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Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco: historia, Paquirri y Sala Museo

Una plaza de feria inaugurada en mil novecientos doce, rehecha en piedra pocos años después según la familia que la levantó. Y un ruedo que, desde una tarde de septiembre de mil novecientos ochenta y cuatro, se visita también para recordar. En cinco paradas, el Coso de los Llanos de Pozoblanco te cuenta su historia de afición, empeño y memoria.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco: historia, Paquirri y Sala Museo

La Gran Corná y la puerta de sol del Coso de los Llanos

Un monumento al toro que gana

Colócate en el exterior, frente a la puerta de sol, de modo que veas a la vez la escultura y la entrada al coso.

¿Qué clase de plaza de toros recibe a sus visitantes con un monumento al toro que gana? Esta. Delante de la puerta de sol tienes La Gran Corná, una escultura de Aurelio Teno. El Ayuntamiento la presenta como un homenaje al toro vencedor sobre el torero. Es justo lo contrario de lo que uno espera encontrar a la entrada de un coso.

La razón tiene fecha, mil novecientos ochenta y cuatro, y tiene nombre: Paquirri. Lo que ocurrió aquella tarde te lo contaré dentro, con el ruedo delante. Por ahora basta saber que desde entonces el Coso de los Llanos dejó de ser solo la plaza de la feria y se convirtió en un lugar de memoria.

Pero la historia empieza mucho antes, y empieza con una familia. En mil novecientos once, Joaquín García Gómez y su yerno, Rafael Bueno Roldán, compraron este solar. Querían reanimar una feria que, según la crónica de entonces, estaba decayendo. La obra dio trabajo a más de cien hombres en un año en que el empleo escaseaba. Y el veinticinco de agosto de mil novecientos doce se inauguró el coso, que hoy es una plaza de tercera categoría.

El estreno tuvo su contratiempo. El cartel anunciaba a Manuel Rodríguez, Manolete, y a Fermín Muñoz, Corchaíto. Ojo con el nombre: no es el Manolete célebre, que nacería cinco años más tarde, sino su padre, que toreaba con el mismo apodo. Había sufrido una cogida poco antes y lo sustituyó Francisco Martín Vázquez. Hay días en que el universo pone a prueba la afición de cualquiera.

Fíjate también en la entrada: en dos mil dieciocho se recuperaron aquí elementos de piedra del acceso. Y ahora cruza hacia dentro. Lo que vas a ver no es exactamente lo que se levantó en mil novecientos doce.

Para profundizar

Joaquín García no improvisó. Antes de poner una sola piedra, recorrió varias plazas andaluzas para tomar referencias. Es lo que haría cualquiera antes de reformar la cocina, solo que a escala de plaza de toros.

El plan original era inaugurar el veinticinco de julio de mil novecientos doce. No pudo ser. Las viguetas de hierro llegaron con retraso y la apertura se fue un mes más allá. Guárdate ese detalle del hierro. No fue el último disgusto que le dio a esta familia.

Antes de entrar, échale un último vistazo al conjunto. Fíjate en cómo la escultura se planta casi en el umbral, en la línea del acceso. Quien entra por la puerta de sol tiene que pasar por delante del toro. La plaza se presenta así, con la tragedia por delante.

Tendidos de granito: de plaza de hierro a plaza de piedra

Piedra después del hierro

Tendidos de granito y arcadas de la Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco

Siéntate en el tendido o quédate en uno de los accesos interiores del graderío, con las arcadas altas a la vista.

Todo lo que te rodea parece haber estado aquí desde siempre. Los tendidos de granito, gris y sólido. Las arcadas del tendido alto, que encuadran el cielo. Las pilastras que sostienen las tablas del ruedo. Una plaza de piedra, de las que parecen echar raíces. Pues según la familia que la levantó, la primera no era así. Era de hierro.

