Museo del Anís de Rute: audioguía de la destilería que se hizo museo
Entras en una fábrica de anís que sigue funcionando y que además guarda un museo entero entre sus muros. Alambiques de cobre, botellas con toreros y burros bautizados, y un manantial que, según cuentan, brotaba dentro de la casa. Esta audioguía te lleva de la puerta al último chupito en cinco paradas.
Descripción:** Fachada de una antigua destilería andaluza vista desde la acera, con muros claros, una puerta amplia de entrada y un árbol de ribera que da sombra. Luz suave de media mañana, ambiente tranquilo de pueblo, colores cálidos y realistas, encuadre de paseante. Sin personas reconocibles y sin texto ni rótulos visibles.
Un delantal rojo en la puerta
Colócate frente a la entrada, en el Paseo del Fresno, número dos, con la fachada delante.
¿Qué haces cuando los primeros turistas empiezan a llamar a la puerta de la fábrica de tu familia? Puedes cerrar con llave. O puedes hacer lo que hizo Anselmo Córdoba: abrir.
Fíjate primero en la entrada, en los rótulos que hablan de fábrica y de museo, juntos, como dos vecinos que comparten rellano. Es una buena pista de lo que hay dentro. Esto sigue siendo una destilería, fundada en mil novecientos ocho, y el museo ocupa unas dependencias antiguas del mismo edificio.
Anselmo cuenta que el trato con aquellos primeros visitantes le hizo ver lo que tenía entre manos. Una destilería familiar era algo que la gente quería conocer. Así que decidió recuperar botellas y herramientas de fábricas que ya habían desaparecido. En mil novecientos noventa y tres tomó la decisión de convertir la antigua fábrica familiar en espacio expositivo.
Se ha contado que Anselmo recibe en persona a los huéspedes, con un delantal rojo y una botella en la mano, para ofrecerles el primer chupito. Antes de enseñarte nada, ya te están invitando.
Es la última imagen de la calle antes de entrar en la historia de un pueblo que llegó a tener más de cien destilerías. Y las alineaba, como veremos, en una sala de cobre.
Para profundizar
Un museo no se levanta de un día para otro, y este tampoco. Preparar el espacio exigió tres años de reunir fondos y de adaptar el edificio. El proyecto nació junto a la familia de Anselmo, y se nota que fue cosa de casa.
El museo abrió sus puertas el veintidós de octubre de mil novecientos noventa y cuatro. Años después, una resolución de la Junta de Andalucía de dos mil uno incluyó para la antigua destilería una subvención de tres millones trescientas ochenta mil pesetas. Es una cifra que suena a otra época y que recuerda que mantener un museo dentro de una fábrica también se paga con papeles y ventanillas, además de con cobre y anís.
Ahora cruza el umbral. Lo siguiente que te espera tiene más de un siglo y cabe en una sala entera.
Descripción:** Dos grandes alambiques de cobre martilleado, uno junto a otro, en una sala de paredes blancas. Se ven calderas redondeadas, columnas y tubos. Luz natural cálida que se refleja en el metal, tonos cobrizos y ocres, encuadre a la altura de los ojos de un visitante. Sin personas ni texto.
Los dos gigantes de cobre
Entra en la sala de alambiques y colócate de frente a las dos piezas, con la de la izquierda a un lado y la de la derecha al otro.
Cada una de estas calderas puede con unos seiscientos cincuenta litros. Eso son seiscientas cincuenta botellas de litro de una sola vez, y tienes dos delante.
Son dos alambiques independientes de cobre martilleado, de distintas generaciones de la familia Casas. El de la izquierda lo hizo Antonio Casas Oliva en el siglo diecinueve. El de la derecha, Francisco Casas Cruz, a mediados del siglo veinte. Compara las calderas y las columnas. Los separa más de medio siglo, y se nota en la silueta.
El proceso tradicional, según la descripción del museo, aplica doble destilación y consigue un anisado extra seco de cincuenta y cinco grados.
Y detrás del cobre hay gente. La memoria familiar de Antonio Casas López cuenta que hacia mil ochocientos veinticinco dos hermanos caldereros, Máximo y Salvatore, salieron de Módena rumbo a Cabra, en tiempos de guerras e inestabilidad. Llevaban el oficio en las manos. Según ese mismo relato, acogieron a un chaval llamado Antonio. Lo enviaron a la escuela nocturna y le enseñaron el oficio. Empezó de aprendiz con doce años. Tres años después murió su padre y el muchacho pasó a ser cabeza de familia.
Quince años, y ya con la responsabilidad de una casa. Mira otra vez esa caldera de cobre martilleado. Cada abolladura de intención es un día de trabajo de alguien que no tuvo infancia larga.
Para profundizar
El relato de la familia sigue. Antonio terminó trasladando su taller a Rute en mil ochocientos setenta y dos. Las destilerías de la zona lo llamaban tanto que acabó cansado de tantos viajes. Mudarse al pueblo del anís era más sensato que ir y venir.
