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Monasterio de Santa Clara de la Columna, Belalcázar: audioguía de la portada, la iglesia y el claustro

Un convento de más de siete mil metros cuadrados construidos, con una portada herida, una iglesia de nave única y un claustro por el que una vez entraron caballos. Esta audioguía te lleva por tres lugares del monasterio de Belalcázar y te cuenta quiénes lo habitaron, quiénes lo salvaron y qué recuerdan sus muros.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Monasterio de Santa Clara de la Columna, Belalcázar: audioguía de la portada, la iglesia y el claustro

Descripción para IA:** Portada de piedra de una iglesia conventual vista desde abajo, a media tarde, con luz cálida lateral. Se distingue un arco en punta con perfil de llama, agujas estriadas a los lados y un tímpano con tres figuras de piedra desgastadas. Muro claro, cielo despejado, encuadre de paseante, colores realistas, sin personas, sin texto ni rótulos.

La puerta que guarda una herida

Colócate frente a la portada de la iglesia y levanta la vista hasta el tímpano, sobre la puerta.

Tres figuras presiden la puerta de la iglesia, y las tres han perdido algo por el camino. Ahí están Cristo, la Magdalena y Santa Clara, en el tímpano, talladas entre finales del siglo quince y comienzos del dieciséis.

Empecemos por lo que se ve a simple vista. La portada se remata con un arco conopial, de esos que suben en punta como la llama de una vela. A los lados se levantan agujas estriadas. Es una puerta que sube y se afila, y que pide que la mires de abajo arriba.

Ahora fíjate en las figuras con calma. Al comienzo de la Guerra Civil, las tres imágenes fueron mutiladas. Lo que tienes delante no es la obra tal como salió de las manos del escultor, sino lo que quedó después del golpe.

Y aquí está el giro. Una fachada así parece un simple adorno antiguo. Pero conserva la marca de aquellos días, y esa marca forma ya parte de su aspecto. Otros lugares guardan su memoria en un archivo. Esta puerta la guarda a la vista de cualquiera que levante los ojos.

Quien pasa deprisa ve piedra bonita. Quien se queda un minuto más ve piedra con historia. Esa diferencia, a veces, es cuestión de un minuto.

Dentro hay otra historia, y esta empieza con la llegada de unos religiosos.

Para profundizar

La guerra no solo dejó huella en la piedra. Hay constancia de que en 1937 salieron del monasterio once bultos con obras de arte rumbo a Valencia, para su custodia. Once bultos: imagina cuántas cosas caben en ellos, y cuántas quedaron sin salir.

Esa salida forma parte de lo que se conoce como la diáspora del patrimonio artístico del monasterio, un asunto que aún interesa a quienes estudian el convento.

También hay un papel más reciente. El monasterio fue declarado monumento histórico-artístico nacional por un decreto del 27 de agosto de 1982, publicado el 2 de noviembre de ese año. Es decir, la puerta que tienes delante ya llevaba siglos en pie cuando el Estado puso por escrito que merecía protección.

Entre las mutilaciones, los bultos camino de Valencia y el decreto, esta fachada resume en pocos metros varios capítulos de la vida del convento.

Descripción para IA:** Interior de una iglesia de nave única con bóvedas de crucería de piedra, visto desde el centro hacia los pies del templo. Luz suave de media mañana entrando por ventanas altas, tonos cálidos en la piedra, suelo antiguo, ambiente silencioso. Sin personas, sin texto, sin retablos reconocibles.

Veinticuatro religiosos y una joven que quería quedarse

Veinticuatro religiosos y una joven que quería quedarse · Monasterio de Santa Clara de la Columna

Entra en la iglesia y avanza hacia los pies de la nave, donde está el coro, con las bóvedas sobre ti.

El 7 de octubre de 1476 llegaron veinticuatro religiosos desde la custodia de Santoyo. El convento ya estaba construido. Los esperaba una casa lista, con el suelo recién pisado y las paredes sin historia.

Levanta la mirada. La iglesia tiene una sola nave, cubierta con bóvedas de crucería, y a los pies del templo se abren el coro alto y el coro bajo. Observa cómo se relacionan el templo y el coro. La nave se estira hacia el altar, pero el espacio de las monjas queda atrás, a tu espalda.

Aquí viene lo curioso. Los religiosos llegaron en 1476, pero las clarisas no entraron en la clausura hasta el 21 de febrero de 1494. Dieciocho años separan una fecha de otra, y entre ellas la casa cambió de manos.

Entre las que vivieron aquí hubo una joven, María de Sotomayor. Sus padres la tenían destinada a casarse. Ella pensaba otra cosa. Pidió ayuda a sus tías monjas para poder entrar en el convento. La historia local la recuerda como una muchacha que eligió su propio camino, en una época en que casi nadie preguntaba.

Cada generación de mujeres que cruzó esta nave traía una vida distinta detrás. Y una de ellas llegó, según la tradición, con una reliquia extraordinaria.

Para profundizar

Cuenta la tradición del convento que las fundadoras trajeron un fragmento de la columna a la que, según la devoción, fue atado Cristo durante la flagelación. Es una tradición, y como tal se cuenta, pero explicaría el nombre que lleva el monasterio.

Al incorporarse la comunidad llegaron desde Calabazanos Catalina y Luisa Manrique. Junto al convento, Elvira de Zúñiga hizo construir una casa donde se retiraba con sus hijas para asistir a los oficios de los frailes. Su primogénito, Gutierre segundo, dejó la vida jerónima y tomó el hábito franciscano con el nombre de fray Juan de la Puebla.

