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Castillo de Zuheros: audioguía de la fortaleza sobre el peñón

En lo alto de un peñón calizo, el Castillo de Zuheros reúne mil años de historia: una puerta que estuvo colgada en el aire, un aljibe más antiguo que la conquista cristiana y una torre con tres nombres distintos. Si te preguntas qué ver en Zuheros, empieza aquí. En cinco paradas sabrás qué piedra es medieval, cuál se rehízo hace unas décadas y quién vivió, peleó y heredó dentro de estos muros.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Castillo de Zuheros: audioguía de la fortaleza sobre el peñón

Torre del Homenaje o Torre del Reloj del Castillo de Zuheros

La torre de los tres nombres

Antes de entrar, busca un sitio desde el que veas entera la silueta del castillo sobre el peñón. Fíjate en la torre cuadrada que lo corona.

¿Cuántos nombres le caben a una torre? A esta le han tocado tres: del Homenaje, del Reloj y del Mirador. Y cada uno guarda una historia.

Empecemos por el más solemne. La torre del homenaje es la principal de un castillo, la del señor. Pero aquí viene lo bueno: la torre principal primitiva no era esta. Estaba en otro extremo del recinto y desapareció. Esta heredó el título un poco por descarte, como el primo que acaba presidiendo la mesa familiar porque los mayores ya no están.

El segundo nombre llegó en mil setecientos sesenta. Ese año subieron aquí un reloj y una campana. Una pieza pensada para la defensa pasó a darle la hora al pueblo. Aquel reloj se sustituyó por otro en mil novecientos veintisiete. En los años sesenta lo desmontaron y lo llevaron a la fachada de la iglesia. Así que, si te preguntas qué hora es en Zuheros, la respuesta ya no está en el castillo.

Y ahora el giro. Observa la terraza almenada de arriba, ese perfil de castillo de cuento. Esta torre se reconstruyó en mil novecientos sesenta y cuatro. La silueta que vas a fotografiar tiene la edad de muchos abuelos del pueblo. La historia que hay debajo, en cambio, arranca en el siglo nueve. Fue entonces cuando un asentamiento musulmán ligado a los Banu Himsi ocupó estas peñas, en un lugar llamado Sujayra.

Para entrar en esa historia, eso sí, primero hay que resolver un problema. La puerta del castillo está a una altura bastante sospechosa.

Para profundizar

Baja ahora la mirada hasta la base de la torre. Es una torre cuadrada de mampostería, hecha con piedras sin labrar trabadas entre sí. Mira cómo sus salientes se encuentran con la roca. Torre y peñón parecen negociar cada palmo.

Este castillo ha tenido una vida movida. Dentro se levantó un palacio que con el tiempo quedó abandonado. Sus materiales se reutilizaron después en otras construcciones del pueblo. El castillo acabó siendo la cantera de su propia villa. Tiene algo de justicia poética: la piedra bajó a buscar a la gente que había nacido a sus pies.

Los cuidados llegaron más tarde. En dos mil seis se limpiaron los suelos y se consolidaron paredes que corrían riesgo de derrumbe. En dos mil veintiséis se publicó una subvención para un proyecto de título largo y sugerente: Olivar vivo, paisaje, mujer y patrimonio en el parque del Castillo de Zuheros. Ese dinero se destina al parque que rodea la fortaleza. El anuncio no habla de obras en esta torre.

Puerta de entrada renacentista del Castillo de Zuheros

Una puerta en el aire

Puerta de entrada renacentista del Castillo de Zuheros con sus escalones

Colócate frente a la portada de piedra, al pie de los escalones. Mira el marco de la puerta de abajo arriba.

¿Te imaginas que, para entrar en tu casa, alguien tuviera que bajarte una escalera? Así funcionaba esta puerta. Hoy subes nueve escalones y ya está. Pero el umbral se elevó sobre el terreno a propósito, para defender la entrada. Antes se llegaba a él por un patín o por una escalera móvil. Quien estaba dentro la retiraba. Quien venía con malas intenciones se quedaba abajo, mirando hacia arriba con cara de haberse olvidado las llaves.

El marco que rodea la entrada cuenta otra historia: elegancia del siglo dieciséis. Fíjate en los sillares bien cortados y en el dintel con las dovelas marcadas, esas piezas en cuña que se sostienen unas a otras. A los lados tienes pilastras dóricas acanaladas. Es una portada renacentista colocada en un acceso pensado para la guerra. Un traje de gala con botas de combate.

