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Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas, Villafranca de Córdoba: audioguía

Una portada con el frontón cortado a propósito, un retablo que nació para otro templo y una Virgen que llegó a Villafranca en procesión. Tres paradas para entender cómo una parroquia se transforma sin dejar de ser la de todos.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas, Villafranca de Córdoba: audioguía

Fachada, portada y torre de la iglesia de Santa Marina

El frontón que se partió a propósito

Colócate frente a la portada principal, a cierta distancia, y levanta la vista hacia el frontón y la torre que asoma sobre la fachada.

¿Quién corta un frontón entero y lo deja así a propósito? Mira sobre la puerta. El triángulo que remata la portada está partido por la mitad, y en el hueco se abre una hornacina con una cruz de forja. El corte fue intencionado. Alguien lo pensó, lo dibujó y lo dejó a la vista.

Ese alguien tiene nombre: Ignacio de Tomás. La iglesia se levantó entre mil seiscientos noventa y dos y mil seiscientos noventa y nueve, sobre una tradición parroquial mudéjar, y después fue transformada a fondo. Y aquí viene lo bueno: Tomás no llegó con un lápiz y una idea brillante. Primero reconoció el estado de la fábrica antigua, que se describe como gótico-mudéjar. Antes de proponer nada, quiso saber qué había debajo.

Después tasó la ampliación proyectada. Es decir, puso precio a la reforma que él mismo iba a plantear, y así unió el diagnóstico del edificio con lo que costaba cambiarlo. Y todavía queda un detalle. El estudio académico indica que también ejecutó las obras. Evaluó el proyecto y luego lo levantó. Fue, por decirlo de forma sencilla, el médico, el presupuesto y el cirujano en una sola persona.

Ahora mira la torre. Abajo es una base cerrada y maciza. Los arcos esperan arriba, en el campanario. Pasa dentro y busca a la Virgen que llegó a este pueblo en procesión.

Para profundizar

Santa Marina no fue un caso aislado. Fue una de varias parroquias cordobesas que Ignacio de Tomás reconoció como maestro mayor del arzobispado. Eso cambia la imagen de la reforma: un técnico que recorría iglesias, miraba muros y daba su dictamen, y que en este pueblo se quedó para dirigir la obra.

La torre merece otra mirada. Esa base ciega, sin un solo hueco, hace que los arcos del cuerpo alto parezcan más ligeros por contraste. Es un efecto que se percibe a simple vista, sin saber nada de arquitectura.

Sobre la reforma, quizá lo más interesante es que dejó una tensión visible entre lo antiguo y lo nuevo. A Tomás se le atribuye la introducción de un lenguaje neoclásico en un edificio de raíces mudéjares. Hay quien lo verá como una convivencia y quien lo verá como un choque. Tú puedes decidirlo con la fachada delante.

Un último dato curioso: el patrimonio andaluz registra este inmueble en Villafranca con una vista general del exterior, pensada para fijarse en las fachadas y los campanarios.

Capilla de Nuestra Señora del Rosario de Fátima

La Virgen que llegó por el Cruce

Capilla de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en la Iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, Villafranca de Córdoba

Entra en la iglesia y busca la capilla de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, para quedarte frente a su retablo.

Una comisión sale hacia Córdoba y vuelve con una imagen. Hasta aquí, nada raro. Lo bueno empieza en el Cruce, a la entrada del pueblo, donde se sumaron vecinos para llevarla en procesión. La comisión iba encabezada por el párroco. Era el 22 de enero de mil novecientos cincuenta, y la imagen de Fátima venía de la iglesia de San Nicolás de la Villa, en Córdoba.

Faltaba el lugar donde ponerla. La capilla se habilitó tomando espacio de la atarazana parroquial. Y detrás de la obra hay un vecino con nombre y apellidos: Manuel Jiménez Pérez, que asumió el coste de la capilla y del retablo.

Ese retablo es lo que tienes delante. Fíjate en el conjunto: una capilla entera, hecha para una imagen que ya había recorrido el pueblo a hombros.

La inauguración llegó el ocho de diciembre de mil novecientos cincuenta y cuatro. El obispo Fray Albino llegó alrededor de las cinco de la tarde y bendijo la capilla. Después, y esto es lo que cambia la escala del día, consagró el pueblo al Inmaculado Corazón de María. Lo que empezó como el traslado de una imagen terminó con todo Villafranca dentro de la ceremonia.

Quédate un momento en silencio. Una capilla pequeña, un vecino generoso, una tarde de diciembre.

Ahora levanta la vista hacia el interior del templo. Allí hay otro retablo que tampoco nació en este pueblo.

Para profundizar

La crónica de aquellos años guarda detalles muy humanos. En enero de mil novecientos cincuenta, el alcalde José Toscano Villa estaba de permiso. Por eso la sesión municipal la presidió el teniente de alcalde, Francisco Castro Zorrilla. El pueblo celebraba, y quien firmaba los papeles era el sustituto.

El gasto de aquellos festejos se cifra en mil ciento veinticinco pesetas. Los festejos terminaron el día veinticinco y el gasto se aprobó en sesión municipal el día veintiocho. La crónica destaca esa rapidez, y da la impresión de que en Villafranca las cuentas se cerraban casi al mismo ritmo que las fiestas.

