Santuario de Nuestra Señora de la Sierra en Cabra: audioguía y visita
Subes por una carretera de curvas hasta la cima del Picacho y, al llegar, descubres que el viaje apenas empieza. Esta audioguía te cuenta quién subió antes que tú, quién es la Virgen que te espera, qué olvidos y regresos vivió y cómo un grupo de vecinos defendió el Picacho durante doce años. Seis paradas, un camarín con una cápsula escondida y una vista que lo explica todo.

Alt: "Vista desde los miradores de la cima del Picacho, junto al Santuario de Nuestra Señora de la Sierra en Cabra" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-miradores-cima.jpg`
Catorce cruces y una carretera
Colócate en los miradores al llegar a la cima, de cara a la ladera que cae hacia el paisaje.
Antes de que hubiera carretera, a este santuario se subía a pie. El camino era el de Las Revueltas, un sendero serpenteante que tuvo un vía crucis de catorce cruces, documentado desde el siglo dieciocho. Cada cruz era una estación: el devoto rezaba un trecho y subía otro. Esas catorce cruces dan nombre a esta parada.
Tú, en cambio, has llegado por una carretera que es casi una recién llegada. Se trazó más o menos entre mil novecientos treinta y mil novecientos treinta y seis, y cambió para siempre la forma de acercarse al Picacho.
Las cruces, mientras tanto, se fueron deteriorando. En mil novecientos ochenta un vecino, Juan Moral Moral, propuso sustituirlas. Podía haber quedado en un simple encargo. Acabó siendo una obra de voluntarios, y un trayecto escarpado se convirtió en cosa de todos. Las cruces actuales se repusieron en aquel antiguo camino, no junto a la carretera.
Ahora acércate al borde y mira cómo la ladera cae bajo tus pies. Fíjate en la altura que has ganado y piensa en quien la subía a pie: la subida serpentea porque esta cima no se alcanza en línea recta.
Cuando hayas mirado lo bastante, vuelve la vista hacia el santuario. Su explanada guarda una historia de olvidos y regresos.
Para profundizar
La carretera sigue necesitando cuidados. El Ayuntamiento informó el seis de mayo de dos mil veintiséis de que recuperaba la circulación para vehículos de cualquier tonelaje tras reparar un tramo dañado. La obra consistió en un muro de escollera de cuarenta metros, con anclaje y cimentación, y se presupuestó entre doscientos cincuenta mil y trescientos mil euros. Sostener una montaña, ya ves, sale caro. Es el estado comunicado en esa fecha y puede cambiar, así que consúltalo antes de subir.
Alt: "Explanada y patio porticado de la hospedería del Santuario de Nuestra Señora de la Sierra, Cabra" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-explanada-hospederia.jpg`
La patrona que estuvo olvidada

Sitúate en la explanada, con la hospedería y el patio porticado a la vista.
Hubo un tiempo en que la patrona de Cabra casi cayó en el olvido. Lo cuenta el cronista Manuel Mora Aguilar: hacia los años mil ochocientos ochenta, la imagen llegó a quedar olvidada en una capilla de la Asunción. Cuesta creerlo cuando miras a tu alrededor.
Este conjunto está hecho para que aquí se viva. Verás la hospedería y la sacristía, y las casas del capellán y del santero, agrupadas con otras dependencias alrededor de un patio porticado. Es un pequeño pueblo de montaña pegado al templo.
La devoción tuvo su bache y luego remontó, y deprisa. En mil novecientos ocho la Virgen fue proclamada patrona de Cabra. En mil novecientos trece se instauró la costumbre de bajarla cada año a la población. A muchos les parecerá una tradición tan vieja como la sierra y, sin embargo, hay que reconocerlo, tiene fecha de nacimiento.
Años después, en mil novecientos cincuenta y ocho, fue nombrada alcaldesa perpetua. Una alcaldesa que nunca necesita campaña y que gobierna desde las alturas.
Camina un poco por la explanada y piensa en esa secuencia: olvido, proclamación, bajada anual, alcaldía. En menos de ocho décadas, la imagen pasó de una capilla olvidada a presidir la vida de una ciudad.
Acércate ahora a la fachada del santuario, donde la historia se remonta mucho más atrás.
Para profundizar
La recuperación no fue solo un asunto de fervor. En octubre de mil novecientos doce, una junta interina nombrada por el obispo reorganizó la Archicofradía y preparó el regreso de la imagen al santuario. Hubo, pues, papeles, nombramientos y gestiones antes de que llegara la costumbre de la bajada anual.
