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Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque: audioguía de la Catedral de la Sierra

El pueblo la llama catedral aunque nunca tuvo obispo. En este recorrido por la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque conocerás la torre que dañó un huracán, la capilla bautismal de Hernán Ruiz y la historia de un templo que en mil novecientos treinta y seis llegó a ser mercado y volvió a ser parroquia. Ocho paradas, de la plaza a la última capilla, para saber qué es del siglo dieciséis y qué se repuso después.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque: audioguía de la Catedral de la Sierra

Plaza de la iglesia: por qué la llaman Catedral de la Sierra

La catedral que no lo es

Quédate en la plaza, a cierta distancia de la fachada, en un sitio desde el que veas la iglesia y la torre de un solo vistazo.

¿Cómo llamas a una iglesia que no te cabe en la foto? En Hinojosa lo resolvieron hace tiempo: la Catedral de la Sierra. El nombre tiene truco, porque aquí nunca ha tenido su sede un obispo. El apodo nació de lo que tienes delante. Nació del tamaño, de la piedra y de la forma en que el edificio ocupa la plaza y te obliga a echar la cabeza hacia atrás. Es catedral por presencia, no por cargo.

El Estado, hay que reconocerlo, acabó dándole la razón al pueblo. Un real decreto la declaró monumento histórico-artístico nacional. Se publicó en el Boletín Oficial del Estado el dieciocho de marzo de mil novecientos ochenta y uno.

Pero la escena que mejor explica lo que esta iglesia significa no está en ningún boletín. Ocurrió aquí mismo, el dieciséis de enero de dos mil veintiséis. Ese día bajaron de la torre la campana de Nuestra Señora de la Antigua para llevarla a restaurar. Y la plaza se llenó de vecinos. Había gente con la mirada clavada en lo alto, siguiendo cada metro del izado y del traslado. Parecían una familia despidiendo a alguien que se va unos días al médico.

Nadie sale a la calle para ver bajar una campana cualquiera. Se sale para ver bajar la suya.

Aquella campana, por cierto, escondía una sorpresa. La guardo para la torre. Antes acércate a la portada, que también tiene su pequeño engaño.

Para profundizar

Un monumento declarado no es una pieza de vitrina. Es un edificio que envejece, que necesita tejas nuevas y escaleras que no crujan. Hoy está catalogado como Bien de Interés Cultural. Eso significa que cualquier arreglo pasa antes por las manos de Patrimonio.

En dos mil dieciocho se reparó la escalera de la torre y se retiró la bandera que había en ella. En mayo de dos mil veinticinco, Patrimonio dio su visto bueno a una memoria de mantenimiento con una lista muy de andar por casa: sanear, pintar, limpiar las cubiertas y cambiar las tejas rotas. La lista alcanzaba también el interior: la capilla bautismal, la del Rosario, la del Sagrario y el resto de capillas y dependencias.

Ahora bien, una aprobación es una promesa con sello, no una obra terminada. Todavía no se ha contado si todo aquello se llegó a hacer. Así que, cuando entres, mira las paredes con ojo de vecino. Un andamio o una capilla recién pintada te dirán en qué punto anda la historia.

Portada de San Juan Bautista: Hernán Ruiz y el relieve de la hornacina

Una puerta de tres firmas y un santo de Olot

Portada de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque con su hornacina

Colócate frente a la portada principal, a unos pasos, para ver bien las columnas, la inscripción y la hornacina con la figura de San Juan.

Esta iglesia la empezó un padre y la transformó su hijo. La terminó un tercer hombre cuando el hijo llevaba ya dos años muerto. El padre era Hernán Ruiz el Viejo. El hijo, Hernán Ruiz el Joven, heredó la obra y la llevó por su propio camino. Y Juan de Ochoa dirigió el remate final, en mil quinientos setenta y uno. Fueron tres maestros y tres temperamentos para un mismo edificio.

