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Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores, Hornachuelos: audioguía

Esta audioguía te lleva de la portada de piedra a la nave y de ahí a dos capillas con historias de procesiones, imágenes dañadas y una talla que esperó siglos. Cuatro paradas en un templo que sigue en uso. Con ellas entenderás por qué esta iglesia de Hornachuelos pertenece tanto a sus vecinos como a su arquitectura.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores, Hornachuelos: audioguía

Portada y torre de la iglesia de Santa María de las Flores

La portada que nadie firmó

Colócate frente a la fachada principal, en el lado de los pies del templo, con la vista en la portada de piedra y el rosetón que tiene encima.

Hay una firma que falta en esta portada, y los expertos llevan tiempo discutiendo de quién habría sido. Mira la piedra, trabajada con arcos conopiales, esos que terminan en punta como una llama, y con baquetones, que son molduras redondeadas. Todo está justo debajo del rosetón. Se ha relacionado con Hernán Ruiz primero, o con su padre, Gonzalo Rodríguez. Pero la atribución no es segura, y la piedra no ayuda: no lleva nombre.

Quizá por eso resulta tan cercana. Alguien tallaba estas molduras sabiendo que la obra le sobreviviría, y aquí seguimos, sin saber con certeza quién fue. Hay que reconocerlo, es una forma curiosa de ser famoso.

Ahora desplázate hacia un lado, hacia la fachada lateral. Allí se levanta la torre, cuadrada, junto al lado del Evangelio. Esta sí tiene fecha: se construyó en mil setecientos ochenta y uno. El maestro de obras fue Juan López Cardera, y en la historia de la torre aparece también el obispo Baltasar de Yusta y Navarro.

Levanta la vista hasta el cuerpo de campanas. En cada frente se abre un vano de medio punto, entre pilastras toscanas. Es decir, un hueco con arco redondo flanqueado por columnas planas pegadas al muro.

La portada no tiene firma, pero la torre sí tiene nombre y fecha. Entremos a ver qué esconde la nave.

Para profundizar

Fíjate en cómo dialogan las dos partes del exterior. La portada está en el hastial de los pies, en la fachada principal. La torre queda a un costado, adosada a la fachada lateral. Son dos momentos distintos que comparten el mismo muro: uno con autor discutido, otro con maestro de obras conocido.

La incertidumbre de la portada acompaña la lectura de la cantería. Cuando alguien te diga que sabe con seguridad quién la trazó, sonríe: los expertos todavía lo debaten, y esa duda forma parte de su historia.

Para la torre, imagina el oficio de un maestro de obras en mil setecientos ochenta y uno. Tenía que dar forma a un cuerpo de campanas con cuatro frentes iguales, cada uno con su arco y sus pilastras. Desde abajo parece sencillo, pero repetir cuatro veces la misma proporción en altura exige oficio.

La nave y sus arcos apuntados

La nave que hubo que levantar de nuevo

Nave con arcos apuntados de la Iglesia de Santa María de las Flores en Hornachuelos

Entra y quédate cerca de la puerta, mirando hacia la cabecera, de modo que veas la nave entera y sus arcos uno tras otro.

En abril de mil novecientos treinta y siete, un sacerdote llamado Pedro Varona cruzó esta puerta y se encontró un templo despojado. Cuentan que tuvo que salir a buscar recursos para reconstruirlo. Imagina ese primer paso dentro, con el eco de un espacio vacío.

Ahora mira lo que tienes delante. Los primeros años del siglo dieciséis dejaron aquí una nave dividida en tramos, y cada tramo se separa del siguiente por un arco apuntado. Sigue la sucesión con la vista, de arco en arco, hasta la cabecera. Es una forma de organizar el espacio que invita a avanzar.

La reconstrucción no fue cosa de un año. Se prolongó durante décadas, y una reseña sobre Hornachuelos sitúa su culminación en mil novecientos setenta y cuatro. Piénsalo: desde la llegada de Varona hasta esa fecha pasaron treinta y siete años. Es el tiempo que separa a un niño de su primer trabajo estable.