También circula un relato local sobre la Guerra Civil. Cuenta que se intentó subir de nuevo la imagen, pero que el coche se averió en el camino. Es una tradición que se transmite con cariño, y aquí se queda como tal: un relato, no un hecho comprobado.
Alt: "Fachada del Santuario de Nuestra Señora de la Sierra de Cabra vista desde el patio de entrada" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-fachada.jpg`
Medieval de origen, reconstruido en 1591

Colócate en el patio de entrada, frente a la fachada del santuario.
¿En qué año se construyó este santuario? Con exactitud, nadie lo sabe. Hay tres fechas distintas en juego. La tradición vincula la imagen de la Virgen con la conquista cristiana de Cabra en mil doscientos cuarenta. La construcción del templo se fecha hacia mil doscientos sesenta. Y la primera noticia histórica conservada es de mil trescientos noventa y seis. El estudio académico advierte que la fecha exacta de la iglesia no está documentada y, con cautela, la sitúa en la segunda mitad del siglo trece.
Pero ojo: eso es el origen, no lo que ves. La fachada que tienes delante no es una fábrica medieval. En mil quinientos noventa y uno se decidió reconstruir el santuario, con una gran modificación y ampliación, y de esa reforma procede la mayor parte de su aspecto actual. La obra la dirigió un albañil, Miguel Sánchez Villodres. Al año siguiente se cubría el cuerpo de la iglesia. Lo posterior lo verás dentro: el retablo barroco de Melchor de Aguirre, de mil seiscientos noventa y uno, y el camarín de mil novecientos veintisiete.
Ese año de mil quinientos noventa y uno, un cantero local, Pedro del Castillo, trabajaba la piedra necesaria para rehacer la capilla. Detrás de cada muro había alguien con el cincel en la mano.
Estás en el patio de entrada. El conjunto incorporó dependencias en torno a él, destinadas también a alojar a los peregrinos. La fachada que tienes delante era, para muchos, el final de un camino largo.
Y ahora date la vuelta y mira el paisaje que rodea la cima. Verás cómo el edificio no se impone a la montaña, sino que convive con ella.
Quédate un momento más: dos tradiciones explican por qué el santuario está donde está.
Para profundizar
La tradición cuenta que antes de levantar el edificio actual en la cumbre se intentó construir un primer santuario en la Viñuela. Es una leyenda, y como tal se queda: no sabemos qué hubo allí, solo que se cuenta.
Hay otra, todavía más querida. El relato devocional dice que, al intentar bajar la imagen de la sierra, surgían obstáculos. Se entendieron como una señal de que la Virgen no quería marcharse. El propio estudio académico la presenta como tradición piadosa, y así hay que escucharla, con respeto y sin necesidad de zanjarla.
Ambas historias comparten algo: explican por qué el santuario está aquí y no en otro sitio.
Alt: "Camarín de la Virgen de la Sierra en el santuario de Cabra, donde se custodia la imagen" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-virgen-camarin.jpg`
La Virgen de la Sierra

Entra en el templo y colócate ante el camarín, donde se custodia la imagen.
Has subido hasta aquí por ella. La Virgen de la Sierra es una talla gótica arcaica, de madera policromada, que se data de forma aproximada entre finales del siglo trece y comienzos del catorce. Se venera en este camarín, en la cima del Picacho.
Su origen se cuenta así: según la tradición, su hallazgo se vinculó a la conquista cristiana de Cabra por Fernando III, en mil doscientos cuarenta. Es una tradición, no un hecho documentado, y conviene escucharla como tal.
Lo más vivo de esta imagen es lo que hace cada año. El cuatro de septiembre la Bajá la lleva del santuario a Cabra, y permanece en la parroquia de la Asunción y Ángeles durante todo el mes. Las fiestas principales son del tres al ocho de septiembre. Vuelve a su casa de la sierra el primer domingo de octubre. Es la costumbre que se instauró en mil novecientos trece.
Y está el quince de agosto, la romería de Votos y Promesas. Se sube para pedir ayuda o una bendición, y para formular una promesa. El cronista Manuel Mora Aguilar la impulsó y defendió que la Virgen pasara casi todo el año aquí, en la Sierra.
Quédate un momento ante el camarín. Ahora vamos a mirar el propio recinto: tiene más de una época.
Para profundizar
Entre los tesoros ligados a las celebraciones están las andas de plata, hechas en Sevilla en mil ochocientos cincuenta y ocho. La documentación local relaciona su ejecución con el hermano mayor Francisco Alcántara Narváez. Un cronista las describe como una pieza que siguió destacando en las celebraciones más de siglo y medio después de crearse. No está mal para algo pensado para ir a hombros.
