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Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia) de Baena: audioguía y visita

Un almacén de grano levantado entre 1792 y 1795 que fue posada, cárcel y hoy es el Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia) de Baena. Esta visita recorre seis paradas, de una fachada con sillares fingidos a un patio con fecha de nacimiento. En el camino te esperan urnas pintadas de rojo, piernas de piedra ofrecidas a una divinidad y un anfiteatro que alguien vio desde su ordenador.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia) de Baena: audioguía y visita

Fachada de la Casa de la Tercia: historia del edificio

Una fachada que presume de piedra

Colócate frente a la fachada principal, con distancia suficiente para ver el zócalo de piedra y las ventanas alineadas. Más adelante te acercarás al muro.

Esos grandes sillares que parecen sostener la fachada son un truco. Desde aquí, fíjate en el zócalo: la piedra de verdad llega hasta ahí, y lo que viene encima es un trampantojo que finge sillares almohadillados. Si quieres comprobarlo, acércate al muro y sigue el zócalo con la vista. Un edificio que presumía de solidez con un poco de pintura, y hay que reconocer que le sale bien.

Lo levantaron entre mil setecientos noventa y dos y mil setecientos noventa y cinco para algo muy poco poético: guardar grano y semillas, almacenar aceite y centralizar diezmos y rentas. Fíjate en las ventanas, tantas y tan simétricas, con sus rejas. Es la fachada de quien lleva las cuentas claras.

Su primer gran giro llegó en mil ochocientos cuarenta y uno. Con la supresión de las rentas eclesiásticas, vinculada a la Desamortización de Mendizábal, el edificio perdió su función original y pasó a manos particulares.

Y un almacén de grano da para más vidas de las que parece. En el siglo veinte, la antigua tercia se adaptó como posada. Durante la Guerra Civil se usó como cárcel. El historiador Arcángel Bedmar lo recuerda con una frase sencilla: en Baena, los detenidos también eran internados en la Tercia. Entre estos muros hubo gente encerrada, y conviene saberlo antes de entrar.

Más tarde, el Ayuntamiento lo arrendó desde mil novecientos sesenta y, en mil novecientos ochenta y cuatro, lo incorporó a su patrimonio. Tras una rehabilitación en dos mil diez, el edificio entero se destinó a museo y se reinauguró en febrero de dos mil once. Lo que fue almacén, posada y cárcel guarda hoy la memoria de un pueblo.

Cruza la puerta y busca la primera sala. Allí empieza una historia anterior a esta casa y a todos sus usos.

Para profundizar

La portada está en el eje central. Es barroca, con un frontón partido, y a su alrededor las ventanas enrejadas se alinean con una disciplina casi militar.

Veinticuatro años de inquilino antes de ser propietario: del arrendamiento de mil novecientos sesenta a la incorporación de mil novecientos ochenta y cuatro. Al salir, vuelve a mirar el trampantojo con otros ojos: ya sabes cuántas veces cambió de papel el edificio que lo lleva puesto.

Sala de prehistoria e íberos: qué ver

Vasijas con muchas vidas

Vasijas con muchas vidas · Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia)

Entra en la Sala I y busca la vitrina con las urnas de motivos rojos, los cuencos y las piezas ibéricas.

¿Cuántas vidas puede tener una vasija? Acércate a esa vitrina y fíjate en las urnas. Muchas llevan motivos geométricos pintados en rojo, y a su lado hay cuencos y platos. Cacharros de cocina y de mesa, dicho a lo claro.

Y aquí viene lo bueno. Según se interpreta, esa misma tradición cerámica servía para cocinar, para almacenar y para servir, y también acompañaba los enterramientos. La vasija que iba de la despensa a la mesa podía acabar junto a un difunto.

Esta vitrina se incorporó en dos mil veintitrés, con poco más de once mil trescientos euros del Plan Córdoba quince, para mostrar piezas que antes estaban almacenadas. Además de cerámica, enseña piezas ibéricas, mapas e ilustraciones.