Fíjate en la portada. Las columnas están estriadas, recorridas por surcos verticales de arriba abajo. Los capiteles son corintios, de esos que coronan la columna con un manojo de hojas. Los frisos están labrados. Y por encima hay una inscripción con fechas de la obra, como quien firma y fecha una carta.

Ahora sube la vista hasta la hornacina, el hueco donde está San Juan Bautista. Y aquí viene lo bueno. Esa figura encaja con tanta naturalidad entre piedras del siglo dieciséis que nadie diría que es moderna. Pero la escultura original no se conservó. Lo que ves es un relieve colocado en la restauración que siguió a la Guerra Civil. Se hizo en Olot, y es de piedra artificial. Es un santo del siglo veinte en un marco del dieciséis.

Esa mezcla es la verdadera historia de este edificio. Lo que se levantó hace casi quinientos años y lo que hubo que reponer después conviven en la misma fachada, a un palmo de distancia.

Para entender por qué hubo que reponer tanto, empecemos por arriba. Por la torre.

Para profundizar

Busca ahora los escudos. Son de los Zúñiga y de los Sotomayor, señores de Belalcázar. Esas familias impulsaron la construcción de la sacristía. Un escudo en una iglesia es una firma que no necesita letras, y quien la puso quería que se viera desde la plaza.

Hay otro detalle que no se ve, pero se adivina. La entrada de la parroquia estuvo antes por este costado. Una puerta comunicaba directamente con el baptisterio. Quien entraba pisaba primero la capilla donde se bautizaba. Con el tiempo esa puerta se cerró y el acceso pasó a hacerse de otra manera.

Guárdalo en la memoria para luego. Cuando llegues a la capilla bautismal, sabrás que estás en lo que un día fue el recibidor del templo. Fue la primera habitación de la casa, por decirlo así. Hoy queda un poco más a trasmano, como esos cuartos que fueron la entrada principal hasta que alguien decidió abrir otra puerta.

Torre de la iglesia de Hinojosa del Duque: el huracán de 1799 y la campana de 1990

Una torre de tres épocas y una campana de mil novecientos noventa

Torre de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista en Hinojosa del Duque

Desde la plaza, ponte de frente a la torre y recórrela con la vista despacio, de la base al remate.

Lo que tienes delante no es una torre, sino varias torres puestas una encima de otra por gente que no llegó a conocerse. Son tres cuerpos escalonados. La parte principal se terminó a finales del siglo dieciséis. Luego, en mil setecientos cincuenta y cuatro, el maestro Pedro Antonio Muñoz le puso el capitel, el remate de arriba del todo.

Aquel remate duró menos de medio siglo entero. A finales de mil setecientos noventa y nueve un huracán lo dañó. Un huracán, nada menos, en tierra adentro. La reparación la asumió el maestro arquitecto Andrés Muñoz, que terminó el arreglo en mil ochocientos uno. Fueron dos Muñoz con medio siglo de diferencia: uno lo construyó y el otro lo rehízo después de la tormenta.

Y ahora, la sorpresa que te prometí en la plaza. La campana de la Antigua, la que bajaron en enero de dos mil veintiséis con medio pueblo mirando, no tenía siglos encima. Era de mil novecientos noventa. Las campanas antiguas de esta torre se perdieron durante la Guerra Civil. Aquella campana estaba en mal estado y la llevaron a restaurar. Los vecinos no salieron a despedir una reliquia medieval. Salieron a despedir una campana que muchos habían oído desde siempre, que es otra forma de antigüedad.

Busca el primer cuerpo de la torre. Es posible que la campana no esté todavía en su sitio, porque su regreso no se ha confirmado.

Ahora entra. Lo que se perdió en la torre también se perdió dentro, y ahí la historia es más dura.

Para profundizar

Al subir con la vista, fíjate en cómo cambia el idioma de la piedra. Cada cuerpo habla con el acento de su época. Por eso la torre suele explicarse como una obra de varias etapas, no como algo levantado de una sola vez. Mirarla es un poco como leer un árbol genealógico de abajo arriba.

