Ermita de la Madre de Dios en Montalbán de Córdoba: audioguía
Una espadaña, unas andas que costaron una fortuna y un retablo dorado hace casi cuatrocientos años. En tres paradas recorres la Ermita de la Madre de Dios, en Montalbán de Córdoba, y conoces a la cofradía que la levantó, cuentas en mano.

Fachada y espadaña de la Ermita de la Madre de Dios
La espadaña y los Remedios
Colócate en la calle Ancha, frente a la fachada de la ermita, con la vista en lo más alto, donde está la espadaña.
¿Cuántos nombres puede tener una ermita? Esta, al menos, tuvo dos. Y el que no está en el cartel es el que más se repite en los papeles antiguos: Nuestra Señora de los Remedios.
Sube la mirada hasta la espadaña. Ese remate es lo último que se le añadió a la fachada, en el siglo dieciocho, y le dio el aspecto que tiene hoy. Pero la historia de lo que hay debajo es bastante más vieja.
Cuando se escribió la primera noticia conocida, la ermita ya tenía culto. Es del siete de marzo de mil quinientos noventa y uno. La dejó un visitador llamado Alonso Ezquerra, un hombre que recorría iglesias y ermitas anotando lo que veía. Entre sus notas aparece este templo y aparece la Cofradía de los Remedios, la comunidad de vecinos que lo sostenía.
Fíjate en lo que eso significa. De los miles de personas que rezaron aquí antes de esa fecha no sabemos casi nada. Y de pronto, un día de marzo, un funcionario con su cuaderno nos deja la primera línea.
Hay que reconocerlo: la historia a veces empieza porque a alguien le tocó apuntar. Si Ezquerra hubiera pasado de largo, hoy sabríamos aún menos.
La ermita cambió mucho después de aquel día. La siguiente parada está dentro, y allí las cifras hablan más que los nombres.
Para profundizar
La advocación de Madre de Dios convivió con la de Nuestra Señora de los Remedios. La documentación parroquial dice que la ermita se llamaba también así, y el historiador local indica que Madoz empleó ese nombre.
Lo que hoy se cuenta de este templo tiene un origen modesto. El texto histórico que circula en línea no nació como guía turística. Su autor precisa que apareció en la revista de feria de mil novecientos noventa y cuatro. Fue, por tanto, un texto escrito para los vecinos en fiestas, y muy bien documentado.
Ese mismo investigador reconoce que la historia está incompleta. Faltaría revisar a fondo el archivo parroquial para completar lo que se sabe de la cofradía. Y al cerrar su trabajo agradece a Pablo Moyano la información que le facilitó.
Así que parte de lo que vas a oír está todavía en cajas, esperando a que alguien las abra.
Obras de 1594 y cuentas de la cofradía
Cuentas de un año grande

Entra en la nave de la ermita, o quédate junto a los muros si no puedes pasar, y recorre con la vista la longitud del edificio.
Veintitrés mil cuarenta y cuatro maravedíes. Eso costaron unas andas nuevas para sacar en procesión a la imagen de los Remedios. En las cuentas de mil quinientos noventa y cuatro es una de las partidas que más destacan.
Ese año la ermita vivió una obra importante. Según el historiador local, fue la que le dio su aspecto en naves y muros perimetrales. Al frente del gasto estaba el mayordomo, Miguel de Gálvez. Él administraba el dinero de la fábrica, y el libro de cuentas lleva su nombre.
Las cifras impresionan. En materiales se anotaron setenta y nueve mil ciento noventa y cuatro maravedíes. En oficiales y otros gastos, ciento cuarenta y nueve mil ciento cincuenta y cuatro. Casi el doble en manos que en piedra y ladrillo.
Y aquí viene lo bueno. Entre tanta partida de obra hay una línea distinta: una misa por diecisiete hermanos difuntos. No es un material ni un jornal. Es la huella de gente concreta, diecisiete personas que habían pertenecido a la cofradía y que alguien quiso recordar en medio de las cuentas.
Fíjate en el espacio que tienes alrededor. Detrás de cada metro de muro hubo un mayordomo sumando, unos oficiales cobrando y unos hermanos que ya no estaban. El edificio guarda también esa memoria.
Pero una ermita no se acaba con las paredes. Falta lo que se puso al fondo, y también tiene sus cuentas.
Para profundizar
Una obra así no se pagaba sola. La cofradía no solo gastaba: en el mismo año ingresó dieciséis mil ochocientos dieciséis maravedíes de cuotas atrasadas de sus hermanos. Eso quiere decir que alguien tuvo que ir de puerta en puerta a reclamar lo que se debía.
Entraron además seis mil maravedíes por un censo de dos casas. Es decir, la cofradía tenía propiedades que le daban renta, y con ellas ayudaba a sostener la ermita.
Queda la pregunta de qué se construyó exactamente con tanto dinero. El historiador local lo interpreta así: el volumen del gasto sería indicio de que entonces se levantó el cuerpo de tres naves que se conserva. Es una hipótesis razonable, aunque no una certeza.
Lo que sí consta es el esfuerzo. Cuotas, rentas y misas por los difuntos formaban una misma economía, la de una comunidad que cuidaba a la vez su templo y a sus muertos.
Retablo mayor, crucero y presbiterio
El oro del retablo

