Ermita de Nuestra Señora de la Consolación (Belalcázar): audioguía y qué ver
Una ermita a las afueras de Belalcázar donde dos pueblos pactaron el reparto de sus pastos, donde se bailaban jotas bajo los aleros y donde una imagen desaparecida obligó a empezar de nuevo. Una visita corta, de piedra, sombra y memoria, para entender cómo vivía un pueblo su fiesta y su fe.

Historia de la ermita y la aldea de Coslada
Donde los pastores firmaron la paz
Colócate a cierta distancia del edificio, de modo que veas a la vez los pórticos y el tejado. Desde ahí se aprecia bien lo anchos que son los faldones.
El veintitrés de julio de mil cuatrocientos setenta y dos, justo aquí, se celebró una reunión de las que no salen en las películas. Los concejos de Belalcázar y de Hinojosa se sentaron a ponerse de acuerdo sobre los pastos. Nada de espadas. Normas para que unas ovejas y otras no se pisaran la hierba. Y para negociarlo eligieron esta ermita.
Estás a unos cuatro kilómetros de Belalcázar, y la distancia tiene su explicación. El Ayuntamiento relaciona este lugar con Coslada, una aldea hoy desaparecida, y atribuye la ermita al siglo trece. De la aldea no te sabría señalar nada. La ermita, en cambio, sigue en pie, como quien se quedó a cerrar la puerta.
Fíjate ahora en los pórticos que rodean parte del edificio y en esos faldones del tejado, anchos como el ala de un sombrero generoso. Bajo esa sombra, cuenta la memoria de los vecinos, llegaban en los años veinte y treinta familias enteras desde los campos cercanos. Y bailaban jotas.
Aquí viene lo bueno. La romería no terminaba necesariamente en el santuario. Después, la fiesta y los bailes se trasladaban a la calle de la Velá, ya en el pueblo. O sea, que la ermita era el principio de la fiesta, no el final.
Un lugar donde se pactaba con los vecinos de al lado y luego se bailaba con ellos. Parece una buena costumbre. Rodea el edificio y descubre en qué suelo estás pisando.
Para profundizar
La mención documental más antigua que se ha localizado para la ermita es de mil trescientos noventa y nueve. Es decir, que la reunión de los pastos llegó casi tres cuartos de siglo después de que el edificio ya figurase en papeles.
Hacia mil ochocientos cuarenta, una descripción atribuida a Luis María Ramírez habla de portales en tres lados del edificio y de una celebración el ocho de septiembre. Ramírez dejó anotado, además, que acudían fieles tanto de Belalcázar como de Hinojosa. Los dos pueblos que se habían sentado a negociar en el siglo quince seguían encontrándose aquí siglos más tarde.
La memoria oral añade un detalle de mesa. Había puestos de melocotones de las huertas, y se convidaba a los conocidos con fruta y vino. Imagina el pórtico en pleno verano, con la sombra, el olor a fruta madura y alguien insistiendo en que pruebes otro melocotón.
Portadas, pórticos y entorno funerario de la ermita
Una columna con memoria

Rodea la ermita hasta situarte entre las portadas laterales, de modo que puedas comparar la puerta del lado norte con la del lado sur. Después baja la vista al suelo.
Uno de los pilares que sostienen el pórtico no estaba pensado para esto. Es un refuerzo añadido más tarde, y procede de tumbas del cementerio contiguo. Un pilar que antes marcaba un descanso ahora sostiene un techo.
Baja la mirada. Según la descripción municipal, las losas de granito de las sepulturas siguen visibles por el suelo. Camina con calma. Este rincón se pisa con respeto.
Ahora levanta la vista y compara las dos portadas. En el lado norte, la puerta se remata con un arco. En el lado sur, la entrada es más baja y lleva un dintel con molduras finas, sin arco. Son dos soluciones distintas para el mismo edificio, como si cada puerta hubiera tenido su propio carácter.
A los pies, donde esperarías una puerta, hay una ventana. Y sobre el tejado asoma la espadaña con su campana.
Esa campana, y esta piedra, han visto salir al pueblo en momentos de apuro. Cuando faltaba la lluvia, los fieles llevaban la imagen de la ermita hasta la parroquia de Belalcázar para hacer rogativas. Cuatro kilómetros con la imagen a cuestas y el cielo sin una nube. Tenían que tener mucha fe, o mucha necesidad.
Cuando acabaran las rogativas, la imagen volvería a su casa. Entra ahora y mira cómo es esa casa por dentro.
Para profundizar
El Ayuntamiento describe los portales que rodean la iglesia como parte del marco de la celebración tradicional del ocho de septiembre. Eran, por tanto, mucho más que un tejadillo: formaban el escenario de la fiesta.
La descripción de Luis María Ramírez recuerda que existió una antigua feria ese mismo día, aunque en su época había quedado reducida a una velada. Es una de esas frases que dicen mucho en poco: la fiesta grande se había ido encogiendo, pero no desapareció.
El relato atribuido a Ramírez recoge otra costumbre. Los visitantes de Belalcázar y de Hinojosa acudían especialmente los sábados de marzo, por una tradición de indulgencias. Es decir, que la ermita tenía su cita en el calendario no solo en septiembre, sino también en la primavera naciente.
Interior: imagen de la Virgen y pinturas góticas
La imagen que hubo que volver a hacer

