Vía Verde de la Subbética: audioguía del Tren del Aceite entre Doña Mencía y Cabra
Por aquí corría el Tren del Aceite. Hoy lo recorres tú a pie o en bici, entre olivares, trincheras y estaciones que cambiaron de oficio. Esta audioguía es un recorrido de ida y vuelta. Sales de la antigua estación de Doña Mencía, cruzas el único túnel de la vía y llegas a la estación de Cabra. La última parada la escuchas al regresar a Doña Mencía, con la sierra delante. Por el camino conocerás al ingeniero que certificó con una carta la apertura de la línea, al pueblo que recibió con música el primer tren correo y a la familia que vivía junto a la vía.

Estación de Doña Mencía, inicio de la ruta en bici por la Vía Verde de la Subbética
La estación que volvió a recibir visitantes
Colócate en el recinto de la antigua estación de Doña Mencía, con el edificio de viajeros a un lado y el antiguo almacén de mercancías al otro.
Más de seis mil autocaravanas en un solo año. Según la prensa local, es lo que registró el área de esta estación en dos mil veinticuatro, unas dieciséis cada día. Pero que nadie se confunda: aquí ya no para ningún tren. La estación perdió el servicio ferroviario. Lo que llega ahora son ciclistas, caminantes y casas con ruedas.
Date una vuelta por el recinto y distingue los dos edificios. El de viajeros, donde antes se esperaba con la maleta en la mano, es hoy un bar-restaurante. El antiguo muelle y almacén de mercancías, donde se cargaba lo que salía del campo, se ha convertido en el Centro Cicloturista Subbética. Junto a él está el área de autocaravanas.
Todo esto formó parte de la línea de Linares a Puente Genil, la que todos conocían como el Tren del Aceite. Uno se imagina que un ferrocarril se inaugura con cinta, discurso y banda de música. Aquí la apertura quedó también por escrito. En enero de mil ochocientos noventa y tres, el ingeniero jefe, un hombre apellidado Contreras, escribió a los gobernadores de Córdoba y de Jaén. Les comunicaba que la línea había quedado abierta a la explotación el día anterior. La carta no abrió la línea: dio fe de que ya estaba abierta. Pero tiene su gracia que un acontecimiento así quedara registrado en un oficio.
Las farolas que verás al salir no son de aquella época. Son cuarenta farolas solares que se instalaron en dos mil veinticuatro a lo largo de unos mil doscientos metros, desde el puente junto a la antigua estación hacia la Hortichuela. Sale, más o menos, una farola cada treinta metros. Quien vuelva al anochecer lo agradecerá.
Más de un siglo después de aquella carta, el corredor encontró otros defensores. Antonio Camacho, director del Centro Cicloturista Subbética, ha defendido que las estaciones rehabilitadas sean el centro neurálgico de las vías verdes. Viendo este recinto, con su ir y venir de bicis y caravanas, cuesta llevarle la contraria.
Para profundizar
Echa a andar, o a pedalear, hacia Cabra, y piensa en quién movió los hilos. Jorge Loring impulsó en mil ochocientos setenta y siete la concesión definitiva de la línea, y el negocio no se limitaba a las aceitunas. El proyecto también enlazaba la producción minera de Linares con los intereses siderúrgicos de Málaga. Las minas de un extremo y las fundiciones del otro compartían corredor con la cosecha de estos campos.
Túnel del Plantío en la Vía Verde de la Subbética
El túnel que gira en la oscuridad

Párate unos metros antes de la boca del túnel del Plantío, en el trazado hacia Cabra, mirando hacia la entrada.
Ciento treinta y nueve metros. Es lo que mide el túnel del Plantío, el único de toda la vía. Es algo menos que un campo de fútbol y medio, y parece poca cosa hasta que entras.
Antes de hacerlo, fíjate en cómo ha cambiado el paisaje. La vía deja atrás la zona arbolada y se mete entre trincheras, paredes de tierra y roca a ambos lados. Y luego viene el cerro.
El túnel no tiene iluminación y además traza una curva hacia la derecha. Durante unos pasos no ves la salida, y solo te acompaña el eco de tus pisadas. La fuente turística considera aceptable la visibilidad. Aun así, si vas en bici, enciende una luz antes de entrar y ve despacio. A pie, una linterna tampoco sobra.