Eso cambia la mirada. Esta nave no es solo un espacio antiguo que alguien conservó. Es un espacio que se volvió a levantar con paciencia y recursos reunidos poco a poco, por gente que tenía muy claro para qué lo quería.

Y en la siguiente parada, una imagen que también tuvo que volver.

Para profundizar

La descripción arquitectónica de la nave habla de cinco tramos. Puedes contarlos con los arcos mientras caminas hacia la cabecera, como quien cuenta peldaños.

Hay un detalle que no se ve a simple vista y que cuenta parte de esa historia reciente. La cubierta original era de madera, a dos aguas. Hoy ha sido sustituida por un forjado de hormigón. Esa sustitución es una huella de las reformas y reparaciones que el edificio ha ido necesitando.

Así que la nave guarda dos tiempos a la vez. Los arcos apuntados vienen de los primeros años del siglo dieciséis. La cubierta, en cambio, es de otra época. Si te quedas un momento en silencio, quizá notes que un edificio puede ser muy antiguo y estar, al mismo tiempo, muy remendado. Y eso, bien mirado, es una forma de seguir vivo.

Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles

La procesión que cruzó el pueblo

Cúpula de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles en Hornachuelos

Sitúate en la entrada de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles y levanta la vista hacia la cúpula.

En mil ochocientos treinta y seis, los frailes salieron de su convento llevando una imagen en procesión hasta esta iglesia. No se marchaban de visita: se suprimían los institutos religiosos, y la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles pasó a la parroquia. Es una escena fácil de imaginar y difícil de olvidar, la talla avanzando por el pueblo y los frailes detrás.

Ahora levanta la cabeza. La capilla es cuadrada y está cubierta por una cúpula que descansa sobre un tambor de ocho lados. Es un lugar pensado para que la mirada suba y se quede arriba un rato.

La imagen sufrió otro golpe un siglo después. En mil novecientos treinta y seis resultó dañada. Se restauró, y el veinticuatro de julio de mil novecientos treinta y ocho volvió al templo. Fíjate en la fecha: apenas dos años de ausencia.

Dos veces cambió de sitio y dos veces volvió a estar a salvo. Quizá por eso la devoción a la Virgen de los Ángeles tiene en Hornachuelos tanto arraigo: es una imagen que ha tenido que ser acompañada, trasladada y reparada, y que cada vez ha encontrado a alguien dispuesto a hacerlo.

Y todavía queda otra capilla con una historia aún más viajera.

Para profundizar

La relación de la patrona con el pueblo se sigue escribiendo. En dos mil quince, la alcaldesa María del Carmen Murillo entregó a la patrona el bastón municipal durante una misa en esta parroquia. La presidió el obispo Demetrio Fernández.

Es un gesto sencillo con mucho significado: el poder civil del pueblo depositaba simbólicamente su vara a los pies de la Virgen. No hace falta ser creyente para ver ahí una forma de decir que esta imagen pertenece a todos los vecinos.

Aquel acto tuvo además cronista. La crónica la firmó Antonio Ortega Serrano, presentado como cronista oficial de Hornachuelos. Es un detalle que me gusta: en un pueblo donde alguien se ocupa de contar lo que pasa, las historias tienen más posibilidades de llegar a nosotros.

Capilla y retablo de Nuestra Señora de los Dolores

La Dolorosa que esperó siglos

Retablo y camarín de la Virgen de los Dolores en la iglesia de Hornachuelos

Acércate a la capilla de Nuestra Señora de los Dolores y fija la vista en el hueco central del retablo, donde está el camarín.

Esta imagen estuvo siglos sin recibir culto, en la enfermería de un hospital. Y la rescató, en buena medida, una mujer que se fijó en ella: Doña Matilde.

