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Alcazaba de Palma del Río: audioguía de la muralla almohade

Una puerta que dejó de hacer esquinas, una torre cuyo nombre todavía se discute y un arco que, según la tradición, ardió durante un asedio. Esta audioguía de la Alcazaba de Palma del Río te lleva en cinco paradas por la muralla almohade y te enseña a distinguir lo medieval de lo reconstruido.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Alcazaba de Palma del Río: audioguía de la muralla almohade

Puerta del Sol y balcón plateresco de Palma del Río

La puerta que dejó de hacer esquinas

Colócate en la Plaza Mayor de Andalucía, frente a la Puerta del Sol, y levanta la vista hacia el balcón que corona la torre.

¿Qué pinta un balcón de palacio encima de la puerta de una muralla? Es lo primero que salta a la vista desde aquí. Sobre la torre de la Puerta del Sol, el acceso oriental de la cerca, hay un balcón plateresco con aire de salón. La explicación es un cambio de oficio.

Al principio, entrar por aquí era un pequeño laberinto. La entrada almohade original se hacía en recodo: dos puertas en ángulo recto, una tras otra. Quizá la idea era tan sencilla como astuta. Quien tiene que doblar una esquina para entrar no puede embestir en línea recta.

A comienzos del siglo dieciséis, alguien pensó que ya estaba bien de esquinas. Se abrió esta entrada directa, el arco que tienes delante, y el viejo recorrido quedó alterado. Si el paso está abierto, crúzalo y fíjate: vas recto, sin girar. Es justo lo que los primeros constructores querían impedir. Se cambió un poco de defensa por un poco de comodidad, un trato que los humanos hacemos a menudo.

Arriba pasó algo parecido. La planta alta de la torre se convirtió en una dependencia del palacio de los Portocarrero. Pasó de puesto de guerra a habitación con vistas. Por eso no estás ante una estancia defensiva intacta, sino ante una torre que se mudó de la muralla a la casa.

El último giro llegó en dos mil veintitrés. Al limpiar el balcón durante su restauración aparecieron restos de policromía. Este balcón, en su día, tuvo color.

Ahora entra. Dentro te espera una torre que nadie sabe del todo cómo llamar.

Para profundizar

Lo que ves hoy es fruto de dos rescates recientes. El primero se dio a conocer en dos mil nueve, con la restauración del interior de la puerta. Hubo que demoler una cochera que tenía adosada y reabrir un acceso tapiado. Al abrirlo volvió a aparecer un arco de herradura. A veces la historia espera detrás de un garaje. La restauradora Mariló Cardo Pacheco documentó los restos conservados con un objetivo concreto: devolver a la puerta el aspecto que debió de tener en el siglo dieciséis.

El segundo rescate, presentado en dos mil veintitrés, se ocupó de la torre y del balcón. Participaron Enrique Moreno de la Cova y Cristina Ybarra, junto al arquitecto César Egea y la restauradora Virginia Cabrera.

Todo esto está protegido. El recinto histórico es Bien de Interés Cultural, y la muralla y sus accesos forman parte del conjunto.

Un último apunte. Quizá te hayan contado la historia del asedio de mil cuatrocientos ochenta y tres y de Luis Fernández Portocarrero. Es una gran historia, pero no ocurrió en esta puerta. Pertenece a la del norte, el Arquito Quemado, así que la guardamos para cuando lleguemos allí.

Mesa de San Pedro, ¿la Torre del Homenaje de la alcazaba?

La Mesa de San Pedro: una torre en busca de nombre

Restos de la Mesa de San Pedro en la Alcazaba de Palma del Río

En la explanada de la alcazaba, busca el sector señalado como Mesa de San Pedro y ponte frente a sus restos.

El ocho de marzo de mil trescientos trece, este rincón hizo de sala de reuniones. Una placa recuerda que aquel día se juntaron en la alcazaba representantes de concejos de varias ciudades andaluzas. Acordaron defender sus tierras, y también el mar. Para hablar de defensa, cuesta imaginar un sitio más convincente que una fortaleza.

