Barrio de la Villa de Priego de Córdoba: audioguía del barrio medieval
Siete paradas por el núcleo más antiguo de Priego de Córdoba. Empezarás ante el Sagrario rococó de la Asunción y pisarás un foso de hace más de mil años. Pasarás por un callejón donde hay que encoger los dedos y verás un castillo que en julio de dos mil veintiséis abrió espacios nuevos. Te asomarás a un tajo de cincuenta y cinco metros y acabarás donde, según la tradición, acabó un rosario.

Plaza de Santa Ana e Iglesia de la Asunción: el Sagrario de Priego
Santa Ana, la puerta de la Villa
Colócate en la Plaza de Santa Ana, junto a la Iglesia de la Asunción, antes de entrar en la calle Real. Si la iglesia está abierta, recuerda que es un templo en uso.
Antes de cruzar la primera esquina, una advertencia: estás a punto de entrar en la estampa más famosa de Priego. El Barrio de la Villa es el núcleo del que nació la ciudad. Su fama viene de una combinación difícil de imitar. Tiene un trazado andalusí de calles estrechas y sinuosas y fachadas encaladas llenas de macetas que cuidan los propios vecinos. Y tiene un borde que se asoma de golpe a la vega. El conjunto vale tanto que en mil novecientos setenta y dos fue declarado conjunto histórico-artístico.
Pero la primera joya no está en la calle, sino a tu lado. Esta es la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en pleno núcleo histórico de la Villa y pegada al castillo. Su tesoro está dentro: el Sagrario. Lo hizo Francisco Javier Pedrajas entre mil setecientos setenta y dos y mil setecientos ochenta y cuatro. Es una obra maestra del barroco español, vestida de decoración rococó. Fueron doce años de trabajo. Si la iglesia está abierta, entra en silencio y tómate tu tiempo: el Sagrario no se mira con prisa.
Mucha gente cruza esta plaza camino del barrio sin saber lo que tiene a unos pasos. Tú ya lo sabes.
El castillo, pegado a la iglesia, tendrá su propia parada cuando lleguemos a su muralla, en la calle Santiago. Ahora entra en la calle Real: la ciudad empezó justo debajo.
Para profundizar
La protección del barrio tiene una segunda fecha. En dos mil dos se amplió la delimitación del conjunto histórico de Priego y se inscribió como Bien de Interés Cultural.
Esa protección cuida el conjunto, el trazado y el ambiente. Pero no convierte en medieval cada pared, ni garantiza que cada teja sea original. A lo largo de la ruta irás viendo la diferencia entre lo antiguo, lo que se ha rehecho y lo que se mantiene a fuerza de cal.
Calle Real del barrio de la Villa: el foso emiral de Priego
Un foso bajo la calle blanca

Entra en la calle Real desde la Plaza de Santa Ana y avanza unos pasos. Colócate mirando a lo largo de la calle, con las fachadas encaladas a ambos lados.
Bajo esta calle tan blanca hubo una zanja tan honda que, de pie en el fondo, casi no asomarías la cabeza. Era un foso defensivo tallado en la roca. Estás en el corazón de Madinat Bāguh, la ciudad andalusí de la que nació Priego.
La historia empieza, como tantas, con una obra. Al construir en el solar del número quince, apareció parte de ese foso bajo la parcela, junto con un buen lote de cerámica. La arqueóloga Encarnación Cano Montoro estudió las piezas y las situó en época emiral, entre los siglos ocho y nueve. Fíjate en lo que eso significa: nos dice desde cuándo hay gente viviendo aquí, no la edad de las fachadas que tienes delante.
En el número once, el foso se pudo medir. Tenía cuatro metros y veinticuatro centímetros de ancho y un metro setenta y seis de hondo. Estaba excavado en travertino, la misma roca del tajo que verás al final del recorrido. La cerámica que lo fue rellenando es del siglo diez. Hace más de mil años, el foso ya se estaba llenando de tierra.
Ahora levanta la vista. El paso estrecho, la cal y las macetas son la parte de la fama del barrio que se renueva una y otra vez. Las mantienen los vecinos, fieles a una tradición. Nadie ha fechado cuándo se restauró cada casa de este tramo. Lo medieval está abajo. Arriba hay cal fresca y mucha constancia.
Sigue la calle Real, que es la columna vertebral del barrio. Te espera un callejón que se mide con los brazos.