En marzo de mil novecientos once, Bernabé Jiménez Pérez, fundador de Anís Bombita Chico, le pidió una cabeza de alambique con forma de botella. El calderero dudó, porque tenía que adaptar sus herramientas. Era como pedirle a un fontanero que te haga una cañería con forma de jirafa.
Y hay otra idea que la memoria familiar atribuye a Francisco Casas. Se inspiró al probar una máquina de café exprés llegada de Italia, y se puso a experimentar con vapor y matalahúva. Un anisador-rectificador nacido de una cafetera.
Junto a los alambiques hay una vitrina con los orígenes de la destilería y las figuras de la marca. Acércate a ella. Después te espera la sala donde una familia contó su propia historia.
Descripción:** Interior sereno de una sala de museo en un edificio de destilería, con paredes encaladas, vitrinas bajas y un suelo de barro cocido. Luz lateral de media tarde que entra por una ventana, ambiente recogido y cálido. Sin personas reconocibles, sin textos ni paneles legibles.
La tía que cortó la cinta
Pasa a la sala de historia y quédate en el centro, donde puedas ver el conjunto del espacio.
El día que se inauguró este museo, la cinta no la cortó ningún alcalde. La cortó una tía.
Se llamaba Rosario Córdoba Roldán, era tía de Anselmo y en el pueblo todos la conocían como la Tita. Hay algo muy rutense en esa escena. Un museo nacido de una familia lo abre quien manda en la familia, no quien manda en el protocolo.
El museo se creó en mil novecientos noventa y tres por iniciativa de Destilerías Duende, con un propósito claro: estudiar y recuperar la tradición de los anisados de Rute. La fábrica ya existía desde mil novecientos ocho, y el museo se instaló en sus dependencias. Es decir, la historia que se cuenta aquí no está traída de lejos. Está pegada a las paredes del lugar donde se hizo.
Aquí no hay un objeto que te mande buscar, así que mira el espacio entero. Un pueblo que llegó a tener más de cien destilerías no podía quedarse sin contar cómo lo hizo.
Ahora, a las botellas. Porque si el anís tiene una cara, la tiene en el cristal.
Para profundizar
Detrás de la cinta de la Tita hay otras mujeres de la familia. Teresa Córdoba tomó las riendas del negocio y, en los años sesenta, introdujo el vodka y la ginebra. Hasta entonces la producción familiar giraba en torno al anís, y ella la amplió.
Anselmo lo recuerda con una frase que pesa. En aquella época, a las mujeres se las esperaba en el cuidado de la familia. Teresa, mientras tanto, fabricaba ginebra.
Es de esas historias que cambian el sitio donde te encuentras. Esta sala habla de destilerías, de marcas y de alambiques. Pero también de quién tuvo permiso, en cada época, para ponerse delante de una caldera.
Descripción:** Vitrinas con botellas de cristal de formas y tamaños distintos, alineadas en estantes, junto a una gran tinaja de barro al fondo. Luz cálida y suave, reflejos en el cristal, colores ámbar y verdosos. Encuadre de paseante que se acerca a mirar. Sin personas y sin etiquetas legibles.
Botellas con biografía
Acércate a las vitrinas de la colección de envases, en la antigua sala de tinajas, y recorre despacio los estantes con la vista.
¿Cuántas cosas puede decir una botella antes de que la abras? Aquí, muchas.
Esta colección de envases recorre la historia del sector desde el siglo diecisiete hasta hoy. Cuatro siglos de cristal, alineados en vitrinas, que te permiten ver cómo cambiaba la forma de vender un licor.
Las vitrinas cuentan la historia de más de un centenar de destilerías. Las marcas se asociaron a toreros, a personajes literarios y hasta a animales. Busca esas botellas dedicadas a toreros y a personajes famosos. Sin el sombrero de lidia, sin el retrato, habrían sido una botella más. Con él, eran un cartel en la mesa del bar.
Hay una idea que sale sola mientras caminas. Cuando había más de cien destilerías compitiendo en un mismo pueblo, el contenido era importante, pero el envase tenía que gritar. Y gritaba con toreros.
Quedan los tragos, que es donde todo esto cobra sentido.
Para profundizar
Entre las piezas, busca los envases especiales vinculados a banquetes reales. Y busca también las botellas asociadas a bautizos de burros. Sí, has oído bien. Un animal bautizado y una botella que lo celebra.
Estas piezas se encuentran, según la descripción del recorrido, en la sección de comercialización y personajes femeninos. Es una mezcla curiosa: lo solemne de la mesa de un rey y lo festivo de una fiesta de pueblo, bajo el mismo cristal.
Descripción:** Mostrador de madera de un despacho de fábrica, con varias botellas de licor y pequeños vasos de chupito alineados. Luz cálida de tarde, ambiente acogedor, tonos dorados y marrones, encuadre cercano desde el lado del visitante. Sin personas reconocibles y sin etiquetas ni texto.
El manantial dentro de la destilería
Termina en el despacho de fábrica y la tienda, de cara al mostrador, con las vitrinas de la sala de maceraciones a tu espalda.
