Castillo Ducal de Frías en Montemayor: audioguía de una fortaleza cerrada
El Castillo Ducal de Frías, en Montemayor, lleva casi siete siglos vigilando la Campiña cordobesa. Es de propiedad privada, así que esta audioguía te lo cuenta desde fuera. Pasarás por una puerta que no es la original y por un patio de tres torres en triángulo. Verás una torre ligada a la lealtad y oirás hablar de una sala con nombre de sultana y de un pueblo que defendió los papeles de su duque. Terminarás junto a la parroquia y el museo que tiene al lado. Si te preguntas qué ver en Montemayor, empieza por aquí arriba.

Puerta de acceso del Castillo Ducal de Frías y origen en 1340
La puerta que no es la de siempre
Colócate en el espacio público frente a la entrada actual, la que sube en cuesta. Mira hacia la Torre del Homenaje, que queda pegada a ella.
Este castillo tiene nombre de otro sitio. Se llama Castillo Ducal de Frías, y Frías es una ciudad de Burgos. Pero estás en el lugar correcto. Esta es la fortaleza de Montemayor, en la provincia de Córdoba, y el apellido no le viene de su dirección, sino de quienes acabaron siendo sus dueños.
La historia empieza con un hombre y un permiso. En mil trescientos cuarenta, Martín Alfonso de Córdoba consiguió de Alfonso once un privilegio para poblar este altozano y levantar en él un castillo. No trajo a la gente de la nada. Trasladó hasta aquí a los pobladores de Dos Hermanas, otro castillo del actual término municipal, y así nació la villa, apiñada en torno a la fortaleza. Como en toda buena mudanza, se trajeron hasta las piedras: la obra reutilizó materiales del castillo antiguo y restos de Ulia, la ciudad romana con la que se identifica este cerro, que entonces estaba cubierto de maleza.
¿Y de dónde sale Frías? Desde el siglo dieciocho, el condado de Montemayor quedó entroncado con el ducado de Frías, cuyos titulares llevan el apellido Fernández de Velasco. Las fuentes consultadas no detallan paso a paso cómo se transmitió el señorío. El resultado sí es claro: una fortaleza cordobesa con nombre burgalés.
Ahora fíjate en la entrada que tienes delante, esa rampa que sube junto a la torre. Tiene todo el aire de puerta de toda la vida, y no lo es. El acceso original no era este, y la fuente municipal no dice cuándo se cambió ni quién lo decidió.
Esa puerta, además, se queda cerrada, porque el castillo es privado y no se visita por dentro. Date la vuelta un momento y mira cómo la silueta de la fortaleza domina la villa y la Campiña. Así la veían los de abajo. Y así la vemos nosotros, como invitados en la puerta.
Para profundizar
Si el apellido Fernández de Velasco te suena a Castilla, no te equivocas. En mil cuatrocientos cuarenta y seis, el rey Juan segundo entregó la ciudad burgalesa de Frías y su castillo a Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro. Aquello pasó en otro castillo, a cientos de kilómetros, y no tiene nada que ver con estas piedras. Sirve para entender por qué un título y un apellido del norte acabaron rotulando una fortaleza de la Campiña.
Patio de armas, aljibe y tres torres del castillo de Montemayor
Tres torres, un patio y un aljibe

Rodea el castillo por el entorno exterior hasta un punto desde el que distingas varias torres a la vez. Los miradores públicos de la villa también sirven.
Sin agua, una fortaleza no es más que una casa con muros altos. Por eso, en el centro del patio de armas de este castillo hay un aljibe, el depósito que abastecía de agua a quienes vivían dentro. Desde aquí no lo verás, pero está ahí, en el corazón del recinto.
Ese patio es cuadrado. Cualquiera que haya dibujado un castillo de niño esperaría cuatro torres alrededor. Aquí hay tres, colocadas en triángulo. Un cuadrado abrazado por un triángulo. La guía turística local lo señala como una solución poco habitual en la arquitectura militar medieval, y desde fuera puedes intentar comprobarlo.
