Ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Villafranca de Córdoba: audioguía
Un santuario a un kilómetro del pueblo, levantado a base de limosnas vecinales durante treinta años. Una Virgen que no es la primera, un retablo que llegó de Córdoba y un camarín que nadie ve. Esta audioguía te cuenta la ermita de Villafranca de Córdoba como se cuenta a un amigo, con calma y con la mirada puesta en los detalles.

Historia y emplazamiento de la Ermita de los Remedios
Un santuario a las afueras
Colócate en el acceso a la ermita, con el edificio delante y el camino que lo une con el pueblo a tu espalda.
¿Quién construye una iglesia a un kilómetro de casa y tarda treinta años en terminarla? Los vecinos de Villafranca, y no era un capricho. La obra que tienes delante empezó en 1701 y no se dio por acabada hasta 1731. Treinta años son lo que va de que nazca un niño a que se case y tenga los suyos.
Y lo curioso es quién pagó. No fue solo una institución lejana con un cheque generoso. Los vecinos contribuyeron con limosnas, así que cada piedra tiene algo de monedas pequeñas, juntadas de bolsillo en bolsillo. Entre quienes colaboraron estaba Luis Pérez Ponce, un sacerdote del pueblo que también fundó un colegio gratuito para niñas y mujeres. Un hombre que se ocupaba de que aprendieran a leer las que no tenían quién se lo pagara, y que además arrimó el hombro para levantar este templo.
Ahora fíjate en el volumen del conjunto. La planta es de cruz latina, estilo barroco, aunque eso desde fuera se intuye más que se ve. Y hay algo más: la ermita actual no fue la primera. Se levantó sobre otra más antigua. Es decir, que aquí ya había algo que merecía ser sustituido, y alguien pensó que merecía ser sustituido por algo mejor.
Mira ahora el camino que te ha traído hasta aquí. Esa distancia con el pueblo, quizá, forma parte de la idea: un santuario aparte, al que se va.
Y si la ermita costó treinta años, ¿qué te espera en la fachada?
Para profundizar
Piensa en lo que significa una obra de tres décadas para quienes la empezaron. Quien puso la primera limosna en 1701 probablemente no estaba ya cuando se cerró el último muro. Construir así es un acto de confianza en gente que todavía no ha nacido.
Sobre el emplazamiento, hay una lectura que conviene tomar como lectura y no como certeza: que el kilómetro de distancia convierte la ermita en un santuario separado del núcleo urbano. Es una interpretación razonable, y tú puedes comprobarla caminando. Observa cómo el edificio aparece aislado y cómo el camino lo ata al pueblo como un hilo.
También merece la pena detenerse en la antigua ermita. Se sabe que existió y que la actual la sustituyó, pero no más. De ella no tenemos descripción ni fecha. Es un capítulo que solo conocemos por su final.
Fachada y portada de piedra de la ermita
La fachada que se lee de abajo arriba

Sitúate frente a la portada principal, a unos pasos, con la vista a la altura de la puerta y lista para subir.
Esta fachada no se mira: se lee, y se lee de abajo arriba. Empieza por la piedra. Es sillería, bloques bien labrados y encajados, la parte más sólida de todo el frente.
Sube la vista hasta la portada. A los lados verás pilastras cajeadas, esos pilares planos con un rehundido en el centro. Sobre ellas, el frontón no está entero: son fragmentos de frontón curvo, como una frase que se interrumpe a propósito. Y en el centro hay un nicho enmarcado por volutas laterales, esas espirales de piedra que parecen a punto de desenrollarse. Es un nicho avenerado, con forma de concha.
Ahora busca los motivos vegetales alrededor de la portada. Hojas y tallos en piedra. Son un rasgo de la época, y por ellos el diseño se sitúa a principios del siglo dieciocho.
Y aquí viene lo bueno. Sigue subiendo hasta el remate. La fachada termina en un frontón abierto, y dentro de ese hueco vive la espadaña. No hay torre separada. La campana está metida en la propia fachada, como un pájaro en su nido.
Y ahora la pregunta que me hice yo: ¿quién hizo todo esto? No lo sabemos. Se conoce el material y se conoce el oficio, pero no hay nombre de arquitecto ni de cantero. Alguien tallaba aquellas hojas, y su nombre se perdió.
Dentro hay otra pérdida, más reciente.
Para profundizar
La composición de esta portada es, quizá, lo más cercano a una conversación que ofrece el edificio. Piedra labrada, pilastras, frontón fragmentado y nicho central se suceden sin que ninguna pieza se imponga. Es una fachada para detenerse, no para pasar.
Un ejercicio sencillo: recorre con la vista cada nivel y pregúntate qué cambia. En la base, la sillería es sobria. A media altura, las volutas y la concha añaden movimiento. Arriba, el frontón abierto deja respirar a la espadaña.
Sobre la autoría, el silencio es total. La fecha aproximada viene del estilo de los motivos vegetales, no de ningún documento con firma. Esa ausencia también cuenta algo: durante siglos, mucha gente que trabajó la piedra no dejó nombre, y sin embargo su trabajo sigue ahí.
Retablo y Virgen de los Remedios en el interior
La Virgen que llegó después

