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Santuario de Nuestra Señora de Araceli en Lucena: audioguía y qué ver

Una leyenda de tormenta, un camarín barroco lleno de brillo y un balcón desde el que se ven tierras de cinco provincias. Este paseo te lleva por el Santuario de Nuestra Señora de Araceli, en lo alto de la Sierra de Aras, con tres paradas y muchas historias de personas.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Santuario de Nuestra Señora de Araceli en Lucena: audioguía y qué ver

Explanada y leyenda del Santuario de Nuestra Señora de Araceli

La tormenta que eligió el sitio

Colócate en la explanada, de espaldas al paisaje y de cara a la fachada del templo.

Cuentan que una tormenta decidió dónde estás pisando. Antes de contarte cómo, mira a tu alrededor. La explanada es amplia y abierta, y el cielo parece más grande que en el pueblo.

Según la historia local, todo empezó con el marqués de Comares. Quedó tan impresionado ante una imagen venerada en Roma que quiso tener otra en Lucena. Así nace la devoción, en la segunda mitad del siglo dieciséis.

Y aquí viene la leyenda, que me gustaría creer entera. Dicen que una tormenta dispersó a la comitiva que transportaba la imagen. Al día siguiente, el animal que la llevaba apareció en la cumbre. La gente lo interpretó como una señal: aquí, y no en otro sitio, debía levantarse el santuario.

Lo que la Archicofradía cuenta como hecho es que Lucena recibió a la Virgen en procesión el veintisiete de abril de mil quinientos sesenta y dos. Ese día la proclamó Patrona y Protectora.

Ahora fíjate en la fachada. Frente a la entrada verás un atrio de tres arcos de medio punto, con cierres de forja. Ahí acaba la explanada y empieza la casa de la Virgen.

Antes de entrar, acércate al borde. Porque la Virgen no es la única que aquí tiene buenas vistas.

Para profundizar

Tú has llegado hasta aquí con facilidad, pero el camino no siempre estuvo. La carretera de acceso se empezó en mil ochocientos cincuenta y cuatro y no quedó terminada hasta mil ochocientos sesenta y cuatro. Son diez años de obra. Se hizo con aportaciones del pueblo lucentino, de los propietarios de los terrenos y del Ayuntamiento. Es decir, media ciudad puso algo para que la otra media pudiera subir.

De la primera ermita se sabe poco. Desapareció, y debió de levantarse cerca del santuario actual. Así que es probable que estés pisando suelo muy cercano al del primer rincón de devoción.

Ahora acércate al borde de la explanada, donde parece un balcón natural, y mira hacia el paisaje abierto. Desde ahí se divisan tierras de cinco provincias andaluzas: Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Sevilla. Tómate un momento y cuéntalas.

El camarín barroco del Santuario de Araceli

El dorador que cambió de encargo

Camarín barroco del Santuario de Nuestra Señora de Araceli en Lucena

Entra en el templo y colócate ante la imagen, mirando hacia el camarín y, después, hacia arriba.

En mil seiscientos noventa y nueve, un artista de Lucena tenía un encargo en la cabeza y acabó con otro entre las manos. Se llamaba Leonardo Antonio de Castro. Iba a dorar el retablo y, al final, le encomendaron dorar el camarín.

Ese camarín es la estancia que se abre tras la imagen. Mira cuánto hay en ella: sedas, espejos, relicarios, pinturas marianas. Hay que reconocerlo, el barroco no consideraba el vacío una virtud.

La Virgen se venera sobre un trono tallado y dorado, obra del escultor lucentino Pedro de Mena y Gutiérrez.

Ahora levanta la vista hacia la bóveda elíptica. Allí hay ángeles músicos y se atribuyen al propio Castro. Si te quedas en silencio un momento, casi se oye la orquesta.

La estancia se amplió en el siglo dieciocho. Siendo capellán Manuel Gutiérrez, el maestro Antonio Osuna levantó la obra. Y Tomás Ferrer firmó la pintura mural en mil setecientos sesenta y uno.

Piénsalo: un capellán que quería más espacio, un maestro que lo construyó y un pintor que lo llenó de cielo. Todo para que una imagen tuviera casa.

Y queda un nombre por seguir, el del hombre del dorado. Que cambiara de encargo no fue lo más curioso que le pasó.

Para profundizar

Castro se formó con Bernabé Jiménez de Illescas hasta la muerte de su maestro, en mil seiscientos setenta y ocho. Después continuó su aprendizaje con Luis Sánchez de la Cruz. No era un artista caído del cielo, sino alguien que pasó por dos talleres antes de dorar este.

Su historia tiene un final que sabe a pendiente. Tras recuperarse de una enfermedad, trabajó en la Capilla del Sagrario. Murió en mil setecientos cuarenta y cinco sin llegar a verla terminada.

El ajuar de la Virgen cuenta otra parte de la historia, la de los devotos. Recibió donaciones de familias nobles y de gente corriente. Entre ellas, un conjunto de seda carmesí que donó la duquesa de Medinaceli hacia mil setecientos setenta y dos.

