Castillo del Moral de Lucena: audioguía de la fortaleza de Boabdil
Un rey atascado en el barro, un soldado de a pie que lo atrapa y una ropa demasiado elegante para pasar desapercibida. En seis paradas recorrerás la fortaleza donde la tradición sitúa el cautiverio de Boabdil y conocerás la torre octogonal que da nombre al castillo. También verás un patio que fue jardín, cine y mercado. Y, ya fuera, una muralla que, al caer, desveló su verdadera edad.

Torre del Homenaje del Castillo del Moral y la captura de Boabdil
La torre del rey cautivo
Colócate en el adarve, junto al acceso a la Torre del Homenaje, la torre cuadrada de la esquina noroeste. Ten delante la entrada a su cámara abovedada.
¿Cómo se reconoce a un rey que no lleva corona y acaba de caer en el barro? Un grupo de soldados tuvo que resolver ese problema en mil cuatrocientos ochenta y tres. Según la tradición, la historia terminó aquí, en esta torre cuadrada. Es la Torre del Homenaje, en la esquina noroeste del castillo, y comunica con el adarve en el que estás. A ella se asocia el episodio más famoso de este lugar: el cautiverio de Boabdil, rey nazarí de Granada, tras la batalla de Lucena.
Boabdil llegó el veinte de abril con su suegro Aliatar, alcaide de Loja. Granada estaba partida entre los partidarios de su padre, Muley Hacén, y los suyos. Además, su rival El Zagal se había anotado una victoria, y Boabdil quería otra igual. Le salió fatal. La crónica atribuye la victoria al conde de Cabra y al alcaide de los Donceles. Aliatar murió en el combate. Boabdil intentó huir, su caballo se quedó atascado en el fango y él se escondió entre la vegetación. Allí lo redujeron. Nadie sabía quién era: lo dedujeron por la ropa, demasiado rica para un cualquiera. Pocas veces un traje ha hablado tanto de su dueño.
¿Y quién lo atrapó? El Museo del Ejército habla de un peón, un soldado de a pie. La documentación del Archivo Histórico Nacional le pone nombre, Martín Hurtado, aunque allí aparece como caballero.
Ahora, el matiz. Estas paredes no son la celda de aquel rey conservada tal cual. La torre que ves salió de una reforma del siglo dieciséis sobre otra más antigua. Si Boabdil estuvo preso aquí, lo estuvo en aquella torre primitiva, en este mismo lugar.
Una advertencia más: esta no es la Torre del Moral, la que da nombre al castillo. Esa es octogonal, ocupa otra esquina del recinto, y una tradición local también la relaciona con el rey cautivo. La veremos de cerca en la parada cuatro.
Entra en la cámara abovedada. Desde ahí, el camino sube.
Para profundizar
Esta torre funciona como un cruce de caminos. Desde la cámara abovedada puedes subir a la terraza o bajar a la parte inferior. Te propongo subir. Arriba se abre la ciudad, tejado tras tejado, y allí nace la leyenda más triste del castillo. Cuentan, y me gustaría creerlo, que Boabdil subió a la terraza y contempló las tierras que había perdido. Soltó entonces un gemido tan hondo que la torre cambió de nombre: la torre de los lamentos del moro.
Nadie lo apuntó en un acta, claro. Y hay algo más: si ocurrió, no fue en esta terraza tal como la pisas. La torre actual es fruto de la reforma del siglo dieciséis, posterior al cautiverio. Boabdil no pudo asomarse a esta terraza tal como es hoy. Aun así, hay leyendas que se ganan su sitio a base de repetirse.
Baja ahora al patio. Allí te enseño a distinguir qué piedras de este castillo son viejas de verdad.
Qué es medieval y qué es reformado en el Castillo del Moral
Leer la piedra: lo antiguo y lo reformado

Entra en el Patio de Armas y colócate en el centro, de modo que puedas ver las cuatro esquinas del recinto.