Lo contó Rafael Bueno García, nieto del promotor. En verano, el calor dilataba aquella estructura metálica. Y su abuelo, Joaquín García, llegó a temer por la seguridad de la plaza. Derribó la estructura de hierro y rehízo el coso con piedra de la cantera cercana. Según el recuerdo familiar, la obra terminó en mil novecientos dieciséis. Algunos vecinos pensaron que se había vuelto loco. Hay que reconocerlo: tirar abajo una plaza recién estrenada para construirla otra vez tiene su punto de locura. O de prudencia.

Así que lo que tienes delante es la plaza de piedra, tal como la dejó la reforma del año dos mil uno. Aquella intervención remodeló el edificio, mejoró sus instalaciones y recuperó el granito de los tendidos, las pilastras del ruedo y las columnas de las arcadas altas. De la plaza de hierro, derribada y vendida, no hay nada que señalar con el dedo: sobrevive solo en el relato de la familia.

Y la plaza no se ha quedado quieta desde entonces. Ya viste la piedra recuperada en la entrada en dos mil dieciocho, y en dos mil veintiuno se le añadieron azulejos conmemorativos.

Ahora acércate con la mirada al ruedo. Allí la historia cambia de tono.

Para profundizar

La locura de Joaquín García tuvo un final inesperado. Su nieto contó que la estructura de hierro se vendió en plena Primera Guerra Mundial, cuando el hierro escaseaba. Y que el negocio salió rentable. El hombre que el pueblo creía chiflado acabó cobrando por su chatarra en el momento justo.

Conviene saber que esto es memoria de familia. Los documentos oficiales hablan de una inauguración en mil novecientos doce y no recogen esa historia del hierro. Nadie ha resuelto todavía con papeles en la mano cómo encajan las dos versiones. Quizá por eso tiene tanto encanto escucharla sentado en el granito.

Y calcula el tamaño de esto. Caben unas cinco mil personas. Para llenarlo harían falta un centenar de autobuses, uno detrás de otro, vaciándose en la puerta.

El ruedo de Pozoblanco y la cogida de Paquirri en 1984

El ruedo de Avispado

Ruedo de la Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco donde fue cogido Paquirri

Desde el tendido, mira hacia las tablas y el perímetro de pilastras de granito que rodea el ruedo.

El ruedo, visto desde aquí, es un círculo de arena tranquilo, cercado por las tablas y el granito. Cuesta asociarlo con lo que pasó una tarde de otoño.

Fue el veintiséis de septiembre de mil novecientos ochenta y cuatro. En el cartel, tres diestros: Francisco Rivera, Paquirri; El Soro; y El Yiyo. La tarde había empezado bien para Paquirri: con su primer toro había cortado una oreja.

Salió el cuarto toro del festejo. Se llamaba Avispado y era de la ganadería de Sayalero y Bandrés. Paquirri lo recibía con el capote cuando el toro lo prendió. Eran alrededor de las siete y veinte de la tarde. Paquirri tenía treinta y seis años.

Entre el público estaba el empresario Diodoro Canorea. Al día siguiente, en la prensa, describió cómo el toro zarandeaba al torero. Dijo que lo movía como a un papel.

La cogida quedó grabada en vídeo, y esas imágenes se difundieron. Para mucha gente, lo primero que aparece en la memoria al oír el nombre de Pozoblanco es precisamente eso: la arena, el toro, el torero en el aire. Esas imágenes explican buena parte de la enorme repercusión que tuvo aquella tarde.

Esta es la arena donde ocurrió. Mírala un momento en silencio.

Después, la tarde siguió dentro de la plaza, en la enfermería. Hacia allí va la próxima parada.

La enfermería del Coso de los Llanos y la memoria de Paquirri

La enfermería y la memoria de Paquirri

Acceso a la enfermería de la Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco

Si la visita guiada te lleva a la enfermería, escucha esta parada allí. La información turística habla de un recorrido por las dependencias del coso, pero no detalla si se entra en la enfermería; pregúntalo al empezar. Si no hay acceso, quédate en el tendido con el ruedo delante.