Delante tienes los restos del torreón más destacado del recinto, al que llaman Mesa de San Pedro. La descripción oficial habla de una fortaleza con cuatro torreones y un quinto, mayor, identificado como torre albarrana. Hasta la etiqueta de la alcazaba baila: unas veces se la llama almorávide y otras almohade.

Y aquí viene lo bueno. Hay quien presenta estos restos como la Torre del Homenaje. Puede que lo fuera, pero no se conserva una torre completa que permita afirmarlo sin reservas, y otros la siguen llamando albarrana. El nombre depende de a quién le preguntes, y hasta hoy ningún hallazgo ha cerrado la discusión.

Ahora mira lo que pisas. Estás más alto de lo que crees. En el siglo veinte esta zona se usó como gravera, y el recinto sufrió daños. Después se rellenó con escombros. La plataforma quedó unos tres metros por encima de la calle Rioseco, más o menos la altura de un primer piso. Literalmente, caminas sobre un relleno.

Sal ahora hacia la muralla, que también guarda alguna sorpresa sobre su edad.

Para profundizar

La explanada se abrió al público en dos mil quince. Al preparar el jardín arqueológico surgió un problema muy práctico: no había restos propios disponibles para mostrar. La solución fue traer piezas de yacimientos del municipio y de zonas próximas. Las verás de cerca en la última parada.

El objetivo declarado para estas ruinas tampoco es levantar una torre nueva. Se trata de hacer legibles sus partes, como las torres, las puertas y las líneas de muro, sin presentar una reconstrucción imaginada como si fuera original. Una ruina honesta, por así decirlo.

Lienzo de la muralla almohade de Palma del Río

Dos metros de muro y una fecha con dos versiones

Lienzo de la muralla de la Alcazaba de Palma del Río

Sitúate en la calle Muralla, con el lienzo a tu lado, y prepárate para caminar junto a él hacia Río Seco.

Dos metros. Ese es el grosor de esta cerca, más o menos lo que mide una cama de matrimonio de punta a punta. De alto tiene entre seis y ocho metros, como un edificio de dos o tres plantas. Así se la describió cuando se protegió en dos mil dos, con once torreones y, en lo alto, un adarve almenado.

¿Qué lleva a alguien a levantar algo así? Aquí entran en escena unos visitantes que no eran de por aquí. En mil ciento setenta y tres, las milicias de Ávila hicieron una incursión por estas tierras. Algunos historiadores creen, con prudencia, que aquel susto pudo empujar a construir o renovar las defensas. Pocas cosas motivan tanto como una visita inesperada.

Ahora llega el giro. No todo lo que ves es fábrica medieval intacta, porque tras la conquista cristiana se rehízo gran parte de los lienzos. Y hasta la fecha de esa conquista tiene dos versiones. Unos la sitúan en mil doscientos treinta y uno. Otros la llevan a mil doscientos cuarenta y uno. Son diez años de diferencia, y por ahora nadie ha zanjado la cuestión.

Camina siguiendo el muro desde la calle Muralla hacia Río Seco y compara los tramos. Hacia el suroeste quedan muy pocos restos. Es el lado más expuesto a las crecidas del Genil. Quizá ningún ejército fue tan tenaz como el agua.

Al final de la calle Muralla te espera una torre con olor a humo.

Para profundizar

Mientras caminas, conviene saber qué es cada cosa. Gran parte del muro que tienes al lado se rehízo después de la conquista cristiana, así que puede ser más joven de lo que aparenta. Lo que encontrarás dentro, en la explanada, tampoco salió de este suelo. Es un conjunto de piezas traídas de otros yacimientos: ruedas de molino, una tumba en cista, balas de catapulta y fragmentos arquitectónicos.

Esa explanada tiene, además, una pequeña historia de paciencia. Durante las obras de acondicionamiento de dos mil quince, una intervención arqueológica retrasó un mes el plazo previsto. El Ayuntamiento explicó que hacía falta estudiar el espacio antes de continuar. Un mes para mirar bajo tierra antes de poner el suelo nuevo no parece mal negocio.

Quédate con la cifra de los once torreones. En la siguiente parada verás que contar torres no ha sido tan fácil como parece.