La comunidad eligió la Regla de Urbano cuarto, que permitía poseer bienes en común. Quizá esa elección ayudó a sostener una casa tan suntuosa, aunque eso es una interpretación.

Y antes de salir, busca a los pies del templo la sala capitular. Conserva dos bóvedas de crucería estrellada.

Descripción para IA:** Galería de un claustro de dos pisos al atardecer: abajo arcos carpaneles anchos y rebajados, arriba una galería de dintel sobre zapatas de madera. Techo plano de artesonado con decoración pintada, suelo de baldosa, luz dorada y sombras suaves. Sin personas, sin texto, sin elementos añadidos.

El claustro por el que entraron los caballos

El claustro por el que entraron los caballos · Monasterio de Santa Clara de la Columna

Sitúate en el centro de una de las galerías del claustro principal y mira primero al suelo, luego a los techos.

Las baldosas que pisas existen porque un día entraron caballos. Según el recuerdo de una monja, durante la guerra el convento sirvió de establo. El suelo se estropeó tanto que hubo que colocar las baldosas actuales.

Ese recuerdo nos llegó por sor Sagrado Corazón, que antes se llamaba Rosa Cuevas Medina. Entró en el convento en 1928, con diecisiete años. Décadas después describió cómo era todo al cronista Manuel Rubio Capilla. Gracias a ella sabemos cómo era este lugar antes de la guerra.

Ahora levanta la vista. El claustro tiene dos pisos de galerías abiertas. Abajo, arcos carpaneles, achatados y anchos. Arriba, una estructura adintelada sobre zapatas. Y sobre las galerías, techos planos de artesonado, con lacerías y decoración pintada.

Aquí está el giro. Sor Sagrado recordaba una clausura mucho más cerrada. Arriba, los arcos estaban cegados, y la luz entraba solo por ventanitas. Lo que hoy ves abierto y luminoso era, en su memoria, un espacio recogido y casi a oscuras.

Piensa en esa diferencia. El convento supera los siete mil metros cuadrados construidos, entre salones, corredores, escaleras y patios. Un edificio tan grande puede tener muchas caras, según quien lo recuerde y en qué momento.

Para profundizar

Sor Sagrado dejó más detalles. En la galería baja, el comulgatorio ocupaba un rincón del lado norte. Unas cortinas lo separaban del pasillo, y allí había una imagen de San Juan bautizando a Jesús.

Y hay algo más delicado. La hornacina donde el sacerdote daba la comunión guardó durante años restos mortales de la familia condal, envueltos en bolsas de terciopelo rojo.

Fuera del claustro, en el huerto conventual, hay una columna con una cruz circular. La tradición local dice que sor Felipa de la Cruz acudía allí a rezar. Nació en 1509 y murió en 1537, con veintisiete años.

Las monjas llegaron a este convento desde Calabazanos y entraron en clausura el 21 de febrero de 1494. Ahora imagina cuántas generaciones han recorrido esta misma galería, con los pasos de cada una dejando su huella en un suelo que, de un modo u otro, siempre acabó cambiando.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Monasterio de Santa Clara de la Columna (Belalcázar

La portada de la iglesia, con arco conopial, agujas estriadas y las figuras de Cristo, la Magdalena y Santa Clara. Dentro, la nave única con bóvedas de crucería y la sala capitular con dos bóvedas estrelladas. Y el claustro, con galerías de dos pisos y artesonados.

¿Cuál es la historia del Monasterio de Santa Clara de la Columna

En 1476 el convento ya estaba construido y llegaron veinticuatro religiosos desde la custodia de Santoyo. Las clarisas entraron en la clausura el 21 de febrero de 1494. En 1982 fue declarado monumento histórico-artístico nacional.

¿Cómo llegar al Monasterio de Santa Clara de la Columna

El monasterio está en Belalcázar, en la provincia de Córdoba. Para la ruta exacta, consulta la web oficial de las clarisas de Belalcázar o la oficina de turismo de la localidad, que te orientarán según tu punto de partida.

¿Cuál es el horario de visita del Monasterio de Santa Clara de la Columna

Los horarios pueden cambiar y el convento mantiene su vida comunitaria. Lo recomendable es confirmar días y horas de visita en la web oficial de las clarisas de Belalcázar o en la oficina de turismo antes de desplazarte.

¿Cuánto se tarda en visitar el Monasterio de Santa Clara de la Columna

Depende de cuánto te detengas y de qué zonas estén abiertas. El conjunto supera los 7.000 metros cuadrados construidos, con salones, corredores, escaleras y patios. La audioguía recoge tres paradas: portada, iglesia y claustro.

¿Cuándo fue declarado monumento el Monasterio de Santa Clara de la Columna

Fue declarado monumento histórico-artístico nacional por el Real Decreto 2722/1982, de 27 de agosto, publicado el 2 de noviembre de 1982. La declaración reconoce el valor del conjunto conventual de Belalcázar.

¿Cómo es el claustro del Monasterio de Santa Clara de la Columna

Tiene dos pisos de galerías abiertas: abajo, arcos carpaneles; arriba, una estructura adintelada sobre zapatas. Las galerías están cubiertas con artesonados planos, con lacerías y decoración pintada. El conjunto es también conocido como Claustro de los Naranjos.

¿Qué le ocurrió al monasterio durante la Guerra Civil

Las tres imágenes de la portada fueron mutiladas al comienzo del conflicto. En 1937 salieron rumbo a Valencia once bultos con obras de arte para su custodia. Según el recuerdo de una monja, el convento llegó a usarse como establo.

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