Antiguo Convento de San Francisco de los Santos Mártires de Marruecos en Belalcázar
Un convento con un nombre larguísimo y una piedra que habla más bajo, pero que cuenta bastante si sabes dónde mirar. Un paseo breve por Belalcázar para leer en sus muros las huellas de un convento franciscano del siglo quince, hoy en ruina, de lo que se le pegó después y de lo que aún guarda dentro.

Historia, nombre y espadañas del convento de San Francisco de Belalcázar
Un convento con nombre de mártires
Colócate frente a la fachada principal, en la explanada o en la calle, con la portada delante y el costado de la iglesia a tu derecha.
Empecemos por el nombre, que es de los que no caben en un cartel. San Francisco de los Santos Mártires de Marruecos: fue un convento de la orden franciscana, y el nombre recuerda a cinco frailes franciscanos, Berardo, Otón, Pedro, Acursio y Adyuto, martirizados en Marruecos el dieciséis de enero de mil doscientos veinte.
La historia local sitúa el origen del convento en Belalcázar a finales del siglo quince. Las obras comenzaron el dieciséis de enero de mil cuatrocientos ochenta y ocho, con autorización de una bula del papa Inocencio Octavo, y los frailes se trasladaron en mil cuatrocientos noventa. Se fundó bajo el patronato de los condes de Belalcázar, Gutierre Tercero de Sotomayor y Teresa Enríquez. Fray Juan de la Puebla asistió al traslado, pero la fuente consultada no lo señala como promotor del convento.
Hoy no es un convento en uso, sino los restos de uno. La información más reciente que hemos localizado, de octubre de dos mil veinticinco, lo describe en ruina y abandono. Y el conjunto se sitúa entre los siglos quince y dieciséis, con carácter gótico según el Ayuntamiento.
Ahora mira la fachada. Verás dos espadañas, que son muros elevados con huecos para campanas, y no se parecen en nada. Una es pequeña, de un solo vano, y está pegada a la portada, como un hermano menor que se negó a separarse de la puerta. La otra es alta, de tres cuerpos, y está adosada al costado derecho de la iglesia, el que los libros de liturgia llaman lado de la Epístola. Esa espadaña alta se ve bien junto a la fachada.
Nadie buscó aquí simetría. Lo pequeño no se esconde al lado de lo grande, y lo grande no se come lo pequeño. Es una fachada que no intenta ser perfecta y por eso resulta más fácil de querer.
Y ahora, si te parece, vamos a rodear el edificio, porque la piedra más interesante suele estar donde nadie posa para la foto.
Para profundizar
La Junta de Andalucía inscribió el inmueble como Bien de Catalogación General mediante una orden del quince de abril de dos mil ocho. Eso significa que figura de manera oficial en el catálogo del patrimonio histórico andaluz. La intervención de conservación que conocemos se hizo en ese mismo año, dos mil ocho. No hemos encontrado datos sobre la exclaustración o los usos posteriores del edificio, así que no los damos por buenos.
Muro lateral, contrafuertes y cabecera: qué ver en Belalcázar
La piedra que no se deja tapar

Sitúate en el exterior del lado del Evangelio, en un punto público desde el que se vea bien el muro lateral.
Este edificio tiene dos costados y han tenido destinos muy distintos. Uno ha quedado casi escondido. El otro sigue ahí, a la vista, como quien se planta con los brazos cruzados.
El exterior del lado de la Epístola queda oculto por edificaciones que se le fueron arrimando. El muro sigue ahí, pero tapado. Por eso la espadaña alta, adosada a ese costado, sí se ve junto a la fachada, mientras que el flanco de la iglesia, no.
El lado del Evangelio, en cambio, muestra una gran masa de piedra reforzada por contrafuertes, esos pilares que sobresalen para sujetar el muro. Ahora hazme caso: fíjate en los sillares, los bloques de piedra. No encajan con la pulcritud de una pared moderna, y contrastan con los añadidos cercanos.
Aquí no hay adorno que distraiga. Solo el peso, la superficie y el paso del tiempo. Y detrás de ese muro hay un espacio con un cambio de nivel que merece una explicación aparte.
Para profundizar
La cabecera de esta iglesia es plana y está elevada respecto de la nave. Dicho de otro modo, la zona del altar queda más alta que el espacio donde se situaba la gente. Esa diferencia de niveles permite leer cómo se organizaba el espacio litúrgico: un escenario elevado para lo principal y un suelo más bajo para quienes miraban. Desde fuera quizá no veas el escalón, pero sí puedes imaginarlo.
Capilla y cúpula plana atribuida a Hernán Ruiz I
Círculos en lo alto