Hay quien va más lejos. Hay quien la presenta como precedente de la torre de la Mezquita-Catedral de Córdoba, que según esa lectura se habría construido diez años después. Es una idea tentadora, y tiene su gracia pensar que un pueblo de la sierra se adelantó a la gran ciudad. Pero conviene tomarla como lo que es: una hipótesis que circula, no una verdad cerrada.

Lo que sí sabemos es que el remate que ves no es el de mil setecientos cincuenta y cuatro tal cual salió de las manos de Pedro Antonio Muñoz. Es el que quedó después de que el huracán de mil setecientos noventa y nueve obligara a rehacerlo. Lo que ves desde aquí es un remate superviviente, con remiendos de mil ochocientos uno.

Nave principal: artesonado, retablo mayor de 1947 y la destrucción de 1936

El tiempo en que la iglesia fue mercado

Nave principal y artesonado de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Hinojosa del Duque

Entra y colócate en el centro de la nave principal. Mira primero hacia el retablo mayor, al fondo, y luego hacia el techo.

Durante un tiempo, en este mismo espacio se compraba y se vendía comida. El catorce de agosto de mil novecientos treinta y seis, el interior de la iglesia quedó destruido. Se perdieron los retablos, las imágenes, las campanas originales y el archivo parroquial, la memoria escrita de la parroquia. Después, el templo vacío se convirtió en plaza de abastos. Donde ahora estás tú hubo puestos de mercado.

Cuando terminó la guerra volvió su párroco, Juan Jurado Ruiz. Encontró una parroquia que había que rehacer por dentro, en lo material y en lo pastoral. Se puso al frente de esa reconstrucción, y su etapa en Hinojosa duró hasta mil novecientos cincuenta.

Mira ahora al fondo, al retablo mayor. Ocupa el lugar de un retablo barroco destruido en mil novecientos treinta y seis. El que ves es neogótico y es obra de Félix Granda. Lo bendijo el obispo fray Albino González el doce de octubre de mil novecientos cuarenta y siete. Es anterior al decreto que hoy protege la iglesia, apenas por una generación.

Levanta ahora la vista. Hay tres naves. La central, más ancha, se cubre con un artesonado de aire gótico-mudéjar, y las laterales, con bóvedas de crucería. Son dos maneras de cerrar un techo, una junto a otra. Lo que nadie ha podido precisar del todo es cuánto de ese artesonado es original y cuánto se rehízo o se repuso. Así que mirarlo tiene algo de adivinanza.

La primera capilla que vas a visitar es la más antigua de todas en su diseño.

Para profundizar

La obra arrancó en mil quinientos treinta y nueve con Hernán Ruiz el Viejo. Hay quien adelanta el comienzo a mil quinientos treinta, y esa diferencia sigue sin resolverse. Entre mil quinientos cincuenta y nueve y mil quinientos sesenta y cuatro, su hijo transformó el proyecto. Juan de Ochoa lo concluyó en mil quinientos setenta y uno. Fueron más de treinta años de obra, una generación entera de vecinos viendo andamios.

Busca ahora el lado de la Epístola, que es el costado derecho según miras al altar mayor. Allí verás unos arranques de arcos que salen del muro y se quedan a medias. Quizá sean la huella de una bóveda que se pensó para la nave y nunca llegó a construirse. Es una hipótesis, pero tiene algo de conmovedor: un techo que solo existe en sus primeros palmos.

Un último detalle de la posguerra. La piedra que antes estaba encalada se picó y quedó al descubierto. El color de los muros que ves hoy es, en buena parte, una decisión de aquellos años.

Capilla bautismal de Hernán Ruiz II y la ventana de los tres soles

La capilla de los tres soles

Bóveda de la capilla bautismal de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista en Hinojosa del Duque

Entra en la capilla bautismal y colócate bajo la bóveda. Si está cerrada, escucha esta parada desde la plaza, frente a su ventana exterior.

