Ermita de Nuestra Señora de la Aurora en Lucena: historia y qué ver
Una ermita nacida de una ronda nocturna de muchachos con un rosario, que sobrevivió a un obispo desconfiado y a una caja casi vacía. Cuatro paradas en un solo templo para entender cómo se levantó, qué se añadió después, qué guarda en su cabecera y qué apareció bajo cinco capas de pintura.

Historia de la ermita de la Aurora: origen en la calle Abad Serrano
Unos muchachos, un rosario y un solar
Colócate frente a la puerta de la ermita, en la calle Abad Serrano, entre los números nueve y once, mirando a la fachada.
Todo empezó, si hacemos caso al cronista, como una travesura piadosa. Unos muchachos de Lucena salían de noche con un rosario, y al principio lo hacían más por diversión que por otra cosa. Qué cosa tan humana: empezar por pasar el rato y acabar levantando un templo.
Pero aquellos jóvenes fueron constantes. Tanto, que unos vecinos mayores propusieron convertir el grupo en una hermandad. En el primer cabildo eligieron hermano mayor a José Antonio Suárez. Ya tenían una imagen, pero les faltaba casa. Pidieron colocarla en el altar del hospital de Santa Lucía y no hubo manera, porque ese altar estaba reservado a su titular.
Así que tocó construir. Fíjate en la fachada que tienes delante. Existe porque dos propietarios cedieron el solar, y con una condición muy de vecino: poder asomarse desde sus casas, por medio de tribunas, para presenciar el culto. Misa sin salir de casa.
Aquí conviene ordenar las fechas, porque las fuentes no coinciden. El cronista Ramírez de Arellano, en el siglo diecinueve, cuenta que los solares se donaron en mil setecientos dieciocho, que las obras empezaron el diez de febrero de mil setecientos veinte y que el templo se terminó el diecisiete de marzo de mil setecientos veinticinco. La página de la cofradía, en cambio, habla de obras desde mil setecientos catorce y de bendición a finales de noviembre de mil setecientos quince.
¿Con cuál quedarnos? Esta guía sigue la crónica. Más adelante verás que el obispo que se negó a bendecir la ermita ocupó la sede de Córdoba entre mil setecientos diecisiete y mil setecientos treinta y uno, y eso no encaja con una bendición en mil setecientos quince.
Para profundizar
El cronista guarda cifras con aroma de contabilidad. El solar donado fue tasado en novecientos veintiséis reales. Y su relato habla de siete años, un mes y siete días de obras. Ese cómputo no cuadra con el inicio de mil setecientos veinte: solo sale contando desde la donación de los solares, y la propia crónica deja entre una cosa y otra dos años. Es un buen recordatorio de que estas cuentas antiguas hay que leerlas con calma.
También conserva un episodio pequeño y precioso. Cuando faltaban cuatro reales para pagar los jornales, apareció una donante anónima y dejó una peseta. El cronista lo cuenta como lo que fue, un episodio, sin milagros de por medio. Nadie sabe su nombre, y sin embargo aquellos jornales se pagaron.
Nave, cúpula y pechinas: qué ver en la Ermita de la Aurora
Doscientos cincuenta reales y un obispo desconfiado

Entra y avanza por la nave hasta el tramo de la cúpula. Desde allí, levanta la vista hacia las esquinas.
Imagina abrir una obra con doscientos cincuenta reales en la caja. Eso, según el cronista, tenía el depositario cuando empezaron los trabajos. La obra estaba presupuestada en cincuenta mil reales, y el gasto final fue de treinta y cinco mil doscientos treinta y seis: catorce mil setecientos sesenta y cuatro reales menos de lo previsto. Se empezó casi sin nada y se terminó por debajo de la estimación.
Salió con ingenio. Una parte del dinero llegó de una función dramática organizada por aficionados de la localidad. Y el cronista atribuye un papel destacado en la financiación y la organización al hermano mayor.
Ahora fíjate en el espacio que pisas. La planta es rectangular y tiene cinco tramos; los dos últimos corresponden a la cúpula y al presbiterio. La nave te va llevando, tramo a tramo, hacia la cabecera. Mira hacia arriba, a las esquinas donde la cúpula se apoya. Esas piezas se llaman pechinas, y están decoradas con yeserías de motivos vegetales y con blasones de José de Arjona y Hurtado, que figura como patrono de la capilla. La fuente consultada no dice de qué año son esas yeserías, así que no sabemos si pertenecen a la primera obra o a reformas posteriores.
Y el giro. Con el edificio ya levantado, el obispo Marcelino Siuri se negó a bendecirlo. No dudaba de la devoción, sino de la cartera: temía que no hubiera recursos para mantener la ermita. Los cofrades respondieron como responde quien ha construido con doscientos cincuenta reales: asumieron por escrito el compromiso de repararla.
Con esa promesa firmada, la bendición se celebró, según la crónica, el diez de septiembre de mil setecientos veinticinco. Un papel sostuvo lo que la piedra aún no había podido demostrar.
Para profundizar
Lo que ves en la cabecera no es de la primera obra. El camarín, ese pequeño ábside circular donde se entroniza a la titular, se realizó entre mil setecientos cincuenta y seis y mil setecientos cincuenta y nueve, más de treinta años después de la bendición. Es decir, la ermita siguió embelleciéndose mucho después de terminada.
La descripción patrimonial relaciona el estilo del camarín con Pedro de Mena y Gutiérrez. Ojo con el nombre: no es el célebre escultor granadino Pedro de Mena, que vivió de mil seiscientos veintiocho a mil seiscientos ochenta y ocho. Este Mena y Gutiérrez fue un escultor y retablista lucentino del siglo dieciocho, activo desde al menos mil setecientos cuarenta y tres, y su intervención en el Sagrario de Lucena se sitúa a partir de mil setecientos cincuenta y nueve. Nada que ver, pues, con los años de la construcción. Es una interpretación de estilo, no una firma en un contrato: una pista que invita a comparar con los ojos.
Retablo mayor, camarín y restauración de la Virgen de la Aurora
Retablo mayor, camarín y la Virgen de la Aurora

