Dovoya · audioguías y visitas guiadas
Dovoya › Córdoba y provincia › Zuheros › Cueva de los Murciélagos de Zuheros: audioguía del recorrido

Cueva de los Murciélagos de Zuheros: audioguía del recorrido

Setecientos escalones te llevan a sesenta y cinco metros bajo la sierra de Zuheros. Abajo te esperan pinturas de hace milenios, una estalagmita de cuatro metros con un origen diminuto y la historia de un esqueleto que resultó ser uno de los primeros agricultores de la península. Una cueva que sigue haciendo cambiar lo que se creía saber.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Cueva de los Murciélagos de Zuheros: audioguía del recorrido

Entrada de la Cueva de los Murciélagos de Zuheros

La puerta de la sierra

Colócate junto a la boca de la cueva, antes de empezar el descenso, mirando hacia la abertura en la roca.

¿Cuántos escalones caben en una visita? Aquí la cuenta es exacta: setecientos. Estás a novecientos setenta y seis metros de altitud, a unos cuatro kilómetros del pueblo de Zuheros, y esa abertura en la roca es el comienzo de un descenso de sesenta y cinco metros. Es como bajar a pie un edificio de unas veinte plantas, con la luz del día quedándose atrás en cada tramo. En total vas a recorrer cuatrocientos quince metros, más o menos cuatro campos de fútbol puestos en fila.

Fíjate en las paredes de la boca y en los huecos de la roca. El nombre del lugar no es un adorno. Alude a los murciélagos que viven en estas galerías. Ellos llegaron mucho antes que nosotros, así que toca entrar con modales de invitado.

Y ahora, una persona. Uno se imagina al farmacéutico de un pueblo detrás de su mostrador. Juan Fernández Cruz, el de Zuheros, tenía otra costumbre. En mil novecientos cuarenta y dos empezó a bajar a esta cueva y ya no paró: más de treinta exploraciones en dos décadas. En mil novecientos cuarenta y cinco consiguió autorización para explorarla, y al año siguiente publicó un trabajo sobre ella. Si hoy esta cueva es conocida, mucho se le debe a la constancia de aquel hombre.

Durante todo el recorrido, las formaciones se miran pero no se tocan.

Cuando él bajó por primera vez, la cueva ya había devuelto algo inquietante. En la exploración oficial de mil novecientos treinta y ocho apareció un esqueleto humano en una zona profunda. Esa historia nos espera abajo. Vamos a buscarla, escalón a escalón.

Para profundizar

Lo que vas a recorrer es solo un trozo. Se han topografiado más de tres mil trescientos metros de galerías, unas ocho veces el itinerario de hoy. La profundidad máxima conocida llega a setenta y cinco metros y medio, diez más de lo que tú vas a bajar. Ahí dentro hay pasillos y salas que casi nadie verá nunca.

No es por tacañería. El trayecto abierto al público está limitado a propósito, para conservar la cueva y permitir que su microclima se regenere.

Piénsalo mientras cruzas la boca. Lo que tienes delante es la entrada de una casa enorme en la que solo te dejan ver el recibidor y un par de salones. El resto se queda a oscuras, para los murciélagos y para el tiempo.

Pinturas rupestres de la Cueva de los Murciélagos

Señales en la pared

Pinturas rupestres esquemáticas en la Cueva de los Murciélagos de Zuheros

En la Sala de las pinturas, donde se detenga el guía, con la vista en las paredes que te vaya señalando.

Alguien, hace miles de años, se plantó delante de estas paredes y decidió dejar una señal. No sabemos su nombre ni qué quería decir. Sí sabemos que esas marcas siguen aquí.

Busca, cuando el guía las señale, las pinturas rupestres de la sala. Son esquemáticas, trazos sencillos que se parecen más a signos que a retratos. Se atribuyen a dos épocas, el Neolítico y el Calcolítico, y fueron localizadas a mediados de los años cuarenta del siglo veinte. Coincide con la época en que el farmacéutico Juan Fernández Cruz, apasionado de la arqueología, bajaba una y otra vez, mucho antes de que empezara ninguna campaña científica oficial.