El techo que tienes encima es como un pañuelo tallado, sostenido por sus cuatro puntas. Esa forma tiene nombre: bóveda vaída. Su diseño se atribuye a Hernán Ruiz segundo, el hijo, en mil quinientos cincuenta y cuatro. Eso fue cinco años antes de que empezara a transformar el proyecto de toda la iglesia. Quizá aquí, en un espacio pequeño, ya estaba pensando en grande.

Muchos consideran esta capilla la más interesante del templo. Es renacentista. Fíjate en los motivos tallados de la bóveda. No están solo para adornar, porque se leen como alusiones al bautismo de Jesús. Tiene su lógica: en una parroquia dedicada a San Juan Bautista, la capilla donde se bautiza mira hacia el bautismo más célebre de todos.

Y recuerda lo que te conté en la portada. Hubo un tiempo en que esta capilla era lo primero que se pisaba al entrar en la iglesia.

Y aquí viene el giro, que solo se ve desde fuera. La ventana de esta capilla, en la fachada que da a la plaza, tiene nombre propio: la ventana de los tres soles. Dicen que deja entrar luz a todas horas, algo que ni el mejor reloj de sol se atrevería a prometer. Su decoración juega con una arquitectura pintada, fingida, de esas que hacen dudar al ojo de qué es volumen y qué es pincel.

Cuando salgas, búscala desde la plaza. Pero antes quedan capillas por ver aquí dentro, y la siguiente tiene firma del pueblo.

Para profundizar

Cuando estés delante de la ventana de los tres soles, busca entre su ornamentación los escudos de los Zúñiga y los Sotomayor. Son los mismos apellidos que viste en la portada, los señores de la zona. Asoman otra vez, como esos invitados que aparecen en todas las fotos de la boda.

De dónde viene exactamente lo de los tres soles es otra pregunta para hacerle al pueblo. Mientras tanto, la imagen funciona sola: una ventana a la que se le atribuye luz a cualquier hora del día.

La capilla entraba también en el plan de mantenimiento aprobado en dos mil veinticinco. El plan contemplaba raspar la pintura deteriorada y aplicar pintura al silicato, protegiendo antes los retablos y las imágenes. Puede parecer un detalle de obra menor. En realidad es la manera más humilde de cuidar quinientos años: quitar lo que se ha estropeado sin tocar lo que importa.

Capilla de la Virgen del Rosario: retablo neogótico de Joaquín Sánchez

El Rosario, un retablo con firma del pueblo

Retablo de la Virgen del Rosario en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque

Acércate a la capilla de la Virgen del Rosario y colócate frente a su retablo. Si está cerrada, obsérvala desde la nave.

Este retablo tiene el aire de una catedral medieval y, sin embargo, lo hizo un vecino de Hinojosa después de la guerra. Se atribuye a Joaquín Sánchez, artesano del pueblo. Es neogótico, es decir, un gótico recreado mucho tiempo después. Se hizo cuando hubo que volver a llenar de retablos una iglesia que se había quedado vacía.

Esa es la parte que más me gusta de esta capilla. La reconstrucción de posguerra no llegó solo de fuera. Hubo manos de aquí, con nombre y apellido.

Fíjate en la talla ornamental del retablo, en el trabajo menudo que lo recorre. Luego aparta la vista hacia los muros. La decoración de la capilla es otra historia, con otra firma. Se atribuye al artista cordobés Rafael Díaz Peno. En este espacio pequeño trabajaron, por lo menos, dos personas distintas: un artesano del pueblo para el retablo y un artista cordobés para las paredes.

Y aquí está lo que conviene llevarse de esta parada. Lo que más parece de otro tiempo, ese aire gótico que hace pensar en siglos lejanos, es de lo más reciente de la iglesia. En esta casa, a veces, lo que parece antiguo es lo que llegó al final.