Para profundizar
Conviene ajustar una imagen muy extendida. Aquí no hay una muralla medieval a la vista. Lo que han encontrado los arqueólogos es un foso, una vaguada abierta en la roca para defender la ciudad. Lo han seguido en varios solares de esta calle. En los números tres y quince apareció peor conservado. En el número once se conservaba lo bastante para tomar esas medidas. Es como reconstruir una carretera a partir de tres baches.
La calle es un palimpsesto: un suelo de mil años y unas fachadas que se encalan una y otra vez. Desde la calle Real salen pasajes hacia la Placita de San Antonio. Llegaremos a ella dando un pequeño rodeo.
Calle Bajondillo: el callejón que se mide con los brazos
Bajondillo, la calle que se mide con los brazos

Desde la calle Real, toma la calle Jazmines hasta llegar a Bajondillo. Colócate en su tramo más estrecho y mira hacia arriba, hacia la franja de cielo que dejan los tejados.
Extiende los brazos. Si tocas pared con las yemas, ya sabes lo que sintió un cronista del pueblo al pasar por aquí. Enrique Alcalá Ortiz, cronista de Priego, dejó escrito que en Bajondillo, si abres los brazos, tienes que recoger los dedos. No es una medición. Es algo mejor: la descripción de alguien que recorrió esta calle con el cuerpo y no con una cinta métrica.
Ahora mira hacia arriba. Las fachadas se acercan tanto que los aleros recortan el cielo hasta dejarlo en una cinta. Es una calle que se recorre de lado, casi pidiendo permiso.
Bajondillo es el último tramo de un hilo que empieza en la calle Real, pasa por Jazmines y desemboca en el Adarve. Hace de bisagra entre el interior apretado del barrio y su borde abierto al paisaje.
Al fondo, la calle se abre de golpe. Asómate, pero no te quedes. Lo que hay al otro lado, y por qué importa tanto, te lo cuento al final, desde el balcón. Antes volvemos hacia dentro, a una plaza pequeña.
Para profundizar
Lo más interesante de la frase del cronista es lo que no dice. No habla de una calle monumental ni de ningún edificio ilustre. Habla de lo que se siente al recorrerla. Puede que el encanto de este tramo esté precisamente en ese contraste: tanta estrechez y, a pocos pasos, todo el horizonte de golpe.
Plaza de San Antonio: la plaza recuperada de la Villa
San Antonio, la plaza recuperada

Entra en la Plaza de San Antonio y colócate en el centro. Gira despacio y localiza las calles por las que se entra y se sale.
¿Cuántos coches cabrían en esta plaza? Durante años, la respuesta fue que demasiados. Y un día los vecinos dijeron basta.
Fue en dos mil once. Residentes y representantes del ayuntamiento se sentaron y llegaron a un acuerdo: sacar los vehículos y los contenedores de varias plazas de la Villa y llevarlos junto a la calle Santiago. No fue una gran obra de restauración. Fue algo más difícil: poner de acuerdo a quienes viven aquí, a quienes gobiernan y a quienes necesitan aparcar.
El resultado lo tienes alrededor. Fíjate en la escala de la plaza y en cómo cada calle entra estrecha y casi a escondidas. Es un ensanche pequeño en medio de un trazado andalusí de calles estrechas y sinuosas.
Hay que reconocerlo: hace falta valor para quitarle a alguien el aparcamiento de la puerta de su casa.
Los coches se fueron precisamente hacia la calle Santiago. Vamos tras ellos. Allí te espera la muralla del castillo.
Para profundizar
Esta plaza no tiene una gran leyenda ni un vecino famoso, y no hace falta inventárselos. Su historia es la de casi todas las plazas pequeñas de la Villa: un hueco en el laberinto donde la vida cotidiana y la conservación tienen que convivir.
El acuerdo de dos mil once deja una lección práctica. Proteger un barrio no consiste solo en restaurar piedras. También hay que decidir qué cabe en él. Sacar los contenedores y los coches cambió lo que ves al entrar aquí más que cualquier capa de pintura.
Quédate un momento quieto. Escucha cuánto ruido hay. Probablemente, muy poco.
Castillo de Priego: el frente noroeste desde la calle Santiago
Santiago y el castillo que enseña sus costuras

Avanza por la calle Santiago hasta tener delante el lienzo de muralla restaurado del frente noroeste del castillo. Colócate donde puedas abarcarlo de lado a lado.