Torres almenadas y Arquito Quemado: la leyenda de 1483

Arquito Quemado: la torre que dio nombre al fuego

Torre del Arquito Quemado en la Alcazaba de Palma del Río

Al final de la calle Muralla, ponte frente a la torre poligonal del Arquito Quemado y mira hacia lo alto de la puerta.

¿Cómo se gana una puerta el nombre de Arquito Quemado? Cuenta la tradición que en mil cuatrocientos ochenta y tres hubo un intento de tomar Palma. Al frente de los defensores estaba Luis Fernández Portocarrero. Los atacantes prendieron fuego a esta puerta, la del norte, pero el ataque fue rechazado. Y la puerta, según el relato, se quedó con el nombre.

La historia continúa con una mujer. Dicen que Francisca Manríquez, esposa de Luis, mandó colocar en la torre una imagen de la Virgen de las Angustias después de la victoria.

Ahora levanta la vista. Esta torre poligonal incorpora la antigua puerta en recodo, el mismo truco de las dos puertas en ángulo que viste al principio. Busca el matacán que asoma sobre la entrada, el arco con el alfiz que lo enmarca y las almenas de coronación. Ten en cuenta que matacán, arco y alfiz son restaurados.

A lo largo del frente conservado se cuentan once torres. Los lienzos son de tapial, con algunos refuerzos de ladrillo. Mira cómo las torres sobresalen del muro. La defensa no dependía solo de la altura, sino también de cómo se entraba.

El giro está en la cuenta. El historiador Ramírez y las Casas-Deza contó doce torres. Hoy se sabe que son once. Hasta a los eruditos se les cuela una torre de más.

Queda una última parada, dentro del recinto, en un jardín lleno de piezas que vinieron de fuera.

Para profundizar

Las torres rectangulares son más rotundas de lo que parecen desde abajo. Algunas superan los cinco metros de anchura y los cuatro de grosor, aunque la altura que conservan varía mucho de una a otra. Cuando se protegió el recinto se describieron como torreones macizos de planta cuadrada. Se alzaban sobre el muro aproximadamente un tercio de su altura y remataban en almenas.

Esas almenas son, precisamente, motivo de debate. En dos mil veinticinco se aprobó, con condiciones, un proyecto para consolidar el torreón tres y un lienzo junto al Palacio Portocarrero. La Junta exigió un análisis arqueológico y descartó reconstruir almenas sin justificarlo. La Comisión pidió además que la forma final del remate se decidiera durante las obras, según lo que mostrara la arqueología, y no de forma automática. Tras la restauración de dos mil quince, el Ayuntamiento encargó las visitas guiadas a dos palmeñas, Cristina Fernández y Ana Belén Algarrada. Fue la muralla contada por gente del pueblo.

Explanada interior de la Alcazaba de Palma del Río

La explanada: un jardín de piezas prestadas

Explanada interior y piezas arqueológicas de la Alcazaba de Palma del Río

Vuelve a la explanada interior y colócate en la zona ajardinada, junto al muro nuevo y el acceso en recodo, con los estanques a la vista.

Aquí tienes una tumba, unas ruedas de molino, balas de catapulta y fragmentos de mosaicos, todo a la vista en un jardín. Ninguna de estas piezas apareció aquí. Las trajeron de yacimientos de Palma del Río y de zonas próximas.

¿Por qué traer de fuera lo que esperarías encontrar dentro? Porque de la alcazaba original casi no queda nada, apenas unos pocos restos en el extremo noroeste del recinto. Cuando en dos mil quince se acondicionó esta explanada, el equipo técnico no tenía restos propios que mostrar y optó por una colección prestada. La obra costó algo más de trescientos cinco mil euros y se cofinanció con fondos europeos.

Los estanques, el pavimento prefabricado y la jardinería que te rodean también son de entonces, de dos mil quince. La alcazaba medieval no tenía nada de esto.

Antes de todo eso, alguien miró bajo la tierra. En dos mil seis, la arqueóloga María Reyes Lopera Delgado dirigió una actividad que analizó el perímetro de la planta del antiguo castillo, antes de que se preparase el proyecto para este espacio.

