Molino del Rey, San Sebastián de los Ballesteros: audioguía de arquitectura e historia
Un molino con nombre de rey, un pueblo que entró en el plan de colonización por una petición y unas cuentas del siglo dieciocho que lo retratan con una viga torcida. En San Sebastián de los Ballesteros, el Molino del Rey es una almazara de origen jesuita: un molino de aceite que te cuenta su historia con facturas, reparaciones y hasta un almuerzo de pavo con fideos.

Historia del Molino del Rey: una almazara jesuita y por qué se llama «del Rey»
El rey que no molía
Colócate ante el callejón de Carnicería, mirando hacia el portalón de acceso al molino.
Lo primero, para que todo lo demás tenga sentido: esto no es un molino de harina. Es una almazara, un molino de aceite, heredada de los jesuitas. Aquí se molía aceituna para sacar aceite, y para prensarla se usaba una prensa de viga, de la que hablaremos dentro.
El nombre suena a corona, a terciopelo y a algún poderoso con negocio propio. Pues no. El nombre nació en una oficina. En mil setecientos setenta y nueve aparece asociado a que el molino pertenecía a la Hacienda Real. El rey era, sencillamente, el dueño. Un título de propietario, no de molinero.
Y cómo llegó a manos de la Hacienda tiene su historia. En mil setecientos sesenta y siete se promulgó el Fuero de Población, y entre ese año y mil setecientos sesenta y nueve se fundaron las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía: colonias con colonos nuevos en tierras que había que poblar. San Sebastián de los Ballesteros fue una de las andaluzas. Antes, los jesuitas habían sido expulsados y sus bienes incautados, y ese fue el motivo de todo.
San Sebastián, además, no estaba entre las fincas previstas al diseñar la colonización. Fue Pablo de Olavide quien pidió incorporarla, porque sus bienes jesuitas habían sido expropiados. El pueblo entra en el plan por detrás, como quien se cuela en una fiesta cuando ya han repartido las invitaciones. Con una almazara esperándole, no era mal sitio para colarse.
Fíjate en lo que tienes delante: un callejón, un portalón, una entrada de las de antes. Nadie diría que por aquí pasaron peticiones, expropiaciones y cuentas de la Hacienda. Y tampoco hubo un parón: los colonos tomaron posesión pisándole los talones a los jesuitas, y el molino siguió trabajando. Entra, que ahora toca ver cómo se mantenía.
Para profundizar
La toma de posesión por los nuevos colonos siguió muy de cerca a la salida de los jesuitas. No hubo un largo vacío entre unos dueños y otros, y el molino pudo continuar trabajando sin una larga interrupción.
Esa continuidad tiene su miga. Una máquina que sigue trabajando va acumulando averías, pero también oficio y rutina. Enlaza dos mundos distintos en un mismo edificio. El abandono llegó mucho después, a partir de los años cincuenta del siglo veinte.
Prensa de viga y torre de contrapeso: las reparaciones del molino
La prensa de viga y su torre

Sitúate bajo los arcos, con las naves de molienda a tu alrededor.
Antes de seguir, una advertencia sobre lo que vas a ver. Los arcos y las cubiertas de estas naves que tienes encima pasaron por la rehabilitación que se culminó en dos mil diez. Las fuentes no precisan qué arcos son originales y cuáles se consolidaron o rehicieron, así que no te prometo que todo lo que ves sea del siglo dieciocho. Y la prensa de viga, la pieza que daba sentido al lugar, ya no se conserva.
¿Cómo funcionaba? Imagina una palanca enorme: una gran viga de madera que apretaba la pasta de aceituna para exprimirle el aceite. Un husillo, un gran tornillo, ayudaba a tirar de ella. Y la viga, mientras prensaba, se calzaba en una torre con cuñas. Esa es la torre de contrapeso, parte del sistema de prensa. Por eso, cuando el texto dice «viga», no hablo de las del techo, sino de las piezas del molino.
Con eso, ya se entiende la frase pequeña que cuenta mucho. Alguien con un informe en la mano miró las dos vigas del molino y apuntó algo que ningún orgullo local habría escrito. Una estaba torcida y ya no podía servir. El resto se describía como operativo. El informe no lleva año en el estudio que lo cita, así que no sabemos fecharlo.
Un molino así no era una máquina perfecta que giraba sola. Era un enfermo crónico. Las cuentas de mil setecientos noventa lo dicen sin adornos: los administradores de la población tuvieron que destinar partidas a repararlo. Es decir, sacaron dinero de la caja común para que siguiera moliendo.
Y es que cuando uno imagina una gran construcción antigua, piensa en piedra, en cosas hechas para durar. Los papeles de este molino hablan de lo contrario: de lo que se rompía, de lo que se cambiaba, de lo que costaba mantenerlo. Ahora mira hacia la torre y piensa en esa viga torcida.
Para profundizar
Los registros de obras de los años ochenta del siglo dieciocho, entre mil setecientos ochenta y siete y mil setecientos noventa, son casi la lista de la compra de un taller. Mencionan reparaciones de la viga, del piso y del husillo, y también limpieza del aljibe, el depósito de agua. Es el tipo de tarea que nadie celebra y sin la cual todo se detiene.
La torre también necesitó mantenimiento. Los administradores pagaron materiales y trabajos para calzarla con piezas de madera: la fuente histórica las llama «aspas de madera», aunque aquí no hay molino de viento ni aspas giratorias. Lo que se describe son calzos para la torre, y no se sabe si ese era el nombre de las cuñas de la prensa.
Bodega de tinajas y rehabilitación del Molino del Rey
Tinajas de aceite y pavo con fideos

