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Parque Natural Sierra de Hornachuelos: audioguía de senderismo y patrimonio

Seis paradas entre el pueblo de Hornachuelos y su sierra, en Sierra Morena, Córdoba. Empezamos en la puerta del parque natural. Subimos después a un castillo de origen califal, que está en el casco urbano y fuera del espacio protegido, y desde allí miramos un valle con fama literaria. Luego volvemos al monte: un sendero que los vecinos rescataron de la maleza, un molino de monjes bajo el vuelo de los buitres y un embalse que guarda bajo el agua diecisiete casas. Es una ruta para caminar despacio, con los ojos en el cielo y los pies cerca del río.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Parque Natural Sierra de Hornachuelos: audioguía de senderismo y patrimonio

Centro de visitantes Huerta del Rey, la puerta del parque natural

Huerta del Rey: la puerta del parque

Colócate ante la entrada del centro de visitantes, con el edificio delante y el aparcamiento a tu espalda.

Bienvenido a la puerta del parque. Este edificio es el centro de visitantes Huerta del Rey, en la finca del mismo nombre, a un kilómetro y trescientos metros del pueblo por la carretera que va hacia San Calixto. Aquí ya estás dentro del espacio protegido. El centro tiene una tarea sencilla y muy útil: recibirte, informarte y contarte la sierra en sus exposiciones antes de que la pises.

Y hay mucha sierra que contar. El Parque Natural Sierra de Hornachuelos se declaró el veintiocho de julio de mil novecientos ochenta y nueve y ocupa algo más de sesenta mil hectáreas, es decir, más de seiscientos kilómetros cuadrados de Sierra Morena. Lo que más vas a ver a tu alrededor son bosques de encinas y alcornoques.

Dentro, la exposición cuenta el monte por capítulos. Están la fauna, la flora y el relieve, claro. Pero también lo que la gente ha hecho con él: la caza mayor, la apicultura y la extracción del corcho. El parque no se presenta como un decorado vacío, sino como un lugar trabajado. Y habitado, aunque por poca gente: según la ficha municipal, en mil novecientos ochenta y uno vivían en el interior del espacio natural trescientas cuarenta y cuatro personas. Es un dato de entonces, no de hoy.

Si vienes en otoño, pregunta por la berrea del ciervo. Es uno de los grandes atractivos de la sierra en esa estación.

Antes de salir, pregunta aquí qué caminos están abiertos hoy. El estado de los senderos cambia, y el último aviso conocido lo tienes resumido en «Prepara tu visita».

Ahora salimos un momento del parque. Vuelve al pueblo: el castillo está en pleno casco urbano y, desde sus murallas, se entiende todo el valle.

Para profundizar

Este edificio no se pensó solo para quien llega de fuera con un mapa en la mano. Desde el principio se concibió también para actividades educativas, para asociaciones y para la población local. Es un centro de visitantes que también es, en parte, un centro de vecinos. Tiene sentido: quien mejor conoce un monte suele ser quien vive a su lado.

El edificio tiene además su pequeña historia de obras. Entre dos mil siete y dos mil ocho se remodeló a fondo durante aproximadamente un año, y en mayo de dos mil ocho la Junta daba la reforma casi por terminada. Afectó a la recepción, la exposición, una sala multiusos, los aseos y las instalaciones. Lo simpático es que la atención al público no se interrumpió: el servicio se trasladó al bar-restaurante cercano. Pocas consultas sobre el monte habrán estado tan bien acompañadas de café.

Castillo de Hornachuelos: origen califal, historia y restauración

El castillo: de Furnuyûlush a los señores de Aguilar

Mirador del Bembézar en el castillo de Hornachuelos, qué ver en Hornachuelos

Sube al adarve y colócate junto a las almenas, mirando hacia el valle del Bembézar.

Has salido del parque natural: este castillo está en pleno casco urbano de Hornachuelos. Pero sin él no se entienden ni el pueblo ni su nombre.

