Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de San Sebastián de los Ballesteros: audioguía
Una fachada que se adelantó sobre la plaza, tres naves con columnas toscanas y una carpeta de apuntes que salvó la memoria de las hermandades. Tres paradas para entender cómo un pueblo de colonos fue ganando, paso a paso, su propia iglesia.

Fachada y portada de la Iglesia de la Inmaculada Concepción
La iglesia que se comió un trozo de plaza
Colócate en la plaza, frente a la fachada principal, con la entrada delante y la espadaña sobre ella.
Esta iglesia se comió un trozo de plaza. Al reconstruirla, el edificio ocupó parte del espacio junto al que se alza. Fíjate en la portada. Tiene un dintel, unas pilastras a los lados y, arriba, un frontón triangular partido, como si le faltara la punta. Sube ahora la vista hasta la espadaña, que hace de campanario y se levanta en dos cuerpos.
Hay que reconocerlo: todo esto tiene aspecto de llevar ahí desde siempre. Y aquí viene lo bueno. La iglesia actual se data en mil novecientos cincuenta y seis. Ese año, el obispo Fray Albino González Menéndez-Reigada ordenó derribar la iglesia anterior para levantar otra en el mismo solar.
El cronista Rafael Vázquez Lesmes juzgó que ampliar el templo sobre la plaza rompió la armonía del conjunto. Es una opinión, y la plaza está ahí para que formes la tuya. Quizá te parezca un abrazo del edificio, o quizá un empujón.
Lo que sí sabemos es que la iglesia que se derribó tenía detrás una historia larga. Para empezar a contarla, entra y ponte bajo los arcos.
Para profundizar
Para encontrar la primera misa hay que volver a los días en que el pueblo acababa de nacer. La celebró para los recién llegados un trinitario de La Rambla, fray Marcos de Hornillos. No pudo hacerlo por su cuenta. La autorización llegó después de que el subdelegado se la pidiera al obispo de Córdoba. Entre ellos figuran Juan Cantillo y Benito de Estrada. Tenían una condición incómoda: el Fuero les impedía pasar allí la noche. Decían la misa y no podían quedarse a dormir.
Cuando vuelvas a mirar el frontón partido, piensa que debajo de esta fachada de mil novecientos cincuenta y seis hay un solar con mucha más conversación acumulada.
Interior y naves: la historia de la parroquia
Bautizar en otro pueblo

Entra y ponte en mitad de la nave central, mirando hacia el fondo y luego hacia arriba.
¿Dónde se bautiza a un niño cuando tu iglesia todavía no es parroquia? Durante años, los vecinos de este pueblo tuvieron que ir a La Carlota para bautizos y entierros.
Ahora mira a lo largo de la nave. Hay tres naves, seis arcos y las columnas de orden toscano que los sostienen, una tras otra, como un pasillo que invita a avanzar. Levanta la vista. La cubierta es de bóvedas de arista, y unos arcos fajones las dividen en tramos. Este edificio se levantó sobre el solar de la antigua iglesia.
Pero la historia que importa aquí es la de una espera. Tener que salir del pueblo para recibir los sacramentos esenciales se convirtió en motivo persistente de queja vecinal. Cualquiera protestaría. Tras una visita pastoral, el obispo Baltasar de Yusta permitió administrar todos los sacramentos. Además, autorizó una pila bautismal y un cementerio. El pueblo dejó de mirar hacia La Carlota para lo más importante de la vida.
Sigue hacia las imágenes y lo verás.
Para profundizar
Antes de que existiera esta nave, los primeros colonos encontraron alojamiento provisional en graneros, pajares y almacenes de la finca. La vida religiosa nació, pues, en un pueblo que aún no tenía ni techo propio.
Además, hubo un problema de comunicación. Fray Marcos de Hornillos no hablaba las lenguas de los colonos extranjeros. Por eso su atención pastoral aprovechó sobre todo a españoles vinculados a la Administración.
Con el tiempo llegó un sacerdote que sí fue bien recibido. José Belloti, sardo, llegó en mil setecientos setenta y tres por nombramiento de Olavide. Según el estudio que lo recoge, se ganó el respeto de vecinos y autoridades.
Y queda una intriga. Los expertos aún discuten cuándo se erigió la parroquia: un estudio dice mil ochocientos seis y otro mil ochocientos siete. Un año de diferencia para un paso que los vecinos llevaban tiempo esperando.
Cofradías e imágenes de la Iglesia de la Inmaculada Concepción
Trigo, teatro y hermandades