Está en el punto kilométrico ochenta y uno coma cuarenta y ocho. ¿Ochenta y uno, cuando acabas de salir de Doña Mencía? Es la cuenta de la vieja línea ferroviaria, que no empezaba aquí, sino mucho más atrás.
Y esa línea empezó a imaginarse mucho antes de existir. En mil ochocientos cincuenta y nueve, más de treinta años antes de su apertura completa, Édouard Carlier obtuvo autorización para estudiar un trazado ferroviario que uniera esta zona con Puente Genil. Aquel estudio todavía no era la línea definitiva. Pero alguien tuvo que imaginar primero que un tren podía cruzar estas lomas.
Al salir, la luz vuelve de golpe. Y con ella, el olivar.
Para profundizar
El túnel y las trincheras que lo anuncian son obra del ferrocarril. Fueron excavados para que el tren pudiera atravesar el terreno sin subir ni bajar. A lo largo de la vía, esa arquitectura ferroviaria, hecha también de obras de fábrica como los viaductos, convive con un paisaje protegido. Es piedra levantada para que pasara un tren de mercancías, y alrededor queda monte que hoy se cuida como un tesoro. Si en tu recorrido cruzas alguno de los viaductos, asómate con calma. Lo que fue una solución de ingeniería para salvar un desnivel se ha convertido, sin que nadie se lo propusiera, en un balcón.
Olivares de la Vía Verde de la Subbética entre Doña Mencía y Cabra
Entre olivos: la carga se quedó en el campo

En cualquier tramo entre Doña Mencía y Cabra donde los olivares lleguen hasta el borde de la vía, de cara a las hileras de árboles.
A un lado y a otro, olivos en filas que se pierden en las lomas. Hace poco más de un siglo, todo eso que ves era, en el fondo, mercancía esperando un vagón.
El treinta de abril de mil ochocientos setenta y cinco, Jorge Loring firmó el proyecto de este ferrocarril. Conviene entender lo que eso significaba. No se trataba de que los vecinos de Doña Mencía pudieran ir a ver a sus primos de Cabra. Era una decisión de infraestructura y de comercio: unir las zonas que producían con los mercados que compraban.
De ahí, probablemente, viene el apodo que acabó quedándose. Al Tren del Aceite se le llamaba así porque transportaba productos agroalimentarios de Jaén y del sur de Córdoba hacia los puertos. El nombre es casi un inventario de lo que llevaba dentro.
Hoy, la Vía Verde de la Subbética recupera cincuenta y ocho kilómetros de aquella línea, bastante más que una maratón. Ojo, porque esos cincuenta y ocho kilómetros son solo el tramo cordobés. El trazado continúa por tierras de Jaén con otro nombre, Vía Verde del Aceite, y la línea ferroviaria original era más larga todavía. Los raíles ya no están. Lo que pisas es la explanada del antiguo trazado, esa línea casi plana que se abre paso entre lomas, convertida en camino para caminar y pedalear.
Y aquí está el giro. Este ferrocarril se construyó para que el olivar se marchara. Durante décadas, los olivos vieron pasar los vagones. Ahora eres tú quien pasa despacio y los mira a ellos.
Sigue hacia Cabra. Allí, un día de enero, un pueblo entero salió a recibir un tren.
Para profundizar
Detrás de Loring vino una empresa con ambición de mapa nacional. La Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, creada en mil ochocientos setenta y siete, impulsó una variante para enlazar Madrid con los puertos de Málaga y de Algeciras. La idea era sencilla: que los productos del campo andaluz encontraran salida al mar sin dar vueltas innecesarias.
Así funcionó durante más de noventa años. El ocho de octubre de mil novecientos ochenta y cuatro se cortó el tráfico, y el treinta y uno de diciembre de ese mismo año llegó la clausura oficial de la línea. Se acabó el tránsito ferroviario que había dado sentido comercial a todo este corredor. Pasaron unos dieciséis años sin trenes hasta que, en dos mil uno, el viejo trazado se inauguró como vía verde.
Mira cómo se ordena el paisaje desde aquí. Hay dos geometrías distintas, una hecha para la máquina y otra para el árbol, que llevan más de un siglo cruzándose.