Si puedes entrar, busca la capilla del lado del Evangelio, a una cota más baja que la cabecera, del siglo dieciséis. Si no, escucha desde la puerta o desde la calle.
Levanta la vista hacia el techo de esa capilla. Está cubierta por una cúpula baja, plana, decorada con círculos. Una cúpula plana suena a contradicción, como un sombrero sin copa, pero así la describen: extendida, sin la elevación que esperarías.
Se atribuye a Hernán Ruiz I, también llamado Hernán Ruiz el Viejo, arquitecto cordobés al que la Mezquita-Catedral de Córdoba menciona como maestro mayor. Aquí el «I» sirve para distinguirlo de otros arquitectos del mismo nombre, no quiere decir que se le atribuyera primero. Conviene decir atribuida, porque es una autoría que se asigna, no una firma que se lea en la piedra. Aun así, tener un nombre propio asociado a ese techo cambia la forma de mirarlo: ya no es un diseño anónimo, sino la idea de alguien concreto que decidió llenar una superficie con círculos.
Si entras, dedícale un rato a esos círculos antes de mirar nada más.
Para profundizar
No hemos podido verificar si el interior está abierto al público, ni quién es el propietario, ni los horarios, ni a quién pedir acceso. La información más reciente que hemos localizado, de octubre de dos mil veinticinco, habla de ruina y abandono, y la intervención de conservación conocida es de dos mil ocho. Antes de ir, consulta al Ayuntamiento de Belalcázar.
Prepara tu visita
- Las paradas 1 y 2 se disfrutan desde la calle, sin necesidad de entrar.
- El acceso al interior no está confirmado. Consulta antes al Ayuntamiento de Belalcázar.
- Son restos de un convento en ruina, no un edificio en uso: respeta siempre las zonas cerradas.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Antiguo Convento de San Francisco de Belalcázar
La fachada con dos espadañas de distinta escala, el muro lateral del Evangelio con contrafuertes y sillares irregulares, y la capilla con cúpula plana decorada con círculos, atribuida a Hernán Ruiz I, si el interior es accesible.
¿Por qué se llama de los Santos Mártires de Marruecos
Era un convento franciscano y el nombre recuerda a cinco frailes franciscanos, Berardo, Otón, Pedro, Acursio y Adyuto, martirizados en Marruecos el 16 de enero de 1220.
¿Cuándo se fundó y quién lo promovió
Las obras comenzaron el 16 de enero de 1488, con autorización de una bula de Inocencio VIII, y los frailes se trasladaron en 1490. Se fundó bajo el patronato de los condes de Belalcázar, Gutierre III de Sotomayor y Teresa Enríquez.
¿Tiene alguna protección oficial
Sí. La Junta de Andalucía inscribió el inmueble como Bien de Catalogación General mediante una orden del 15 de abril de 2008, dentro del catálogo del patrimonio histórico andaluz.
¿Cómo son las espadañas de la fachada
Son dos y de escalas distintas: una pequeña, de un vano, junto a la portada y otra alta, de tres cuerpos, adosada al lado de la Epístola y visible junto a la fachada.
¿Qué se ve en el muro lateral
El lado del Evangelio conserva una gran masa de piedra reforzada por contrafuertes, con sillares irregulares que contrastan con los añadidos cercanos. El exterior del lado de la Epístola queda oculto por construcciones adosadas.
¿Se puede visitar por dentro y en qué estado está
No está confirmado el acceso al interior. La información más reciente, de octubre de 2025, lo describe en ruina y abandono; la intervención de conservación conocida es de 2008. Conviene consultar al Ayuntamiento.
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