Y las botas eran de hierro. Hasta el siglo dieciocho, una puerta de hierro cerraba este paso. La puerta desapareció, pero en la piedra quedan las huellas de sus anclajes. Búscalas. Esos encastres siguen ahí, como la marca que deja un anillo en el dedo cuando te lo quitas.

Cruza ahora el umbral y nota cómo el pasillo gira. No es un capricho del arquitecto. Ese recodo impedía entrar en línea recta. Cualquiera que forzara la puerta tenía que seguir un recorrido quebrado. Sube los escalones con calma, sobre todo si la piedra está mojada.

Al final de este pasillo te espera el lugar donde todo un pueblo venía a refugiarse.

Para profundizar

Levanta la vista junto al acceso y busca las ménsulas, esas piedras que sobresalen del muro. Algunos estudiosos creen que sostenían una ladronera, una defensa vertical desde la que se podía hostigar desde arriba a quien estuviera ante la puerta. Es una hipótesis, no una certeza. Pero si fue así, quien llamaba sin invitación tenía problemas por delante y también por encima.

Esta entrada tuvo además una hermana discreta. Ramírez de Arellano dejó constancia de una poterna, una pequeña puerta al pie de la peña. Se comunicaba con el castillo mediante una escalera excavada en la roca. Una puerta de gala para que te vieran y otra para no ser visto.

Tanto cuidado tenía su lógica. Zuheros nació al amparo de este castillo para proteger la ruta entre Córdoba y Granada. Esta puerta no solo guardaba una fortaleza: vigilaba un camino. Detrás del recodo, el pasillo conduce a una escalera y a la plataforma interior. Allí vamos.

Patio de armas y palacio del Castillo de Zuheros

El patio donde cabía un pueblo

Patio de armas y restos del palacio del Castillo de Zuheros

Sitúate en el centro de la plataforma abierta, de cara a los restos de sillares del lado oeste.

Cuando llegaba el peligro, ¿adónde corría la gente de Zuheros? Aquí, a esta explanada que tienes bajo los pies.

Estás en la plataforma interior del castillo, dentro del recinto fortificado almohade. Mira cómo se adapta el trazado: el recinto se levantó aprovechando el peñón, y la roca manda en cada esquina. Tras la conquista cristiana, todo este espacio pasó a llamarse la Villa. Su plaza de armas servía de refugio cuando las cosas se ponían feas.

La conquista llegó en los primeros años de la década de mil doscientos cuarenta. Cuenta la tradición que fue un catorce de mayo, día de San Matías, a manos de Fernando tercero. Me gusta una fecha con santo incluido, pero es una suposición, no un documento.

Lo que vino después es más revelador. A los mudéjares, los musulmanes que se quedaron, se les habría permitido conservar sus casas, sus tierras y su religión. Poco después, el alcaide les ordenó dejar sus casas y la mezquita por razones de seguridad. En la frontera, las promesas duraban lo que tardaba alguien en sentirse inseguro.

Y un detalle más. Desde aquí ves las torres que dominan la silueta, pero fueron reconstruidas en mil novecientos sesenta y cuatro. Este patio ha visto más reformas que cualquier piso de alquiler.

Muy cerca, en esta misma plataforma, espera algo más antiguo que la propia conquista. Sin ello, ningún refugio habría aguantado una semana.

Para profundizar

Gira la vista hacia el lado oeste, donde sobreviven sillares de un palacio. Su interior se hundió, así que lo que queda es más una huella que un edificio. El palacio renacentista se empezó a construir a finales del siglo quince. La obra se atribuye a Hernán Ruiz, igual que la ampliación de la parroquia del pueblo. Quizá nunca llegó a terminarse.

Detrás del proyecto había un nombre propio. Juan Fernández de Córdoba, quinto señor de Zuheros, encargó a Hernán Ruiz segundo una residencia señorial dentro de la fortaleza. La levantó sobre las ruinas de la antigua torre del homenaje. Era vivir con comodidad sin bajar la guardia.

