el agua modela la roca caliza. Para subir al Picacho, la ruta de Los Pelaos tiene paneles en el aparcamiento de la Nava. Confirma ubicaciones, accesos y horarios en la web oficial del parque.
¿Qué fauna se ve en las Sierras Subbéticas
En el cortado de Las Buitreras se encuentra la mayor colonia de buitre leonado del parque natural, y allí anidan también grajillas y chovas piquirrojas. La Mancomunidad ha señalizado ocho rutas ornitológicas con paneles en puntos de buena visibilidad y códigos para consultar una guía en español e inglés y un documental.
¿Por qué el Picacho de Cabra se llama Balcón de Andalucía
Desde su cima, a 1.212 metros, se distinguen Sierra Morena, la depresión del Guadalquivir y el Sistema Bético. La tradición local atribuye el nombre al geólogo Eduardo Hernández-Pacheco, de la comisión de 1921. En la cumbre está el Santuario de la Virgen de la Sierra, patrona de Cabra. En 1929 fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional.
¿Qué es el polje de la Nava
Es una depresión kárstica de fondo llano, de 418,32 hectáreas, inventariada como Lugar de Interés Geológico. El agua superficial busca salida y forma zonas húmedas. Allí nace el río Bailón, que después se encaja en la roca hasta Zuheros. En la Nava se encuentra el Dolmen de la Lastra, de comienzos del II milenio a. C.
¿Están las lagunas Dulce y Amarga en el parque
No. El Inventario de Humedales de Andalucía no las recoge como humedales del Parque Natural Sierras Subbéticas. La Laguna Dulce está adscrita a la Laguna del Rincón y a las Lagunas del Sur de Córdoba, y la Amarga, a su reserva y a las Lagunas del Sur de Córdoba. Si quieres visitarlas, plantéalas como una excursión aparte.
¿Cuándo se declaró el parque natural Sierras Subbéticas
El parque natural se declaró mediante el Decreto 232/1988, de 31 de mayo, y Cabra es uno de sus municipios. Su núcleo más antiguo es el Picacho, protegido ya en 1929 por orden de Alfonso XIII. En 2006, las Sierras Subbéticas fueron declaradas Geoparque Europeo y Geoparque Mundial de la UNESCO.
Cerca de aquí
- Dolmen de la Lastra, Luque: audioguía del dolmen que mira al norte · Luque
- Parque Natural Sierras Subbéticas: castillo y cueva de Luque y cañón del río Bailón · Luque
- Fuente del Río de Cabra: audioguía del nacimiento del río y sus jardines · Cabra
- Iglesia de San Juan Bautista de Cabra: audioguía y qué ver · Cabra
- Museo Aguilar y Eslava de Cabra: audioguía y qué ver en la visita · Cabra
- Museo Arqueológico Municipal de Cabra: audioguía y visita · Cabra