Desde el ruedo, a Paquirri lo llevaron a la enfermería de la plaza. Allí lo operó de urgencia el doctor Eliseo Morán.

Es la otra escena que mucha gente guarda en la memoria: el torero, malherido, hablando con el doctor Morán en la enfermería. También quedó grabada en vídeo y también se difundió. Junto a las imágenes de la cogida, convirtió una tragedia en una plaza de tercera en algo que el país entero vio con sus propios ojos.

El doctor tomó la decisión que exigía la herida: trasladarlo a Córdoba, al hospital militar. Entre la plaza y aquel hospital había sesenta y siete kilómetros de carretera. Paquirri no llegó a recorrerlos con vida. Murió durante el traslado. Su esposa, Isabel Pantoja, llegó al hospital hacia las once de la noche. Él ya había muerto en el trayecto.

Conviene decirlo con claridad: esta enfermería forma parte del recorrido histórico del coso, pero no se presenta como el espacio conservado exactamente igual que en mil novecientos ochenta y cuatro.

La repercusión pública fue excepcional, y la feria de Pozoblanco ganó después una presencia en los medios que nunca había tenido. La plaza guarda su memoria de varias formas. Además de La Gran Corná, el Ayuntamiento informa de azulejos conmemorativos dedicados a Paquirri en la plaza; pide en la visita que te indiquen dónde están. Lo que no encontrarás aquí son las cabezas de Avispado y de Mosquetero, los dos toros de su lote aquella tarde: se conservan en el Museu del Bou.

Para profundizar

Aquel cartel tuvo una segunda sombra. José Cubero, El Yiyo, que compartió la tarde con Paquirri en este coso, murió por una cornada en Colmenar Viejo el treinta de agosto de mil novecientos ochenta y cinco. Habían pasado apenas once meses desde Pozoblanco.

Sala Museo de la Plaza de Toros Coso de los Llanos

La Sala Museo: carteles, cabezas y propietarios

Sala Museo de la Plaza de Toros Coso de los Llanos de Pozoblanco

Dentro de la Sala Museo, colócate donde puedas ver las cabezas expuestas y el paso hacia las dependencias taurinas.

En esta sala se reúnen materiales de más de un siglo de vida del coso. Los carteles taurinos van desde mil novecientos doce hasta hoy: una manera de leer la plaza tarde a tarde. Las cabezas expuestas, según la información turística municipal, corresponden a los toros lidiados en la inauguración de la nueva plaza. Esa misma información no identifica aquí piezas de Paquirri ni de la corrida de mil novecientos ochenta y cuatro; su recuerdo está en la escultura de la entrada y en los azulejos.

Mira también cómo la sala se comunica con las dependencias taurinas. No es un museo aparte. Está metido en las tripas de la plaza.

Y ahora, una pregunta incómoda: ¿cuánto vale una plaza de toros? El nieto del promotor recordaba que la propiedad familiar acabó vendiéndose a un chatarrero cordobés por doscientas cincuenta mil pesetas. Él mismo no recordaba cuándo, así que tómalo como testimonio sin fecha confirmada. Y no te alarmes por el comprador: la plaza de piedra siguió en pie. Lo que sí había acabado como chatarra, años antes, era la primera plaza de hierro. Curioso destino para una familia a la que el hierro ya había dado tantas vueltas.

La propiedad dio todavía otra vuelta. En mil novecientos ochenta y uno, el coso pasó a ser municipal. Desde entonces, la plaza que empezó como el empeño de un aficionado pertenece al pueblo entero. Y afición había: según su nieto, Joaquín García no la hizo por negocio. La hizo porque le gustaban los toros.

Para profundizar

El Coso de los Llanos no fue la primera plaza de Pozoblanco. Hubo otra antes, inaugurada en mil novecientos. La actual llegó solo doce años después, lo que dice bastante del ritmo de la afición en el pueblo.