Anselmo Córdoba cuenta que parte de la fama anisera de Rute se debe a sus manantiales. Y dice algo más: que dentro de la propia destilería estaba brotando uno.
Un manantial naciendo en plena fábrica. Si una leyenda del anís necesitara un guionista, ya tendría el primer capítulo.
Antes de salir, echa un vistazo atrás, a las vitrinas de la sala de maceraciones. Las botellas y los reclamos comerciales de marcas antiguas se exponen junto a las tinajas donde se maceraba. Son carteles de otra época, de cuando vender un anís era también ganarle la partida al vecino.
Ahora busca el despacho de fábrica. Aquí termina el recorrido y aquí se pueden comprar recuerdos de la visita. Pero lo mejor es la degustación. La destilería ofrece productos de distintas graduaciones y sabores, entre ellos un anís seco de cincuenta y cinco grados y un dulce de treinta y seis.
Hay que reconocerlo, el seco de cincuenta y cinco grados pide respeto. Y tiene sentido que sea así. Esto no es un museo que mira al pasado desde la distancia. La destilería sigue activa, y el museo se define como un museo vivo.
El recorrido acaba donde empezó, con una botella y alguien que te sirve. La diferencia es que ahora sabes de dónde viene cada gota.
Para profundizar
El museo abrió el veintidós de octubre de mil novecientos noventa y cuatro, como una apuesta para relacionar el turismo de Rute con sus anisados y licores. Treinta años después, la apuesta se puede catar.
La web del museo cifra su colección en más de setecientas cincuenta y cuatro piezas. También recuerda que Rute llegó a tener más de cien destilerías. Con esas dos cifras en la cabeza, el pueblo se entiende de otra manera.
Y el museo sigue probando cosas. En dos mil veintidós, Anselmo Córdoba presentó un licor de mango de quince grados, como respuesta imaginativa a los costes y a la búsqueda de sabores nuevos. Un anís que no se queda quieto.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el museo está en el Paseo del Fresno, número 2, en Rute. La entrada se reconoce por los rótulos de fábrica y museo en la fachada.
- Horarios y precios: consúltalos en la web oficial, museodelanis.com, o en la oficina de turismo de Rute antes de ir.
- Acceso por zonas: confirma con el museo qué espacios están abiertos el día de tu visita, sobre todo los relacionados con el envasado.
- Final del recorrido: termina en el despacho de fábrica y tienda, donde está la degustación.
- Degustación: incluye licores de distinta graduación, desde dulces de 36 grados hasta anís seco de 55. Si conduces, elige quién lo hace.
- Orden de escucha: sigue las cinco paradas en el orden de la guía, de la fachada al despacho.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Rute
Uno de los imprescindibles es el Museo del Anís, dentro de una destilería activa desde 1908. Allí verás dos alambiques de cobre de distintas generaciones, una colección de envases desde el siglo 17 y una degustación de anises secos y dulces al final del recorrido.
¿Cómo llegar al Museo del Anís de Rute
El museo está en el Paseo del Fresno, número 2, en Rute. Ocupa dependencias del edificio de la destilería Duende. Se reconoce por los rótulos de fábrica y museo junto a la puerta principal. Conviene confirmar el acceso y las indicaciones en la web oficial.
¿Cuál es el horario de visita del Museo del Anís de Rute
El horario conviene consultarlo en la web oficial del museo, museodelanis.com, o en la oficina de turismo de Rute, porque puede variar según la temporada. Confirmarlo antes de ir evita sorpresas, sobre todo si quieres disfrutar de la degustación final.
¿Cuánto se tarda en visitar el Museo del Anís de Rute
La duración depende del ritmo de cada visitante y de si la visita es guiada. El recorrido pasa por la sala de alambiques, la historia del museo, la colección de envases, las vitrinas de maceraciones y el despacho final. Consulta la duración con el museo.
¿Cuál es la historia del Museo del Anís de Rute
Destilerías Duende se fundó en 1908. El museo se creó en 1993 por iniciativa de la propia destilería, para estudiar y recuperar la tradición de los anisados de Rute, y abrió el 22 de octubre de 1994. Ocupa dependencias del edificio de la fábrica.
¿Se puede probar anís en el Museo del Anís de Rute
Sí. La destilería ofrece degustación de productos de distintas graduaciones y sabores, entre ellos un anís seco de 55 grados y uno dulce de 36. El recorrido termina en el despacho de fábrica, donde también se pueden comprar recuerdos de la visita.
¿Cuántas piezas tiene el Museo del Anís de Rute
La web del museo cifra su colección en más de 754 piezas. Entre ellas hay botellas que recorren la historia del sector desde el siglo 17, con marcas asociadas a toreros, personajes literarios y animales, y vitrinas sobre más de 100 destilerías.
¿Qué tiene de especial el museo
Es un museo vivo: está dentro de una destilería que sigue en activo. Conserva dos alambiques de cobre martilleado de la familia Casas, uno del siglo 19 y otro de mediados del siglo 20, y permite catar los anises que se hacen en el mismo edificio.
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