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Viñedo de Montilla-Moriles: audioguía por la tierra de albariza

Un paseo por los pagos de albariza de la Sierra de Montilla, entre lagares, botas de fino y racimos puestos al sol. Cinco paradas para entender por qué esta tierra clara, que parece pobre, alimenta uno de los viñedos más singulares de Andalucía, con la Pedro Ximénez como uva dominante. Y para conocer a las personas que lo plantaron, lo vendimiaron y le pusieron nombre.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Viñedo de Montilla-Moriles: audioguía por la tierra de albariza

Albariza en Montilla: la tierra blanca de la Sierra

La tierra que parece cal

Colócate en un camino con vistas a los pagos de la Sierra de Montilla. Mira hacia las lomas suaves, donde el suelo se vuelve claro entre las hileras de viña.

¿Has visto alguna vez una viña plantada en una tierra casi blanca? Aquí es lo normal. Las lomas de la Sierra de Montilla ondulan despacio y el suelo, la albariza, tiene un tono tan claro que de lejos parece cal. Está hecha de margas blandas y es pobre en materia orgánica. Y aun así retiene bien la humedad. Una tierra de aspecto flaco que se porta como una buena despensa de agua.

Ahora viene lo que no se ve. Bajo tus pies, la vid hace algo que desde fuera nadie adivina. Su raíz principal puede superar los cuatro metros, más del doble que una persona alta. Pero la mayor parte de las raíces se queda en los primeros setenta centímetros, algo menos que la altura de una mesa de comedor. Es decir, la planta apuesta por lo cercano y guarda una raíz larga para cuando haga falta.

Casi todo lo que crece en estas lomas es Pedro Ximénez, la variedad principal de la denominación y la base de la mayor parte de su producción característica. Todo esto se lo explicó la viticultora Ángela Jiménez a un grupo de estudiantes que visitó Los Raigones. Les habló del suelo de albariza, de la Pedro Ximénez y del cultivo en vaso. Me gusta imaginar a aquellos chicos agachados, con un puñado de tierra clara en la mano, descubriendo que el secreto de un vino puede caber en una palma.

Y donde hay viña buena, tarde o temprano alguien necesita un sitio donde hacer vino. Sigue hacia las casas de campo.

Para profundizar

Esta tierra blanca tiene nombre administrativo. La zona de Calidad Superior reúne terrenos ondulados de albariza, situados sobre todo en la Sierra de Montilla y en los Moriles Altos. Es decir, lo que ves no es una rareza de un solo cerro, sino un tipo de paisaje con zona propia.

Las pendientes son suaves, de las que se suben sin pensar y se recuerdan en las pantorrillas al día siguiente. Esa suavidad dibuja los pagos como una sucesión de lomas claras.

Un suelo con poca materia orgánica suena a mala noticia para cualquier cultivo. Aquí, sin embargo, la combinación de margas blandas y buena retención de humedad es la base de lo que vas a conocer en las próximas paradas.

Lagares de la Sierra de Montilla: historia de Los Raigones

Setenta y ocho lagares

Un lagar rodeado de viñas en la Sierra de Montilla.

Sigue en la Sierra de Montilla y busca con la vista alguna casa de campo entre las viñas. En otro tiempo había muchas más.

Setenta y ocho. Ese es el número de explotaciones de lagar que llegaron a contarse en la Sierra de Montilla. Es un dato histórico: no quedan setenta y ocho lagares en pie, ni mucho menos todos se visitan. Pero eran setenta y ocho lugares donde se pisaba, se almacenaba y se esperaba, repartidos por unas lomas que hoy parecen tranquilas.

Uno de ellos es Los Raigones, y sigue siendo un lagar y almazara histórico en la Sierra de Montilla. Ofrece visitas con reserva, así que puedes entrar donde otros solo miran desde el camino. Sus registros documentales permiten seguirle la pista desde comienzos del siglo diecinueve, algo que no se puede decir de muchos rincones del campo. En mil ochocientos tres, Juan Manuel Raigón obtuvo la finca, que entonces se conocía como el Viejo, mediante una permuta con Brígida de Aguilar. Dos nombres y un trato.

Y ahora, el contraste. Aquel mundo de pajares y tinajas no estaba tan aislado como parece. En mil ochocientos setenta y seis, Antonio Raigón y Soto presentó vino en la Exposición Universal de Filadelfia y se llevó una medalla de bronce. Un vino hecho en estas lomas, entre albariza y lagares, compitió en una exposición universal. Un bronce, sí, pero con los medios de entonces no es poco.

La continuidad familiar tuvo un giro. En mil novecientos veinte, Luis Rasero Portero vendió el lagar a Rafael Panadero Muñoz, antepasado de los actuales propietarios. La familia que hoy lo cuida es, por tanto, esa segunda línea, no la de los Raigón.