Ese señorío ya había dado sus vueltas. Gonzalo Martínez de Córdoba murió sin descendencia, y Zuheros pasó a otra rama de los Fernández de Córdoba. Las familias nobles se parecían en eso a los castillos: siempre había una puerta lateral.

Hoy todo el conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, desde el veintidós de junio de mil novecientos noventa y tres.

Aljibe del Castillo de Zuheros: base del siglo X

El aljibe

Aljibe del Castillo de Zuheros en la plataforma del patio

Acércate al aljibe, en la misma plataforma del patio. Mira hacia el interior del depósito.

Puedes defender un castillo sin caballos, casi sin pan y con muy pocos hombres. Sin agua, no. Por eso esta obra discreta quizá sea la más necesaria de todo el recinto.

Es el aljibe, el depósito donde se guardaba el agua. Y tiene una particularidad: se hizo, por decirlo así, en dos tiempos. La base se atribuye al siglo diez. La bóveda que lo cubría, al siglo doce. Entre el suelo y el techo pasaron unos doscientos años. Es más tiempo del que nos separa de nuestros tatarabuelos.

El agua tenía un destino claro. La plaza de armas formaba parte del recinto almohade y podía acoger a la población en caso de peligro. Cada vecino refugiado era una boca más que alimentar. Sobre todo, era una garganta más que saciar.

Los años en que se puso esta base fueron de todo menos tranquilos. Omar ibn Hafsún se había rebelado contra el poder de Abdalá. La población de esta zona acabó sometiéndose a Abderramán tercero hacia novecientos veintiuno o novecientos veintidós. Los estudiosos relacionan la fortaleza primitiva con la revuelta de los Banu Himsi y con la represión que ordenó Abderramán tercero en novecientos veintidós.

Esa es la gran historia, la que se reconstruye a partir de lo que se sabe de la época. Lo que te cuenta el aljibe es más sencillo y más tozudo. Hace mil años, alguien miró esta roca y pensó que iba a necesitar agua.

Esa roca se entiende mejor desde arriba. Sube a la torre.

Para profundizar

El nombre de este lugar también tiene su historia. La tradición vincula a los primeros pobladores musulmanes con los Banu Himsi y con el nombre de Sujayra. Con el tiempo, ese nombre acabaría relacionado con el de Zuheros. Cada vez que alguien dice el nombre del pueblo, repite, sin saberlo, una palabra con más de mil años de rodaje.

Hubo un viajero que vio este castillo mucho antes de las reconstrucciones del siglo veinte. En mil ochocientos treinta y seis, Aureliano Fernández Guerra recorrió la Subbética en diligencia. Dejó una descripción literaria de Zuheros y de su castillo. Me encantaría saber qué le llamó la atención primero. Lo seguro es que vio unas torres que tú ya no puedes ver.

Bajo tierra quedan preguntas abiertas. En dos mil once se hizo un control de movimientos de tierra en la ladera oeste, junto a la plaza de la Constitución, pero no fue una excavación del aljibe. Este depósito sigue esperando a que alguien le haga las preguntas que faltan.

Vistas desde la torre del Castillo de Zuheros al río Bailón

El mirador sobre el tajo

Vistas desde la torre del Castillo de Zuheros al cañón del río Bailón

Ya en la terraza de la torre, colócate de cara al cañón del río y a la sierra.

Desde aquí arriba se entiende de golpe por qué alguien eligió este lugar. Busca el tajo del río Bailón, esa herida abierta en la roca, y detrás el paisaje de la Subbética.

El castillo se alza sobre un peñón calizo. Por el lado oriental el acceso es más fácil. Por el norte y por el oeste, la roca cae en cortes. La naturaleza hizo la mitad del trabajo defensivo antes de que llegara el primer albañil. No es casualidad que la tradición local sitúe aquí, en el siglo nueve, un asentamiento fortificado de los Banu Himsi. Esta zona de peñascos se llamaba Sujayra.

La torre que pisas es cristiana, de los siglos trece y catorce. Pero su terraza almenada y sus muros se rehicieron en los años sesenta del siglo pasado. Las almenas que tienes al lado tienen unas décadas. El horizonte que miran, en cambio, es el mismo que vigilaban las originales. En la terraza, ten cuidado con el viento y no te asomes por encima de las almenas.