Entra en la sala de la bodega y mira hacia el suelo, donde están las tinajas. Confirma antes de ir el acceso concreto: la guía no indica si hay escaleras.
Si bajas la vista, verás las tinajas. Están en el suelo de la bodega, en el antiguo espacio de almacenaje, y fueron conservadas y restauradas tras la rehabilitación. Alguien decidió que merecía la pena salvarlas.
El inventario antiguo registra veintitrés tinajas grandes: catorce empotradas y nueve sueltas. Estas últimas habían servido para vino, pero la bodega era sobre todo un lugar donde guardar aceite, el producto de la almazara. Las tinajas son la prueba de que este molino no acababa en la prensa: el aceite tenía que ir a alguna parte.
Ahora el giro, que está en un almuerzo. En marzo de dos mil dieciocho, ciento setenta y cinco congresistas de las Nuevas Poblaciones visitaron San Sebastián. El cronista José Antonio Fílter contó que almorzaron en el molino y probaron pavo con fideos. Un edificio que siglos antes había tenido partidas de gasto para arreglar su maquinaria acabó sirviendo de comedor.
Hoy, el espacio del antiguo molino de aceite es un salón diáfano de usos múltiples. El Ayuntamiento anunció que preveía destinarlo a museo y sala expositiva; la fuente no dice quién lo gestiona ahora, así que conviene preguntarlo antes de ir.
Me gusta pensar que el molino, después de tanto remendar, acabó convertido en lo que mejor sabe hacer un lugar con historia: reunir a la gente.
Para profundizar
La intervención de dos mil diez formó parte de un programa conmemorativo dedicado a Pablo de Olavide y a los edificios singulares de las Nuevas Poblaciones. El molino no se restauró como un caso aislado, sino como una pieza de un conjunto mayor.
Prepara tu visita
- El punto de inicio es el Molino del Rey, en San Sebastián de los Ballesteros, junto al callejón de Carnicería y su portalón de acceso.
- Confirma los horarios de visita, quién gestiona hoy el edificio y cómo llegar en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir.
- Dedica unos minutos a cada una de las tres paradas. El recorrido se hace a pie, dentro y alrededor del edificio.
- La guía no precisa cómo es el acceso a la bodega ni si hay escaleras. Si tienes problemas de movilidad, pregunta antes de ir. Las tinajas están en el suelo.
- La prensa de viga original no se conserva: no busques la viga torcida, solo la torre y el espacio.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en San Sebastián de los Ballesteros
El Molino del Rey es el gran protagonista. Esta audioguía recorre el callejón de Carnicería y el portalón de acceso, las naves con sus arcos, la torre de contrapeso de la antigua prensa de viga y la bodega con tinajas conservadas y restauradas.
¿Qué tipo de molino es el Molino del Rey
Es una almazara, un molino de aceite de origen jesuita. Tenía prensa de viga con torre de contrapeso; la prensa ya no se conserva.
¿Por qué se llama Molino del Rey
El nombre tiene una explicación administrativa. En 1779 aparece vinculado a la pertenencia del molino a la Hacienda Real. No alude a que un monarca trabajara allí, sino a que el propietario era la Hacienda.
¿Cuál es la historia del Molino del Rey
Tras la expulsión de los jesuitas y el Fuero de Población de 1767, San Sebastián se incorporó a las Nuevas Poblaciones a petición de Pablo de Olavide. Los colonos continuaron la actividad del molino y los administradores destinaron partidas a repararlo según las cuentas de 1790.
¿Qué es original y qué se rehabilitó
La rehabilitación se culminó en 2010. Las fuentes no precisan qué arcos son originales y cuáles se consolidaron. La prensa de viga no se conserva.
¿Cuál es el horario de visita del Molino del Rey
Los horarios pueden variar según la época y los usos del edificio. Lo más seguro es confirmarlos en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo.
¿Qué hay en la bodega del Molino del Rey
Tinajas restauradas. El inventario registra veintitrés grandes: catorce empotradas y nueve sueltas que habían servido para vino. La bodega almacenaba sobre todo aceite.
¿Qué uso tiene hoy el Molino del Rey
Tras la rehabilitación de 2010 es un salón diáfano de usos múltiples. El Ayuntamiento anunció que preveía destinarlo a museo y sala expositiva; conviene confirmar quién lo gestiona.
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