Empecemos por lo más antiguo. Según la información patrimonial del municipio, el recinto amurallado y el castillo tienen origen califal, de época andalusí. En el siglo doce, el geógrafo al-Idrisi ya escribe un nombre para este lugar: Furnuyûlush. Es el primer testimonio que cita la historia municipal. El oído reconoce algo del Hornachuelos actual, pero las fuentes no dan por cerrada la etimología.

El conjunto era mucho mayor de lo que parece. Las murallas y las torres abarcaban unos noventa mil metros cuadrados, casi trece campos de fútbol. Una parte se conserva, otros tramos sobreviven fosilizados y otros se han perdido.

En mil cuatrocientos cuarenta y cuatro, el rey Juan segundo concedió Hornachuelos como señorío a Martín Fernández de Portocarrero, en medio de un pleito dinástico. La concesión no llegó a hacerse efectiva. Fue Pedro Fernández de Córdoba, señor de Aguilar, quien tomó la tenencia del castillo y el control de la villa. Su sucesor, Alfonso de Aguilar, tuvo la fortaleza durante la guerra civil del reinado de Enrique cuarto y, según la información municipal, hizo en ella obras importantes.

Mira lo que pisas. Este es el paso de ronda, el camino de los centinelas, con los merlones a tu lado. Busca la torre del homenaje, que tiene una cámara visitable, y fíjate en su acceso en recodo: es un quiebro pensado para frenar a quien llegara con prisa. Hay también un baluarte y un aljibe.

¿Qué es antiguo y qué es nuevo? Las obras que empezaron en junio de dos mil veintidós construyeron una torre de acceso nueva y recuperaron tramos de muralla deteriorados. El proyecto contemplaba además devolver la plaza de armas a su altura original y recuperar el aljibe. Es una restauración, no una reconstrucción completa. Eso sí, las fuentes no señalan uno por uno qué merlones o tramos son medievales y cuáles se rehicieron. Desde el diecisiete de enero de dos mil veintiséis, el castillo está abierto al público.

Para profundizar

En dos mil seis, la arqueóloga María José Asensi Llácer dirigió una excavación para aclarar las incógnitas del recinto. Su propio resumen reconoce que no salieron conclusiones definitivas de peso. Admitir que la tierra no ha querido hablar también tiene su mérito.

El gran cambio llegó con el proyecto Mirador del Bembézar, impulsado por el Ayuntamiento y el Ministerio, con algo más de seiscientos treinta y ocho mil euros licitados en dos mil veintidós. Ese mismo año se anunció que lo presentarían el arqueólogo Santiago Rodero y la arquitecta Monique Ventarcourt. En dos mil veintitrés ya se mostraba el paso de ronda recorrible, con vistas desde las murallas.

La historia sigue. El veintinueve de septiembre de dos mil veintiséis, la Comisión Provincial de Patrimonio informó favorablemente el proyecto de un centro de interpretación del castillo en dos plantas. Por ahora es solo un plan.

Mirador del Bembézar: el valle, Don Álvaro, San Calixto y Moratalla

Mirador del Bembézar: el valle, Don Álvaro y los monjes del Tardón

Vistas del valle del Bembézar desde el castillo de Hornachuelos

Sigue en el adarve, en el tramo con la vista más abierta sobre el valle.

Ahora olvídate un momento de la piedra y mira lejos. Este castillo restaurado se llama hoy Mirador del Bembézar por lo que tienes delante: el valle del río Bembézar, que drena la parte central del parque natural. Guarda ese nombre. Al final de la ruta volverás a encontrarte con él, convertido en embalse. Será el mismo río y el mismo valle, visto desde otro punto.

Este paisaje tiene también fama literaria. El itinerario patrimonial del municipio sitúa en el convento de Santa María de los Ángeles la inspiración del drama Don Álvaro, y la guía municipal relaciona esa obra con una ópera de Verdi. Así que una historia nacida en estas sierras tiene eco en los teatros de ópera. No está mal para un pueblo que, desde aquí arriba, parece tan tranquilo.