Esas campañas llegaron después, en mil novecientos sesenta y dos y en mil novecientos sesenta y nueve. Y trajeron una sorpresa de las que obligan a reescribir libros: sus resultados adelantaron en mil años la fecha que entonces se aceptaba para el Neolítico andaluz. Mil años. La misma distancia que hay entre nosotros y el año mil.

Las pinturas no se fotografían ni se tocan.

Hay otro detalle que cambia cómo miras esta sala. Cerca de aquí hay un Ecomuseo con reconstrucciones de zonas interiores de la cueva. Esto es otra cosa. Aquí no hay vitrina ni maqueta: estás dentro de la propia cavidad arqueológica, delante de las pinturas que se conservan en ella.

Las pinturas cuentan que aquí hubo gente. La sala siguiente cuenta algo todavía más lento: lo que el agua es capaz de hacer cuando tiene paciencia.

Para profundizar

La historia de esta sala no terminó en los años sesenta. Entre mil novecientos noventa y noventa y uno, y otra vez en mil novecientos noventa y tres, nuevas campañas sacaron de la cueva materiales cerámicos. Esta vez se trabajó con métodos modernos, y eso importa. Da garantías a la hora de leer la estratigrafía, que es como leer las capas de una tarta de abajo arriba sabiendo cuál se puso primero.

Décadas después, un grupo de investigadores volvió a sentarse con aquellos fragmentos. En dos mil veintitrés publicaron un estudio que revisa lo conocido y describe de nuevo, con más detalle, la cerámica neolítica de la cueva. Es la clase de trabajo poco vistoso que hace avanzar la arqueología: volver a mirar lo que ya estaba en el cajón.

Y el final queda abierto. La secuencia cerámica no se considera cerrada, y aquel estudio tampoco dio por resuelto el debate sobre las pinturas. Las paredes siguen guardando parte de su conversación.

El Espárrago y la Sala de las Formaciones

El Espárrago

El Espárrago en la Sala de las Formaciones, Cueva de los Murciélagos Zuheros

En la Sala de las Formaciones, en el punto donde el guía señale El Espárrago; mira primero al suelo y luego hacia el techo.

Cuatro metros de piedra que dependen de algo del tamaño de un dedo. Así se resume la estrella de esta parte de la cueva.

Estás en la zona de la Sala de las Formaciones y la del Órgano, donde el agua ha trabajado durante miles de años sin prisa y sin descanso. Todo lo que cuelga del techo y todo lo que sube desde el suelo es natural. Son espeleotemas, el nombre de estas esculturas de agua y roca.

Cuando el guía lo señale, busca El Espárrago. Es una estalagmita de unos cuatro metros, más del doble de una persona alta. Ahora levanta la vista y busca la estalactita de la que depende. Mide apenas diez centímetros. Esa es la curiosidad que hace famosa a esta formación: no tanto lo grande que es, sino lo poca cosa que es aquello de lo que depende. El apodo tiene más de huerta que de geología, hay que reconocerlo, pero funciona. Nadie olvida un espárrago de cuatro metros.

Las formaciones no se tocan, ni siquiera las que quedan al alcance de la mano.

Y ahora, el giro. Lo que tienes alrededor es obra del agua, pero el camino por el que te mueves es obra de personas. Las excavaciones de mil novecientos noventa a mil novecientos noventa y tres, y las de dos mil dos, incorporaron un recorrido más accesible que se salta las salas profundas. Es una adaptación moderna de la visita, no una formación antigua.

Sigue bajando. Lo que viene ya no habla de agua, sino de una persona.

Para profundizar

¿Quién ha medido todo esto? Los espeleólogos del grupo Ge Cuarenta, de Priego de Córdoba, colaboraron en la topografía de la cavidad. Desde dos mil catorce constan más de tres mil trescientos metros. Es un trabajo de paciencia: convertir la oscuridad en un mapa.

Frente a esa cifra, los cuatrocientos quince metros y setecientos escalones de la zona visitable son un aperitivo. No equivalen a la longitud de la cueva, solo a la parte que se enseña. Quien entra recorre una pequeña porción de un sistema mucho mayor, porque la visita se limita para proteger el microclima.