Ahora busca, entre las piezas ibéricas de la sala, unos exvotos de équidos tallados en piedra caliza local. Se interpretan como promesas hechas a una divinidad protectora de esos animales. Imagina a alguien, hace mucho, preocupado por su animal, que decide pagar su deuda con una figura de piedra.

Una promesa dicha se la lleva el viento. Una promesa tallada se queda.

Sigue adelante. En la sala romana hay urnas, y no todas son lo que parecen.

Para profundizar

La Sala I está dedicada a la Prehistoria y la Protohistoria, y guarda también una vitrina con fósiles de distintas eras geológicas. Es una sala para ir despacio, porque las piezas pequeñas piden tiempo.

El museo interpreta que el oferente quería que su regalo perdurase junto a la imagen o la divinidad a la que se ofrecía. Es una lectura, no un dato: nadie conserva lo que pensaba quien lo tallaba.

Un juego para el recorrido: fíjate en una urna de motivos rojos y en un cuenco, y pregúntate para qué pudo servir cada uno en una casa de entonces. Después busca los exvotos de équidos y cuéntalos tú mismo. Aquí la cifra exacta es cosa tuya.

Sala romana: columbario, copias y monedas

Originales y copias

Originales y copias · Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia)

Entra en la sala romana y busca las urnas del columbario.

En esta sala hay urnas originales y urnas copiadas, y las dos están aquí con toda honradez. Las del columbario son originales. Las copias son de urnas del llamado Mausoleo de los Pompeyos, y el museo las conserva así. Antes de emocionarte con una, conviene preguntar cuál es cuál.

¿Y ese mausoleo? Es un hipogeo romano, una tumba excavada bajo tierra, hallado en el siglo diecinueve en el entorno de Baena. Los apuntes y dibujos del sepulcro y sus hallazgos los tomó en mil ochocientos treinta y cuatro el anticuario Aureliano Fernández-Guerra. Dónde se conservan hoy las urnas originales de ese mausoleo es algo que no consta en las fuentes de esta guía; pregunta en el museo, y sabrás de dónde vienen las copias que tienes delante.

Hay otra cosa que se cuenta en números: el museo expone más de dos mil monedas, romanas y de otros periodos. Si dedicaras un segundo a cada una, tardarías más de media hora en verlas todas, y sin pestañear. Mejor ve a tu ritmo y elige tres.

Las próximas piedras vienen de una colina con un santuario, un dueño de almendros y un descubrimiento que empezó en una pantalla.

Para profundizar

Un juego para esta sala: separa con la vista las urnas del columbario, que son originales, de las copias del Mausoleo de los Pompeyos. Si dudas, pregunta. Una copia bien hecha también cuenta algo: te enseña la forma de una pieza que quizá no puedas ver en persona.

Colección de Torreparedones: exvotos y anfiteatro

Piernas de piedra y un anfiteatro bajo los almendros

Piernas de piedra y un coliseo bajo los almendros · Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia)

Ve a las vitrinas de la colección votiva procedente de Torreparedones, la del santuario meridional.

Las vitrinas que tienes delante vienen de Torreparedones, el yacimiento de donde procede una parte importante de la colección. Es el conjunto votivo del santuario meridional, hecho de exvotos de piedra. Algunos son figuras humanas completas. Otros son anatómicos, y entre ellos hay piernas. Compáralos despacio.

Y ahora, la historia que da título a la parada. En julio de dos mil dieciséis, Antonio Monterroso Checa examinaba en su ordenador imágenes LiDAR del yacimiento y detectó anomalías que apuntaban a un anfiteatro romano. Compartió lo que había visto con Carlos Márquez Moreno, catedrático de la Universidad de Córdoba, especialista en arqueología clásica y escultura romana. Márquez llevó un dossier al alcalde, Jesús Rojano, y al rector, José Carlos Gómez Villamandos. Imagina la escena: una carpeta sobre la mesa y una frase difícil de decir con cara seria. Puede haber un anfiteatro bajo unos almendros.