Antigua estación de Cabra en la Vía Verde de la Subbética
Cabra, las doce y veintiocho

Frente al cuerpo principal de la antigua estación de Cabra, mirando el edificio histórico de viajeros.
Las doce y veintiocho del veintidós de enero de mil ochocientos noventa y tres. A esa hora exacta llegó a Cabra el primer tren correo de la línea completa. Y el pueblo no se lo quiso perder.
Hubo banderas. Hubo gentío. Y hubo música, dirigida por el maestro Muñoz del Castillo. Uno se pregunta si el tren llegó puntual o si la banda tuvo que repetir la pieza.
Pero hay un detalle que cambia la historia. Aquel no era el primer tren que veía Cabra. El dieciocho de junio de mil ochocientos noventa y uno, año y medio antes, ya se había abierto el tramo de Campo Real a Cabra. Aquella apertura también se vivió como un acontecimiento en las estaciones de Lucena y de Cabra. Este pueblo, hay que reconocerlo, celebró el tren dos veces.
El edificio que tienes delante es el de viajeros. Hoy funciona como restaurante y albergue. Ningún tren se detiene ya junto a él. Los que llegan ahora lo hacen pedaleando, y aquí es donde esta audioguía da media vuelta, de regreso a Doña Mencía.
Para profundizar
Esta estación también vive en los álbumes familiares. Hay una fotografía de mil novecientos cuarenta y tres, tomada en el entorno del tren de Cabra, que volvió a circular hace poco. La compartió Lola Pérez Aranda en una web local de recuerdos, y varias personas reconocieron en ella a sus madres y a sus abuelos. En los comentarios, Loli Oteros Cantos recordó los viajes que hacía desde esta estación hacia Jaén. Teti Roldán Moral escribió algo más sencillo y más difícil de leer: que le habría gustado que la estación siguiera funcionando. No es nostalgia de postal. Es la voz de gente para quien este andén fue parte de la vida.
Sobre el papel, la estación tiene su lugar. La Junta de Andalucía incluye un espacio llamado Estación de Cabra en su documentación de ordenación y protección. Eso, ojo, no equivale a declarar el edificio ferroviario Bien de Interés Cultural. Son dos figuras distintas.
Y el futuro está en marcha. El Ayuntamiento ha buscado una empresa que rehabilite el gran hangar de la estación y lo explote durante cinco años. Cuando se escribió esta guía era un proyecto, no una obra terminada. Pregunta en la oficina de turismo cómo va. Quizá encuentres el hangar con otra vida.
Casilla del Casarón y vistas al Parque Natural de las Sierras Subbéticas
La sierra al otro lado de la vía

Ya de regreso de Cabra, en el entorno de la vía en Doña Mencía, busca un tramo despejado con vistas hacia la sierra y gírate hacia ella.
Junto a esta vía vivía una familia entera. En el término de Doña Mencía, sobre el propio trazado, está la Casilla del Casarón. Era la casa del encargado del paso a nivel, que vivía allí con su familia. Tenían un corral donde se criaban animales y se guardaban las herramientas. Mientras los trenes cargados pasaban hacia los puertos, en la casilla alguien echaba de comer a los animales.
La casilla se conserva rehabilitada, y puedes verla al recorrer la vía. El Ayuntamiento la presenta como un punto de unión entre tres mundos: la vía, el pueblo y el Parque Natural.
Ese tercer mundo es el que tienes delante. Al otro lado está el Parque Natural de las Sierras Subbéticas. El entorno de la vía linda con él, y desde aquí se abren las vistas hacia el espacio protegido.
Y la sierra también tiene su camino. En dos mil veinticuatro, el Parque Natural incorporó el sendero Sierra Abrevia, que sale de la antigua estación de Doña Mencía y sube hasta un pico de mil ciento veintinueve metros. Llegó a petición de la Mancomunidad y de la Junta Rectora del Parque. No hay que confundir las fechas: la vía verde lleva abierta desde dos mil uno, y el sendero es su vecino reciente. Es decir, junto a una vía pensada para no tener cuestas, ahora empieza una cuesta de verdad.
La pregunta, después de tantos kilómetros sin desnivel, es si te quedan piernas para la sierra.