La siguiente capilla repite un apellido que ya has oído delante del altar mayor.

Para profundizar

Si vuelves la vista al altar mayor, verás que el Rosario no es el único retablo neogótico de la casa. El retablo mayor, de Félix Granda, también lo es. Fue donado por la familia Cárdenas-Spínola y bendecido en mil novecientos cuarenta y siete.

Así se fue rellenando el vacío de mil novecientos treinta y seis. Hubo familias que donaron, talleres que trabajaron por encargo, un artista de Córdoba y un artesano del pueblo. Cada pieza tiene su autor y su historia, y entre todas devolvieron a la iglesia un interior.

Que la posguerra eligiera aquí el acento gótico, en un edificio levantado en el siglo dieciséis, es una curiosidad que merece un momento de atención. Es como si, para rehacer la casa, se hubiera escogido un estilo todavía más antiguo que el de sus muros.

Capilla del Sagrario: los talleres de Félix Granda

El Sagrario y el taller de Félix Granda

El Sagrario y el taller de Félix Granda · Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

Sitúate ante la capilla del Sagrario, de frente al sagrario y al retablo del Corazón de Jesús, si la capilla está abierta.

Hay apellidos que en esta iglesia aparecen más de una vez, y el de Félix Granda es uno de ellos. Ya lo viste en el retablo mayor. Aquí vuelve. El sagrario y el retablo del Corazón de Jesús proceden de sus talleres.

La palabra talleres importa. No hablamos de un hombre solo con una gubia, sino de un obrador con su nombre al frente y con varias manos detrás. Desde allí salieron piezas para rellenar el vacío que dejó mil novecientos treinta y seis.

Porque eso es lo que hay que tener presente en esta capilla, y en toda la iglesia. El interior quedó destruido durante la guerra y se restauró después. Lo que tienes delante no es todo original. Es lo que se colocó cuando hubo que empezar de nuevo.

Y sin embargo el espacio funciona. Hay gente que viene aquí a rezar sin preguntarse de qué año es cada pieza. Quizá sea la mejor prueba de que la reconstrucción salió bien: que las cosas nuevas se usan como si siempre hubieran estado aquí.

Queda una última capilla, la que guarda más preguntas que respuestas.

Para profundizar

Esta capilla también entraba en el plan de mantenimiento informado en dos mil veinticinco. Si la ves recién pintada, ya sabes de dónde viene. Si no, la obra quizá siga pendiente.

Y ya que estamos con lo repuesto, vuelve un momento a la torre con la imaginación. Las campanas antiguas se perdieron también en la guerra. La de la Antigua, que era una pieza de mil novecientos noventa, salió de la torre en enero de dos mil veintiséis para restaurarse. Si oyes tocar a campanas mientras recorres la iglesia, puede que todavía falte una voz en el coro.

Capilla de San José en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

San José, la capilla de las preguntas

Busca la capilla de San José y colócate frente a ella, mirando su altar si es identificable.

Esta es la capilla de la que menos se sabe, y eso también es una historia. En mil novecientos cuatro alguien dejó constancia por escrito de que aquí había un altar en la capilla de San José. Es una nota sencilla, de las que se escriben sin pensar en la posteridad.

Entre aquel apunte y el día de hoy está mil novecientos treinta y seis. Ya sabes lo que se perdió aquel verano en esta iglesia. Así que nadie puede asegurar que el altar que hoy encuentres sea el mismo de mil novecientos cuatro. Ni siquiera está claro que el visitante pueda reconocerlo.

Te propongo un pequeño juego para despedirte. Mira lo que tienes delante y pregúntate qué es de antes y qué es de después. Llevas siete paradas entrenando el ojo. Ahora sabes que en esta casa lo antiguo y lo nuevo se mezclan sin avisar.