Avanza hacia el presbiterio y colócate frente al retablo mayor. Si puedes, busca después, en el lado del Evangelio junto al crucero, la imagen de San Antonio.
En lo más alto del retablo hay una inscripción casi borrada que guarda un nombre: Andrés Castro Valle. Según ella, encargó dorar el retablo en mil seiscientos cuarenta y dos.
Ese oro es el último capítulo de una historia que empezó antes. En la primera mitad del siglo diecisiete se construyeron el crucero y el presbiterio, y con ellos el edificio quedó con la estructura general que tiene hoy.
Hacia mil seiscientos treinta el hermano mayor de la cofradía era Antón Baquero. Por esa época se costeó el retablo del presbiterio, de estilo tardorrenacentista. No sabemos qué dijo ni qué decidió, pero su cargo coincide con el momento, y así la iniciativa tiene al menos un rostro.
Fíjate en cómo está organizado. El historiador local lo califica de retablo popular. Sin embargo, destaca que su traza sigue la forma habitual de organizar los retablos de su época. No es una pieza de gran fama, pero sigue las reglas del oficio con orden.
Y ahí está el giro. Cuando uno imagina el oro de un retablo, piensa en grandes poderes. Aquí el nombre que queda en el ático es el de un vecino que quiso dorar lo que su comunidad había levantado.
Doce años separan al hermano mayor del dorador. Doce años de ermita viva, con su cofradía, sus cuentas y su retablo creciendo.
Para profundizar
La ermita no fue solo de la Madre de Dios. Albergó también devoción a Nuestra Señora de las Nieves. Los libros citados registran dos fiestas y diecisiete misas cantadas en su honor.
Las memorias de culto incluían además una misa pro populo todos los domingos, una misa por el pueblo entero. Esos registros fueron revisados en mil setecientos diecisiete.
En el lado del Evangelio, junto al crucero, te espera San Antonio. Es una talla de finales del siglo diecisiete, colocada en un retablo barroco. Mírala sin prisa: es un buen contrapunto al retablo mayor, más antiguo y más popular.
El retablo mayor tiene además un registro fotográfico en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Está fechado en dos mil diez y atribuido a Pedro Berjillos Ruiz.
Cuatro siglos y pico después, alguien lo fotografió para que quedara constancia. Es una forma moderna de hacer lo que hicieron los vecinos: apuntar para que no se olvide.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está en Montalbán de Córdoba, con la fachada y la espadaña sobre la calle Ancha. Ese es el punto de inicio de la audioguía.
- Horarios y acceso: confírmalos antes de ir en la oficina de turismo o en la web del Ayuntamiento de Montalbán de Córdoba.
- Escucha: la primera parada se hace en el exterior. Las otras dos son mejores dentro, si el templo está abierto.
- Respeto: es un templo con culto. Si hay celebración, espera a que termine.
- Calzado y ritmo: lleva calzado cómodo y ve a tu ritmo. Cada parada se escucha mejor sin prisa.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en la Ermita de la Madre de Dios
Debes ver la fachada con su espadaña del siglo XVIII, el cuerpo de naves de la obra de 1594 y el retablo mayor tardorrenacentista, dorado en 1642. También destaca la talla de San Antonio, de finales del siglo XVII, en un retablo barroco junto al crucero.
¿Cómo llegar a la Ermita de la Madre de Dios en Montalbán de Córdoba
La ermita está en Montalbán de Córdoba y su fachada, con la espadaña, da a la calle Ancha. Ese es el punto de inicio de la audioguía. Para planificar el acceso, consulta la oficina de turismo o el Ayuntamiento del municipio.
¿Cuál es la historia de la Ermita de la Madre de Dios
Ya tenía culto en la segunda mitad del siglo XVI y su primera noticia documental citada es del 7 de marzo de 1591. En 1594 se hizo una obra importante. En el siglo XVII se levantaron crucero y presbiterio, y en el XVIII se añadió la espadaña.
¿Cuál es el horario de la Ermita de la Madre de Dios
No hay un horario verificado. Al ser un templo con culto, puede variar según celebraciones y temporada. Lo más fiable es confirmarlo antes de la visita en la oficina de turismo o en los canales oficiales del Ayuntamiento de Montalbán de Córdoba.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar la Ermita de la Madre de Dios
La audioguía tiene tres paradas: fachada, naves y presbiterio con retablo mayor. La duración depende de tu ritmo y de si puedes entrar al interior. Conviene reservar un rato tranquilo para escuchar cada parada frente a lo que se cuenta.
¿Tuvo otro nombre la Ermita de la Madre de Dios
Sí. La documentación parroquial señala que la ermita se llamaba también de Nuestra Señora de los Remedios, nombre ligado a la cofradía que la sostenía. El historiador local indica que Madoz empleó esa advocación. Además, albergó devoción a Nuestra Señora de las Nieves.
¿Quién pagó las obras y el retablo de la ermita
La Cofradía de los Remedios. En 1594 las cuentas recogen gastos de obra, cuotas atrasadas de hermanos y rentas de dos casas. Hacia 1630 era hermano mayor Antón Baquero, y una inscripción atribuye a Andrés Castro Valle el dorado del retablo en 1642.
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