Hay otro nombre que conviene retener. Por la misma carretera que lleva a Huerta del Rey se va a San Calixto, el antiguo Tardón. Allí están la iglesia de Nuestra Señora de la Sierra y el convento de Carmelitas Descalzas del Tardón. El convento no se visita. La iglesia sí, pero la ficha municipal recomienda llamar antes. Los monjes del Tardón volverán a aparecer en esta ruta, como dueños de un molino junto al Guadalora.

Y en el entorno del municipio hay un tercer hito: Moratalla. Es un palacio rodeado de jardines atribuidos al diseño de J. N. Forestier, con fuentes y miradores. Es un paisaje domesticado, pensado para pasear, que contrasta con el monte bravo que vas a pisar enseguida.

Ahora sí, despídete del pueblo. Volvemos al parque natural, a la orilla de un arroyo.

Sendero del Guadalora, senderismo en Hornachuelos

Guadalora: el camino que volvió del olvido

Sendero del Guadalora, senderismo en el Parque Natural Sierra de Hornachuelos

En el arranque del sendero, junto al arroyo, con el bosque de ribera delante.

¿Cómo se pierde un camino? No hace falta que nadie lo borre. Basta con dejar de pisarlo. Este sendero lo sabe bien. Durante años de abandono, la vegetación fue cubriendo el acceso al viejo molino que espera río arriba, hasta tragárselo. Fue una iniciativa popular la que volvió a abrirlo. Hay caminos que se trazan en un despacho y caminos que rescata la gente. Este es de los segundos.

Vuelves a estar dentro del parque natural. Lo que tienes alrededor es el bosque de ribera, la galería verde que crece pegada al agua del Guadalora. Escucha un momento: el rumor del arroyo, la sombra, el aire algo más fresco que en la ladera.

Este camino también tuvo su momento de gloria. En dos mil ocho, un diario cordobés lo presentó como el sendero más transitado de la provincia, a raíz de un estudio de la Junta sobre trescientas diecinueve rutas señalizadas. Tómalo como una foto de aquel año y no como una clasificación de hoy. Aun así, encabezar una lista de más de trescientas rutas no es mal currículum para un hilo de agua en mitad de la sierra.

Sigue el arroyo aguas arriba. Al final te espera un molino que trabajó para unos monjes.

Para profundizar

Cuando llegues al puente, presta atención al nombre. Un grupo de senderistas de Palma del Río recogió de boca de la gente un nombre que no aparece en los carteles: la pasá-Isira. Así llaman a ese paso. Quién o qué fue Isira, el nombre no lo aclara. Pero pasa en todas partes: los mapas dicen una cosa y la gente otra, y la versión de la gente suele sonar mejor.

Esos mismos caminantes dejaron otra pista útil. En su relato, la ruta no es un pasillo uniforme, sino que va cambiando de carácter. Al bosque de galería y a las zonas de sombra se llega cruzando el arroyo varias veces. Es la manera que tiene el Guadalora de recordarte quién manda aquí. El agua marca el camino y tú la sigues, de orilla en orilla.

Molino de la Paloma, dónde observar buitres en Hornachuelos

Molino de la Paloma: harina, monjes y buitres

Molino de la Paloma y rapaces en el Parque Natural Sierra de Hornachuelos

Junto a los restos del molino, a orillas del Guadalora, con el cauce a tus pies y el valle abierto sobre ti.

Durante siglos, este río hizo harina. Lo que tienes delante es el Molino de la Paloma, un antiguo molino harinero movido por la propia corriente del Guadalora. En sus márgenes llegó a haber tres molinos, y la Junta presenta este como el mejor representante de todos ellos.