La historia empieza antes. La Virgen de los Dolores de Hornachuelos se atribuye al escultor Juan Prieto y se fecha hacia mil setecientos dieciocho. Pero la primera imagen que se le encargó no gustó a la hermandad cordobesa, y esta pidió otro rostro para la Dolorosa. La talla quedó, durante siglos, sin culto en el Hospital de San Jacinto.

Entonces, en mil novecientos treinta y siete, Doña Matilde avisó al párroco Pedro Varona de que en la enfermería había una imagen que nadie veneraba. Varona hizo los trámites con la hermandad cordobesa, que acabó donando la imagen para que viniera a Hornachuelos.

Ahora mira el retablo que tienes delante. Es neoclásico y está hecho de mampostería, con un camarín en el hueco central. Ahí está la Dolorosa. Un lugar de honor para una imagen que había pasado tanto tiempo olvidada.

Una talla rechazada, un aviso y un trámite. Lo que parecía un final fue, en realidad, el comienzo de otra devoción.

Y con esto termina el recorrido. La próxima vez que pases ante esta capilla, mira la cara de la Virgen y piensa en cuánto camino hizo hasta aquí.

Para profundizar

La imagen guarda todavía una firma discreta. En mil novecientos ochenta y tres, Miguel Arjona la restauró y encontró las iniciales J.P. grabadas en ella. Son las mismas de Juan Prieto, el escultor al que se atribuye.

Hay también una historia de iniciativa local. En mil novecientos ochenta y dos, la idea cofrade partió de un grupo de mujeres. La constancia documental de aquel impulso quedó en la propia iglesia.

La hermandad tardó en consolidarse, pero lo hizo: la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores se constituyó oficialmente en la iglesia el diez de mayo de dos mil diez. Entre la iniciativa de aquellas mujeres y esa fecha pasaron veintiocho años.

Es una forma de entender el patrimonio: no solo como obra de artistas, sino como algo que sostienen vecinos con constancia.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores

Merece la pena ver la portada de piedra con arcos conopiales bajo el rosetón, la torre de 1781, la nave con sus arcos apuntados, la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles con su cúpula y el retablo neoclásico de la Virgen de los Dolores.

¿Cuál es la historia de la Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores

El templo data de los primeros años del siglo XVI. La torre se construyó en 1781. En 1937 llegó el párroco Pedro Varona, que se encontró el templo despojado, y la reconstrucción se prolongó durante décadas, hasta 1974 según una reseña.

¿Quién hizo la portada de la iglesia

La atribución no es segura. La portada de piedra se ha relacionado con Hernán Ruiz I o con su padre, Gonzalo Rodríguez, y los expertos aún no han resuelto la duda. La torre, en cambio, se construyó en 1781 con Juan López Cardera como maestro de obras.

¿Cómo llegar a la Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores en Hornachuelos

La iglesia se encuentra en el casco urbano de Hornachuelos. Una vez en el pueblo, basta preguntar por la iglesia parroquial; su torre cuadrada la hace fácil de localizar. Para detalles de acceso y aparcamiento, consulta la oficina de turismo local.

¿Cuál es el horario de la Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores

Al tratarse de un templo en uso, el horario de visita puede variar según los cultos. Lo más seguro es confirmarlo antes de ir en la oficina de turismo de Hornachuelos o en la propia parroquia, para no encontrarte la puerta cerrada.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar la Iglesia Parroquial de Santa María de las Flores

La audioguía tiene cuatro paradas: la portada y torre en el exterior, la nave y las capillas de los Ángeles y de los Dolores. Con calma, y sin contar los momentos de culto, puedes recorrerlas todas en torno a una hora.

¿Quién es la Virgen de los Dolores de Hornachuelos

Es una imagen atribuida al escultor Juan Prieto y fechada hacia 1718. Pasó siglos sin culto en el Hospital de San Jacinto, hasta que en 1937 se avisó al párroco Pedro Varona. En 1983 se hallaron grabadas en ella las iniciales J.P.

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