El giro final afecta a la historia más famosa del lugar. El asedio de mil cuatrocientos ochenta y tres y el incendio de la puerta los dejó por escrito el cronista Ambrosio de Torres en mil setecientos setenta y cuatro, casi tres siglos después. Es un relato heredado, no el de un testigo.

Así que esta explanada es un lugar de memoria hecho con piezas que vinieron de fuera e historias que llegaron tarde. Y alrededor, todavía en pie, sigue la muralla.

Para profundizar

Este recinto es más antiguo que su alcazaba. La fortificación tiene origen altomedieval. Más tarde, los almohades reforzaron el recinto y construyeron la alcazaba. La plaza fue conquistada en mil doscientos treinta y uno, aunque, como viste en la muralla, hay quien retrasa esa fecha diez años.

En dos mil dos, el recinto amurallado fue declarado Bien de Interés Cultural como conjunto histórico. El acuerdo del Consejo de Gobierno lleva fecha del dos de abril.

Hay un nombre que conviene usar con cuidado. Su nombre es explanada interior.

Antes de irte, busca entre las piezas la tumba en cista, las ruedas de molino y las balas de catapulta, y piensa en el viaje que hicieron hasta aquí. No pertenecen a esta alcazaba, pero proceden de la tierra que la rodea. Al final, esa es la historia del lugar: un recinto que se ha rehecho, reutilizado y discutido durante siglos, y que sigue dando que hablar.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Palma del Río

En el recinto amurallado de Palma del Río destacan la Puerta del Sol, con su balcón plateresco sobre la Plaza Mayor de Andalucía, y los restos de la Mesa de San Pedro. También merecen la visita el lienzo de muralla de tapial con 11 torres, la torre del Arquito Quemado y la explanada interior, abierta al público en 2015.

¿Cómo llegar a la Alcazaba de Palma del Río

El punto de partida es la Plaza Mayor de Andalucía, frente a la Puerta del Sol, que es el acceso oriental de la muralla. Desde allí se entra al recinto. Para ver el lienzo y la torre del Arquito Quemado hay que seguir la calle Muralla hasta su final, en dirección a Río Seco.

¿Cuál es el horario de visita de la Alcazaba de Palma del Río

Conviene consultar los horarios de acceso a la explanada interior en la web oficial del Ayuntamiento de Palma del Río o en la oficina de turismo antes de ir. La fachada de la Puerta del Sol se contempla desde la Plaza Mayor de Andalucía, y un tramo de la muralla es visible desde la calle Muralla.

¿Cuánto se tarda en visitar la Alcazaba de Palma del Río

La audioguía recorre 5 paradas: la Puerta del Sol, la Mesa de San Pedro, el lienzo de muralla, las torres del Arquito Quemado y la explanada interior. La duración depende de tu ritmo y de si completas el paseo por la calle Muralla, que añade un tramo exterior junto al lienzo.

¿Cuál es la historia de la Alcazaba de Palma del Río

La fortificación tiene origen altomedieval. Los almohades reforzaron el recinto y construyeron la alcazaba. La plaza pasó a manos cristianas en 1231, aunque otra datación propone 1241. En 1313 acogió una reunión de concejos andaluces, y en 2002 el recinto amurallado fue declarado Bien de Interés Cultural.

¿Son originales las piezas de la explanada

No. Las ruedas de molino, la tumba en cista, las balas de catapulta y los fragmentos expuestos se trajeron de otros yacimientos de Palma del Río y su entorno. Se colocaron al acondicionar la explanada en 2015, porque no había restos propios de la alcazaba que mostrar. Estanques, pavimento y jardín también son de esa obra.

¿Qué es el Arquito Quemado

Es la antigua Puerta Norte, una torre poligonal situada al final de la calle Muralla. La tradición local cuenta que en 1483 los atacantes le prendieron fuego y que los defensores, dirigidos por Luis Fernández Portocarrero, rechazaron el asalto. El cronista Ambrosio de Torres recogió el relato en 1774.

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