Y un detalle que habla bien de quienes trabajaron aquí. Las campañas arqueológicas no pensaron solo en el pasado. También tomaron decisiones prácticas y abrieron un trayecto reducido para quienes tenían dificultades con el itinerario completo. Entre estratos y cerámicas, alguien se acordó de las rodillas de los visitantes.

La Sala del Neolítico y el agricultor de hace 7.245 años

El primer agricultor

Sala del Neolítico en la Cueva de los Murciélagos de Zuheros

En la Sala del Neolítico, donde el guía se detenga para hablar del enterramiento.

Hace siete mil doscientos cuarenta y cinco años vivió una persona que trabajaba la tierra. Sus huesos acabaron en la parte profunda de esta cueva, y tardaron milenios en contarnos quién era.

La cueva no era un secreto en la comarca. La primera referencia escrita que se conoce la dejó Manuel de Góngora y Martínez en mil ochocientos sesenta y ocho, y la escribió sobre un lugar que la gente ya conocía. Él la puso en papel. No la descubrió.

La exploración oficial llegó setenta años después, en mil novecientos treinta y ocho, en plena Guerra Civil. Oficiales del ejército recorrieron las zonas profundas, y a ellos se atribuye el hallazgo de un cuerpo humano. Durante décadas fue solo eso: un esqueleto en la oscuridad, una historia que se repetía.

Luego llegó la ciencia, paso a paso. Las excavaciones de mil novecientos sesenta y dos y de mil novecientos sesenta y nueve, las mismas que conociste en la sala de las pinturas, llevaron mil años hacia atrás el inicio del Neolítico andaluz. Y en dos mil dieciocho, un análisis genético le dio una nueva identidad a aquel enterramiento. Era un agricultor de hace siete mil doscientos cuarenta y cinco años, uno de los primeros agricultores de la península.

Ese es el giro. Lo que empezó como un hallazgo inquietante en tiempos de guerra resultó ser alguien de la gente que empezó a cultivar estas tierras. Ya no es un misterio. Es una persona, con su oficio y su época.

Llévatelo contigo al subir. Arriba queda una última historia de aquella primavera de mil novecientos treinta y ocho.

Para profundizar

Si pones en fila a todas las personas que han pasado por esta cueva, sale una cronología curiosa. Primero, la gente de la comarca que ya la conocía. Después, en mil ochocientos sesenta y ocho, alguien que la deja por escrito. En mil novecientos treinta y ocho, los exploradores que encuentran el esqueleto. En los años cuarenta, un farmacéutico obstinado. En los sesenta, los arqueólogos que mueven mil años una fecha. Y en dos mil dieciocho, los laboratorios que leen en unos huesos el oficio de su dueño.

Entre medias hubo otro capítulo. Las campañas desarrolladas entre mil novecientos noventa y dos mil dos estudiaron distintos sectores de la cueva y, a la vez, habilitaron un itinerario abreviado. Si haces ese recorrido corto, algunos espacios quedan fuera, porque no forman parte del trayecto accesible.

Cada generación ha bajado con preguntas distintas. Y la cueva, con calma, les ha ido contestando.

Salida de la cueva y mirador del cañón del río Bailón

De vuelta a la luz

Mirador del cañón del río Bailón cerca de la Cueva de los Murciélagos de Zuheros

Al salir por la boca de la cueva, sigue el sendero hasta el mirador próximo a la carretera de acceso y mira hacia el cañón y el pueblo.

Setecientos escalones después, la luz del día casi molesta. Es lo que tiene volver de sesenta y cinco metros bajo tierra.

La boca de salida aparece al final del último tramo de escalones. Sigue el sendero hasta el mirador, junto a la carretera de acceso. Desde ahí se abre el cañón del río Bailón y, al fondo, el pueblo de Zuheros, a unos cuatro kilómetros.

Ahora que estás fuera, volvamos a la primavera de mil novecientos treinta y ocho. El país estaba en guerra. Un grupo subió hasta esta sierra para hacer la primera exploración oficial de la cueva. Entre los nombres que han quedado figuran oficiales del ejército y el párroco local, Pedro Vallejo. Militares y un cura bajando juntos a la oscuridad, en mitad de una guerra, para ver qué había dentro. Es una escena que cuesta imaginar y que, sin embargo, ocurrió.

