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Necrópolis judía de Lucena: audioguía del cementerio de la Perla de Sefarad

Lucena fue Eliossana, la Perla de Sefarad, una ciudad preeminentemente judía con una academia talmúdica de gran prestigio. Aquí descansaba su comunidad, en la que suele presentarse como la mayor necrópolis judía excavada de la península ibérica. Es una visita para hacer en voz baja.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Necrópolis judía de Lucena: audioguía del cementerio de la Perla de Sefarad

Lucena judía: Eliossana, la Perla de Sefarad, y su academia talmúdica

Eliossana, la Perla de Sefarad

Colócate junto a los paneles de acceso, de cara al terreno de la necrópolis.

Antes de mirar el suelo, imagina la ciudad. Entre los siglos nueve y doce, Lucena se llamaba Eliossana y era una ciudad preeminentemente judía. Brillaba tanto que la conocían como la Perla de Sefarad.

Su joya era una academia talmúdica de gran prestigio, una escuela de estudio de la ley judía cuyos maestros daban fama a la ciudad. La dirigieron Isaac ibn Gayyat e Isaac ben Jacob Alfasi. A Alfasi le sucedió Josef ben Meir Ha-Levi ibn Migash. Son nombres que pesan en la historia del pensamiento judío, y aquí, en esta ladera, enterraba a sus muertos la comunidad que los escuchaba.

Quizá ese peso de los maestros se nota también en las tumbas. Una asociación cordobesa visitó el lugar mientras se excavaba y relacionó los rituales funerarios con la autoridad de los rabinos de la comunidad. Es la lectura de quienes lo vieron, no una conclusión cerrada. Pero resulta fácil imaginar una ciudad donde la palabra de sus sabios llegaba hasta la forma de despedir a los suyos.

La historia de Eliossana tiene un final brusco. En mil ciento cuarenta y ocho llegó la invasión almohade. Marcó el ocaso de la academia y provocó la salida de gran parte de la comunidad judía. Una ciudad que pierde a sus vecinos deja también de enterrarlos. Ese éxodo ayuda a entender por qué este cementerio quedó abandonado y acabó oculto bajo la tierra que ahora tienes delante.

Qué ver en Lucena: el hallazgo de la mayor necrópolis judía excavada de la península

Un cementerio bajo la Ronda Sur

Entrada y terreno de la necrópolis judía de Lucena, qué ver en Lucena

Sigue junto a los paneles de acceso y deja que la vista recorra el terreno abierto de la necrópolis.

Durante siglos, la Perla de Sefarad no dejó una huella arqueológica documentada. Eso cambió en dos mil seis, cuando las obras de la ronda de circunvalación del sur de Lucena dejaron al descubierto este cementerio.

Lo que vino después fue arqueología preventiva: se excavó antes de que la obra siguiera adelante. La concejala María José Lara González comunicó el descubrimiento junto a los responsables de la excavación, Daniel Botella y José Antonio Riquelme. Imagina ese momento: una ciudad que se entera de que bajo sus obras dormían sus vecinos más antiguos.

El informe de la Junta de Andalucía describe esta intervención como la primera documentación arqueológica de evidencias de la comunidad judía medieval de Lucena. Por fin, la ciudad de los textos y los sabios aparecía también en el suelo.

Y apareció a lo grande. El Ayuntamiento contabiliza unas trescientas cuarenta y seis tumbas, adaptadas a la topografía del terreno. Por eso suele presentarse como la mayor necrópolis judía excavada de la península ibérica.

Conviene saber desde ahora qué vas a encontrar. Las fosas excavadas no están a la vista: el recorrido muestra paneles y cuatro tumbas recreadas que reproducen los tipos de enterramiento hallados. Lo que tienes delante es, sobre todo, un lugar. Y eso, aquí, ya es mucho.

Para profundizar

¿De cuándo es todo esto? Los restos estudiados permitieron fechar un sector del cementerio entre los años mil y mil cincuenta, en plena época de esplendor de Eliossana. La investigación de esas dataciones la dirigió la doctora Elena Villafranca Sánchez. Ten en cuenta que esa fecha corresponde a una parte del cementerio, no necesariamente a todo él.

Tumbas de la necrópolis judía de Lucena: fosas, ritual funerario y la lápida de Rabí Lactosus

Cómo se enterraba aquí

Tumbas recreadas de la necrópolis judía de Lucena adaptadas a la pendiente

Sitúate ante el sector excavado y sus recreaciones, con la ladera frente a ti.

Cavadas en la tierra, sencillas, a veces dobles.

Así era el ritual que se ha documentado: inhumaciones en fosas simples o dobles. En algunas, además, se abría una covacha lateral, un pequeño hueco a un costado de la fosa. Las cuatro tumbas recreadas que tienes delante muestran esos tipos de enterramiento. Son reconstrucciones para entender cómo era, no tumbas originales.

¿Por qué se sabe que este cementerio es judío? Porque las estructuras corresponden al ritual funerario judío de Sefarad, y porque apareció una prueba escrita: una lápida funeraria hebrea, la de Rabí Lactosus, hallada en una de las estructuras funerarias de la necrópolis. No está aquí. Puedes verla en la Sala Judía del Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena, y merece la visita: es el nombre propio de alguien que descansó en esta ladera.