Pongámosles nombre. La más alta y maciza es la Torre del Homenaje, la que estaba junto a la puerta en cuesta. Las otras dos son la Torre de las Palomas y la Torre Mocha. Para no perderte, usa la iglesia como brújula: la Torre de las Palomas es la que queda cerca de la parroquia. La Mocha ocupa el tercer vértice. Traza en tu cabeza las líneas que unen las tres y tendrás la planta del castillo sin haber cruzado la puerta.
Una advertencia antes de seguir: el conjunto fue reformado en siglos posteriores. Lo que adivinas desde aquí no es una foto fija de mil trescientos cuarenta, sino un castillo con varias vidas. Volveremos a ellas más adelante.
Para profundizar
Quizá hayas leído noticias recientes sobre excavaciones en Montemayor y sobre la restauración de un aljibe medieval, aprobada en dos mil veintiséis. Son ciertas, pero se refieren al castillo de Dos Hermanas, el de aquellos primeros pobladores, no a esta fortaleza. En el castillo ducal no consta ninguna excavación, restauración ni reapertura reciente. Son dos castillos con dos aljibes, y a veces comparten titulares.
Torre del Homenaje del Castillo Ducal de Frías: 20 metros de altura
Veinte metros de lealtad

Busca un punto del entorno público desde el que veas la Torre del Homenaje de arriba abajo. Levanta la vista hacia la parte más alta.
Tres metros. Ese es el grosor de las paredes de la torre que tienes delante: el largo de un coche pequeño, pero de piedra. La torre sube unos veinte metros, más o menos lo que un edificio de seis o siete plantas. Es de planta cuadrada y tiene solo dos pisos. Son pocos pisos para tanta altura, y unas paredes capaces de aguantar casi cualquier cosa.
Sube con la mirada hasta arriba. Verás la silueta almenada y, en las esquinas, las garitas, esas casetas colgadas donde vigilaba la guardia. Un poco más abajo, en lo alto del muro, están las ventanas de arco de herradura enmarcadas por un alfiz, el recuadro que las rodea. Disfrútalas con una precaución: nadie ha fechado estas piezas, y tanto las ventanas como las garitas podrían venir de reformas posteriores a la fundación.
El nombre también cuenta una historia. Se suele explicar que «Torre del Homenaje» remite al juramento de fidelidad que el vasallo prestaba a su señor, y la propia palabra guardaría la memoria de esa promesa. La lealtad, aquí, fue también una decisión política. En la guerra entre Pedro primero y Enrique segundo de Trastámara, Alonso Fernández de Montemayor se mantuvo fiel a Enrique. Los señores de Montemayor combinaron guerra y diplomacia para ampliar sus tierras, y en las guerras civiles tomaron partido por los Trastámara.
Para profundizar
El conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural. Lo que no hay es ciencia de puertas adentro. Según una fuente local publicada en dos mil veinticinco, la propiedad privada ha impedido hacer estudios arqueológicos científicos dentro del monumento. No es un misterio, sino una puerta cerrada. Buena parte de lo que se sabe de esta torre viene de mirarla desde fuera, igual que estás haciendo tú ahora. Quizá algún día alguien entre con una paleta y un cuaderno y nos lo cuente.
Sala de la Sultana y el paso de fortaleza a palacio ducal
La Sala de la Sultana, sin sultana

Quédate frente a la Torre del Homenaje y fíjate en su planta principal. Detrás de esos muros está la sala de la que vamos a hablar.
Dentro de esa torre, en su planta principal, hay una sala con nombre de cuento: la Sala de la Sultana. Uno espera enseguida a una princesa cautiva, un poeta, quizá un amor imposible. Me gustaría contarte esa historia, de verdad, pero no existe. Ninguna sultana concreta aparece ligada a esta estancia. El nombre parece venirle de su riqueza ornamental, de lo adornada que estaba. Era una sala tan bonita que la bautizaron como si la hubiera habitado una reina.
Ese lujo tiene explicación, y aquí van las vidas del castillo que te prometí. Lo que nació en mil trescientos cuarenta era una fortaleza, el núcleo defensivo de un señorío. Con el tiempo dejó de ser solo eso. Se convirtió en residencia de los señores y, más tarde, en palacio de los duques de Frías, con reformas sucesivas. Llegaron el mobiliario, los cuadros y hasta un archivo nobiliario.