Hubo también tardes de lleno histórico. La más recordada es la del veintisiete de septiembre de mil novecientos sesenta, con Manuel Benítez, El Cordobés, en el cartel. Y hubo tardes amargas muy tempranas. El veinticinco de septiembre de mil novecientos doce, dos espontáneos saltaron al ruedo. Uno de ellos, Juan Gómez Martínez, murió al día siguiente. La plaza acababa de cumplir su primer mes.

Al salir, vuelve a pasar junto a La Gran Corná. Después de todo lo que has escuchado, el toro de la puerta ya no parece una provocación. Parece un recordatorio.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Pozoblanco

Una visita imprescindible en Pozoblanco es la Plaza de Toros Coso de los Llanos, inaugurada el 25 de agosto de 1912. En su exterior está la escultura La Gran Corná, de Aurelio Teno. Dentro destacan los tendidos de granito, el ruedo donde fue cogido Paquirri en 1984 y la Sala Museo, con carteles taurinos desde 1912.

¿Cómo llegar a Plaza de Toros Coso de los Llanos

La Plaza de Toros Coso de los Llanos está en Pozoblanco. La visita empieza en el exterior, frente a la puerta de sol, donde se levanta la escultura La Gran Corná. Para indicaciones concretas de acceso y aparcamiento, lo más recomendable es consultar con la oficina de turismo de Pozoblanco o su web oficial antes de ir.

¿Cuál es el horario de visita de Plaza de Toros Coso de los Llanos

El portal oficial de Turismo Pozoblanco anuncia visitas a la Sala Museo del Coso de los Llanos, pero los horarios y la disponibilidad del recorrido interior pueden variar. Antes de ir, confirma los horarios vigentes en la web oficial de turismo o en la oficina de turismo de Pozoblanco, sobre todo en temporada de feria.

¿Cuánto se tarda en visitar Plaza de Toros Coso de los Llanos

La audioguía recorre 5 paradas: el exterior con La Gran Corná, los tendidos de granito, el ruedo, la enfermería y la Sala Museo. La duración real depende de si accedes al interior y a las dependencias del recorrido guiado. Conviene confirmar en la oficina de turismo qué espacios están abiertos el día de tu visita.

¿Cuál es la historia de Plaza de Toros Coso de los Llanos

En 1911, Joaquín García Gómez y su yerno Rafael Bueno Roldán compraron el solar. La plaza se inauguró el 25 de agosto de 1912 para reanimar la feria local. Según la familia, la primera estructura era de hierro y se rehízo en piedra hacia 1916. Pasó a ser municipal en 1981, se reformó en 2001 y en 2018 se recuperó piedra de la entrada.

¿Qué le pasó a Paquirri en Pozoblanco

El 26 de septiembre de 1984, hacia las 19:20, el toro Avispado, de Sayalero y Bandrés, cuarto de la tarde, cogió a Francisco Rivera Paquirri durante una suerte de capa. Tenía 36 años. El doctor Eliseo Morán lo operó en la enfermería y ordenó su traslado a Córdoba, pero murió en el trayecto de 67 km. La cogida y la enfermería quedaron grabadas en vídeo.

¿Qué es La Gran Corná

La Gran Corná es la escultura de Aurelio Teno situada frente a la puerta de sol del Coso de los Llanos. El Ayuntamiento de Pozoblanco la presenta como un homenaje al toro vencedor sobre el torero, una idea ligada a la memoria de la cogida mortal de Paquirri en septiembre de 1984 en esta plaza.

¿Qué aforo tiene la Plaza de Toros Coso de los Llanos

El Coso de los Llanos de Pozoblanco tiene un aforo aproximado de 5.000 espectadores y es una plaza de tercera categoría. Sus tendidos son de granito: la reforma de 2001 los recuperó junto con las pilastras del ruedo y las columnas de las arcadas altas, y además mejoró las instalaciones del edificio.

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