Lo que tienes delante es el frente noroeste del castillo de Priego, la fortaleza que guardaba la Villa. Empecemos por quién la levantó. Fue una fortaleza árabe, reformada después en los siglos trece y catorce. Su torre del homenaje, la torre principal, es del siglo trece, de cuando Priego pertenecía a la Orden de Calatrava. En una misma fortaleza conviven dos mundos: el andalusí que la fundó y el de los caballeros de Calatrava que la reformaron.
En mil novecientos noventa y seis, el monumento pasó al municipio en una cesión parcial, y desde entonces se ha ido recuperando por fases. La calle Santiago bordea este frente. La última intervención se licitó en dos mil veinticinco, con proyecto del arquitecto Alfonso Ochoa Maza, y ha recuperado parte de las murallas que daban a esta calle.
Ojo con lo que ves. Parte de este lienzo es fábrica nueva: se reconstruyeron trozos de muralla que habían desaparecido. Los restos arqueológicos originales se protegieron y se taparon. Así que no juegues a adivinar, piedra a piedra, qué es medieval. A simple vista no es fácil, y la información publicada no señala qué tramos antiguos quedan visibles. Lo antiguo a la vista está dentro. En julio de dos mil veintiséis se abrieron al público el sector noroeste y una cripta arqueológica con restos que van del siglo nueve al quince. Son seiscientos años en una sola cripta.
No es un truco: es justo lo que se buscaba. El arqueólogo municipal Rafael Carmona explicó que el acceso antiguo y las murallas permiten leer cómo fue cambiando la fortaleza. Una vieja entrada quedó cerrada, y su corredor pasó a ser patio interior y espacio para la artillería. En lugar de fingir un castillo congelado en la Edad Media, se ha preferido mostrar sus reformas.
Vuelve hacia el borde del barrio. Te espera un balcón sin suelo al otro lado.
Para profundizar
Las cifras de esta obra pueden despistar, así que conviene separarlas. La obra salió a licitación en dos mil veinticinco con un presupuesto base de un millón ciento treinta y siete mil setecientos ochenta y tres euros con veinte céntimos, sin impuestos. Ese era el punto de partida del concurso. Al inaugurarse en dos mil veintiséis, se comunicó una inversión cercana al millón cuatrocientos mil euros para la intervención. No son cifras equivalentes, porque no miden lo mismo.
En dos mil veinticinco, la concejala Marta Siles anunció que la obra recuperaría el frente del castillo hacia la calle Santiago y abriría una cripta.
Las excavaciones dejaron objetos diminutos que cuentan mucho. Apareció una moneda de vellón de Enrique cuarto, acuñada entre mil cuatrocientos setenta y uno y mil cuatrocientos setenta y cuatro. También salió una pieza de armadura.
En la inauguración de julio de dos mil veintiséis se presentaron audioguías en cinco idiomas, paneles en braille y relieves táctiles, para que el castillo también se pueda leer con las manos. Pregunta qué servicios hay el día de tu visita. Ese mismo año, el alcalde Juan Ramón Valdivia cifró en unos cinco millones de euros la inversión pública acumulada desde la cesión de mil novecientos noventa y seis. Recuperar un castillo lleva casi tres décadas y sale bastante más caro que comprarse uno en una novela.
Desde esta calle se llega también a la Huerta de las Infantas. Sus escaleras y su elevador de acceso son contemporáneos. Son obra de hoy, no de los sitiadores.
Balcón del Adarve: el tajo de 55 metros sobre la vega
El balcón sin suelo

Sal al Balcón del Adarve y colócate junto a la barandilla. Mira hacia la vega, primero al horizonte y luego hacia abajo.
Al otro lado de esta barandilla, el suelo desaparece durante cincuenta y cinco metros. Es la altura de un bloque de más de quince plantas, pero hecho de roca. Es un cortado de travertino, y durante siglos fue la mejor muralla de Priego. Nadie tuvo que levantarla. Este precipicio ayuda a entender por qué el emplazamiento fue tan valioso: por este lado, la defensa la puso la geología.
Mira hacia abajo y entenderás por qué aquí no hizo falta cavar un foso. El de la calle Real no era un capricho: defendía otro frente de la ciudad, el que no tenía tajo. Cada lado se protegía con lo que tenía.