¿Qué piedras de este castillo vieron pasar a Boabdil? La pregunta es más difícil de lo que parece, así que vamos por partes.
Gira despacio sobre ti mismo. Estás en el corazón del primer recinto, un cuadrado con una torre en cada esquina. Ahí tienes la del Homenaje, de donde vienes, y la del Moral, la que da nombre al castillo. Completan el cuadrado la de las Damas y la del Coso. Visto desde el centro, el conjunto se entiende de golpe: es una caja de piedra con cuatro vigías.
Ahora, sus edades. Las torres de las Damas y del Coso son las veteranas: el estudio constructivo del castillo las sitúa en el siglo once. Las del Moral y del Homenaje, en cambio, tienen su forma actual desde el siglo dieciséis, cuando se reformaron torres anteriores. Dicho de otro modo, las dos torres más famosas son, por su aspecto, las más jóvenes de las cuatro.
Con los muros pasa algo parecido. De los cuatro lienzos principales, solo el norte, el que arranca de la Torre del Homenaje, conserva el acabado original de tapial, es decir, de tierra apisonada. Los otros tres llevan un forro de mampostería. En ese lienzo norte, además, el estudio identifica la que probablemente fue la puerta original, de época almohade.
Quizá hayas leído que la fortaleza se asocia al año mil ciento cuarenta y ocho y al dominio almohade. Tómalo como una referencia, no como la fecha de todo lo que ves. Aquí conviven fábricas del siglo once, reformas del dieciséis y restauraciones mucho más recientes.
Hubo incluso un momento en que alguien decidió que este castillo tenía demasiado palacio y poco castillo. Fue en mil novecientos cuarenta y seis. Se aprobó eliminar elementos de la etapa palaciega del siglo diecisiete para recuperar su carácter de fortaleza. Lo que hoy parece más «de castillo» es también, en parte, resultado de esa decisión.
Para profundizar
Fíjate en los muros que cierran el patio. En dos mil veintiséis, la Comisión Provincial de Patrimonio autorizó obras de conservación en ellos, con una condición: que las reintegraciones se distingan de lo original. Lo nuevo no puede disfrazarse de viejo. Según cuándo nos visites, esas obras pueden estar en marcha o ya terminadas. Si lo están, la propia piedra te ayudará a separar lo histórico de lo añadido.
Patio de Armas del Castillo del Moral: jardín, cine y mercado
Un patio con muchas vidas

Sigue en el centro del Patio de Armas, esta vez atento al espacio abierto que te rodea y al suelo que pisas.
¿Qué tienen en común un jardín de señores, una pantalla de cine y los puestos de un mercado? Que todos pasaron por el suelo que estás pisando.
Cuando el castillo dejó de vigilar la frontera, se convirtió en residencia señorial, y el patio se adaptó a la vida de palacio. En el siglo diecisiete ya era un jardín. Es la etapa palaciega que se quiso borrar en mil novecientos cuarenta y seis. Pero el patio no volvió a quedarse quieto. Hacia mil novecientos sesenta, aquí se proyectaban películas y funcionaba un mercado. Donde antes hubo soldados, hubo después butacas y compras de cada día.
En mil novecientos setenta llegó otro cambio. Se derribaron parte del jardín y las caballerizas anejas para levantar el edificio de Teléfonos, Correos y Telégrafos. Los caballos dejaron su sitio al telégrafo, que, bien mirado, era otra forma de llevar mensajes deprisa.
La última capa es la que hace posible tu visita. Entre dos mil uno y dos mil tres se habilitaron diez salas para el museo que hoy ocupa el castillo. El montaje que encuentres puede haber cambiado desde entonces. Palacio, cine, mercado, solar para correos y museo: este castillo ha tenido más oficios que muchos de nosotros.