Alt: "Mármoles, bronces y zócalo de caliza roja del camarín del Santuario de Nuestra Señora de la Sierra, Cabra" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-camarin.jpg`
La piedra con un mensaje dentro

Sigue en el interior y colócate de cara a los muros del camarín.
Un mensaje en una botella, pero de piedra. En mil novecientos veintisiete, al colocar la primera piedra del camarín en su paramento exterior norte, se guardó dentro una cápsula con el acta firmada, monedas de la época y ejemplares de dos periódicos locales.
Allí estaban la vizcondesa de Térmens, Carmen Giménez Flores, que costeó la obra, y el hermano mayor de la cofradía. Estaba el santero Antonio Sabariego, y albañiles, arrieros y devotos que habían subido en cumplimiento de promesas. Un día de trabajo, de fe y de caminata, todo junto.
La razón de la reforma era práctica. Según la crónica local, los revestimientos de yeso del camarín anterior se desprendían, y la humedad y el frío de la montaña pedían otros materiales. La crónica no detalla qué partes eran de yeso.
Ahora mira lo que tienes delante, porque son dos épocas. Lo barroco es obra de Melchor de Aguirre: el retablo que trazó en mil seiscientos noventa y uno con mármoles rojos, blancos y negros. El recinto del camarín, en cambio, es de la reforma de Daverio, de mil novecientos veintisiete. Se proyectó sobre aquella obra anterior.
De Daverio es el juego de mármoles y bronces de los muros. Baja la vista hasta el zócalo, en la parte baja: es de caliza roja de Cabra, con un diseño de inspiración barroca.
Cuando salgas, el camino sigue hacia fuera, hacia el borde de la cima, donde la montaña lo cuenta todo sin palabras.
Para profundizar
La obra de Daverio se contrató por siete mil cien pesetas y debía ejecutarse en dos meses, según la crónica local que reproduce el acta. Eran plazos de montaña con ambición de catedral.
El seis de septiembre de mil novecientos veintisiete, Carmen Giménez reunió en un almuerzo en el santuario a Daverio, al marmolista Antonio Pastor Piedra, al maestro Eduardo Cruz y a representantes de la cofradía. Quien encarga, quien proyecta y quien talla, sentados a la misma mesa.
Y las humedades, tercas, volvieron. Hacia el año dos mil el zócalo se restauró gracias a la empresa de Dolores Gutiérrez y al cantero José Morales Arroyo. Cuidar este lugar es una tarea que no se acaba nunca.
Alt: "Relieve kárstico del Picacho, Balcón de Andalucía, junto al Santuario de Nuestra Señora de la Sierra en Cabra" — `santuario-nuestra-senora-de-la-sierra-cabra-picacho-balcon-andalucia.jpg`
Doce años para salvar una cima

Sal de nuevo al exterior y colócate ante los afloramientos rocosos de la cima, mirando hacia el horizonte.
Estás sobre el nivel del mar a mil doscientos diecisiete metros, y se nota en el aire y en la distancia que alcanza la vista. Una crónica local atribuye al geólogo Eduardo Hernández Pacheco el nombre con que se conoce esta cima: Balcón de Andalucía. Quizá no hiciera falta ser geólogo para ocurrírsele.
Fíjate en la roca que tienes bajo los pies. Es paisaje kárstico, con lapiaces de grandes dimensiones: la caliza trabajada por el agua durante siglos. Busca también las dolinas, que aquí llaman hoyones. El inventario geológico destaca los Lanchares, así que si ves rocas con aspecto de pavimento agrietado, vas bien.
Esta cima tuvo defensores. La campaña para protegerla reunió adhesiones de veintiocho pueblos. Zuheros envió su carta al Ayuntamiento de Cabra el veintisiete de abril de mil novecientos diecisiete. Fueron doce años de gestiones: el Ayuntamiento votó la petición en mil novecientos diecisiete y de nuevo en mil novecientos veintiséis, y hubo visitas oficiales en mil novecientos veintiuno y en mil novecientos veintiséis.
El resultado llegó en mil novecientos veintinueve: el Picacho fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional, uno de los primeros espacios naturales protegidos de España. La noticia oficial llegó por telegrama al cronista Manuel Mora Aguilar, que estaba en el santuario. Después de leerlo, los presentes subieron a dar gracias a la Virgen. Un papel, una sala, y a continuación un grupo de personas yendo hacia arriba, sin prisa, con el paisaje por testigo.
