Ermita de la Soledad Villafranca de Córdoba: audioguía y qué ver
Una ermita pequeña, una piedra con un orificio en el centro y una historia que ha pasado por el ganado, la peste, el Descendimiento y un colegio. Esta audioguía recorre en tres paradas el atrio, los muros exteriores y el interior de uno de los rincones con más memoria de Villafranca de Córdoba.

Atrio y piedra del Descendimiento de la Ermita de la Soledad
La piedra con agujero
Colócate en el atrio, frente a la puerta de la ermita, y busca a ras de suelo una piedra cilíndrica junto a la entrada.
¿Para qué querrías un agujero en mitad de una piedra? Aquí tenían una respuesta muy concreta. Junto a la puerta, en el atrio, busca una piedra cilíndrica de molinaza, con un orificio en el centro. En Semana Santa colocaban sobre ella un crucificado, y la cruz encajaba justo en ese hueco. Una pieza sencilla que sostenía una ceremonia entera. Si no la ves a la primera, fíjate en el punto de la entrada donde se encajaba la cruz, y ten en cuenta que el acceso al recinto escolar puede requerir autorización.
Ahora mira el edificio que tienes delante, porque nadie sabe con certeza cuándo empezó. Se ha propuesto el siglo catorce y también la segunda mitad del quince. Esta segunda hipótesis la vincula con San Benito y con Alonso Pacheco, comendador de Calatrava, a quien la tradición atribuye la fundación.
Y aquí viene lo bueno. Tras un periodo de abandono, el recinto habría servido de refugio para el ganado. Un lugar pensado para el silencio, con animales dentro. Para impulsar su reparación se impuso una multa de quinientos maravedíes. Hay que reconocer que, como método para animar a unas obras, tiene una claridad admirable.
Dejamos el atrio con la piedra a la espalda. Los muros exteriores guardan otra historia, y esa es mucho más seria.
Para profundizar
La historia del edificio tiene capas. Cuando se dio por terminado, en mil quinientos nueve, las imágenes vinculadas a la Orden no se mudaron a él: hasta entonces permanecieron en la parroquia. Es decir, hubo un tiempo en que el templo ya estaba levantado y sus imágenes seguían en otro sitio.
Más tarde, en mil quinientos setenta y tres, la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Nombre de Jesús hizo reformas. Con ellas se consolidó la advocación que hoy da nombre a la ermita.
Y hay una página sobria. Durante la epidemia de peste de mil seiscientos tres, el suelo de la ermita sirvió para enterrar a víctimas. Cerca estaba una antigua enfermería, en la calle Cantareros, y esa cercanía explica que el templo acabara acogiendo a quienes no pudieron salvarse. Quizá conviene pensarlo despacio al pisar este atrio: un lugar de oración fue también refugio para los últimos días de mucha gente.
Exterior de la ermita: contrafuertes, espadaña y memoria de las procesiones
Los muros que recuerdan

Rodea el edificio y sitúate donde puedas recorrer con la vista los muros laterales y alzar la mirada hacia la espadaña.
El Viernes Santo de mil novecientos treinta y cinco, un cortejo salió a la calle y volvió a casa sin terminar su camino. Era el Santo Entierro. Al pasar por Cantareros lo apedrearon, y quienes lo organizaban decidieron regresar sin completar el itinerario.
Con ese recuerdo en la cabeza, recorre ahora con la mirada los muros. Los contrafuertes laterales marcan el perfil del edificio, y el volumen del presbiterio le da su silueta. Más arriba, sobre el muro de la Epístola, busca la espadaña, la parte más vertical de toda la ermita. Su visibilidad puede depender del acceso al recinto escolar.
Pero lo que la memoria local guarda de aquel día tiene un final que quizá no esperas. El incidente no acabó con las procesiones. Volvieron a salir al año siguiente.
Es una de esas historias que no se dejan resumir en una frase. Hubo un tiempo difícil, hubo un cortejo que se dio la vuelta, y hubo vecinos que al año siguiente volvieron a sacar sus imágenes a la calle. Sin juzgar a nadie, solo con curiosidad, se entiende que estos muros han visto más que ceremonias tranquilas.
Si dentro de la ermita se celebraba un sermón, ¿qué ocurría exactamente? Entra con la imaginación, que enseguida lo vemos.
Para profundizar
Detrás de las procesiones había personas concretas. Según se recuerda en Villafranca, una familia administró el templo hasta mil novecientos trece, y fue entonces cuando empezó a hacerse cargo el párroco.
Ya en el primer tercio del siglo veinte, Enrique Llenara y Manuel Gavilán costeaban la limpieza y las celebraciones litúrgicas. Dos nombres propios que sostuvieron, con su dinero, el día a día de la ermita.
Y sobre la crisis de las procesiones durante la República, la memoria local ofrece dos explicaciones a la vez. Por un lado, las restricciones gubernamentales. Por otro, la oposición de algunos concejales a los símbolos religiosos. Ambas cosas se cuentan juntas, sin que ninguna borre a la otra.
Es un buen ejercicio de escucha. Las historias de los pueblos rara vez tienen un solo culpable ni una sola causa, y la ermita las ha guardado todas.
Interior de la ermita: nave, artesonado y capilla barroca
Una nave, un lienzo blanco