Entra en la nave y avanza hacia el presbiterio. Detente frente al frontal de la capilla de la Purísima, a un lado de la cabecera.
En mil novecientos noventa y tres, a esta ermita le robaron a la Virgen. La imagen de escayola que se había colocado tras la guerra desapareció, junto con objetos litúrgicos y decorativos. Y ese mismo año hubo que ponerse a buscar otra.
Para entender el hueco, hay que volver atrás. El retablo antiguo y la imagen que lo presidía fueron destruidos durante la Guerra Civil, según la memoria que recogió el Ayuntamiento. En mil novecientos cuarenta y dos se compró una imagen de escayola por mil doscientas pesetas. Fue la que presidió el templo hasta el robo.
La respuesta del pueblo fue encargar una talla de madera al escultor franciscano Francisco Javier, en su taller del convento de San Antonio de Sevilla. Al frente del proyecto y de las obras de recuperación estaba el hermano mayor, Dionisio Núñez Hidalgo, que además era albañil. Un hombre que sabía de imágenes y también de muros.
Y las obras trajeron una sorpresa. Bajo una capa de encalado aparecieron pinturas góticas polícromas, en la capilla llamada de la Purísima. Durante años estuvieron ahí, tapadas, esperando a que alguien rascara.
Busca en esta zona la hornacina de granito y esas pinturas. Su estado actual no está confirmado, así que quizá te toque descubrirlas con la vista, o quedarte con las ganas.
Se cerró un hueco de la manera más humana: encargando otra imagen y poniéndose a trabajar.
Para profundizar
La ermita tiene tres naves con arcos rebajados. Una reforma de fines del siglo quince o comienzos del dieciséis habría añadido el ábside gótico, así que la cabecera que tienes delante podría ser algo más joven que el resto.
Los vecinos que recordaban el retablo desaparecido lo describían dorado con pan de oro. La imagen antigua, decían, era pequeña y vestida.
Las obras de recuperación no las hizo una sola persona. Canteros del pueblo donaron y labraron algunas piezas. Dionisio Núñez dejó el cargo de hermano mayor en dos mil dos, tras veintisiete años, y le sucedió Manuel García Medina. Veintisiete años de cargo dan para ver pasar muchas romerías, y también muchos tejados.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la ermita está a unos 4 km de Belalcázar. Conviene planificar el trayecto desde el pueblo con antelación.
- Horarios y acceso: confirma los horarios de apertura y si el interior es visitable en la web del Ayuntamiento de Belalcázar o en la oficina de turismo.
- Interior: la visibilidad actual de la hornacina de granito y de las pinturas góticas de la capilla de la Purísima no está confirmada.
- Pórticos y entorno: las losas de granito del suelo marcan sepulturas del antiguo cementerio contiguo. Pisa con respeto.
- Tiempo: el recorrido es breve, de tres paradas, y se puede hacer con calma.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación (Belalcázar
Los pórticos que rodean parte del edificio, la portada norte con arco y la entrada sur con dintel, la espadaña con campana, las losas de granito del suelo y, dentro, la capilla de la Purísima con sus pinturas góticas, cuya visibilidad actual no está confirmada.
¿Cuál es la historia de la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación
El Ayuntamiento la atribuye al siglo 13 y la relaciona con la desaparecida aldea de Coslada. Su mención documental más antigua localizada es de 1399. En 1472 los concejos de Belalcázar e Hinojosa se reunieron allí para acordar normas sobre los pastos.
¿Cómo llegar a la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación
La ermita se encuentra a unos 4 km de Belalcázar, según el Ayuntamiento. Se recomienda planificar el trayecto desde el pueblo y consultar en la oficina de turismo o en la web municipal las indicaciones actualizadas y el estado del acceso.
¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación
No consta un horario publicado en la documentación consultada. Lo más fiable es confirmarlo en la web oficial del Ayuntamiento de Belalcázar o en la oficina de turismo antes de desplazarte, sobre todo si quieres ver el interior de la ermita.
¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación
No hay una duración oficial indicada. La audioguía recorre tres paradas, el exterior con los pórticos, las portadas laterales y el interior con el presbiterio, y puede hacerse con calma sin necesidad de una visita larga.
¿Qué fiesta se celebraba en la ermita
Una descripción atribuida a Luis María Ramírez, hacia 1840, habla de una celebración el 8 de septiembre y de una antigua feria que ya se había reducido a una velada. La memoria oral recuerda romerías con jotas, puestos de melocotones y fiesta posterior en la calle de la Velá.
¿Qué pasó con la imagen de la Virgen de la ermita
El retablo antiguo y su imagen fueron destruidos durante la Guerra Civil. En 1942 se compró una de escayola por 1.200 pesetas, robada en 1993. Para sustituirla se encargó una talla de madera al escultor franciscano Francisco Javier, en Sevilla.
¿Qué se descubrió en las obras de 1993
Bajo una capa de encalado aparecieron pinturas góticas polícromas en la capilla llamada de la Purísima. Las obras de recuperación fueron dirigidas por el hermano mayor y albañil Dionisio Núñez Hidalgo, con piezas donadas y labradas por canteros del pueblo.
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