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Castillo de Priego de Córdoba: audioguía para visitarlo a pie

Una torre de unos treinta metros que estuvo años cerrada por sus grietas, un depósito de agua que acabó siendo escombrera y un castillo que un pueblo recibió como donación. Esta audioguía te lleva por el castillo de Priego de Córdoba, de la torre al adarve, con las historias de quienes lo defendieron, lo traicionaron, lo olvidaron y lo salvaron.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.

Torre del Homenaje del castillo de Priego de Córdoba

La torre que aguantó las flechas

Colócate al pie de la Torre del Homenaje, en el patio, con la vista levantada hacia la parte alta.

Treinta metros de piedra, y durante años nadie pudo entrar. La torre se cerró en octubre de dos mil doce porque tenía grietas graves. Hasta las obras de dos mil dieciséis y dos mil diecisiete no volvió a recibir visitas.

Así que ahora puedes acercarte y mirarla con calma. La levantó la Orden de Calatrava en el siglo trece. Las pruebas de radiocarbono permiten situarla entre mil doscientos cuarenta y seis y mil doscientos sesenta y seis. Tiene tres plantas. Abajo había un aljibe, encima un almacén, y arriba vivía el comendador.

Busca los cuatro ajimeces de la planta principal y los arcos de la entrada original. Esa puerta estaba alta, lejos del suelo, y se llegaba por una escalera exterior pegada a la torre. Quien quisiera entrar necesitaba la escalera.

Y ahora, lo que me parece más bonito. En mil trescientos cuarenta y uno, el rey Alfonso once asedió esta fortaleza. Varias flechas se clavaron en los morteros exteriores. Durante la restauración aparecieron las puntas, siete incrustadas en la torre. Seiscientos años de lluvia y de siglos tranquilos, y el asedio seguía ahí, clavado en la pared.

Pocas veces una batalla se deja encontrar tan literalmente.

Pero una torre no es solo un lugar donde disparan. ¿Qué hay dentro de este recinto que la rodea? Sal a pasear por los muros.

Para profundizar

La torre cambió de oficio varias veces. En la planta principal se encontraron placas de armadura y más puntas de flecha. Eso indica que sirvió también de armería, con actividad militar posterior a su construcción.

Después llegó la paz, o algo parecido. Tras la caída de Granada y la creación del marquesado de Priego, la fortaleza perdió importancia militar. La torre se adaptó entonces a nuevos usos: residencia, palomar, granero y almacén.

Las obras de restauración también descubrieron el lugar exacto donde estuvo la inscripción fundacional. Y documentaron que en el siglo dieciséis se levantó un palomar sobre la cubierta medieval. Un nido de palomas sobre la terraza de una torre de guerra.

Al retirar el tejado posterior, volvió a aparecer la terraza medieval. Si subes por la escalera instalada en la restauración, estarás pisando la parte más alta de la torre, con el aire de Priego en la cara.

Recinto amurallado: la donación que salvó el castillo

El castillo que se regaló

Sitúate en el patio de armas, de frente a los lienzos de muralla, con la torre a tu espalda.

En mil novecientos noventa y seis, los herederos de Víctor Rubio Chavarri regalaron un castillo a su pueblo. Donaron el recinto amurallado, el patio de armas y la torre del homenaje. En el ayuntamiento, el acuerdo para aceptarlo fue unánime. Hay que reconocer que no es un resultado habitual en un pleno.

Antes de Rubio Chavarri, el castillo había pertenecido a la Casa de Medinaceli. Pasó de unas manos a otras, y décadas más tarde sus herederos lo cedieron al municipio.

Pero la familia Rubio-Sánchez puso una condición. Una vez restaurado, el castillo debía destinarse al Centro Cultural Víctor Rubio Chavarri. O sea, el regalo no era solo piedra: llevaba escrito el destino.

Ahora recorre con la vista el perímetro. Los lienzos de muralla, las torres y el camino del adarve. Las obras recuperaron almenas y tramos por los que se puede caminar. Fíjate bien en el sector norte-oeste. Allí había una poterna medieval, una puerta pequeña de servicio, que permanecía tapiada. Los trabajos arqueológicos la liberaron.

Una puerta cerrada durante siglos y, de pronto, otra vez abierta. Parece poco, pero cambia la forma de entender cómo se entraba y se salía de aquí.

¿Y qué hay en el centro de este patio, bajo nuestros pies? Sigue hacia el aljibe.

Para profundizar

Tras la donación empezó el trabajo de averiguar qué había exactamente debajo. Las excavaciones arqueológicas municipales de mil novecientos noventa y siete y noventa y ocho replantearon la planta de la fortificación. También aportaron información sobre la alcazaba andalusí anterior al castillo bajomedieval. Es decir, el castillo que ves se levantó sobre otra fortaleza más antigua.

Esos datos sirvieron para orientar la consolidación y la restauración. Primero se entendió el castillo y después se tocó.