Ahora fíjate en lo que tienes alrededor: la balaustrada, los miradores, las farolas, las fuentes. Nada de eso es medieval. Entre mil ochocientos y mil ochocientos tres, el viejo camino de ronda se convirtió en paseo público. Donde antes se vigilaba al enemigo, la gente empezó a pasear y a contemplar la vega del río Salado. Hoy es de acceso libre y uno de los rasgos más emblemáticos del barrio.
En mil novecientos cincuenta y siete, este entorno y la Puerta del Sol sirvieron de escenario para una película, Saeta del ruiseñor. La protagonizaba Joselito, el niño cantante. Si ves una escultura suya, no te dejes engañar por el bronce: no es antigua. La hizo Manuel Jiménez Pedrajas y se inauguró en dos mil seis.
Queda una última parada. Te esperan una iglesia y una expresión que seguro has usado alguna vez.
Para profundizar
Por aquí oirás también el nombre de Paseo de Colombia, ligado al entorno ajardinado del Adarve. Homenajea a Antonio Caballero y Góngora, un prieguense que llegó a arzobispo de Bogotá y a virrey de Nueva Granada. Ese paseo también fue obra colectiva. En mil ochocientos noventa y ocho, Ramón Linares dirigió su ordenación como parque y promovió aportaciones particulares para pagarla.
El borde que tienes delante resume la historia del lugar en tres capas. Primero, la roca. Después, el camino de ronda militar, del que solo queda el nombre de adarve. Por último, el paseo de principios del siglo diecinueve, con su barandilla, su luz y su agua, y el parque de finales de ese mismo siglo. La estatua de Joselito es la capa más reciente: recuerda que este paisaje también ha sido decorado de cine.
Mientras recorres el borde, mira la caída del terreno y luego las farolas. Lo primero lo hizo la naturaleza. Lo segundo, la gente que quiso disfrutarla.
Iglesia de la Aurora y el origen del rosario de la Aurora
La Aurora, donde acabó el rosario

Colócate frente a la Iglesia de la Aurora. Si está abierta, entra en silencio y busca el altar de San Ramón Nonato, en un lateral. Recuerda que es un templo en uso.
¿Has dicho alguna vez que algo acabó como el rosario de la Aurora? La tradición local sitúa aquí el origen de la expresión. Eso sí, Priego no es el único candidato: del dicho se cuentan varias versiones, con sucesos en distintos lugares.
La versión de Priego es esta. El veintiocho de julio de mil setecientos ochenta se encontraron dos procesiones y ninguna quiso ceder el paso. La discusión terminó en reyerta, a golpe de farol. No hay un documento de la época que lo confirme, así que queda como lo que es: una tradición que se cuenta con cariño, y que a uno le gustaría creer.
El edificio que tienes delante es un templo barroco del siglo dieciocho, diseñado por Juan de Dios Santaella y decorado con yeserías rococó: una de las muestras del barroco dieciochesco de Priego. Ocupa el lugar de la antigua ermita de San Nicasio, que en mil quinientos veintiocho ya era sede del culto de los vecinos. La tradición añade que antes hubo aquí una mezquita. Encaja con un barrio que fue ciudad andalusí, pero sigue siendo tradición.
Y esta iglesia no es solo piedra. Cada sábado a medianoche, los Hermanos de la Aurora salen por las calles cantando coplas a la Virgen, una costumbre ligada al rezo del rosario. Si pasas un sábado en Priego, búscalos: el rosario de la Aurora no es solo un dicho.
Dentro, junto al altar de San Ramón Nonato, mira las yeserías y la pilastra lateral. Parte de lo que ves es consolidación moderna, fruto de una restauración tras una filtración de agua. La restauradora Ana Infante decidió conservar las deformaciones que el tiempo había ido dejando. Arreglar no significó dejarlo como nuevo.
Termina aquí el recorrido. El rosario, según la tradición, terminó a faroladas. Las coplas, en cambio, siguen saliendo cada sábado.
Para profundizar
La gotera tuvo su historia. La filtración dañó el interior, y la hermandad tuvo que afrontar una restauración de unos cuarenta mil euros. Su hermano mayor, Carlos Jiménez Molina, pidió ayuda a entidades y particulares. El arquitecto del Obispado, Miguel García Madueño, revisó el edificio y descartó daños en la estructura principal. El problema estaba en la decoración.