Desde esta torre se veía llegar al enemigo, pero los disgustos más grandes vinieron de la propia familia real. Alfonso décimo concedió Zuheros a su hijo, el infante Juan. Luego estalló el conflicto entre hermanos. Sancho cuarto le arrebató el castillo a Juan y se lo entregó a la ciudad de Córdoba en mil doscientos noventa y tres. Los castillos resisten asedios. Las herencias, bastante menos.

Quédate un rato aquí. Todo lo que has oído, la puerta en el aire, el refugio, el agua, se explica con esta vista.

Para profundizar

Ni siquiera la fecha de la conquista es del todo segura. Una versión la sitúa en mil doscientos cuarenta y cuatro o mil doscientos cuarenta y cinco. Según esa versión, Fernando tercero entregó el señorío a su esposa, Juana de Ponthieu, que lo conservó hasta mil doscientos setenta y nueve. Durante más de treinta años, esta fortaleza de frontera tuvo una señora.

Y una historia más, de las que se cuentan en voz baja. Unos visitantes de la asociación Égabro mil doscientos cuarenta recuerdan que, durante su excursión por aquí, se habló del apresamiento de Boabdil por el conde de Cabra en estas tierras. El relato no lo sitúa dentro de esta torre, sino en el paisaje que tienes delante. Es buena excusa para recorrer el horizonte con la vista y preguntarte en qué rincón de esas sierras un rey pasó de mandar a ser prisionero.

Cuando bajes, el pueblo te espera. Ten presente que parte de sus muros salió de aquí arriba.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Zuheros

La gran referencia es el Castillo de Zuheros, una fortaleza sobre un peñón calizo con portada renacentista del siglo XVI, patio de armas, un aljibe con base atribuida al siglo X y una torre mirador con vistas al tajo del río Bailón y a la Subbética. En la fachada de la iglesia se colocó el antiguo reloj del castillo.

¿Cómo llegar al Castillo de Zuheros

El Castillo de Zuheros se levanta sobre el peñón que domina el pueblo de Zuheros, en la Subbética cordobesa. El pueblo nació a su amparo para proteger la ruta entre Córdoba y Granada. Una vez en Zuheros, sube hacia la parte alta. Para accesos y aparcamiento, consulta la oficina de turismo local.

¿Cuál es el horario de visita del Castillo de Zuheros

Los horarios del Castillo de Zuheros pueden variar, así que lo más seguro es confirmarlos antes de ir en la web oficial de turismo de Zuheros o en la oficina de turismo del pueblo. Allí también te informarán sobre entradas, condiciones de acceso y posibles visitas guiadas al recinto y a su torre mirador.

¿Cuánto se tarda en visitar el Castillo de Zuheros

Esta audioguía recorre cinco paradas: la torre, la puerta de entrada, el patio de armas, el aljibe y las vistas desde la torre. Para calcular tu tiempo, suma la escucha de cada parada, la subida por los escalones y un rato en el mirador. Reserva también tiempo para pasear después por Zuheros.

¿Cuál es la historia del Castillo de Zuheros

Su origen se vincula a un asentamiento musulmán del siglo IX ligado a los Banu-Himsi, en un lugar llamado Sujayra. Fue recinto almohade y pasó a manos cristianas en la década de 1240. En 1293 fue entregado a Córdoba. Después recibió un palacio renacentista, y sus torres se reconstruyeron en 1964.

¿Es medieval la torre del Castillo de Zuheros

Solo en parte. La torre mirador tiene origen cristiano, de los siglos XIII y XIV, pero su aspecto actual procede de la reconstrucción de 1964. También se la llama Torre del Reloj y del Homenaje, aunque la torre del homenaje primitiva estaba en otro extremo del recinto y desapareció.

¿Dónde está el reloj del Castillo de Zuheros

El reloj se instaló en la torre en 1760, junto a una campana, y se sustituyó por otro en 1927. En la década de 1960 se desmontó y se trasladó a la fachada de la iglesia de Zuheros. Por eso la torre conserva el nombre de Torre del Reloj, pero ya no el mecanismo que se lo dio.

¿El Castillo de Zuheros es Bien de Interés Cultural

Sí. El Castillo de Zuheros está inscrito como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, con fecha de declaración del 22 de junio de 1993. En 2006 se limpiaron sus suelos y se consolidaron muros en riesgo de derrumbe. En 2026 se publicó una ayuda para el parque anexo.

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