La limpieza arqueológica de torres y adarves permitió abrir el monumento al público de forma provisional. Durante esos trabajos se registraron aspilleras, parapetos y pavimentos. Las aspilleras son esas ranuras estrechas por las que se disparaba. Si te asomas a una, verás el mundo reducido a una línea, como lo veía un defensor.

Aljibe y patio de armas del castillo de Priego

Un aljibe, una equis y un pozo negro

Entra en el espacio del aljibe, en la planta inferior de la Torre del Homenaje, y mira hacia el techo abovedado.

En un plano de mil ochocientos setenta había una equis. Solo eso. Una marca en el papel para señalar dónde se suponía que estaba el aljibe del castillo. Nadie lo veía y nadie sabía con certeza si seguía ahí.

Ahora lo tienes delante. Levanta la vista y fíjate en la bóveda de cañón. La planta es rectangular. Mide casi once metros de largo, cerca de seis de ancho y entre cinco con setenta y cinco con ochenta metros de alto. Es más largo que un autobús urbano y tiene el techo a la altura de una casa de dos plantas.

Se atribuye a la etapa de la Orden de Calatrava, cuando Priego estuvo bajo su dominio, entre mil doscientos cuarenta y seis y mil trescientos veintisiete. Recogía agua de lluvia y guardó agua durante la Edad Media.

Y ahora, lo que no esperabas. Con el tiempo, el depósito terminó usado como escombrera y, en algún momento, como pozo de aguas residuales. Un lugar pensado para guardar el bien más valioso de una fortaleza acabó recibiendo lo que nadie quería.

Antes, en los siglos dieciséis y diecisiete, se había adaptado como granero. Quizá esa sea la lección: el castillo siguió siendo útil cuando dejó de ser frontera.

Y de aquí, sube. Arriba hay una muralla, y desde ella se ve otro Priego.

Para profundizar

Fuera, el patio de armas es el espacio central del recinto, alrededor de la Torre del Homenaje. Los restos arqueológicos que hay en él permiten leer sus distintas fases. Es como un libro con las páginas superpuestas, donde cada época escribió encima de la anterior.

Las medidas del aljibe están publicadas con precisión: diez metros con sesenta y nueve de largo y cinco con ochenta y dos de ancho. Con esos números, un depósito así da idea de lo que significaba el agua para quien tuviera que resistir un asedio.

Date una vuelta despacio por el patio antes de subir. Con la torre al lado y el suelo lleno de restos, el recinto enseña mejor que ningún cartel que un castillo no se construye de una vez. Se va quedando.

Vistas desde la muralla del castillo de Priego de Córdoba

Lo que vieron desde la muralla

Sube al adarve y colócate en un tramo elevado de la muralla, mirando hacia el Barrio de la Villa y el escarpe.

Desde aquí arriba, a unos seiscientos cincuenta metros de altitud, entiendes por qué alguien quiso un castillo justo en este sitio. El terreno cae a tus pies. El castillo se alza sobre un promontorio rocoso, y los muros siguen el contorno de la roca.

Toca la muralla, si el paso lo permite. Tiene entre metro y medio y dos metros de grosor. Eso es más ancho que una puerta de casa, y la piedra avanza y se retuerce adaptándose al borde del precipicio.

Cada época vio llegar a alguien por ahí abajo. En el año ochocientos ochenta y seis, en plena crisis del Emirato cordobés, Omar ibn Hafsún tomó el control de la fortaleza. Allí se sitúa uno de los primeros episodios de su historia política.

En mil trescientos veintisiete hubo una traición. Un alcaide calatravo entregó la plaza. La defendía por encargo de Frey Pero Ruiz de Córdoba, bajo el maestrazgo de Juan Núñez de Prado. Una fortaleza con muros de dos metros, y cayó por una decisión de alguien de dentro.

Hacia mil cuatrocientos seis y mil cuatrocientos siete, los atacantes dispararon contra la fortaleza. El señor Alfonso Fernández de Córdoba contribuyó a la defensa y el intento nazarí fracasó.

Mira hacia abajo, hacia el barrio. Lo que ves tranquilo fue frontera.

Y al otro lado de la muralla, el paisaje cambia de tono. Baja al Adarve.

Para profundizar

El castillo tiene consideración de Bien de Interés Cultural y forma parte del Conjunto Histórico de Priego, declarado en mil novecientos setenta y dos y ampliado en dos mil dos.

Hay un documento de mil cuatrocientos ochenta, y conviene leerlo con cuidado. El concejo se quejó de incursiones que dañaban cultivos y causaban cautiverios. Los autores advierten que ese texto no prueba que aquello fuera un cerco al castillo. Una queja de vecinos que se lee fácilmente como asedio, y tal vez no lo fuera.

Siglos después, en mil ochocientos cincuenta y tres, Luis María Ramírez y de las Casas-Deza volvió a poner el castillo ante los ojos de los eruditos. Lo publicó con un grabado en el Semanario Pintoresco Español.