El dueño de la finca, Carlos León, se entusiasmó con la idea, hasta hablar de un «coliseo» bajo sus almendros, y colaboró con el equipo arqueológico. Tiene mérito alegrarse cuando te dicen que tu campo puede dar tanto trabajo.

¿Y qué se sabe hoy? La excavación documentó una planta elíptica de unos sesenta y siete por sesenta y cuatro metros. De ahí el término técnico, anfiteatro romano, mejor que «coliseo», que sugiere un gigante como el de Roma. Lo que no encontrarás en esta sala es el anfiteatro: lo que ves aquí son los exvotos del santuario, no piezas de aquel edificio.

Para entender cómo un pueblo reunió todo esto, pasa a la sala siguiente. Allí verás cómo se formaron los fondos del museo.

Para profundizar

El nombre de la divinidad del santuario tampoco es sencillo. Una crónica local recoge su identificación con Dea Caelestis y su asociación posterior con Juno Lucina. Es una interpretación, así que déjala como pregunta abierta: ¿a quién rezaban?

Y un par de fechas para ubicarte. El yacimiento de Torreparedones fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, por el Decreto doscientos sesenta y seis de dos mil siete. El museo abrió en mil novecientos noventa y nueve, en la primera planta de la Casa de la Tercia, y se registró oficialmente como museo andaluz mediante una orden del siete de febrero de dos mil. Tras la rehabilitación de dos mil diez pasó a ocupar todo el edificio y se reinauguró en febrero de dos mil once: dos etapas del mismo museo.

Sala medieval: de la cruz de Izcar a las donaciones vecinales

La cruz de Izcar y los cajones de los vecinos

La cruz de Izcar y los cajones de los vecinos · Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia)

Colócate en la sala medieval, ante las vitrinas de la época hispanovisigoda y andalusí.

¿De quién era la cruz de bronce que apareció en una tumba de Izcar a finales de mil novecientos uno? Un estudio atribuye esa tumba, con mucha cautela, a un religioso hispanorromano. Con cautela, repito: es una hipótesis, no una certeza.

Eso es lo bueno de esta sala, que pasa de pequeñas certezas a grandes preguntas. Y hay otra pregunta menos evidente: de dónde salió todo esto.

Entre mil novecientos ochenta y siete y mil novecientos noventa y dos, Barry W. Cunliffe y M. Cruz Fernández dirigieron las campañas arqueológicas en Torreparedones, y de ahí nació en parte el museo. Pero las excavaciones no lo explican todo. Vecinos y particulares aportaron donaciones y depósitos para formar los fondos. Durante el montaje se inventariaron más de mil seiscientas piezas.

Es decir, parte de lo que ves llegó de la casa de algún vecino, que decidió que aquello debía estar en un museo y no en un cajón. Un pueblo que se regala su propia memoria.

Y ahora sal al patio. El edificio también quiere enseñarte sus cicatrices.

Para profundizar

La exposición permanente se distribuye hoy en tres plantas, pero el detalle de esta sala procede de una descripción de dos mil uno, anterior a la rehabilitación, y puede haber cambiado. Entonces, la parte hispanovisigoda incluía jarras funerarias, elementos arquitectónicos decorados y broches de cinturón. La colección andalusí reunía cerámicas, candiles, una jarra de cobre y dedales.

Compara los dos mundos con la vista. Por un lado, objetos ligados a los enterramientos y al adorno. Por otro, objetos de casa: la luz de un candil, la costura de un dedal. Si echas en falta alguna pieza, pregunta por ella.

Patio de la Casa de la Tercia: inscripción y galerías

El patio donde todo empezó a cambiar

El patio donde todo empezó a cambiar · Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia)

Colócate en el centro del patio, de cara a la pared frontal, con las galerías a ambos lados.

Alza la vista. La planta principal se organiza alrededor de este patio y dibuja una U. El edificio tiene tres plantas. Mira las galerías porticadas de los flancos y busca el trampantojo pintado que simula elementos arquitectónicos: es el mismo truco de la fachada, pero aquí lo tienes más cerca.