Cuando salgas, tendrás la sensación de haber visto un tesoro. Lo que has visto, en realidad, es el cariño de varias generaciones puesto en oro, seda y pintura.

Vistas desde la Sierra de Aras, un mirador de qué ver en Lucena

El balcón de Aras

Vistas desde la Sierra de Aras junto al Santuario de Araceli, qué ver en Lucena

Sal de nuevo a la explanada y colócate junto al borde, mirando al horizonte abierto.

Hay vistas que un escritor decide guardarse, y esta es una de ellas. Camilo José Cela convirtió el panorama de Aras en parte de su retrato literario de Lucena. Todavía hoy la comarca recuerda su elogio.

Mira y entenderás por qué. Estás en la cima de la Sierra de Aras, a unos seis kilómetros de Lucena. Es más o menos lo que tardarías en caminar durante una hora larga.

Una fuente turística comarcal sitúa la cumbre a ochocientos sesenta y ocho metros de altitud. Otras dan cifras algo distintas, así que quédate con la idea: es alto, y se nota.

Desde este balcón natural se distinguen tierras de cinco provincias y más de treinta pueblos. Si hoy el aire está limpio, tienes un mapa extendido a tus pies.

Ahora busca algo pequeño en un paisaje enorme. Mira hacia el horizonte, entre los campos, y localiza las Tres Cruces. Son el final del Vía Crucis que acompaña el camino de subida. Quien subió andando las ve de otra manera: son el último tramo de un esfuerzo que él mismo reconoce.

Y fíjate en una cosa. Quien eligió este sitio para la Virgen, por tormenta o por decisión, tenía buen ojo. Desde aquí, Lucena se ve pequeña y el cielo no tiene prisa.

Queda la pregunta de siempre cuando uno baja de una cumbre: ¿qué se lleva uno de aquí, además de la foto?

Para profundizar

El nombre de Aras guarda su propio misterio. La tradición lo relaciona con restos de altares antiguos. La cumbre también habría servido de atalaya fronteriza, un puesto desde el que vigilar quién se acercaba. Es curioso: un mismo lugar que sirvió para vigilar y para rezar, y que ahora sirve para mirar.

Hay una fecha reciente que completa la historia. En dos mil veinte, el obispo Demetrio Fernández González firmó el decreto que otorgó al templo el título de Santuario Diocesano. Son cuatro siglos largos de devoción hasta llegar a ese papel.

Así que, antes de bajar, hazte un último regalo. Gira despacio sobre ti mismo, de las Tres Cruces al santuario y del santuario al horizonte. Con eso tienes la visita entera: la fe, el trabajo de la gente y un paisaje que lleva siglos esperando que alguien lo mire.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Santuario de Nuestra Señora de Araceli

La explanada con su atrio de tres arcos, el camarín barroco con sedas, espejos, relicarios y frescos de 1761, y el mirador natural. Desde allí se ven tierras de cinco provincias, más de treinta pueblos y las Tres Cruces del Vía Crucis.

¿Cómo llegar al Santuario de Nuestra Señora de Araceli en Lucena

El santuario está en la cima de la Sierra de Aras, a unos seis kilómetros de Lucena. Se accede por una carretera construida entre 1854 y 1864 con aportaciones del pueblo, propietarios y Ayuntamiento, que termina en la explanada frente al templo.

¿Cuál es la historia del Santuario de Nuestra Señora de Araceli

La devoción se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, cuando el marqués de Comares llevó a Lucena una imagen desde Roma. Según la Archicofradía, el 27 de abril de 1562 Lucena recibió a la Virgen en procesión y la proclamó Patrona y Protectora.

¿Cuál es el horario del Santuario de Nuestra Señora de Araceli

Los horarios pueden variar según la época y los actos religiosos, por eso conviene confirmarlos antes de subir. Lo más fiable es consultar la web oficial del santuario o preguntar en la oficina de turismo de Lucena, que informa de aperturas y visitas actualizadas.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Santuario de Nuestra Señora de Araceli

La audioguía propone tres paradas: la explanada, el camarín y el mirador de la Sierra de Aras. El tiempo depende del ritmo de cada visitante y de lo que se detenga en las vistas. Conviene sumar el trayecto de unos seis kilómetros desde Lucena.

¿Qué se puede ver desde el Santuario de Araceli

Desde este balcón natural se divisan tierras de cinco provincias andaluzas: Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Sevilla. También se distinguen más de treinta pueblos y, en el horizonte, las Tres Cruces que cierran el Vía Crucis del camino de subida.

¿Qué altura tiene la Sierra de Aras

Una fuente turística comarcal sitúa la sierra a 868 metros de altitud, a unos seis kilómetros al sur de Lucena. Otras fuentes ofrecen cifras algo distintas, de 863 y 874 metros, por lo que la altitud exacta no es una medición única.

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