Esta capilla también figuraba en el plan de mantenimiento de dos mil veinticinco, junto con el resto de capillas y dependencias. Sin embargo, nadie ha verificado el estado de este altar concreto.

Al salir, date la vuelta en la plaza y busca la ventana de los tres soles. Es la mejor despedida: una ventana a la que el pueblo atribuye luz a todas horas.

Para profundizar

Antes de irte, repasa lo que has visto, porque esta iglesia se entiende mejor en fechas. En mil quinientos treinta y nueve empieza la obra. En mil quinientos cincuenta y cuatro, la bóveda del baptisterio. En mil quinientos setenta y uno, el final. En mil setecientos cincuenta y cuatro llega el remate de la torre, que un huracán daña en mil setecientos noventa y nueve y que se repara en mil ochocientos uno. En mil novecientos treinta y seis, la destrucción y el mercado. En mil novecientos cuarenta y siete, un nuevo retablo mayor. En mil novecientos ochenta y uno, monumento nacional. Después, una escalera arreglada, un plan de mantenimiento y una campana que baja ante la mirada de todo el pueblo.

Pocas iglesias enseñan tan a la vista que un monumento no es algo que se termina, sino algo que se sigue haciendo.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

No te pierdas la portada de columnas estriadas con su hornacina, la torre de tres cuerpos con remate de 1754, la nave central cubierta por un artesonado gótico-mudéjar, el retablo mayor neogótico bendecido en 1947 y la capilla bautismal de 1554, con su bóveda vaída y la ventana de los tres soles.

¿Cómo llegar a la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista en Hinojosa del Duque

La visita empieza en la plaza que se abre ante la iglesia, en Hinojosa del Duque. En el pueblo se la conoce como la Catedral de la Sierra, así que basta con preguntar por ese nombre. Desde la plaza se ven a la vez la portada y la torre, las primeras paradas del recorrido.

¿Cuál es la historia de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

La empezó Hernán Ruiz el Viejo en 1539, aunque hay quien habla de 1530. Su hijo transformó el proyecto entre 1559 y 1564, y Juan de Ochoa lo terminó en 1571. En 1936 se destruyó su interior y llegó a ser plaza de abastos. Fue reconstruida en la posguerra y declarada monumento nacional en 1981.

¿Cuál es el horario de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

Los horarios de visita y de culto pueden variar, y algunas capillas no siempre están abiertas al público. Lo más seguro es consultarlos antes de ir en la web de turismo de Hinojosa del Duque o en la oficina municipal de turismo. Es una parroquia en uso, así que conviene evitar las horas de celebración.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

Las 8 paradas de la audioguía suman unos 20 minutos de escucha, entre la plaza, la portada, la torre, la nave y las capillas. Si quieres detenerte en el artesonado, buscar los arranques de arcos del lado de la Epístola y salir a ver la ventana de los tres soles, reserva algo más de tiempo.

¿Por qué se llama Catedral de la Sierra

Es un apodo popular que nace de su tamaño y de cómo domina la plaza. No es una catedral en sentido estricto, porque nunca ha sido sede de un obispo. Es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, declarada monumento histórico-artístico nacional en 1981 y hoy protegida como Bien de Interés Cultural.

¿Qué le pasó a la iglesia en 1936

El 14 de agosto de 1936 se destruyó su interior. Se perdieron retablos, imágenes, las campanas originales y el archivo parroquial, y el templo llegó a usarse como plaza de abastos. Tras la guerra, el párroco Juan Jurado Ruiz encabezó la reconstrucción, y en 1947 se bendijo el nuevo retablo mayor de Félix Granda.

¿Es antigua la campana retirada de la torre en 2026

No. La campana de la Antigua, que se retiró el 16 de enero de 2026 para restaurarla, es una pieza de 1990. Las campanas antiguas se perdieron durante la Guerra Civil. Su retirada reunió a muchos vecinos en la plaza, y todavía no consta si ya ha vuelto a su lugar en la torre.

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