¿Cómo distinguir hoy una época de otra? Las fuentes publicadas no asignan cada elemento visible a una fase. Para leer el edificio te sirve una regla prudente. El proyecto de fortaleza, con su patio y sus torres, arranca en el siglo catorce. Sobre él trabajaron después varias generaciones que querían vivir aquí con comodidad, y cualquier piedra que veas pudo pasar por sus manos.
Tampoco se ha podido documentar qué mobiliario o decoración histórica permanece hoy en cada sala. La estancia más famosa del castillo es también la que nadie de fuera puede comprobar. Quizá por eso la Sultana sigue funcionando tan bien como nombre.
El archivo de los duques de Frías y la disputa de 1988
Los papeles del duque

Ponte en un punto del entorno público desde el que veas el conjunto del castillo, con la Torre del Homenaje a la vista.
Durante décadas, este castillo tuvo un oficio que sus constructores jamás habrían imaginado: guardar papeles. En mil novecientos cuarenta y tres, José Fernández de Velasco y Sforza, duque de Frías, depositó aquí el archivo ducal. Este duque había sido preceptor de Juan Carlos cuando era niño. Unos muros pensados para la guerra acabaron haciendo de caja fuerte de la memoria de una casa nobiliaria.
Tras la muerte del duque llegó la polémica. En mil novecientos ochenta y ocho, el alcalde, Antonio Galán, denunció que tenía prohibida la entrada al castillo. Llevó al pleno la disputa por el archivo y por el acceso al monumento. Ese mismo año, el Ayuntamiento y los vecinos intentaron impedir que los papeles salieran rumbo al Archivo Histórico Nacional. La propietaria, Concepción de Silva Azlor de Aragón, alegó que el castillo era su residencia habitual. De aquel choque nació una iniciativa local para reclamar que se abriera a visitas.
¿Cuándo salió el archivo, entonces? Las fuentes no se ponen de acuerdo. El Instituto Andaluz de los Castillos fecha en mil novecientos noventa y siete el traslado de la mayor parte, y otra fuente divulgativa lo lleva a finales de los años ochenta. Lo seguro es que la mayor parte acabó saliendo, que hubo protesta en Montemayor y que la villa lo vivió como una pérdida patrimonial.
El destino fue el Archivo Histórico Nacional, que guarda la documentación nobiliaria en su Sección de Nobleza. Esa sección tiene hoy su sede en Toledo.
Para profundizar
Si quieres seguir el hilo, el arqueólogo Santiago Rodero Pérez contó la historia del archivo y de su traslado en «Los Papeles del Duque». Se publicó en la Revista de Feria de Montemayor en junio de dos mil catorce. El título lo dice todo: en este pueblo, al duque se le recuerda menos por sus salones que por sus legajos.
Torre de las Palomas, Iglesia de la Asunción y Museo de Ulia
Junto a la parroquia: la Torre de las Palomas

Acércate a la Iglesia de la Asunción, muy cerca del castillo. Desde su entorno, busca la torre del castillo que queda más próxima a la parroquia.
Tienes delante la Torre de las Palomas, el vértice del triángulo más cercano a la parroquia. Con ella cierras el dibujo que empezaste en el mirador. La del Homenaje está junto a la puerta en cuesta y la Mocha ocupa el tercer vértice. Entre las tres se esconden el patio cuadrado y su aljibe.
Al castillo no se entra, pero aquí al lado hay dos lugares que puedes visitar. Uno es la Iglesia de la Asunción, que tienes a tu lado. El otro es el Museo de Ulia, que la oficina de turismo sitúa también muy cerca del castillo ducal. Su nombre enlaza con lo que has oído. Ulia es la ciudad romana con la que se identifica este cerro, y de sus restos salieron piedras para levantar la fortaleza. Pregunta en la oficina de turismo por sus horarios antes de acercarte.
