Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno en Villafranca de Córdoba: audioguía
Una ermita de nave única que ha cambiado de nombre más de una vez y que guarda en su interior artesonado, yeserías y una cruz de caoba. Esta audioguía te lleva de la fachada al presbiterio en tres paradas, para entender por qué en Villafranca de Córdoba este pequeño templo es cosa de devoción y de memoria.

Historia y nombres de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Un templo con varios nombres
Colócate en la Travesía de Jesús, frente a la fachada de la ermita, con la espadaña a la vista.
¿Qué le pasa a un edificio cuando la gente deja de llamarlo por su nombre? Que acaba teniendo otro. Y esta ermita lo sabe bien.
Cuenta la tradición local que todo empezó bajo la advocación de Santa Ana. La guía municipal sitúa ese origen en el siglo dieciocho. Es decir, que lo que tienes delante lleva ya siglos en pie, en una calle que hoy se llama Travesía de Jesús.
Y ahí está el cambio. Con el tiempo, el templo dejó de ser de Santa Ana y pasó a ser de Padre Jesús. ¿Quién movió ese nombre? Según el relato local, la fuerza y la devoción de la hermandad nazarena. No fue un decreto ni un gran acontecimiento. Fue la insistencia de unos vecinos que sentían suyo a Jesús Nazareno, hasta que la calle entera acabó diciéndolo igual.
Hay que reconocerlo: cambiar el nombre de un edificio a base de cariño es una forma muy discreta de hacer historia.
Levanta ahora la vista hacia lo alto de la fachada. Entre los elementos del conjunto se cuentan las fachadas y las espadañas, y esta lo recuerda desde arriba.
Si el nombre cambió por la gente, a lo mejor la entrada también tiene algo que contar. Acércate a la puerta.
Para profundizar
La dirección que da la guía municipal es Travesía de Jesús, número dos. Es una ubicación que ya habla de la devoción: la calle lleva el nombre del titular del templo.
Lo que no sabemos también forma parte de la historia. No hay datos suficientes para fechar con exactitud cada fase del edificio, así que la secuencia de Santa Ana a Padre Jesús queda como la cuenta la memoria local, sin más precisión.
Un detalle para el oído atento: los nombres de una ermita suelen ser un retrato de quienes la cuidan. Aquí, el nombre actual nos dice que la hermandad nazarena pesó más que la advocación original.
Portada de la ermita: dintel, frontón partido y hornacina
La puerta que mira desde los pies

Sitúate ante la portada, a los pies de la ermita, y levanta la mirada hasta el remate sobre la puerta.
Antes de entrar, párate un momento en el umbral, porque la puerta se lee de abajo arriba. Abajo, un vano adintelado, es decir, rematado en horizontal, sin arco. Encima, un frontón triangular partido, con un hueco en medio. Y en ese hueco, una hornacina central, un pequeño nicho a la espera de que alguien lo mire.
Todo está labrado en cantería, en piedra trabajada. Detrás de esa portada se esconde una ermita de nave única, con una cubierta exterior a dos aguas. Es una arquitectura sencilla, sin grandes aspavientos, y justo por eso se entiende de un vistazo.
Ahora viene la parte curiosa. La documentación patrimonial identifica este mismo edificio con otro nombre: Ermita de la Santa Cena. Lo que para unos es la casa de Padre Jesús, para los papeles es también la de la Santa Cena. Dos nombres, una sola puerta.
Cuántas personas habrán cruzado este umbral con uno u otro nombre en la boca. Un vecino diría que va a ver a Padre Jesús. Un archivo anotaría Santa Cena. Y la puerta, impasible, los dejaría pasar a los dos.
Cruza el umbral. Dentro, la madera, el yeso y los colores te esperan.
Para profundizar
Fíjate en cómo se organiza la portada. El dintel marca la horizontal de la entrada, el frontón partido la interrumpe con una abertura en el centro, y la hornacina aprovecha ese hueco. Es un juego de líneas que conduce la vista hacia arriba.
Que el frontón sea triangular y esté partido es lo que le da a la portada su aire más reconocible, y es lo primero que buscará quien quiera fotografiarla.
El catálogo patrimonial incluye la ermita en su colección de inmuebles y la describe con sus fachadas y espadañas. No hay más datos sobre quién la proyectó o la labró, así que dejamos esa pregunta abierta.
Interior de la ermita: artesonado, retablo y Cruz del Nazareno
Madera, yeso y una cruz de caoba

