Palacio de los Condes de Santa Ana en Lucena: audioguía y qué ver
Un palacio de Lucena nacido de un contrato firmado con plazos y pagos a plazos, y de una casa donde la leyenda y los hallazgos pintados conviven con las obras y los apuros. Un paseo por la fachada, los patios, los salones y la escalera, con las historias de quienes lo pensaron, lo habitaron y lo han ido arreglando.

Portada del Palacio de los Condes de Santa Ana: historia de la fachada
Cuatrocientos reales
Colócate frente a la portada principal, a unos pasos para abarcarla entera con la mirada.
Cuatrocientos reales. Esa fue la señal con la que arrancó la portada que tienes delante. Primero, una entrada. Después, el resto del dinero según los artífices lo fueran necesitando. Nada de pagarlo todo por adelantado.
Esto lo sabemos porque el contrato se conserva. Es de mil setecientos veintiocho. Tiene nombres, condiciones y un plazo: los canteros debían entregar la portada acabada en un año. Un año. Piensa en cualquier obra que hayas vivido tú y dime si te suena.
Quien encargó todo esto se llamaba Juan de Cuenca Mora y Pacheco. Había nacido en Lucena en mil seiscientos setenta y siete y era clérigo capellán. Sí, un capellán empujando una obra de este tamaño.
Y aquí viene lo bueno. Durante mucho tiempo se atribuyó el arranque del proyecto a Antonio Rafael. La investigación señala ahora a otro: a este capellán, un miembro menos conocido del linaje, que hizo de la fachada una apuesta personal.
Así que la próxima vez que alguien te hable de los grandes nombres de la casa, recuerda que el papel apunta a otro. A veces la historia depende de quién guardó la factura.
Cuando estés listo, cruza la puerta. Detrás hay patios, y en uno de ellos cuentan que ocurrió algo que ningún contrato recoge.
Para profundizar
El palacio se asocia a la familia Mora-Saavedra, que lo promovió entre mil setecientos treinta y mil setecientos cincuenta. Son veinte años de obra. Y la portada, recuerda, tenía que estar lista en uno solo. Se ve que había orden de empezar por lo que se ve desde la calle.
Siglos después, el edificio entró en los papeles de la protección oficial. El expediente para declararlo monumento histórico-artístico se abrió con una resolución del veintiuno de mayo de mil novecientos ochenta. La protección como bien de interés cultural se fecha en mil novecientos ochenta y dos.
Es una buena forma de verlo. Primero, un capellán firma un contrato. Más de doscientos años después, el Estado abre otro expediente para que nadie toque lo que él hizo levantar. Dos papeles, dos épocas, un mismo cuidado por la piedra.
Patios del Palacio de los Condes de Santa Ana y su leyenda
La estancia que nadie encuentra

Entra al patio y sitúate en el centro, de cara a las arquerías del segundo patio.
Cuentan que en alguna parte de esta casa hubo una habitación que nadie podía abrir. Es una leyenda, y me gustaría creerla entera, pero no está acreditada como hecho histórico. Dice así: el cuarto conde de Santa Ana sorprendió a su esposa, Marina Fernández de Lincres, con un amante. Lo mató en una estancia oculta. Y después, como venganza, encerró a su esposa en la habitación y tapió balcones y accesos.
Hasta aquí, la tradición. Lo que sí tienes delante es verificable. El palacio tiene dos patios. El primero hacía de apeadero y daba paso a las dependencias de servicio. El segundo es cuadrado, con arcos de medio punto y columnas de mármoles. Es porticado, y lo promovió Luisa Francisca de Saavedra mientras las obras continuaban.
Aquí viene el giro. ¿Cuándo se hizo exactamente este segundo patio? Es incierto. Una hipótesis divulgada propone que se construyó a comienzos del siglo veinte, quizá hacia mil novecientos veintinueve. No es una fecha documentada. Así que el patio más elegante de la casa guarda también su propio misterio.
Mira las columnas. Todo en este patio parece tranquilo, y precisamente por eso a las leyendas les gusta quedarse a vivir aquí.
Y si quieres saber qué le ha pasado a la piedra, sube. La escalera lo cuenta.