Muévete hacia las zonas de culto del interior, donde estén los altares e imágenes que puedas ver.
¿Cuánto costaba pertenecer a una hermandad? Una cuartilla de trigo, o su equivalente en otros productos del campo. No se pagaba en monedas, sino en cosecha.
Esa aportación, la de después de la cosecha, se conocía en el pueblo como la demanda de verano. El hermano mayor se elegía en la misma época, en agosto o septiembre, y a veces la votación se hacía en la sacristía. El calendario de la fe seguía el del campo.
Lo sabemos gracias a un hombre y su carpeta. El párroco Francisco de Asís Garrido abrió en mil ochocientos sesenta una carpeta de apuntes parroquiales. De la de San Sebastián se conoce incluso su fecha de establecimiento: mil ochocientos cincuenta y nueve. Las otras tres guardan sus fechas con más reserva.
Mientras recorres el interior, fíjate en las imágenes antiguas, si están accesibles. Cada una pudo recibir oraciones de quienes pagaban su cuota con trigo.
Y ahora, ¿qué más guarda un pueblo en una carpeta de apuntes?
Para profundizar
Las hermandades también sabían buscar dinero con imaginación. Para recaudar fondos, una de ellas organizó una representación teatral en el salón del Pósito. Un escenario de comedia al servicio de una cofradía.
Hubo también una pérdida. El Sermón del Paso del Viernes Santo se perdió en el pueblo. El cronista lo reconstruye a partir de documentos y comparaciones, como quien recompone una conversación con las piezas que sobreviven.
Y una sinceridad que se agradece: la carpeta no aclara cuándo se fundaron todas las hermandades. Para algunas fechas, el cronista solo puede plantear hipótesis.
Entre las imágenes del siglo dieciocho que conserva la iglesia hay una Inmaculada. Cuenta la tradición que la donó Carlos Tercero. Es una tradición, no una certeza documental, y por eso es más bonito mirarla con curiosidad que con seguridad.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la iglesia está en el casco urbano de San Sebastián de los Ballesteros, junto a la plaza. Empieza el recorrido en la plaza, frente a la fachada.
- Horarios: confirma los horarios de visita en la web oficial del ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir.
- Templo en uso: es una iglesia parroquial, así que conviene entrar con calma y respeto.
- Interior: las imágenes históricas pueden no estar expuestas durante tu visita; confirma qué se puede ver en la oficina de turismo.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en San Sebastián de los Ballesteros
La Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción es una parada clave. Verás la portada con frontón triangular partido, la espadaña de dos cuerpos, el interior de tres naves con seis arcos sobre columnas toscanas y la memoria de sus cuatro cofradías históricas.
¿Cómo llegar a Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción
La iglesia se encuentra en el casco urbano de San Sebastián de los Ballesteros, junto a la plaza. El recorrido de la audioguía empieza frente a la fachada principal. Para indicaciones concretas de acceso, consulta la web del ayuntamiento o la oficina de turismo.
¿Cuánto se tarda en visitar Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción
La audioguía tiene tres paradas: fachada, nave y zonas de culto. Se recorre con calma en un paseo corto por el exterior y el interior. El tiempo exacto depende de tu ritmo y de si puedes acceder a todo el interior.
¿Cuál es la historia de Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción
El catálogo municipal data la iglesia actual en 1956, cuando el obispo Fray Albino ordenó derribar la anterior para levantar otra en el mismo solar. Antes, los vecinos tuvieron que ir a La Carlota para bautizos y entierros, hasta que el obispo Baltasar de Yusta permitió todos los sacramentos.
¿Qué estilo y elementos tiene la fachada de la iglesia
La portada tiene dintel, pilastras laterales y un frontón triangular partido. En la parte alta se levanta la espadaña, que hace de campanario y consta de dos cuerpos. La reconstrucción de la iglesia ocupó parte de la plaza contigua.
¿Qué cofradías tuvo la iglesia
Un libro parroquial menciona cuatro: Ánimas, Rosario, San Sebastián y Jesús Nazareno. Las primeras referencias documentales conservadas son de 1860. De la cofradía de San Sebastián se conoce una fecha exacta de establecimiento: 1859.
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