Para entender qué guardaban estas casas por dentro, fíjate en su inventario.

Para profundizar

En mil ochocientos ochenta y seis, la casa-lagar de Los Raigones tenía lagareta, pajar y una bodega con doce tinajas. Es un inventario de lo que hacía falta para vivir del vino: un lugar para la uva, otro para la paja y un espacio para que el vino reposara.

Que se conserven registros tan concretos para una casa de campo de hace más de un siglo es un pequeño tesoro. Permite pasar de la idea vaga de que antes se hacía vino a una imagen precisa de qué había en una casa-lagar concreta, y de que entre esas paredes convivían la faena y el negocio.

Fino sin encabezar y Pedro Ximénez: bodegas de Montilla

El fino sin encabezar

Hileras de botas de madera en una bodega de Montilla.

Entra, si puedes, en una bodega de Montilla abierta a visitas y colócate frente a las botas de madera. Deja que los ojos se acostumbren a la penumbra. Las historias de esta parada pertenecen a distintas bodegas; la tuya puede ser otra, pero las botas se parecerán.

Empecemos por lo que hace distinto a este fino. La Pedro Ximénez acumula tantos azúcares que da vinos de elevada graduación natural. Por eso los finos de Montilla-Moriles suelen alcanzar su grado sin encabezar, es decir, sin añadirles alcohol, a diferencia de los de Jerez.

Después llega el velo de levaduras, el protagonista invisible de la crianza biológica. Se desarrolla de forma espontánea y alcanza su mayor actividad en primavera y otoño. Nadie lo siembra. Aparece, cubre el vino y hace del fino lo que es.

En mil novecientos setenta y cinco, Antonio López compró ciento ochenta botas vacías. Habían contenido manzanilla. Fue llenándolas con vino de Moriles Alto y se quedó mirando qué pasaba con la crianza biológica. Ciento ochenta botas, un hombre con una idea y mucha paciencia. Su apellido está ligado a Bodegas El Monte.

Y aquí viene lo bueno. El dos de enero de mil novecientos noventa y tres, Antonio López bautizaba a su cuarto hijo. Hubo familia, hubo mesa y hubo vino. Tras probarlo entre todos, nació el nombre del Fino Cebolla, un vino actual de Bodegas El Monte, cuya historia atribuye a López el impulso de la marca ese año. No salió de una reunión de marketing, sino de una sobremesa de bautizo.

Una curiosidad de nombres: el amontillado remite a Montilla, a un vino semejante al de aquí. Suele contarse como «a la manera de Montilla», aunque el origen exacto del estilo es más complejo de lo que cuenta esa frase.

Si tu bodega muestra las botas, pregunta por las criaderas y la solera. Es el modo más rápido de entender cómo se ordena todo ese vino que descansa.

Pero el fino es solo una cara de la moneda. Hay otro vino, más oscuro y más dulce, que nace bajo el sol.

Para profundizar

Los apellidos de las botellas guardan historias. Una tradición local atribuía las iniciales del Fino C.B. a un capataz apellidado Villanueva. Otra versión las vinculaba al carlismo de los propietarios, aunque quien ha estudiado el asunto la pone en duda. Mejor quedarse con la leyenda como leyenda.

Diego de Alvear fue condenado a prisión y expulsado del Ejército en mil ochocientos veintiséis. Marchó a París y, según cuenta la historia local, diseñó allí la prensa vertical usada para elaborar Pedro Ximénez.

Y una más, de carácter práctico. Francisco López Ortiz quiso controlar las entradas y salidas de su bodega. Dispuso una sola puerta y tomó un almendro cercano como límite de altura.

Si pruebas un Pedro Ximénez de añada, mira la etiqueta. Salvo los criados por criaderas y solera, debe indicar el año de vendimia. Y en el mapa, recuerda que la zona de producción incluye por completo Montilla, Moriles, Doña Mencía, Montalbán, Monturque, Puente Genil y Nueva Carteya, además de otros municipios en parte.

Vendimia en Montilla-Moriles: de agosto a la pasera

La vendimia y el sol

Racimos de Pedro Ximénez asoleándose en una pasera.

Sal otra vez al viñedo y recorre con la vista las hileras. Si coincide con la temporada, busca en la comarca unos capachos con racimos puestos al sol.

La vendimia para vino suele comenzar en agosto, de las más tempranas de España, aunque el calendario varía según la campaña y la variedad. Hay también recolecciones tempranas en julio, según el destino de la uva.

Un ejemplo fechado: el siete de julio de dos mil veintitrés, Bodegas Robles inició en Cantarranas una recolección temprana de Pedro Ximénez con uvas todavía verdes. No era vino, sino Agraz-Verjus, un aliño. Fue una cosecha excepcional, no la vendimia ordinaria.