Y aquí está el giro. Aquel grupo creyó salir con un hallazgo sombrío. Lo que sacó a la luz, sin saberlo, fue a uno de los primeros agricultores de la península. Hicieron falta ochenta años y un análisis genético para que ese esqueleto dejara de ser una historia de miedo y pasara a ser una historia de origen. Quizá por eso este lugar engancha: nunca termina de contar lo que tiene dentro.

Echa un último vistazo al cañón. Detrás de ti, dentro de la sierra, siguen más de tres mil trescientos metros de oscuridad. Los murciélagos acaban de recuperar su casa.

Para profundizar

Haz balance de lo que acabas de vivir. Has estado a novecientos setenta y seis metros de altitud, has recorrido cuatrocientos quince metros, has bajado setecientos escalones y has llegado a sesenta y cinco metros de profundidad. Y aun así, has visto solo una parte de un conjunto que supera los tres mil trescientos metros topografiados.

Conviene separar dos cosas. La cavidad y sus formaciones son naturales, obra del agua y del tiempo, sin reconstrucción moderna. El recorrido visitable, en cambio, se acondicionó para las visitas: escalones, pasos y sendero son cosa de nuestra época.

Lo mismo vale para el recorrido reducido, que se creó a partir de las campañas de los años noventa y de dos mil dos. Está pensado para quien tiene dificultad con el itinerario oficial y evita las salas más profundas. Es un camino de hoy para gente de hoy. - Horarios y turnos: confírmalos antes de ir en la web oficial de turismo de Zuheros o en la oficina de turismo del pueblo.


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Zuheros

Una de las visitas clave es la Cueva de los Murciélagos, a unos 4 km del pueblo y a 976 m de altitud, con pinturas rupestres neolíticas y calcolíticas, formaciones como El Espárrago y un enterramiento neolítico. Junto a la salida, un mirador ofrece vistas del cañón del río Bailón y de Zuheros. Cerca hay además un Ecomuseo.

¿Cómo llegar a Cueva de los Murciélagos

La cueva se encuentra a unos 4 km de Zuheros, en la sierra, a 976 m sobre el nivel del mar. Se llega por la carretera de acceso a la cavidad, junto a la cual hay un mirador sobre el cañón del río Bailón. Antes de ir, confirma accesos y turnos en la web de turismo de Zuheros.

¿Cuál es el horario de visita de Cueva de los Murciélagos

Los horarios y turnos de la visita guiada a la Cueva de los Murciélagos de Zuheros pueden variar, así que conviene consultarlos en la web oficial de turismo de Zuheros o en la oficina de turismo antes de desplazarse. El acceso al interior está limitado para proteger el microclima de la cueva.

¿Cuánto se tarda en visitar Cueva de los Murciélagos

El itinerario turístico recorre 415 m, con 700 escalones y un descenso hasta 65 m de profundidad. La duración exacta depende del turno guiado, por lo que conviene confirmarla en la web oficial o en la oficina de turismo. Existe también un recorrido reducido que evita las salas más profundas.

¿Qué es El Espárrago de la Cueva de los Murciélagos

Es la formación más famosa de la Cueva de los Murciélagos de Zuheros: una estalagmita de unos 4 m que depende de una estalactita de apenas 10 cm. El contraste entre su tamaño y su origen diminuto es la curiosidad que suele señalar el guía durante la visita a la Sala de las Formaciones.

¿Qué se encontró en la Cueva de los Murciélagos de Zuheros

En la exploración oficial de 1938, en plena Guerra Civil, apareció un esqueleto humano en una zona profunda. Un análisis genético publicado en 2018 lo identificó como un agricultor de hace 7.245 años, uno de los primeros agricultores de la península. Las excavaciones de 1962 y 1969 adelantaron mil años el Neolítico andaluz.

¿Tiene pinturas rupestres la Cueva de los Murciélagos

Sí. La cueva conserva pinturas rupestres esquemáticas atribuidas al Neolítico y al Calcolítico, localizadas a mediados de la década de 1940. Se ven durante la visita guiada y no se pueden fotografiar ni tocar. El Ecomuseo cercano contiene reconstrucciones de zonas interiores, pero las pinturas están en la propia cavidad.

Cerca de aquí