Ahora mira cómo se disponen las fosas en relación con la pendiente. Bajan con el terreno y se acomodan a él, sin forzarlo. Quienes las cavaron trabajaron con la tierra, no contra ella.

Es una sobriedad que pesa. Quienes descansaron aquí no necesitaron más que tierra y un lugar.

Cuando termines de mirar, sigue en silencio hacia la zona reservada.

Para profundizar

Un detalle de los materiales. Algunas fosas se cubrieron con lajas, es decir, piedras planas. Otras llevaron tégulas romanas reutilizadas. Esas cubiertas se documentaron en la excavación; no esperes verlas sobre las fosas hoy.

Piensa en lo que significa. Quienes enterraron aquí aprovecharon piezas que ya habían tenido otra vida, hechas por manos de siglos anteriores. Y las pusieron sobre sus muertos.

Reenterramiento en la necrópolis judía de Lucena en 2011

Cuando los restos volvieron a la tierra

Área de reenterramiento en la ladera de la necrópolis judía de Lucena, Lucena turismo

Acércate al sector reservado para el reenterramiento, sin pisar la zona preservada.

Cuatro años después de sacarlos de la tierra, los restos volvieron a ella. Fue en diciembre de dos mil once. Eran los restos humanos extraídos durante la campaña arqueológica de dos mil siete.

Detrás había un acuerdo. En dos mil ocho, el Ayuntamiento y la Federación de Comunidades Judías pactaron preservar este lugar y reenterrar aquí los restos.

La ceremonia fue pequeña. Acudieron unas cuarenta personas llegadas de distintos lugares. La Federación y el Gran Rabino de Israel habían pedido estricta intimidad. La oficiaron rabinos, entre ellos Moshé Bendahan y David Levy. Siguió el ritual judío: los restos se envolvieron en una tela y las fosas se cubrieron con tablas y gravilla.

Ahora, las cuentas, que suelen despistar. En la excavación se documentaron doscientas cinco tumbas con restos humanos. De esa campaña se reenterraron ciento diecisiete individuos. No son ochenta y ocho personas perdidas: son dos recuentos distintos. Uno cuenta las tumbas en las que había restos; el otro, los individuos de los que pudieron recuperarse físicamente restos.

A esos ciento diecisiete se sumaron cincuenta individuos de una excavación colindante. En total, ciento sesenta y siete personas. La crónica del acto habla de ciento diecisiete fosas del yacimiento y de otras cincuenta de la parcela colindante. Así que conviene ser precisos: los de la campaña de dos mil siete volvieron al cementerio donde se hallaron; los otros cincuenta no procedían de esta parcela, sino de la de al lado.

Cuando te vayas, camina despacio. Para la comunidad judía, esto sigue siendo un cementerio.

Para profundizar

La jornada no terminó con el entierro. Según la crónica local del acto, concluyó con rezos y bailes de la comunidad judía. Es un cierre que sorprende a quien espera solo silencio.

Y una última imagen para llevarte. Lo que pudo quedarse en un hallazgo arqueológico acabó siendo un lugar preservado por acuerdo entre una ciudad y una comunidad, casi nueve siglos después de que la de Eliossana tuviera que marcharse.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Necrópolis judía de Lucena

Verás paneles, cuatro tumbas recreadas que muestran los tipos de enterramiento hallados y la zona preservada del reenterramiento. Las fosas excavadas no están a la vista. La visita se hace en silencio.

¿Cómo llegar a la Necrópolis judía de Lucena

Está al sur de Lucena, junto a la Ronda Sur. Consulta la web del Ayuntamiento o la oficina de turismo para el acceso exacto.

¿Se puede visitar libremente la necrópolis judía de Lucena

No. Se necesita reserva previa con al menos 24 horas de antelación. Hay pases los sábados y domingos, con horarios según temporada, y los festivos hay que consultarlos. La Red de Juderías informa de recorridos accesibles para movilidad reducida.

¿Por qué es importante la Necrópolis judía de Lucena

Suele presentarse como la mayor necrópolis judía excavada de la península ibérica, y fue la primera documentación arqueológica de la comunidad judía medieval de Lucena, la ciudad conocida como la Perla de Sefarad.

¿Por qué se sabe que es un cementerio judío

Las estructuras corresponden al ritual funerario judío de Sefarad y se halló una lápida funeraria hebrea, la de Rabí Lactosus, que puede verse en la Sala Judía del Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena.

¿Cómo eran los enterramientos de la necrópolis judía de Lucena

Eran inhumaciones en fosas simples o dobles, algunas con una covacha lateral. Ciertas fosas se cubrieron con lajas o tégulas romanas reutilizadas. Las tumbas se adaptan a la pendiente.

¿Cuántas tumbas hay y cuántas personas se reenterraron

El Ayuntamiento contabiliza unas 346 tumbas; 205 contenían restos humanos. En 2011 se reenterraron 167 individuos: 117 de la campaña de 2007, de los que pudieron recuperarse físicamente restos, y 50 de una excavación colindante.

¿Qué pasó con la comunidad judía de Lucena

Lucena, llamada Eliossana, fue una ciudad preeminentemente judía entre los siglos IX y XII, con una academia talmúdica dirigida por maestros como Isaac Alfasi y Josef ibn Migash. La invasión almohade de 1148 marcó el ocaso de la academia y la salida de gran parte de la comunidad.

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