Entra en la nave, avanza hacia el presbiterio y detente donde puedas ver a la vez el techo y el retablo.
Levanta la cabeza y busca la madera. Sobre la nave se extiende un artesonado, un techo de madera trabajado en forma de entramado. Más adelante, en el presbiterio, la cubierta cambia: una cúpula sobre pechinas, esas piezas curvas que ayudan a pasar del cuadrado al círculo. Las decoran yeserías barrocas.
Ahora baja la mirada hasta el retablo. Está hecho en yeso y combina ocres, rojos y azules. Se mencionan en él pinturas de San Miguel y San Dionisio.
Y aquí viene lo mejor. La imagen titular es una talla de vestir, de madera policromada al óleo, que representa a Cristo con la cruz. Una talla de vestir es una imagen pensada para llevar ropa, y eso dice mucho de cómo se vive esta devoción: se cuida, se viste, se saca.
También se conserva la Cruz del Nazareno. Se fecha en mil ochocientos ochenta y cinco y está descrita como de madera de caoba con remates de plata.
Piensa en las manos que la han llevado. Una cruz así no se queda en una vitrina, la sostiene gente. Esa es la historia de este lugar: cada objeto tiene detrás a alguien que lo cuida.
Con la mirada aún en el retablo, queda la pregunta más difícil: quién hizo todo esto.
Para profundizar
La ermita conserva bienes vinculados al culto de Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de los Dolores, además de las pinturas del retablo. Es una pareja devocional que se entiende bien dentro de un mismo espacio.
Sobre la autoría hay silencio. No hay documentación suficiente para atribuir autor, fecha exacta o restauraciones concretas al retablo, a las yeserías ni a la talla titular. Lo que tienes delante se ve con claridad, pero su origen exacto sigue sin respuesta.
Esa falta de nombres tiene algo de honesto. Quien visita el templo ve lo que se conserva, y lo demás queda en manos de futuras investigaciones.
Prepara tu visita
- Dónde está: Travesía de Jesús, número 2, en Villafranca de Córdoba.
- Cómo llegar: Localiza la Travesía de Jesús en el casco urbano y recorre el tramo a pie.
- Horarios: Confirma los horarios de apertura en la web de turismo de Villafranca de Córdoba o en su oficina de turismo antes de ir.
- Qué mirar dentro: El artesonado, la cúpula con yeserías y el retablo, en la nave y el presbiterio.
- Respeto: Es un templo en uso, así que conviene entrar con calma y en silencio.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Villafranca de Córdoba
Entre lo que ver en Villafranca de Córdoba está la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en la Travesía de Jesús. Destacan su portada en cantería, el artesonado de madera, la cúpula con yeserías barrocas, el retablo de yeso y la Cruz del Nazareno de 1885.
¿Cómo llegar a la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno
La ermita está en la Travesía de Jesús, número 2, en Villafranca de Córdoba. Una vez en el casco urbano, lo más sencillo es llegar a pie hasta esa calle. Para ubicarla con precisión, consulta el mapa de la oficina de turismo local.
¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno
No hay un horario confirmado en la documentación consultada. Al tratarse de un templo en uso, lo recomendable es comprobar la apertura en la web de turismo de Villafranca de Córdoba o preguntar en su oficina de turismo antes de desplazarte.
¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Es una ermita de nave única, por lo que la visita se centra en tres puntos: la fachada con su espadaña, la portada y el interior con artesonado, cúpula y retablo. Con esta audioguía de tres paradas puedes recorrerla con calma, sin prisas.
¿Cuál es la historia de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno
La tradición local la sitúa bajo la advocación de Santa Ana, con origen en el siglo XVIII según la guía municipal. Después pasó a ser la ermita de Padre Jesús por la devoción de la hermandad nazarena. También se la conoce como Ermita de la Santa Cena.
¿Qué nombres tiene la ermita
Se la conoce como Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno o de Padre Jesús. La tradición local recuerda su primera advocación a Santa Ana, y la documentación patrimonial la identifica también como Ermita de la Santa Cena.
¿Qué se conserva en el interior de la ermita
Se conserva un artesonado de madera en la nave y, en el presbiterio, una cúpula sobre pechinas con yeserías barrocas. Hay un retablo de yeso en ocres, rojos y azules, una talla de vestir de Cristo con la cruz y la Cruz del Nazareno, de 1885.
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