Para profundizar
Si alguien te pide un inventario, la guía turística comarcal resume así el trazado completo de la Vía Verde de la Subbética: cuatro viaductos, cinco estaciones, un túnel, el del Plantío, y trece edificaciones ferroviarias.
Lo que has visto hoy mezcla lo heredado y lo añadido. Del ferrocarril vienen el propio trazado, con sus trincheras, el túnel, las obras de fábrica y los edificios de las estaciones. Las fuentes consultadas no detallan qué raíles, andenes u otras piezas concretas se conservan tal como eran. Otras cosas se han rehabilitado para nuevos usos, como las estaciones de Doña Mencía y de Cabra y la Casilla del Casarón, aunque no consta el año de esas obras. Y hay añadidos con fecha clara: las farolas solares y el sendero Sierra Abrevia, ambos de dos mil veinticuatro.
Mientras contemplas la sierra, piensa en el contraste. Durante décadas, esta línea sirvió para sacar cosas de aquí. Hoy sirve para traer a gente que viene, precisamente, a mirar lo que se quedó.
Prepara tu visita
- El recorrido es de ida y vuelta. Empieza en la antigua estación de Doña Mencía (sus servicios se describen en la parada 1). Las paradas 1 a 4 se escuchan a la ida, hasta la estación de Cabra, y la parada 5 al regresar a Doña Mencía.
- El túnel del Plantío no tiene iluminación: si vas en bici, lleva luz y entra despacio.
- Si te quedan fuerzas, el sendero Sierra Abrevia sale de la propia estación de Doña Mencía y sube hacia la sierra.
- Antes de salir, confirma los horarios de los servicios y el estado del camino en la web oficial del Ayuntamiento de Doña Mencía o en la oficina de turismo de la Subbética.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos km tiene la Vía Verde de la Subbética
La Vía Verde de la Subbética recorre 58 km por la provincia de Córdoba sobre la antigua línea ferroviaria Linares–Puente Genil, conocida como el Tren del Aceite. El trazado continúa por Jaén como Vía Verde del Aceite, y la línea histórica era más larga que esos 58 km. Entre las localidades que enlaza están Doña Mencía y Cabra.
¿Se puede hacer la Vía Verde de la Subbética en bici
Sí. El antiguo trazado ferroviario es hoy una vía para caminar y pedalear, sin trenes en servicio. En la antigua estación de Doña Mencía está el Centro Cicloturista Subbética, un buen punto de partida para la ruta en bici hacia Cabra.
¿Dónde empieza esta ruta por la Vía Verde de la Subbética
La audioguía arranca en la antigua estación de Doña Mencía y plantea un recorrido de ida y vuelta: ida hasta la antigua estación de Cabra y regreso a Doña Mencía, donde se escucha la última parada.
¿Tiene túneles la Vía Verde de la Subbética
Tiene uno, el túnel del Plantío, en el punto kilométrico 81,48 del trazado hacia Cabra. Mide 139 m, describe una curva hacia la derecha y no está iluminado. Aunque la visibilidad se considera aceptable, si lo atraviesas en bici conviene llevar luz y entrar despacio.
¿Está iluminada la Vía Verde de la Subbética
Hay un tramo iluminado: en 2024 se instalaron 40 farolas solares a lo largo de unos 1.200 m, desde el puente junto a la antigua estación de Doña Mencía hacia la Hortichuela. El túnel del Plantío no tiene iluminación.
¿Por qué se llama Tren del Aceite
La línea Linares–Puente Genil transportaba productos agroalimentarios de Jaén y el sur de Córdoba hacia los puertos, y de ahí su apodo. Jorge Loring firmó el proyecto en 1875 y la apertura total de la línea se comunicó en enero de 1893. El primer tren correo llegó a Cabra el 22 de enero de 1893.
¿Cuándo dejó de pasar el tren por la Vía Verde de la Subbética
El tráfico ferroviario cesó el 8 de octubre de 1984, y la clausura oficial de la línea fue el 31 de diciembre de ese año. Unos 16 años después, en 2001, el antiguo trazado se inauguró como vía verde.
¿Hay área de autocaravanas en la Vía Verde de la Subbética
Sí, junto a la antigua estación de Doña Mencía, al lado del Centro Cicloturista Subbética. En 2024 registró más de 6.000 vehículos, según la prensa local.
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