Para la jornada de diciembre de mil novecientos cincuenta y cuatro, niños y niñas, con ayuda de sus maestros, prepararon tres carrozas con advocaciones marianas. Es fácil imaginar la calle ese día, aunque conviene recordar que de ellas solo sabemos eso: que fueron tres y que las hicieron los más pequeños.

Naves, retablo mayor y Sagrario de Santa Marina

El retablo que no nació aquí

Naves y retablo mayor de la Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas, Villafranca de Córdoba

Avanza por las naves hasta tener el crucero y el altar mayor frente a ti, con las bóvedas encima.

El retablo mayor que tienes delante no se hizo para este pueblo. Procede de la iglesia cordobesa de San Francisco y San Eulogio, y acabó convertido en pieza de Santa Marina. Un conjunto entero cambió de templo, como quien se muda de casa con los muebles grandes.

Míralo con calma. En el ático hay una Adoración de los Pastores, y en el cuerpo superior, pinturas de Santo Domingo y de San Francisco. Todas son del siglo dieciocho.

Ahora mira hacia arriba y hacia los lados. La iglesia tiene tres naves y una reforma de finales del siglo dieciocho que mezcla elementos barrocos con una renovación neoclásica. Fíjate en el contraste: las bóvedas de las naves están decoradas, y el espacio del crucero resulta más sobrio. Es como si el templo cambiara de tono al llegar al centro.

Hubo también un altar lateral dedicado a la Virgen de la Esperanza y al Cristo de la Columna, en la cabecera de la nave izquierda. En mil ochocientos treinta y tres, Sebastián Rafael Camacho donó una lámpara de plata para aquel altar. Una luz pequeña, encendida por un vecino, delante de una imagen.

Confieso que no sé si queda rastro visible de aquel altar. Si lo encuentras, es un buen motivo para preguntar a alguien del pueblo.

Una lámpara de plata, un retablo prestado por otra ciudad: esta iglesia se ha ido haciendo con regalos.

Para profundizar

La historia de aquella lámpara no acabó en mil ochocientos treinta y tres. Más tarde, Fernando Cubero Melero, descendiente de Camacho, continuó costeando cultos. La devoción pasó de generación en generación, y casi se oye cómo se transmitía en casa.

Si te dejan pasar, busca en la nave de la Epístola la capilla del Sagrario. Es hexagonal y tiene una bóveda gallonada, con yeserías que salen en forma radial. Se describen con motivos vegetales y águilas bicéfalas. Mira hacia arriba y sigue las líneas desde el centro hacia fuera.

El acceso a esa capilla puede variar, así que pregunta antes de entrar.

Volviendo al retablo mayor: que no fuera hecho originalmente para Villafranca no le resta presencia. Al contrario, cuenta que esta parroquia supo acoger y colocar una pieza de otro templo, igual que más tarde acogió a la Virgen de Fátima.

Tres paradas, tres llegadas: una reforma, una imagen y un retablo. Cada una dejó su huella.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Villafranca de Córdoba

La Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas es una parada principal. Tiene una portada con frontón partido, una torre con base maciza y arcos en lo alto, la capilla de Nuestra Señora del Rosario de Fátima y un retablo mayor procedente de otra iglesia cordobesa.

¿Cómo llegar a Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas

La iglesia está en Villafranca de Córdoba. Dirígete al centro del pueblo y busca la parroquia, reconocible por su torre campanario sobre la fachada. Para una indicación exacta desde tu punto de partida, consulta la oficina de turismo local o su web oficial.

¿Cuál es el horario de visita de Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas

Al tratarse de un templo en uso, los horarios pueden depender de los cultos y cambiar según la época. Lo más fiable es confirmarlos en la web de turismo de Villafranca de Córdoba o en la oficina de turismo antes de ir a visitarla.

¿Cuánto se tarda en visitar Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas

La audioguía se organiza en tres paradas: la fachada con su torre, la capilla de Fátima y las naves con el retablo mayor. El tiempo depende de tu ritmo de escucha y de si hay culto o acceso a las capillas, así que conviene dejar margen.

¿Cuál es la historia de Iglesia Parroquial de Santa Marina de Aguas Santas

Se construyó entre 1692 y 1699 sobre una tradición parroquial mudéjar y fue transformada después. Ignacio de Tomás reconoció la fábrica gótico-mudéjar, tasó la ampliación y ejecutó las obras. La reforma combina elementos barrocos con una renovación neoclásica.

¿De dónde viene el retablo mayor de Santa Marina

El retablo mayor procede de la iglesia cordobesa de San Francisco y San Eulogio y no fue realizado originalmente para Villafranca. En el ático tiene una Adoración de los Pastores y en el cuerpo superior pinturas de Santo Domingo y San Francisco, del siglo XVIII.

¿Cuándo llegó la imagen de la Virgen de Fátima a Villafranca

La imagen fue trasladada a Villafranca el 22 de enero de 1950 desde la iglesia de San Nicolás de la Villa, en Córdoba. La capilla que la acoge fue bendecida por el obispo Fray Albino el 8 de diciembre de 1954 y costeada por Manuel Jiménez Pérez.

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