Antes de irte, mira la fortaleza una última vez. Nació en mil trescientos cuarenta con gente traída de Dos Hermanas, fue casa de señores y palacio de duques, y durante medio siglo hizo de caja fuerte de un archivo. Lleva un nombre burgalés y guarda piedras romanas. Por dentro sigue esperando a que alguien la estudie, pero desde fuera ya te ha contado bastante.
Prepara tu visita
- El castillo está en la parte alta de Montemayor, en la provincia de Córdoba. Su entorno exterior es espacio público: empieza frente a la entrada en cuesta junto a la Torre del Homenaje y termina junto a la Iglesia de la Asunción.
- El castillo es de propiedad privada y no tiene visita interior. Antes de ir, confirma en la oficina de turismo de Montemayor o en su web oficial si hay alguna novedad sobre el acceso.
- Muy cerca del castillo están la Iglesia de la Asunción y el Museo de Ulia. Consulta sus horarios en la oficina de turismo.
- Duración: escuchar los relatos esenciales de las seis paradas lleva algo más de diez minutos, y unos quince si añades los apartados para profundizar. A eso súmale los paseos entre paradas y el tiempo que dediques a la parroquia o al museo.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Castillo Ducal de Frías
Desde el exterior destaca la Torre del Homenaje, de unos 20 m, con almenas, garitas y ventanas de arco de herradura con alfiz. También se ven la entrada en cuesta, que no es la original, y las tres torres (del Homenaje, Mocha y de las Palomas) dispuestas en triángulo alrededor de un patio cuadrado. Muy cerca están la Iglesia de la Asunción y el Museo de Ulia.
¿Cómo llegar al Castillo Ducal de Frías en Montemayor
El castillo se alza en la parte alta de Montemayor, en la provincia de Córdoba, sobre la villa y la Campiña cordobesa. Solo hay que subir hacia lo alto del pueblo hasta su entorno exterior, que es público. Cuidado con el nombre: no está en la ciudad de Frías, en Burgos.
¿Cuál es la historia del Castillo Ducal de Frías
Empezó a construirse en 1340, cuando Martín Alfonso de Córdoba obtuvo de Alfonso XI permiso para poblar el cerro, identificado con la romana Ulia, y trasladó allí a los pobladores de Dos Hermanas. Pasó de fortaleza a residencia señorial y después a palacio. Desde el siglo XVIII el condado de Montemayor quedó entroncado con el ducado de Frías, de ahí su nombre. Es Bien de Interés Cultural.
¿Cuál es el horario del Castillo Ducal de Frías
El castillo es de propiedad privada y no está abierto a visitas, por lo que no tiene horario público. Su exterior y su entorno pueden recorrerse libremente. Para cualquier novedad sobre el acceso, consulta la oficina de turismo o la web oficial de Montemayor.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Castillo Ducal de Frías
La audioguía tiene seis paradas exteriores. Escuchar los relatos esenciales lleva algo más de diez minutos, y unos quince con los apartados para profundizar. Hay que sumar los paseos por el entorno y, si te apetece, la visita a la Iglesia de la Asunción o al Museo de Ulia.
¿Se puede entrar al Castillo Ducal de Frías
No. Al ser privado, el patio de armas, el aljibe que hay en su centro y las salas interiores no se pueden ver. La propiedad privada también ha impedido estudios arqueológicos científicos dentro del monumento.
¿Qué es la Sala de la Sultana
Es la planta principal de la Torre del Homenaje. Su nombre parece deberse a su riqueza ornamental, pero no hay documentada ninguna sultana concreta vinculada a la estancia. Tampoco se ha podido documentar qué mobiliario o decoración histórica se conserva hoy en su interior.
¿Qué pasó con el archivo de los duques de Frías
José Fernández de Velasco y Sforza lo depositó en el castillo en 1943. En 1988 el Ayuntamiento y los vecinos intentaron impedir su salida hacia el Archivo Histórico Nacional. La mayor parte acabó trasladándose, en 1997 según unas fuentes y a finales de los años 80 según otras, entre protestas en el pueblo. La Sección de Nobleza del Archivo Histórico Nacional tiene hoy su sede en Toledo.
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