Para profundizar
Este patio ha vuelto a ser escenario de Boabdil. En dos mil veintidós, el Ayuntamiento presentó una actividad que contaba la batalla de Lucena usando el patio como un tablero de ajedrez, con visita audioguiada, recreaciones y microteatro. En dos mil veintitrés se programaron aquí teatro y de nuevo la batalla sobre el tablero. Ver al rey cautivo convertido en pieza de ajedrez tiene su lógica: al fin y al cabo, la partida terminó para él en jaque.
La próxima vida del patio será digital. En julio de dos mil veintiséis, el Ayuntamiento sacó a licitación el diseño y la instalación de una experiencia de realidad virtual, con dos puestos, que recrea en tres dimensiones el Patio de Armas medieval. Pregunta en la entrada si ya está en funcionamiento. En cualquier caso, será una reconstrucción digital: ese patio medieval se verá con gafas, no entre estas piedras. No es la primera mirada virtual al castillo. El municipio ya presentó una recreación de la fortaleza a finales del siglo catorce, en la que aparece la señora de Lucena María Alfón de Argote, una etapa anterior a la captura de Boabdil.
La Torre del Moral: la torre octogonal que da nombre al castillo
La Torre del Moral

Sin salir del patio, vuélvete hacia la Torre del Moral, la torre de ocho lados de una de las esquinas del recinto.
Un castillo que se llama del Moral necesitaba una torre a la altura de su nombre. Ahí la tienes. La del Homenaje es cuadrada; esta es octogonal, ocho caras que rompen la geometría del recinto.
Igual que su vecina del Homenaje, la torre que ves es fruto de una reforma del siglo dieciséis sobre una torre anterior. Su nombre, en cambio, se lee en su escudo exterior. Allí aparece una zarzamora, el motivo que da nombre a la torre, junto a una menorá, el candelabro ritual judío. Podrás buscarlo cuando rodees el castillo al final de la visita.
Y ahora, la pregunta que todo visitante se hace aquí: ¿dónde estuvo preso Boabdil? La respuesta procede de la tradición local, no de un hallazgo arqueológico. Y esa tradición no habla con una sola voz. El Instituto Andaluz de los Castillos sitúa el cautiverio en la Torre del Homenaje, y Turismo de la Subbética la señala como posible celda. Un folleto local, en cambio, atribuye el cautiverio a esta, la Torre del Moral.
No es una pugna académica con excavaciones en marcha. Son dos versiones del mismo recuerdo, y ninguna puede darse por descartada. Así que esta torre no es solo la que da nombre al castillo: también es, para una parte de la tradición, la prisión del rey.
En los dos casos vale la misma cautela. Ambas torres tienen su forma actual desde el siglo dieciséis. Si el rey estuvo preso en una de ellas, lo estuvo en la torre anterior, no entre estos muros tal como hoy los ves.
Quédate donde estás. La siguiente parada empieza aquí mismo.
El cuarto de las mazmorras del Castillo del Moral
El cuarto de las mazmorras

Sigue en el patio, frente a la Torre del Moral. Si durante el recorrido del museo encuentras un espacio señalizado como cuarto de las mazmorras, puedes escuchar esta parada allí.
Hay palabras que pesan más que las piedras. Mazmorra es una de ellas. En este castillo se habla de un cuarto de las mazmorras, y ese nombre se lo ha dado la tradición, no una excavación que lo confirme.
Te debo una explicación honesta. Con las fuentes disponibles no puedo señalarte dónde está ese cuarto, ni asegurarte que hoy se pueda visitar. Es tentador pensar en la estancia más escondida de la torre que tienes delante: su cámara baja, conocida como de los Metales. Pero, según la información consultada, permanece cerrada y no se puede visitar, y ningún documento permite decir que sea el cuarto de las mazmorras. Si en el museo encuentras una sala o un rótulo con ese nombre, fíjate en cómo lo presenta: si habla de tradición o de certeza.