Hoy aquel Sitio Natural forma parte del Parque Natural y Geoparque Sierras Subbéticas. Doce años de papeleo y una cima que sigue ahí. Quizá eso es lo que hace un balcón: te recuerda lo que merece la pena cuidar.
Para profundizar
El Picacho ya atraía miradas mucho antes de que llegara la protección. Una noticia de La Opinión del veintitrés de enero de mil novecientos veintitrés enumera a quienes subieron a fotografiar el balcón, entre ellos José Arjona y María Sierra Ruiz Toscano. Fotografiar este paisaje es una afición con más de un siglo de historia.
En mil novecientos veintiséis, el Picacho recibió a científicos internacionales durante el Congreso Internacional de Geología celebrado en Madrid. Ese mismo año, el diputado provincial Lama Valdelvira entregó a los asistentes un folleto ilustrado tras aprobarse por unanimidad la petición de protección.
Cuando el Sitio Natural tuvo su junta rectora, la Cofradía tuvo voz: entre sus integrantes hubo representantes de la Cofradía, y se acordó crear una comisión para estudiar el reglamento. Los que cuidaron la ermita acabaron cuidando también la montaña.
Prepara tu visita
- Cómo llegar y estado de la carretera: el acceso al santuario es por la carretera que sube a la sierra desde Cabra. Su estado puede cambiar, sobre todo tras episodios de lluvia: consúltalo antes de salir.
- Horarios y acceso al interior: confirma los horarios de apertura del santuario y del camarín en la web oficial o en la oficina de turismo de Cabra antes de subir.
- Fechas de las fiestas: si quieres ver a la Virgen en Cabra, recuerda que la Bajá es el cuatro de septiembre y la vuelta al santuario, el primer domingo de octubre. La romería de Votos y Promesas es el quince de agosto.
- Abrigo: en la cima hace más fresco que en la ciudad, y el mirador está expuesto. Lleva una capa extra.
- Orden de la visita: las seis paradas siguen un recorrido natural: miradores de llegada, explanada, fachada, la Virgen en el camarín, los muros del camarín y de nuevo la cima del Picacho.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Santuario de Nuestra Señora de la Sierra de Cabra
Esta audioguía recorre seis puntos: los miradores de llegada, la explanada con la hospedería, la fachada y el patio, la imagen de la Virgen en el camarín, los muros del camarín y el mirador del Picacho, conocido como Balcón de Andalucía.
¿Cuál es la historia del Santuario de Nuestra Señora de la Sierra
La fecha exacta de construcción no se conoce; un estudio académico lo sitúa, con cautela, en la segunda mitad del siglo XIII. Lo que se ve hoy procede sobre todo de la reconstrucción de 1591, dirigida por el albañil Miguel Sánchez Villodres. El retablo barroco de Melchor de Aguirre es de 1691 y el camarín se proyectó en 1927.
¿Cómo llegar al Santuario de Nuestra Señora de la Sierra
Se llega por la carretera de acceso al santuario, que sube por la sierra desde Cabra y se trazó entre 1930 y 1936. Su estado puede cambiar, así que conviene consultarlo antes de salir.
¿Cuál es el horario de visita del Santuario de Nuestra Señora de la Sierra
Los horarios pueden variar según la época y el uso religioso del templo. Lo más fiable es consultarlos en la web oficial o en la oficina de turismo de Cabra antes de subir, especialmente si quieres entrar al camarín.
¿Cuánto se tarda en visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Sierra
La audioguía tiene seis paradas pensadas para hacerse sin prisa. Conviene reservar un rato tranquilo, sobre todo si quieres detenerte en las vistas desde la cima, y confirmar antes los horarios de apertura.
¿A qué altura está el Santuario de Nuestra Señora de la Sierra
El santuario está en la cima del Picacho, a 1.217 metros sobre el nivel del mar, según el estudio académico consultado.
¿Cuándo baja la Virgen de la Sierra a Cabra
La Bajá lleva la imagen a Cabra el 4 de septiembre. Permanece en la parroquia de la Asunción y Ángeles durante septiembre y vuelve al santuario el primer domingo de octubre. Las fiestas principales son del 3 al 8 de septiembre, y la costumbre de la bajada anual se instauró en 1913.
¿Qué antigüedad tiene la imagen de la Virgen de la Sierra
Es una talla gótica arcaica de madera policromada, datada de forma aproximada entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV. Según la tradición, su hallazgo se vinculó a la conquista cristiana de Cabra en 1240, algo que es tradición y no un hecho documentado.
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