Para profundizar
En dos mil veinte se restauraron columnas y otros elementos de piedra de los patios. Se limpiaron y recibieron un gel protector transpirable, de esos que dejan respirar la piedra mientras la defienden.
Ahora fíjate en los zócalos y en las columnas, sobre todo las geminadas, que van de dos en dos. Verás también unos estípites rojos, que son esos soportes que se estrechan hacia abajo. La piedra tiene distintos tonos, y esa intervención quiso devolverle el color.
Piensa en la paradoja. Del segundo patio no sabemos con certeza ni cuándo se hizo. De sus columnas, en cambio, sabemos que hace muy poco alguien las limpió una a una. A veces conocemos mejor el último mantenimiento de una cosa que su nacimiento.
Museo y salones del Palacio de los Condes de Santa Ana
Una imprenta entre salones

Sube a la primera planta y entra en la sala principal de exposiciones. Quédate en un extremo para ver toda su longitud.
Más de doscientos cincuenta metros cuadrados. Es la sala principal del museo y, para que te hagas una idea, cabría una pista de tenis entera. Mírala bien: es la escala de una casa que se pensó a lo grande.
Pero lo que más llena esta casa no son metros, sino objetos. En dos mil diecinueve, el fondo inventariado municipal llegaba a veinticinco mil veinticinco piezas. Y todavía quedaban cosas sin contabilizar. Esa muestra de ese año, que reunió hasta noventa piezas, dependió de la generosidad de hasta dieciocho personas donantes o cedentes. La concejala Mamen Beato les dio las gracias por prestar sus tesoros para que los disfrutara todo el mundo.
Y ahora, mi historia favorita. Hacia mil ochocientos sesenta, Francisco Antonio Tenllado Mangas fundó una imprenta en Lucena. Su proyecto familiar siguió vivo, y en dos mil veintidós se abrió la sala diecinueve para contarlo. Allí hay prensas, tipos móviles y fotografías históricas. Llegaron al Ayuntamiento por iniciativa de Mariano Tenllado y José Antonio Tenllado Quirós. El alcalde Juan Pérez recordó al fundador y destacó que aquella aventura sigue presente en una sala del palacio.
Fíjate en ese giro. Una imprenta que fabricaba palabras ha acabado convertida en una de las cosas que el palacio guarda.
Y la historia sigue hacia arriba, en la segunda planta, bajo una cúpula.
Para profundizar
Sobre los dueños de la casa hay una pregunta abierta. El Ayuntamiento presenta como posible el origen judeoconverso de los Mora-Saavedra y lo relaciona con la memoria de sus antepasados y con su establecimiento en Lucena. Es una hipótesis, no una certeza, y conviene tomarla así.
Otra escena tiene que ver con la palabra escrita. En la inauguración de una exposición sobre el Siglo de Oro, el cronista Luis Fernando Palma impulsó la edición facsímil del título de ciudad de Lucena. Otra vez los papeles, igual que en la portada.
Si subes a la segunda planta, busca la sala de la cúpula. Allí se exponen piezas bajo ese techo, y la cúpula merece que levantes la vista antes de mirar las vitrinas.
El palacio, al final, es un lugar de custodia. Primero guardó una familia. Hoy guarda los trozos que muchos vecinos han querido dejar.
Escalera barroca y trampantojos del Palacio de los Condes de Santa Ana
La puerta que no se abre

Colócate al pie de la escalera principal y mira hacia arriba, hacia la bóveda.
Hay puertas en esta casa que fingen ser otra cosa. Cuando la restauradora Ana Infantes y su equipo trabajaban en la escalera, aparecieron dos trampantojos pintados sobre puertas laterales. Uno fingía un balcón con balaustrada y arquitectura al fondo. El otro simulaba una puerta. Eran ilusiones pintadas directamente sobre las puertas reales. El concejal Manuel Lara presentó el hallazgo.
Y no fue lo único. Al pie de la escalera surgió un fragmento de pintura mural al fresco. Conserva solo una pequeña parte de una figura con coraza. No sabemos quién es ni quién la pintó. Un soldado al que le ha quedado un trozo.