Si el interior está abierto, sitúate en la nave y mira hacia el presbiterio; la capilla barroca queda en el muro del Evangelio.
Dos personas piadosas, un lienzo blanco y un Cristo al que hay que bajar de la cruz. Así era el Sermón del Descendimiento. Sacaban un crucificado articulado, y dos vecinos representaban a los Santos Varones. Con ayuda del lienzo desclavaban a Jesús, delante de todos.
Para imaginarlo, mira el espacio. La ermita tiene una sola nave rectangular, dividida en tres tramos y presbiterio por arcos transversales. Las cubiertas son de madera, y al fondo destaca el artesonado del presbiterio, compuesto por cuatro paños. En el muro del Evangelio se abre una pequeña capilla barroca con bóveda de media naranja. Todo esto, si el interior está abierto a visitantes.
Tras el Descendimiento salía la procesión. Primero, la cruz con el lienzo. Después, el Santo Sepulcro. Y por último las imágenes de San Juan, la Magdalena y la Soledad.
Y ahora el giro. Aquel espacio de sermones y cortejos cambió de uso en mil novecientos ochenta y cinco, cuando el Obispado cedió el inmueble al Ayuntamiento. El antiguo templo pasó a integrarse en el recinto del Colegio Público Teresa Comino, y desde entonces se destina a actividades educativas y culturales. Donde se bajaba a Jesús de la cruz, hoy se aprende y se celebra otro tipo de cosas.
Vuelve la vista a la puerta. Dicen que la urna de cristal del Santo Sepulcro llevaba ladrillos en las andas para hacerla más pesada. Es una tradición, y como tal la dejamos: nadie asegura que fuera cierto, pero dice mucho de cuánto se respetaba el peso de aquel cortejo.
También hay detalles de vestuario. Se distinguía el ajuar de cada imagen: terciopelo rojo para la Magdalena, seda verde para San Juan y raso negro para la Virgen. Tres telas, tres colores y tres personajes reconocibles de un solo vistazo.
Imagínalos avanzando uno tras otro, con ese contraste de rojo, verde y negro, tras el Santo Sepulcro. La ermita es pequeña, pero su Semana Santa tenía un orden y una escenografía muy cuidados.
Prepara tu visita
- La ermita está en Villafranca de Córdoba, integrada en el recinto del Colegio Público Teresa Comino.
- El acceso al atrio y al recinto escolar puede requerir autorización.
- Algunos elementos, como la espadaña, la piedra del atrio o el interior, pueden no ser visibles según el acceso.
- Confirma horarios y condiciones de visita en el Ayuntamiento de Villafranca de Córdoba o en la oficina de turismo.
- Para llegar, usa como referencia el colegio y pregunta en el pueblo si dudas.
- Respeta la actividad escolar y evita visitar en momentos de clase sin permiso.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Villafranca de Córdoba
La Ermita de la Soledad es una parada con mucha historia. - Pregunta: ¿Cómo llegar a Ermita de la Soledad? / Respuesta: La ermita se encuentra en Villafranca de Córdoba, integrada en el recinto del Colegio Público Teresa Comino. Conviene preguntar en el Ayuntamiento o en la oficina de turismo por la ruta exacta y las condiciones de acceso, que pueden requerir autorización.
¿Cuál es el horario de visita de Ermita de la Soledad
No consta un horario público verificado. Como la ermita forma parte de un recinto escolar, el acceso puede estar condicionado. Lo más prudente es confirmar horarios y posibilidad de entrada en el Ayuntamiento de Villafranca de Córdoba o en la oficina de turismo.
¿Cuánto se tarda en visitar Ermita de la Soledad
La ermita es pequeña, de una sola nave, y esta audioguía se organiza en tres paradas: atrio, exterior e interior. La duración depende del ritmo de cada visitante y de si se puede acceder al recinto y al interior, algo que conviene confirmar antes.
¿Cuál es la historia de Ermita de la Soledad
Su origen es incierto: se ha propuesto el siglo XIV o la segunda mitad del XV. Se dio por terminada en 1509, en 1573 la cofradía realizó reformas y en 1985 el Obispado cedió el inmueble al Ayuntamiento, que lo integró en el recinto escolar.
¿Qué era la piedra del atrio de la Ermita de la Soledad
Era una piedra cilíndrica de molinaza con un orificio central. En Semana Santa se colocaba sobre ella un crucificado, y la cruz encajaba en ese hueco durante el Sermón del Descendimiento, que se celebraba junto a la puerta.
¿Quién fundó la Ermita de la Soledad
La tradición atribuye la fundación, bajo la advocación de San Benito, al comendador de Calatrava Alonso Pacheco. La fecha exacta de origen sigue siendo discutida, y se han propuesto tanto el siglo XIV como la segunda mitad del XV. En primer plano, junto a la puerta, una piedra cilíndrica de molino con un orificio central. Al fondo, el muro de la entrada con su puerta de madera. Ambiente tranquilo, sin personas, sin rótulos ni texto, colores cálidos y realistas. · Alt: Atrio y piedra del Descendimiento de la Ermita de la Soledad de Villafranca de Córdoba
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