Sitúate ante el retablo mayor, en la cabecera, con la imagen de la Virgen frente a ti.
Estás ante lo más delicado del templo. En el camarín, alrededor de la Virgen, verás rocallas, espejos, estípites y cabezas de angelotes, todo en el gusto rococó. El retablo mayor se terminó en mil setecientos cincuenta y nueve. Una ficha patrimonial lo atribuye a Francisco José Guerrero; la página de la cofradía, en cambio, atribuye a Pedro de Mena y Gutiérrez tanto el retablo principal como el camarín. Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre el retablo; lo que sí apunta a Mena es el estilo del camarín.
La imagen titular se atribuye, con cautela, a José de Medina y se fecha entre mil setecientos cincuenta y seis y mil setecientos cincuenta y nueve: nació, pues, a la vez que el camarín que la acoge.
Y tiene un nombre elegido con intención. Aurora remite al rosario de la aurora, el que se rezaba al alba, justo lo que hacían aquellos muchachos que salían de noche. Además, el nombre ayudó a distinguirla de otra Virgen del Rosario, la conocida como la Dorada, venerada en San Pedro Mártir.
Aquella devoción tuvo antes otra imagen. Fue un lienzo de Leonardo Antonio de Castro Hurtado, colocado en una hornacina de una casa de la calle Catalina Marín. Hoy se conserva en la ermita, en el retablo del lado izquierdo. No es la imagen que tienes delante: aquella es una pintura; esta, una escultura.
Y la tradición no se ha quedado en el papel. La cofradía mantiene la costumbre de los campanilleros: en las vísperas de la fiesta salen a medianoche por la ciudad cantando coplas y convocando al Rosario. Es la herencia directa de aquellos muchachos del rosario nocturno. La fuente documenta esta salida festiva, no salidas diarias.
Para profundizar
En dos mil veinticinco, Manuel Espejo Mármol y Miguel Sánchez Jiménez restauraron la imagen titular. Levantaron una capa de pintura y debajo había otra: hasta cinco capas de repintes cubrían la policromía de los querubines. Recuperaron además el estofado del manto y de la nube, y la luminosidad del rostro, que cera y barnices oxidados habían velado.
El trabajo tuvo su aire de investigación detectivesca: radiografías, endoscopias, luz ultravioleta y catas para detectar alteraciones que no se veían a simple vista. El Ayuntamiento concedió una subvención de cinco mil noventa y cinco euros para restaurar la imagen, que no cubrió el coste total. La restauración no la hizo el Ayuntamiento: la ayuda fue para la cofradía.
Despídete de la titular fijándote en los detalles de su policromía. Ahora se ven como hace mucho que no se veían.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está en la calle Abad Serrano, números 9 y 11, en Lucena.
- Horarios y acceso: confirma los horarios de apertura en la web oficial de la cofradía o en la oficina de turismo de Lucena antes de ir.
- Culto: es un templo en uso y sede de una cofradía, así que conviene visitarlo en silencio y con respeto.
- Para mirar con calma: la cúpula y el camarín tienen mucho detalle. Si puedes, lleva la vista despacio de arriba abajo.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Ermita de Nuestra Señora de la Aurora
Merece la pena la fachada de la calle Abad Serrano, la nave con su cúpula y sus pechinas con yeserías vegetales y blasones, y la cabecera. Allí están el retablo mayor, el camarín rococó de 1756-1759 y la imagen titular, atribuida a José de Medina y restaurada en 2025.
¿Cómo llegar a Ermita de Nuestra Señora de la Aurora en Lucena
La ermita está en la calle Abad Serrano, números 9 y 11, en Lucena. Es también el domicilio de la cofradía. Para organizar la visita, lo mejor es consultar la oficina de turismo de la localidad o la web oficial de la cofradía.
¿Cuándo se construyó la ermita de la Aurora
Según la crónica de Ramírez de Arellano, las obras empezaron el 10 de febrero de 1720 y terminaron el 17 de marzo de 1725; la bendición fue el 10 de septiembre de 1725. La web de la cofradía da otras fechas (obras desde 1714 y bendición en noviembre de 1715), que no encajan con el obispo Siuri, en la sede de Córdoba entre 1717 y 1731.
¿Qué significa el nombre de la Aurora
Remite al rosario de la aurora, el rezo rosariano al alba. También sirvió para distinguir esta imagen de la Virgen del Rosario «la Dorada» de San Pedro Mártir.
¿Qué son los campanilleros de la Aurora
Es la tradición que mantiene la cofradía: en las vísperas de la fiesta salen a medianoche por Lucena cantando coplas y convocando al Rosario. Continúa la ronda nocturna de los muchachos con la que nació la ermita.
¿Quién hizo la imagen y el camarín de la Virgen de la Aurora
La imagen se atribuye a José de Medina (1756-1759). El estilo del camarín apunta a Pedro de Mena y Gutiérrez, escultor lucentino del siglo XVIII, no el granadino Pedro de Mena. La autoría del retablo mayor se discute entre Francisco José Guerrero y Mena y Gutiérrez.
¿Qué se descubrió en la restauración de la Virgen de la Aurora
En 2025, Manuel Espejo Mármol y Miguel Sánchez Jiménez hallaron hasta cinco capas de repintes sobre la policromía de los querubines y recuperaron el estofado del manto y la nube. El Ayuntamiento subvencionó la restauración con 5.095 euros.
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