Ermita de Jesús de la Columna en Pozoblanco: historia y guía de visita
Una ermita de granito en la calle Jesús de Pozoblanco, levantada en el solar de una antigua posada, con fecha discutida y financiación de todo el pueblo. En tres paradas breves, recorres su fachada, su portada y, si encuentras la puerta abierta, su nave, y de paso entiendes por qué los historiadores aún no se ponen de acuerdo.

Historia de la Ermita de Jesús de la Columna y la calle Jesús
Una posada, una calle y una fecha en duda
Colócate en la acera de enfrente de la ermita, en la calle Jesús, de modo que veas entera la fachada de granito.
Antes de que existiera esta fachada, aquí había una posada. Un lugar de paso, de gente cansada y conversaciones sin mucha trascendencia. Y en ese mismo solar se levantó la ermita que tienes delante. Hay que reconocer que, como cambio de oficio, es de los que se notan.
Quienes empujaron la obra fueron los hermanos de la Escuela de Cristo. Pero no la pagaron solos. En diciembre de mil setecientos, el ayuntamiento aportó dinero público. Así que el pueblo, como institución, ya miraba este rincón cuando apenas había empezado a tomar forma.
Y aquí viene lo bueno. La fecha que se repite de siempre es mil setecientos cuatro. Pues bien, un investigador local, Manuel Moreno Valero, advierte de que hay documentos que obligan a revisarla. Los expertos aún discuten cuándo se estrenó de verdad.
Ahora fíjate en la calle. Ha sido remodelada, pero conserva el adoquín de granito del casco histórico. El suelo que pisas y la fachada que miras están hechos de la misma piedra. Es como si la calle y la ermita llevaran siglos mirándose en un espejo.
Acércate a la portada. Allí, en la fachada, hay un escudo que merece unos minutos.
Para profundizar
La ermita no figura solo en la memoria del barrio. El planeamiento municipal la incluye entre los inmuebles con caracterización arquitectónica. También la recoge en la relación de bienes identificados en la Base de Datos de Patrimonio Inmueble de Andalucía.
Sobre el dinero, el ayuntamiento no fue el único que puso. La investigación local documenta donaciones de fieles y hermanos. La financiación fue un esfuerzo comunitario, no una única gran aportación.
Y hay un detalle curioso sobre el ritmo. El historiador local compara la rapidez de estas obras con la lentitud de la parroquia de Santa Catalina. De ahí plantea que la Escuela tuvo recursos y apoyo considerables. Es una interpretación suya, pero deja una pregunta flotando.
En cuanto a fechas, la guía turística municipal sitúa las obras entre mil setecientos y mil setecientos diecisiete. Es decir, más que un día de inauguración, hubo años de trabajo.
Portada, escudo y financiación de la ermita
El escudo y los papeles que faltan

Acércate a la puerta y levanta la vista hacia la portada principal. Busca el escudo, siempre que la fachada esté despejada.
Hay una piedra en esta fachada que el ayuntamiento ha anotado en su lista de elementos que merecen protección legal. Es el escudo de la ermita. Mira cómo se coloca en la portada, dentro de un conjunto de granito sobrio, sin ornamento de sobra.
Ahora, una pregunta incómoda. ¿Quién firmó el encargo de esta obra? Pues nadie lo sabe. No se ha localizado un contrato de construcción. El investigador cree que la obra se fue acordando poco a poco, en las reuniones de la Escuela de Cristo. Quizá todo se decidió así, entre hermanos, sin escribir un documento solemne.
Esa idea cambia la imagen que uno tiene de una obra antigua. En lugar de un gran maestro con planos, quizá hubo una reunión tras otra y un grupo de personas que fue sumando acuerdos.
Y hubo quien siguió ayudando después. El presbítero Francisco Merchán de Cabrera dejó en su testamento, en mil setecientos seis, dinero y textiles para el altar. Cuesta imaginar un gesto más cotidiano y a la vez más generoso: telas y monedas para que el interior estuviera a la altura.
Lo que se pagó por fuera es granito. Lo que se cuidó por dentro, parece, fue el altar.
Si la puerta está abierta, entra. La nave guarda el resto de la historia.
Para profundizar
El escudo no es un adorno cualquiera a ojos del municipio. Figura entre los elementos patrimoniales sujetos a protección legal. Eso significa que esa piedra, tan fácil de pasar por alto desde la acera, tiene una consideración propia.
La fachada, además, es de granito. Es la misma piedra que verás en el pavimento de la calle, y eso le da al conjunto una unidad que se agradece al mirarlo con calma.
Hay otra cosa que no sabemos. No se ha podido confirmar quién diseñó la portada ni atribuir con seguridad su construcción a un maestro de obras concreto. Es un vacío, pero también una invitación a quedarse mirando los detalles, porque son lo único que nos queda de quienes la hicieron.
Y queda el testamento. Que un presbítero dejara dinero y textiles para el altar nos dice que la ermita ya se sentía como algo propio por parte de quienes la rodeaban.
Interior de la ermita, Escuela de Cristo y cofradía del Silencio
Cantos, silencio y una nave sencilla