Cuidado también con otro nombre que circula: Torre de Boabdil. No la busques aquí. Ese nombre popular corresponde a la Torre Nueva del castillo de Porcuna, no a una torre de este castillo.
Lo que sí se sabe es adónde fueron a parar las cosas del prisionero. Sus pertenencias pasaron a manos de los vencedores, entre ellos distintas ramas de los Fernández de Córdoba. Con el tiempo, la marquesa de Viana donó las piezas a la Corona. Hoy, la vestimenta y las armas atribuidas a Boabdil se conservan en el Museo del Ejército, en Toledo. El rey se quedó en Lucena, pero la ropa que lo delató acabó lejos de aquí.
Se entiende que alguien quisiera darle a ese recuerdo una celda concreta. A las historias les gustan las puertas que se pueden tocar. Este cuarto vive entre lo que se cuenta y lo que se puede demostrar. No hace falta elegir. Basta con saber en cuál de los dos estás.
La muralla derrumbada del Castillo del Moral en 2025
La muralla que cayó

Sal del castillo y rodéalo por fuera hasta el lado sureste, el opuesto a la Torre del Homenaje. Mira desde la calle el lienzo de muralla de ese costado.
Para terminar, una historia de piedra con fechas exactas. El veintiuno de septiembre de dos mil veinticinco se vino abajo parte del lienzo sureste del castillo, el que tienes delante. El tramo se desprendió y cayó hacia el interior. No hubo daños personales. Los primeros análisis apuntaron a un terremoto como posible causa, sin darlo por seguro.
En octubre se decretaron actuaciones de emergencia. La concejala de Patrimonio, Rosario Valverde, fijó dos prioridades: la estabilidad del muro y la seguridad de peatones y vehículos. La sujeción de emergencia se colocó por fuera, en el lado de la calle. Que el muro cayera hacia dentro y se sujetara por fuera no es una contradicción. Lo primero indica dónde estaba el daño; lo segundo, dónde se colocó la medida para estabilizar lo que seguía en pie.
Después llegó el plan: desmontar el tramo y reconstruirlo con los sillares originales que pudieran recuperarse, como quien rehace un puzle con las piezas que encontró en el suelo. Antes, se excavó. Y en dos mil veintiséis la excavación dio la sorpresa: lo que había caído no era muralla medieval, sino una reconstrucción de la segunda mitad del siglo veinte. Tenía edad de abuelo, no de antepasado remoto.
A comienzos de julio de dos mil veintiséis se informó de que habían empezado las obras de reconstrucción. Según cuándo nos visites, verás el tramo en obras o ya rehecho. Y no lo confundas con otra actuación: la conservación de los muros del Patio de Armas, autorizada ese mismo año, es un trabajo distinto.
Para profundizar
Estar protegido no hace invulnerable a un monumento. El tres de junio de mil novecientos treinta y uno, el castillo fue declarado Monumento Nacional, y cuenta con la protección de Bien de Interés Cultural. Su fábrica exterior, esa piel de piedra que envuelve torres y lienzos, tiene incluso su retrato oficial: una fotografía de su fachada lateral tomada en mil novecientos noventa y seis para el inventario del patrimonio andaluz. Es una foto de familia del edificio, no la prueba de ninguna celda.
Antes de irte, busca en la cara exterior de la Torre del Moral su escudo, el de la zarzamora junto a la menorá. Y despídete del castillo sabiendo leerlo: piedras del siglo once, torres del dieciséis, un muro del veinte y, por encima de todo, la memoria de un rey cautivo que las piedras no confirman, pero que la tradición se niega a olvidar.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: El Castillo del Moral está en el casco urbano de Lucena, en la provincia de Córdoba. Alberga el Museo Arqueológico y Etnológico de la ciudad. La audioguía empieza en la Torre del Homenaje, a la que se llega por el adarve, y termina fuera del castillo, junto a su lado sureste.
