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Teatro Circo de Puente Genil y puente sobre el Genil: historia, arcos y riada de 1917

Un teatro con anfiteatro que se inauguró en mil novecientos dos, un puente de piedra que tardó más de dos décadas en terminarse, un arco de ladrillo que llegó trescientos años tarde y una riada que llenó de agua la memoria del pueblo. Este paseo de tres paradas te cuenta cómo es el Teatro Circo de Puente Genil, quién levantó el puente y qué ocurrió el día en que el río casi lo cubre.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Teatro Circo de Puente Genil y puente sobre el Genil: historia, arcos y riada de 1917

Teatro Circo de Puente Genil: historia de un teatro de 1902

El Teatro Circo: una sala con anfiteatro

Colócate frente al Teatro Circo, en la calle, antes de entrar o pasar junto a su fachada.

Empezamos por el edificio que da nombre a esta guía. El Teatro Circo de Puente Genil se empezó a construir el tres de septiembre de mil novecientos uno y se inauguró en mil novecientos dos. Es decir, un año de obra para levantar uno de los lugares de espectáculo del pueblo.

Por dentro, la sala es rectangular. Tiene la sala de espectadores y el escenario, galerías en los lados largos y un anfiteatro al fondo. Si has estado en un teatro a la italiana, la idea te resultará familiar: todo el público mirando al mismo punto, unos abajo y otros asomados desde las alturas.

El teatro conoce bien el agua. Las inundaciones de mil novecientos sesenta y tres dañaron el edificio y obligaron a cerrarlo. Tuvo que esperar hasta febrero de mil novecientos noventa y cinco para reabrir. Son más de tres décadas con las puertas cerradas, y ahora entiendes por qué esta guía pasa del teatro al río: en Puente Genil, el Genil forma parte de la historia de casi todo.

Te propongo seguir ahora hasta el puente sobre el Genil.

Historia del puente de Puente Genil: Hernán Ruiz II y sus arcos

El puente que se hizo esperar

Arcos del puente de Puente Genil, con el gran arco de ladrillo, que ver en Puente Genil

Colócate sobre el puente o en uno de sus extremos, de modo que veas a lo largo la calzada y la fila de arcos.

Este puente tardó en construirse veintidós años, y mientras tanto nadie dejó de cruzar el río. Las obras de piedra empezaron en mil quinientos sesenta y uno y se dieron por terminadas en mil quinientos ochenta y tres. La obra se atribuye a Hernán Ruiz segundo. Durante todo ese tiempo, vecinos y viajeros siguieron pasando por el puente de madera, el paso anterior, que se remendaba cuando hacía falta, hasta que el de piedra estuvo listo.

La obra avanzó con lentitud: la cimentación quedó lista en mil quinientos setenta y dos y los trabajos se retomaron seis años después.

Ahora mira los arcos. Un informe histórico describe tres: los dos del lado de Miragenil datan de mil setecientos tres, y el grande, el de ladrillo, no llegó hasta la reforma de mil ochocientos setenta y cuatro. Del puente del siglo dieciséis, lo que subsiste es la pila central, que sostiene hoy el arco mayor. Los arcos que ves no son de aquella época: son de dos momentos posteriores, mil setecientos tres y mil ochocientos setenta y cuatro.

Detrás de esa reforma hay un nombre, Lemoniez. Llegó a Puente Genil por las obras del puente ferroviario de El Palomar, y esa intervención empujó al Ayuntamiento a restaurar el puente antiguo. Un tren, de rebote, acabó cuidando de un puente de piedra.

¿Y qué hace un río con un puente así? Baja a la orilla y lo verás.

Para profundizar

El informe histórico describe el puente con cincuenta y cinco varas de largo y tres arcos, de veinticuatro, diez y ocho varas. Esa diferencia de tamaños te explica por qué el arco grande domina la vista.

Fíjate en el arco grande de ladrillo. Tiene un perfil carpanel, es decir, una curva más rebajada que un medio punto, con los lados más cerrados y la parte alta más tendida. Sus bordes están rematados con piezas de sillería, bloques de piedra bien labrados que enmarcan el ladrillo como un cerco.

Hay además un detalle de trazado: el arco nuevo se hizo algo sesgado respecto al pilar, para alinear el paso con los dos arcos anteriores. Quien lo diseñó prefirió torcer un poco el arco antes que romper la línea del camino. A simple vista cuesta apreciarlo; lo que sí verás es la calzada continua a lo largo de los tres arcos.