Entra y colócate frente al altar mayor, desde donde se ve el retablo y, si está visible, la imagen de la Virgen.
La Virgen que ves aquí no es la primera. La original se perdió durante la Guerra Civil, y la que hoy recibe culto es su sustituta.
El encargo fue a un escultor de Bujalance, Juan Martínez Cerrillo, que la talló hacia 1940, o a comienzos de esa década. Es decir, alguien del entorno cercano recibió la tarea de devolver un rostro a una devoción que se había quedado sin él. Si está visible, busca la talla en el espacio de culto.
Décadas más tarde llegó otro momento grande. El 7 de septiembre de 1986, el obispo de Córdoba, José Antonio Infantes Florido, la coronó canónicamente. Esa imagen relativamente joven recibió así una corona con todas las de la ley.
Ahora levanta la vista al retablo mayor. Tampoco nació para esta ermita. Procede de la iglesia de Santiago, en Córdoba. Alguien lo trasladó hasta aquí, y ese viaje tuvo una consecuencia curiosa.
Detrás de la cabecera había un camarín primitivo, y el retablo lo dejó oculto. Está ahí, a pocos metros, pegado a la pared, y no se ve. Un espacio pensado para la Virgen, tapado por un altar que vino de fuera.
Así que fíjate: una imagen que sustituye, un retablo que se trasladó y una sala escondida detrás. Este templo guarda más de lo que enseña.
Para profundizar
Esta parada habla de reemplazos, y conviene mirarla sin dramatismo. La imagen anterior se perdió, la actual la sustituyó y ambas comparten una misma devoción. Para los vecinos, lo que cuenta es que el lugar siguió teniendo a su Virgen.
Los datos concretos son modestos. Sabemos el nombre del escultor, su origen en Bujalance y una fecha aproximada. Sabemos el nombre del obispo y el día de la coronación. No sabemos quién hizo el retablo ni quién decidió traerlo desde Córdoba.
Para terminar, un gesto sencillo: mira la cabecera e imagina el camarín tras el retablo. Es un espacio que existe y que no puedes ver. A veces, lo más interesante de un edificio es justo lo que queda tapado.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está a un kilómetro de Villafranca de Córdoba; el paseo desde el pueblo permite apreciar su aislamiento.
- Confirma los horarios de apertura en la web de turismo de Villafranca de Córdoba o en su oficina de turismo antes de ir.
- El interior puede no estar accesible en todo momento; la talla de la Virgen y el altar se ven si el templo está abierto.
- Dedica unos cuarenta minutos a la visita, sin contar el paseo de ida y vuelta.
- Lleva calzado cómodo para el camino.
- Respeta el culto si coincides con alguna celebración.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Villafranca de Córdoba
La Ermita de Nuestra Señora de los Remedios es una visita destacada. Está a un kilómetro de la villa y es un templo barroco de planta de cruz latina, con portada de piedra, espadaña en la fachada y un retablo procedente de Córdoba.
¿Cómo llegar a Ermita de Nuestra Señora de los Remedios
La ermita se encuentra aproximadamente a un kilómetro de Villafranca de Córdoba, separada del núcleo urbano. Se llega por el camino que conecta el pueblo con el edificio, y el trayecto permite ver el templo aislado desde lejos.
¿Cuál es el horario de visita de Ermita de Nuestra Señora de los Remedios
No hay un horario verificado. Lo más prudente es consultarlo en la web de turismo de Villafranca de Córdoba o en su oficina de turismo antes de ir, ya que el interior puede no estar siempre abierto.
¿Cuánto se tarda en visitar Ermita de Nuestra Señora de los Remedios
La audioguía recorre tres paradas, el exterior, la portada y el interior, y se cubre con calma en unos cuarenta minutos. A ese tiempo hay que sumar el paseo de aproximadamente un kilómetro desde el pueblo.
¿Cuál es la historia de Ermita de Nuestra Señora de los Remedios
La construcción actual comenzó en 1701 y terminó en 1731, sobre otra ermita más antigua. Los vecinos colaboraron con limosnas. La imagen original se perdió en la Guerra Civil y la actual es de Juan Martínez Cerrillo, hacia 1940.
¿Quién hizo la Virgen de los Remedios actual
La imagen actual la realizó el escultor bujalanceño Juan Martínez Cerrillo alrededor de 1940, sustituyendo a la anterior, perdida durante la Guerra Civil. Fue coronada canónicamente el 7 de septiembre de 1986 por el obispo José Antonio Infantes Florido.
¿De dónde procede el retablo de la ermita
El retablo mayor procede de la iglesia de Santiago de Córdoba, no se hizo originalmente para esta ermita. Al instalarse dejó oculto el camarín primitivo situado tras la cabecera del templo.
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