Ahora levanta la vista. La escalera es barroca y está coronada por una bóveda. Se atribuye por su estilo a Francisco José Guerrero y a Pedro de Mena Gutiérrez, dos de los últimos maestros lucentinos. Las yeserías de la cúpula central y de las dos laterales llevan motivos arquitectónicos y escudos nobiliarios. Y en los paños verás azulejos sevillanos del siglo dieciocho con escenas de animales.
Aquí está el giro. Esta escalera, hecha para impresionar, escondía un engaño bajo la pintura. Siglos después, alguien lo descubrió sin querer.
Y así acaba el paseo. Un capellán, una leyenda, una imprenta y una puerta falsa. Cuando salgas, mira la portada otra vez. Ya sabes qué hay detrás.
Para profundizar
Restaurar un palacio también tiene su parte menos poética. En dos mil diecisiete se presupuestaron treinta y ocho mil euros para reparaciones, entre ellas las humedades de la escalera principal.
Después de una remodelación, el paso de maquinaria pesada hundió parte del pavimento del patio. El concejal José Cantizani explicó la reparación prevista.
Ahí tienes la otra cara de un edificio con siglos: las humedades, los hundimientos y las bodas que se mudan. Un palacio no se conserva solo con admiración. Se conserva con presupuestos y paciencia.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el palacio está en Lucena. Empieza el recorrido ante la portada principal, frente a la fachada.
- Horarios y acceso: confirma horarios, días de apertura y condiciones de entrada en la web oficial del Ayuntamiento de Lucena o en la oficina de turismo antes de ir.
- Salas: algunas zonas, como la sala de la cúpula, están en plantas superiores. Consulta en la entrada qué salas están abiertas el día de tu visita.
- Calzado: lleva calzado cómodo, porque el recorrido incluye patios, escaleras y varias plantas.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Palacio de los Condes de Santa Ana
Merecen la visita la portada, los dos patios, la sala principal del museo de más de 250 m², la sala 19 dedicada a la imprenta y la escalera barroca. En ella hay azulejos sevillanos del siglo XVIII, yeserías con escudos y pinturas murales descubiertas durante una restauración.
¿Cuál es la historia del Palacio de los Condes de Santa Ana
La familia Mora-Saavedra lo promovió entre 1730 y 1750. La portada se encargó en 1728 por iniciativa de Juan de Cuenca Mora y Pacheco, clérigo capellán nacido en Lucena en 1677. Se declaró bien de interés cultural en 1982, tras un expediente iniciado en 1980.
¿Cómo llegar al Palacio de los Condes de Santa Ana en Lucena
El palacio se encuentra en Lucena. Para planificar el trayecto y el aparcamiento, consulta la oficina de turismo de la ciudad o la web oficial del Ayuntamiento. La audioguía empieza frente a la portada principal.
¿Cuál es el horario del Palacio de los Condes de Santa Ana
Los horarios pueden variar según la temporada y las exposiciones. Lo más seguro es confirmarlos en la web oficial del Ayuntamiento de Lucena o en la oficina de turismo antes de la visita.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Palacio de los Condes de Santa Ana
La audioguía tiene cuatro paradas: fachada, patios, salones y escalera. El tiempo total depende de cuánto te detengas en las salas del museo. Conviene reservar un rato holgado si quieres ver con calma las exposiciones.
¿Qué hay en la sala 19 del palacio
La sala 19 se abrió en 2022 y está dedicada a la imprenta lucentina y al legado de la familia Tenllado. Incluye prensas, tipos móviles y fotografías históricas de un proyecto familiar iniciado hacia 1860.
¿Cuántos patios tiene el Palacio de los Condes de Santa Ana
Tiene dos. El primero funcionaba como apeadero y daba acceso a las dependencias de servicio. El segundo es cuadrado y porticado, con arquerías de medio punto y columnas de mármoles. Su cronología exacta es incierta.
¿Qué son los trampantojos de la escalera
Son dos ilusiones pintadas sobre puertas laterales de la escalera principal, descubiertas durante una restauración. Una simulaba un balcón con balaustrada y arquitectura al fondo, y la otra una puerta.
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