La riada de 1917 en Puente Genil: el Genil a 9 metros

Nueve metros de agua

Orilla del Genil con el puente al fondo, escenario de la riada de 1917 en Puente Genil

Baja a la orilla y mira el puente desde allí, con el cauce delante y los arcos al frente.

El siete de marzo de mil novecientos diecisiete, a las seis de la tarde, el Genil llegó a nueve metros por encima de su nivel habitual. Es más o menos la altura de un edificio de tres plantas. Por la mañana, a las nueve, ya había subido cinco metros. Hasta las nueve de la noche no empezó a bajar.

Fueron horas de alarma y de evacuaciones en las calles más expuestas. Los jefes de policía José Ramos Flores y Enrique Garat García, el guarda rural Eduardo del Pino y los serenos fueron avisando a los vecinos en peligro.

Y no todo el mundo pudo salvarse. Antonio Molina y Antonia Bedmar, un matrimonio de unos sesenta años, no quisieron abandonar su casa. La vivienda cedió y los dos murieron dentro.

La crónica cuenta algo que entristece por lo humano. Pese a la lluvia y al vendaval, parte del vecindario se fue a dormir sin prever la magnitud de la crecida. Era un día más de mal tiempo, hasta que dejó de serlo.

Mira ahora el río, tan tranquilo desde aquí, y piensa en aquel día. El puente que acabas de recorrer estuvo en medio de todo.

Para profundizar

La memoria local guarda una advertencia que se atribuye a Lemoniez: el puente podía peligrar si el agua llegaba a cubrir por completo los ojos, es decir, los huecos de los arcos. Se recoge como tradición, no como cita directa del ingeniero.

Aquella no fue la única gran crecida. Un artículo local enumera como grandes riadas las de mil ochocientos sesenta, mil ochocientos setenta y seis, mil ochocientos noventa y dos y mil ochocientos noventa y cinco. Añade las avenidas históricas de mil seiscientos ochenta y cuatro y mil ochocientos cinco. El Genil, por lo visto, tiene memoria larga.

En medio de tanta angustia quedó una historia casi increíble. Durante la inundación, un trabajador subió un caballo por una estrecha escalera hasta una azotea. Después hubo que ingeniárselas para bajarlo. Esa segunda parte, cómo lo lograron, la contaba El Rubio Aires, hombre de confianza de Juan Delgado Bruzón. No fue él quien subió el caballo: fue quien contó la historia.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Puente Genil

Esta audioguía propone el Teatro Circo, el puente sobre el Genil y la vista desde su orilla. Verás los arcos de 1703, el gran arco de ladrillo de 1874 y el lugar donde se recuerda la riada de marzo de 1917.

¿Cuándo se construyó el Teatro Circo de Puente Genil

Se empezó a construir el 3 de septiembre de 1901 y se inauguró en 1902. Cerró tras los daños de las inundaciones de 1963 y reabrió en febrero de 1995.

¿Cómo es el interior del Teatro Circo de Puente Genil

Tiene una sala rectangular con la sala de espectadores y el escenario, galerías en los lados largos y un anfiteatro al fondo.

¿Cuál es el horario de visita del Teatro Circo de Puente Genil

Esta guía no recoge horarios. Para saber cuándo se puede visitar el interior, consulta la web oficial del Ayuntamiento o la oficina de turismo.

¿Cuál es la historia del puente de Puente Genil

Las obras de piedra empezaron en 1561 y terminaron en 1583, y se atribuyen a Hernán Ruiz II. Los dos arcos del lado de Miragenil datan de 1703 y el gran arco de ladrillo se incorporó en la reforma de 1874. Del puente del siglo XVI subsiste la pila central.

¿Qué pasó en la riada de 1917 en Puente Genil

El 7 de marzo de 1917, el Genil subió cinco metros sobre su nivel habitual a las nueve de la mañana y nueve metros a las seis de la tarde. Empezó a bajar a las nueve de la noche, tras horas de alarma y evacuaciones.

¿Quién fue Lemoniez en Puente Genil

Llegó a Puente Genil por las obras del puente ferroviario de El Palomar. Esa intervención impulsó al Ayuntamiento a restaurar el puente antiguo. La memoria local también le atribuye, como tradición, una advertencia sobre el riesgo de que el agua cubriera por completo los arcos.

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