Si el interior está abierto, entra y colócate en el centro de la nave, mirando hacia el altar y alzando la vista a la bóveda.
Cada sábado de Cuaresma, según la tradición, los hermanos de la Escuela de Cristo salían a cantar por las calles. Eran los Cantos de Pasión. Y lo curioso es que sus textos se relacionan con los Evangelios que se leerían en la misa del domingo siguiente. Los vecinos tenían así un adelanto de lo que oirían al día siguiente, cantado a pie de calle.
Esa Escuela estuvo vinculada a la construcción y al mantenimiento de este oratorio. Si el interior está abierto, verás una sola nave. Levanta la vista. Hay bóvedas de cañón y arcos transversales que dan al espacio un ritmo tranquilo, de pasos repetidos.
Y la ermita guarda otra historia más reciente. En mil novecientos ochenta y cuatro se fundó la cofradía del Silencio. En mil novecientos ochenta y cinco salió el primer paso, con la antigua imagen de Jesús de la Columna como titular. Sus primeros recorridos se distinguieron por el silencio y por pasar por lugares poco habituales entonces. Uno de ellos fue esta ermita.
Es decir, un edificio que en su origen reunió a unos hermanos que cantaban por la calle acabó recibiendo a una cofradía que procesionaba sin hablar.
El acceso al interior no está garantizado, porque hoy el edificio se usa como sede social.
Y así llegas al final del recorrido, con una pregunta que te acompaña calle abajo: qué otras voces, cantadas o calladas, habrán pasado por esta puerta.
Para profundizar
La ermita guarda otras huellas devocionales. La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes fue realizada en Olot en mil novecientos cuarenta y dos y costó mil ciento veintiocho pesetas. Es una cifra concreta que nos recuerda que estas imágenes se pagaban con dinero contado.
La cofradía del Silencio dejó además su sello. Introdujo costaleros y, más tarde, costaleras. Promovió conferencias, una revista cofrade y una casa de hermandad. Es decir, no se limitó a sacar un paso a la calle, sino que creó una vida cofrade alrededor.
Y de la arquitectura, un matiz. La nave única tiene bóvedas de cañón, y la descripción turística menciona también lunetos y arcos fajones. Son los elementos que dan ese aire de ritmo repetido al techo.
Si al salir te preguntas qué es hoy este lugar, la respuesta es sencilla. Es un edificio que ha cambiado de usos, pero que sigue ligado a la memoria de la Escuela de Cristo y de la cofradía.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está en la calle Jesús, en el casco histórico de Pozoblanco.
- Calle: fue remodelada y mantiene el adoquín de granito, así que lleva calzado cómodo.
- Interior: no está garantizado, pues el edificio se usa actualmente como sede social. Si está cerrado, la fachada y la portada se disfrutan igualmente desde la calle.
- Horarios: confírmalos en la web de turismo de Pozoblanco o en la oficina de turismo antes de ir.
- Mejor punto para la fachada: la acera de enfrente.
- Duración: el recorrido es corto, de tres paradas, y la parte exterior se hace con calma en poco tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Pozoblanco
Entre lo que ver en Pozoblanco está la Ermita de Jesús de la Columna, en la calle Jesús. Tiene fachada de granito, escudo en la portada y una nave única con bóvedas de cañón, y está ligada a la Escuela de Cristo y a la cofradía del Silencio.
¿Cómo llegar a Ermita de Jesús de la Columna
La ermita se encuentra en la calle Jesús, en el casco histórico de Pozoblanco. La calle fue remodelada y conserva el adoquín de granito. Lo más cómodo es llegar a pie por el centro y mirar la fachada desde la acera de enfrente.
¿Cuál es el horario de visita de Ermita de Jesús de la Columna
No consta un horario de visita confirmado. El edificio se usa actualmente como sede social, por lo que el interior puede no estar abierto. Conviene consultar la web de turismo de Pozoblanco o la oficina de turismo antes de ir. La fachada se ve siempre desde la calle.
¿Cuánto se tarda en visitar Ermita de Jesús de la Columna
La visita exterior es breve: fachada, calle Jesús y portada con su escudo se recorren con calma en poco tiempo. Si el interior está abierto, hay que sumar el rato para contemplar la nave única y sus bóvedas. Esta guía se divide en tres paradas.
¿Cuál es la historia de Ermita de Jesús de la Columna
Se levantó en el solar de una antigua posada, impulsada por la Escuela de Cristo. El ayuntamiento aportó dinero público en diciembre de 1700 y hubo donaciones de fieles. La fecha tradicional de 1704 se discute, y las obras se sitúan entre 1700 y 1717.
¿Quién financió la construcción de la ermita
La Escuela de Cristo no la financió sola. El ayuntamiento aportó dinero público en diciembre de 1700, y la investigación local documenta donaciones de fieles y hermanos. En 1706, el presbítero Francisco Merchán de Cabrera dejó en su testamento dinero y textiles para el altar.
¿Qué relación tiene la ermita con la cofradía del Silencio
La cofradía del Silencio se fundó en 1984 y su primer paso salió en 1985, con la antigua imagen de Jesús de la Columna como titular. Sus primeros recorridos se distinguieron por el silencio y pasaron por lugares poco habituales, entre ellos esta ermita.
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