Busca los restos de la construcción y, junto a ellos, el cauce por donde corría el agua que daba la energía. La Junta sitúa su existencia en época medieval y documenta que después pasó a manos de los monjes del Monasterio de San Basilio del Tardón, el que más tarde se llamaría San Calixto. Es el mismo Tardón del que te hablé desde el castillo. Es un capítulo antiguo de este valle, pero no el primero: la comarca tiene un pasado andalusí documentado, y el nombre del pueblo ya aparece escrito en el siglo doce. Unos monjes y un molino. Rezar y moler, que también es una forma de organizar el día.

Has llegado hasta aquí caminando unos tres kilómetros río arriba desde la carretera ce o cincuenta y tres diez.

Ahora levanta la vista. No busques un observatorio construido: no consta que haya uno aquí. El punto de observación es el propio valle abierto. Y hay buenos motivos para mirar, porque la Junta describe en el parque colonias de buitre negro y de buitre leonado. Si el día acompaña, quizá veas alguna silueta planeando en círculos. Nadie lo garantiza. Pero si no aparecen, el molino tampoco se ofende.

Para la última parada cambiamos de valle. Volvemos al Bembézar, el río que contemplaste desde el castillo.

Para profundizar

El molino ya no muele, pero sigue dando de comer a su manera. Una crónica senderista cuenta que el grupo se detuvo aquí precisamente para eso, para comer. Otra crónica de excursionistas locales describe a la cuadrilla refrescándose los pies en el río, y a uno de ellos recibiendo, en sus palabras, una sesión gratis de ictioterapia. Entiendo que algún pez del Guadalora se tomó confianzas. Si te descalzas, ya sabes a qué te expones.

Para el papeleo municipal, este rincón tiene un nombre mucho menos poético: en el catálogo urbanístico de Hornachuelos figura como el bien hache dieciséis. Un mismo lugar puede ser a la vez el molino de los monjes, la mesa de los senderistas, el balcón de los buitres y una ficha con código. Todas esas cosas son verdad. Depende de quién lo mire.

Embalse y presa del Bembézar, historia y vistas

Bembézar: lo que guarda el agua

Embalse y presa del Bembézar, rutas Sierra Morena Córdoba

En la orilla o el mirador accesible del embalse, con el agua delante y la curva de la presa a la vista.

Bajo esta agua quedaron diecisiete casas. En ellas vivían ochenta personas. Cuando el embalse empezó a llenarse, en mil novecientos sesenta, el agua fue ocupando el valle y aquellas casas desaparecieron. No conocemos sus nombres. Solo queda esa cifra, que es pequeña y enorme a la vez.

Este es el Bembézar, el mismo río cuyo valle miraste desde las murallas del castillo. Ahora lo ves desde otro punto, convertido en lago. Fíjate en cómo el embalse serpentea, encajado entre laderas. Así se entiende lo que hace un pantano: el agua ocupa un valle de Sierra Morena hasta tomar su forma, como en un molde.

La idea venía de lejos. El proyecto se redactó en mil novecientos treinta y tres y se revisó en mil novecientos cuarenta y cinco. Las obras de la presa empezaron en mil novecientos cincuenta y tres y se alargaron hasta mil novecientos sesenta y tres. El embalse no esperó al último remate: el agua empezó a acumularse en mil novecientos sesenta, y la ficha técnica oficial sitúa el inicio de la explotación en mil novecientos sesenta y dos. Son tres fechas que parecen contradecirse y no lo hacen: la presa ya retenía agua y funcionaba mientras se terminaba la obra.

Lo que ves es una presa de gravedad de planta curva, un muro que aguanta el empuje del agua con su propio peso. No consta que se haya reconstruido después. Es la obra de aquellos años, de mediados del siglo veinte.

La historia no terminó con el último bloque de hormigón. En marzo de dos mil veinticinco hubo inundaciones. En abril, algunos agricultores denunciaron daños en una explotación de naranjos y pidieron más coordinación y previsión con los desembalses. La Confederación justificó la apertura por las previsiones meteorológicas. Entre quienes trabajan estas tierras y quienes gestionan el agua, la conversación sigue abierta.