- Horarios y accesos: Consulta horarios y espacios abiertos en la web oficial del Ayuntamiento de Lucena o en la oficina de turismo antes de ir. Pregunta también por el estado de las obras en la muralla y en los muros del Patio de Armas, porque pueden cambiar el recorrido.
- Lo que no verás aquí: La cámara baja de la Torre del Moral, llamada de los Metales, figuraba como cerrada al público en la información consultada. La vestimenta y las armas atribuidas a Boabdil se conservan en el Museo del Ejército, en Toledo. Confirma en la entrada si la experiencia de realidad virtual del Patio de Armas ya está en funcionamiento.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Castillo del Moral
Lo esencial es la Torre del Homenaje, una torre cuadrada en la esquina noroeste con cámara abovedada y terraza con vistas de Lucena, y la Torre del Moral, octogonal, que da nombre al castillo. También merecen atención el Patio de Armas, rodeado por las torres del Moral, Homenaje, Damas y Coso, y el Museo Arqueológico y Etnológico que ocupa el castillo.
¿Cuál es la historia de Castillo del Moral
La fortaleza se suele asociar a 1148 y al dominio almohade, aunque lo que se ve hoy mezcla épocas: las torres de las Damas y del Coso son del siglo XI y las del Moral y del Homenaje tienen su forma actual desde el siglo XVI. Su episodio más famoso es el cautiverio de Boabdil tras la batalla de Lucena de 1483. Después fue residencia señorial, su patio fue jardín en el siglo XVII y cine y mercado hacia 1960. Es Monumento Nacional desde 1931.
¿Cómo llegar a Castillo del Moral en Lucena
El castillo está en el casco urbano de Lucena, en la provincia de Córdoba, y en su interior se encuentra el Museo Arqueológico y Etnológico de la ciudad. Lo mejor es acercarse a pie por el centro y confirmar el acceso en la oficina de turismo, por si alguna obra en las murallas lo modifica.
¿Cuál es el horario de Castillo del Moral
Los horarios del castillo y su museo pueden cambiar. Antes de la visita, consulta la web oficial del Ayuntamiento de Lucena o la oficina de turismo para confirmar horarios y saber qué espacios están abiertos. Conviene reservar margen por si alguna zona está cerrada por obras.
¿Estuvo Boabdil preso en el Castillo del Moral
La tradición sitúa aquí el cautiverio de Boabdil tras su captura en la batalla de Lucena, en 1483. La torre concreta procede de la tradición, no de la arqueología, y las fuentes señalan dos: el Instituto Andaluz de los Castillos y Turismo de la Subbética apuntan a la Torre del Homenaje, y un folleto local, a la Torre del Moral. Ambas tienen su forma actual desde el siglo XVI, así que, si fue en alguna, fue en la torre anterior.
¿Por qué se llama Torre del Moral
El nombre se relaciona con el escudo exterior de la torre, donde una zarzamora, el motivo que le da nombre, aparece junto a una menorá. Es la torre octogonal del recinto y su forma actual procede de una reforma del siglo XVI sobre una torre anterior.
¿Qué pasó con la muralla del Castillo del Moral
El 21 de septiembre de 2025 se desprendió hacia el interior parte del lienzo sureste, sin daños personales. Se colocó una sujeción exterior de emergencia y se proyectó su reconstrucción con sillares recuperables. La excavación previa demostró en 2026 que ese tramo era una reconstrucción de la segunda mitad del siglo XX, no muralla medieval. En julio de 2026 se informó del inicio de las obras de reconstrucción.
¿Dónde están la ropa y las armas de Boabdil
No están en Lucena. Tras la batalla, sus pertenencias pasaron a los vencedores, entre ellos distintas ramas de los Fernández de Córdoba. La marquesa de Viana acabó donándolas a la Corona, y hoy la vestimenta y las armas atribuidas a Boabdil se conservan en el Museo del Ejército, en Toledo.
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