Ese año ocurrió además algo curioso. El equipo del chef cordobés Paco Morales fue al viñedo a recoger más de seis mil hojas adultas de Pedro Ximénez para la cocina del restaurante Noor. Hojas, no uvas. Una viña da más de lo que creemos.

La recolección también se mide en horas. En la manual descrita ese año se trabajaba entre las siete y las dos de la tarde. En la mecanizada, entre las cuatro y las diez de la mañana, para evitar el calor.

El calor es protagonista en las paseras, donde se asolea la uva para el Pedro Ximénez dulce. En agosto de dos mil veintitrés, La Aurora empezó el día tres y seis días después arrancó el personal de Bodegas Galán Portero. Esas fechas cambian cada año. Tres estudiantes, Paula Triviño, Ligia Sánchez y Evelin Escalona, estudiaron las condiciones de trabajo allí. Documentaron calor, cargas y posturas incómodas. Detrás de cada copa dulce hay personas agachadas bajo el sol.

Cuando el vino llega a la mesa, parece que nació solo. Ahora ya sabes que no.

Para profundizar

Un dato histórico, no actual: la cosecha de dos mil tres alcanzó ochenta y seis coma un millones de kilos de uva y permitió elaborar catorce coma cinco millones de litros de vino. De ellos, uno coma cinco millones fueron de Pedro Ximénez. En septiembre de dos mil veintiséis se comunicaban unos treinta y tres millones de kilos recogidos y una previsión de treinta y cinco, cifras provisionales y no comparables en litros.

Detrás de la uva hay también apuestas personales. Antonio Galán y Soledad Portero fundaron una pequeña bodega familiar. Tras competir en el mercado del fino, la firma decidió elaborar Pedro Ximénez con uva asoleada.

Del terremoto de Valparaíso a Los Raigones

Un viajero que vuelve a casa

Camino entre viñas en el paraje de Cantarranas.

Quédate en el mismo viñedo, de cara a las lomas, y piensa en quienes lo han trabajado.

Luis Rasero Portero tuvo un negocio en Valparaíso, en Chile. Un terremoto en agosto de mil novecientos seis destruyó su patrimonio y lo obligó a volver a Montilla. El veinticinco de julio de mil novecientos veinte vendió Los Raigones a Rafael Panadero Muñoz por dieciséis mil pesetas, y el comprador asumió además las cargas hipotecarias.

Casi un siglo después, Ángela Jiménez investigó durante ocho años la historia de Los Raigones y de los lagares de la Sierra, compaginándola con otros compromisos profesionales. Gracias a esa paciencia sabemos hoy estas historias.

Si quieres ver las hileras de cerca, los caminos del paraje de Cantarranas, entre Montilla y Aguilar de la Frontera, se recorren solo por vías autorizadas o con permiso.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué es la albariza

Es el suelo claro de las lomas de la Sierra de Montilla y los Moriles Altos, dentro de la zona de Calidad Superior. Está formada por margas blandas, es pobre en materia orgánica y retiene bien la humedad.

¿Cuándo es la vendimia en Montilla-Moriles

La vendimia para vino suele comenzar en agosto, aunque varía según la campaña y la variedad. Puede haber recolecciones tempranas en julio: en 2023, Bodegas Robles recogió uva verde para Agraz-Verjus, no para vino. Consulta las fechas de cada año.

¿Qué bodegas se pueden visitar

Los Raigones, lagar histórico de la Sierra de Montilla, ofrece visitas con reserva. De otras bodegas citadas en la ruta no se ha confirmado que sean visitables. Confirma horarios en la web de la denominación o en la oficina de turismo.

¿Qué uva domina en Montilla-Moriles

La Pedro Ximénez, variedad principal de la zona y base de la mayor parte de su producción característica. Se cultiva en vaso sobre albariza y se elabora también con uva asoleada.

¿Por qué el fino de Montilla-Moriles no se encabeza

Porque la Pedro Ximénez acumula azúcares y da vinos de elevada graduación natural. Los finos suelen alcanzar su grado sin añadir alcohol, a diferencia de los de Jerez.

¿De dónde viene la palabra amontillado

Remite a Montilla y a un vino semejante al de allí, y suele explicarse como «a la manera de Montilla». El origen exacto del estilo es más complejo.

¿Qué es el Fino Cebolla

Es un vino actual de Bodegas El Monte. Según la historia de la bodega, Antonio López López impulsó la marca en 1993.

¿Cómo sé si un Pedro Ximénez es de añada

Fíjate en la etiqueta. Debe indicar el año de vendimia, salvo los criados por criaderas y solera.

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