Ahora ve a la pared frontal. Hay una inscripción que indica el año en que se terminó la obra. Léela en voz alta. Es el certificado de nacimiento de la casa.

Una casa nunca está acabada. Durante la intervención arqueológica de la rehabilitación, Francisca Casado Trenas y José Manuel Torres Carbonell documentaron refacciones sucesivas desde la construcción, en mil setecientos noventa y cinco, y una zona de almacenamiento de tinajas bajo el edificio. Grano, aceite, rentas: este espacio trabajó mucho antes de enseñar nada.

Hoy es un lugar donde se viene a mirar. Pocas casas pueden presumir de tantas vidas, y casi todas las ha tenido sin pedir permiso a nadie.

Cuando salgas, mira otra vez la fachada y pregúntate cuál será la próxima vida de este edificio.

Para profundizar

Una tercia estaba ligada al cobro de diezmos y rentas, y por eso este edificio tuvo en su origen un carácter fiscal. Hay un contraste fuerte entre ese origen y lo que vino después: posada, cárcel y, por fin, museo.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Museo Histórico y Arqueológico Municipal (Casa de la Tercia) de Baena

Empieza por la fachada, con su trampantojo de sillares. Dentro, la Sala I de prehistoria e íberos, la sala romana con columbario y más de 2.000 monedas, la colección de Torreparedones con sus exvotos y la sala medieval. Termina en el patio, con galerías porticadas e inscripción.

¿Cuál es la historia de la Casa de la Tercia

Se construyó entre 1792 y 1795 para almacenar grano, semillas y aceite y centralizar diezmos y rentas. En 1841, con la supresión de las rentas eclesiásticas, perdió esa función y pasó a manos particulares. Fue posada y, en la Guerra Civil, cárcel. El Ayuntamiento la arrendó desde 1960 y la incorporó a su patrimonio en 1984. Tras la rehabilitación de 2010, se reinauguró como museo en febrero de 2011.

¿Cómo llegar a la Casa de la Tercia

El punto de inicio es la fachada de la Casa de la Tercia, en el municipio de Baena. Para conocer la dirección exacta y la mejor forma de llegar, consulta la oficina de turismo o la web oficial del Ayuntamiento antes de salir.

¿Cuál es el horario de visita del museo

Los horarios pueden variar según la temporada y los días festivos, y esta guía no los fija. Para evitarte una puerta cerrada, consulta el horario actualizado en la web oficial del Ayuntamiento de Baena o pregunta en la oficina de turismo antes de planificar tu visita.

¿Cuánto se tarda en visitar el museo

Depende del ritmo. La audioguía recorre seis paradas, de la fachada al patio. No hay una duración oficial establecida en la información disponible, así que reserva tiempo con holgura. Confirma en el museo si alguna sala está cerrada o ha cambiado su montaje.

¿Cuánto cuestan las entradas

El precio de las entradas, y si hay tarifas reducidas o días gratuitos, no figura en esta guía. Consulta la web oficial del Ayuntamiento de Baena o la oficina de turismo para conocer las condiciones vigentes antes de tu visita.

¿Cuándo abrió el museo y qué es Torreparedones

El museo abrió en 1999 en la primera planta de la Casa de la Tercia y se registró como museo andaluz mediante una orden del 7 de febrero de 2000. Tras la rehabilitación de 2010 ocupó todo el edificio y se reinauguró en febrero de 2011. Torreparedones es el yacimiento de donde procede una parte importante de la colección; fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, por el Decreto 266/2007.

¿Qué se sabe del anfiteatro de Torreparedones

Lo detectó Antonio Monterroso Checa en imágenes LiDAR en julio de 2016. La excavación documentó una planta elíptica de unos 67 por 64 metros. En el museo no hay piezas del anfiteatro: se exponen los exvotos del santuario del mismo yacimiento.

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