La decisión de Ana Infante dice mucho de cómo se restaura hoy. Sería fácil enderezar cada curva y devolver el templo a una perfección que quizá nunca tuvo. Se eligió lo contrario: reparar lo dañado y respetar las huellas del tiempo. Es la misma idea que viste en el castillo, aplicada a una iglesia de barrio.
Hay además una pequeña incógnita. La talla de la Virgen se atribuye oficialmente a José de Mora, pero también circula el nombre de Diego de Mora. La cuestión no está cerrada.
Y una última imagen para llevarte. Todo el recorrido ha ido de capas. A la entrada, un Sagrario rococó. Abajo, un foso emiral. Encima, casas encaladas por los vecinos de hoy. A un lado, un castillo árabe con torre calatrava que enseña sus remiendos, y un tajo natural convertido en paseo. Y aquí, un templo barroco del siglo dieciocho levantado donde hubo una ermita, en un solar que la tradición asocia a una mezquita, con una gotera que obligó a restaurarlo. La Villa no se ha detenido en ninguna época.
Prepara tu visita
- Cómo llegar al inicio: el recorrido empieza en la Plaza de Santa Ana, junto a la Iglesia de la Asunción. Desde allí se entra a pie en la calle Real, el eje del barrio.
- Horarios: confirma los horarios de visita de la Iglesia de la Asunción, del castillo y de la Iglesia de la Aurora en la web oficial de turismo de Priego o en la oficina de turismo antes de ir.
- Los cantos de la Aurora: los Hermanos de la Aurora recorren las calles cantando coplas a la Virgen los sábados a medianoche.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Barrio de la Villa de Priego
La Iglesia de la Asunción y su Sagrario rococó; la calle Real, donde se documentó un foso emiral bajo los solares; la estrecha calle Bajondillo; la Plaza de San Antonio; el frente noroeste del castillo, con espacios abiertos en julio de 2026; el Balcón del Adarve, sobre un tajo de 55 metros, y la Iglesia de la Aurora.
¿Qué historia tiene el Barrio de la Villa
Es el núcleo originario de Priego, la ciudad andalusí de Madinat Bāguh. En la calle Real apareció cerámica emiral de los siglos VIII y IX y un foso excavado en travertino. Junto al barrio se alza el castillo, una fortaleza árabe reformada en los siglos XIII y XIV.
¿Qué tiene de especial la Iglesia de la Asunción de Priego
Su Sagrario, obra de Francisco Javier Pedrajas realizada entre 1772 y 1784, es una obra maestra del barroco español con decoración rococó. La iglesia está junto al castillo, en el núcleo histórico de la Villa.
¿Cuánto se tarda en recorrer el Barrio de la Villa
La ruta une siete paradas cercanas por calles estrechas, desde la Plaza de Santa Ana hasta la Iglesia de la Aurora. El tiempo depende de tu ritmo y de si entras en la Asunción y en el castillo, que en julio de 2026 abrió nuevos espacios visitables. Conviene reservar tiempo extra para el Balcón del Adarve.
¿Dónde aparcar para visitar el Barrio de la Villa
El barrio se recorre a pie desde la Plaza de Santa Ana, y sus calles son muy estrechas. Para saber dónde aparcar hoy, consulta la oficina de turismo de Priego antes de ir.
¿Es medieval la muralla que se ve en la calle Santiago
Solo en parte. La intervención en el sector noroeste, licitada en 2025 con un presupuesto base de 1.137.783,20 euros sin impuestos, reconstruyó parcialmente elementos de la muralla que habían desaparecido. Los restos originales se protegieron y se cubrieron. En julio de 2026 se abrieron al público el sector noroeste y una cripta con restos de los siglos IX al XV.
¿Qué altura tiene el Balcón del Adarve de Priego
El Adarve se asoma a un cortado natural de travertino de unos 55 metros, que fue una defensa natural. Entre 1800 y 1803, el camino de ronda se convirtió en paseo público con balaustrada, farolas y fuentes, con vistas a la vega del río Salado.
¿De dónde viene «acabar como el rosario de la Aurora
Hay varias versiones en distintos lugares. La de Priego cuenta que el 28 de julio de 1780 dos procesiones se disputaron el paso y la discusión acabó en una reyerta a faroladas. El episodio no está confirmado por documentos de la época y se cuenta como tradición vinculada a la Iglesia de la Aurora.
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