Antes de irte, mira el agua quieta un momento. Debajo hubo puertas, cocinas y ochenta vidas.

Para profundizar

El pantano llegó acompañado de una promesa: regadíos y pueblos nuevos para colonos. El cuatro de junio de mil novecientos sesenta y nueve, Francisco Franco visitó la zona regable, la presa y los poblados de Bembézar del Caudillo y Mesas de Guadalora. Allí entregó títulos de tierras y viviendas a cuatrocientos cuarenta y ocho colonos.

El tiempo fue desigual con aquella promesa. Un estudio académico de la Universidad de Córdoba sobre los ocho núcleos de colonización de la zona registra descensos de población en cuatro de ellos: Bembézar, Céspedes, Mesas de Guadalora y El Priorato. Tómalo como una tendencia de fondo y no como el censo de este año.

Recorrer estas orillas también depende de acuerdos. Según el Ayuntamiento, la hoja de ruta pactada con la Junta, con la participación de la Asociación de Turismo de Hornachuelos, preveía reabrir el sendero del Bembézar de entrada solo hasta el puente. Es una situación que cambia, así que compruébala antes de ir.

Aquí nada está terminado del todo. Y quizá por eso merece la pena volver.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Cómo llegar al centro de visitantes Huerta del Rey

Está dentro del parque natural, en la finca Huerta del Rey, a 1,3 km del pueblo de Hornachuelos por la carretera que va hacia San Calixto. Antes de ir, conviene consultar el último aviso oficial sobre qué equipamientos y senderos están abiertos.

¿Qué ver en Hornachuelos

En el pueblo, el castillo de origen califal convertido en Mirador del Bembézar, abierto al público desde enero de 2026. En el entorno, San Calixto, con su iglesia de Nuestra Señora de la Sierra, y el palacio de Moratalla con sus jardines. En el parque, el sendero del Guadalora, el Molino de la Paloma y el embalse del Bembézar.

¿Qué relación tiene Hornachuelos con Don Álvaro

El itinerario patrimonial municipal sitúa en el convento de Santa María de los Ángeles la inspiración del drama Don Álvaro, y la guía municipal relaciona la obra con una ópera de Verdi.

¿Qué es original y qué es restaurado en el castillo de Hornachuelos

El recinto tiene origen califal y conserva parte de sus murallas, que llegaron a abarcar unos 90.000 m². Las obras iniciadas en junio de 2022 construyeron una nueva torre de acceso y recuperaron tramos deteriorados de muralla, y el proyecto incluía la plaza de armas y el aljibe. Las fuentes no detallan qué merlones concretos son medievales.

¿Se pueden ver buitres y ciervos en la Sierra de Hornachuelos

La Junta describe colonias de buitre negro y leonado en el parque, y el valle del Guadalora junto al Molino de la Paloma es un buen punto para mirar al cielo, aunque su presencia no está garantizada. En otoño, la berrea del ciervo es uno de los grandes atractivos.

¿Se puede visitar el Monasterio de San Calixto

San Calixto, el antiguo Tardón, alberga la iglesia de Nuestra Señora de la Sierra y el convento de Carmelitas Descalzas del Tardón. El convento no es visitable; para ver la iglesia, la ficha municipal recomienda llamar antes.

¿Cuándo se declaró el Parque Natural Sierra de Hornachuelos y qué tamaño tiene

El parque fue declarado el 28 de julio de 1989 y ocupa 60.031,04 hectáreas, más de 600 km² de Sierra Morena dominados por bosques de encinas y alcornoques. Su centro de visitantes interpreta la fauna, la flora y el relieve, además de la caza mayor, la apicultura y la extracción del corcho.

¿Qué historia esconde el embalse del Bembézar

El proyecto se redactó en 1933 y la presa se construyó entre 1953 y 1963. El llenado empezó en 1960, antes de acabar las obras, y anegó 17 casas habitadas por 80 personas. En 1969 se entregaron títulos de tierras y viviendas a 448 colonos de la zona regable.

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