En dos mil dos, la limpieza de torres y adarves permitió una apertura provisional al público. Documentó pavimentos, aspilleras y parapetos. Lo que pisas es, en parte, lo que entonces se descubrió.

Qué ver en Priego de Córdoba: el paseo del Adarve

El balcón y la quinta

Sal al paseo del Adarve y colócate junto a la línea del cortado, de cara a la vega.

En mil ochocientos cincuenta y siete, Antonio Castilla, alcalde y diputado provincial, compró los terrenos que hay bajo la muralla. Y allí mandó construir una residencia de verano. La llamó La Quinta.

Elegir este sitio para pasar el verano tiene sentido en cuanto te asomas. Fíjate en el borde rocoso y en las fuentes del paseo. Al fondo se abren la vega y las huertas. Desde los miradores sobre el tajo del Adarve, la vista llega al río, a las huertas, a la sierra y al olivar.

Es una vista que no hace falta explicar. Hay un cortado y, más abajo, el campo extendido como un mapa de tonos verdes y plateados. Los defensores del castillo miraban este paisaje buscando enemigos. Un alcalde del siglo diecinueve lo miraba buscando fresco.

Todo este entorno forma parte del Conjunto Histórico de Priego, declarado en mil novecientos setenta y dos y ampliado en dos mil dos.

Aquí termina el recorrido. Has pasado por una torre que aguantó flechas, un castillo regalado con condiciones y un aljibe con una equis en un plano. Y ahora tienes, como cierre, la misma vista que cualquiera de ellos.

Quédate un momento. Es el mejor final posible para una fortaleza.

Para profundizar

Poco más se sabe de La Quinta en este recorrido, y no hace falta inventarlo. Lo que sí queda es la imagen: una residencia de recreo pegada a los pies de una fortaleza militar.

Eso resume bien el cambio de siglos. El mismo terreno que fue frontera, con murallas de dos metros de grosor y asedios documentados, acabó siendo lugar de veraneo. Cuando un castillo deja de ser necesario para defender, el entorno que lo rodea cambia de oficio.

Si te sobra tiempo, recorre el paseo despacio. Las fuentes, el borde rocoso y la vega al fondo funcionan como un último vistazo hacia atrás: la muralla arriba y el campo abajo.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Priego de Córdoba

El castillo es una visita esencial: tiene la Torre del Homenaje, el aljibe, el patio de armas y la muralla. Junto a él están el Barrio de la Villa y el Balcón del Adarve, con vistas a la vega, las huertas, la sierra y el olivar. Todo forma parte del Conjunto Histórico.

¿Cómo llegar al castillo de Priego de Córdoba

El castillo está sobre el Barrio de la Villa, en un promontorio rocoso a unos 650 m de altitud. Se llega a pie desde el casco histórico de Priego de Córdoba. Para indicaciones exactas, conviene consultar la oficina de turismo o la web oficial.

¿Cuál es el horario de visita del castillo de Priego de Córdoba

Los horarios pueden cambiar según la temporada y el estado de las obras. Conviene confirmarlos antes de ir en la web oficial del castillo o en la oficina de turismo de Priego de Córdoba. La Torre del Homenaje se reabrió tras las obras de 2016 y 2017.

¿Cuánto se tarda en visitar el castillo de Priego de Córdoba

No hay una duración oficial. Esta audioguía tiene 5 paradas: torre, recinto, aljibe, muralla y paseo del Adarve. Con las escaleras, los tramos de muralla y las vistas, conviene reservar un rato tranquilo y no ir con prisa.

¿Cuál es la historia del castillo de Priego de Córdoba

Hubo una alcazaba andalusí antes del castillo bajomedieval. En 886, Omar ibn Hafsún controló la fortaleza. La Orden de Calatrava dominó Priego entre 1246 y 1327 y levantó la torre. Después pasó a la Casa de Medinaceli y, en 1996, se donó al pueblo.

¿Quién construyó la Torre del Homenaje

La Orden de Calatrava, en el siglo XIII. Las dataciones de radiocarbono permiten proponer una fecha entre 1246 y 1266. Mide cerca de 30 m de altura, ocupa unos 181 m² y tiene tres plantas: aljibe, almacén y residencia del comendador.

¿Qué tiene de especial el aljibe del castillo

Mide 10,69 m de largo, 5,82 m de ancho y entre 5,70 y 5,80 m de alto. Recogía agua de lluvia y luego se usó como granero. Más tarde acabó como escombrera y, en algún momento, como pozo de aguas residuales.

¿Quién donó el castillo de Priego de Córdoba al pueblo

En 1996, los herederos de Víctor Rubio Chavarri donaron el recinto amurallado, el patio de armas y la Torre del Homenaje. El acuerdo municipal fue unánime. La familia pidió que, una vez restaurado, se destinara al Centro Cultural Víctor Rubio Chavarri.

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