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Dehesa de Los Pedroches en Hinojosa del Duque: audioguía de encinas, montanera y estrellas

Cuatro paradas para leer un paisaje que lleva siglos trabajando: cercas de piedra sin argamasa, encinas que alguien regó una a una, un oficio que se anunciaba con látigo y silbato y unas ordenanzas de hace tres siglos. Terminas en el Mirador Starlight de Hinojosa del Duque, donde, al caer la noche, el protagonista es el cielo de Los Pedroches.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Dehesa de Los Pedroches en Hinojosa del Duque: audioguía de encinas, montanera y estrellas

Dehesa del Espíritu Santo: encinas y cercas de piedra seca en Hinojosa del Duque

Un paisaje que trabaja

Colócate junto a la cerca de piedra, en el linde de la Dehesa del Espíritu Santo, sin entrar en la finca. Mira hacia donde las encinas se encuentran con las parcelas de cereal.

¿Cuánto tiempo hace falta para levantar un paisaje que nunca se termina? Tienes delante una cerca de piedra sin una gota de argamasa. Es piedra sobre piedra, encajada a mano, que se sostiene por puro equilibrio. Detrás hay encinas. Y si sigues con la vista, más allá aparecen las parcelas de cereal. Esa mezcla de árbol y grano es lo que Hinojosa del Duque presenta como emblema natural y cultural de Los Pedroches.

Pero esto no es un monumento. Nadie lo trajo de otro sitio ni lo reconstruyó para la foto. Es un paisaje que produce, y por eso cambia.

Fíjate en las encinas más bajas, las de tronco fino. Aquí hubo gente plantando. Un hombre que trabajó en forestación agraria en Hinojosa recuerda haber puesto encinas en una finca de un centro agrario, el Centro IFAPA. El Ayuntamiento había cedido ese terreno dentro de esta misma Dehesa del Espíritu Santo. Y aquí viene lo que no sale en las postales. Llegaron varios veranos secos. Para que aquellas encinas sobrevivieran, hubo que regarlas una por una. Árbol a árbol, en pleno calor.

Así que conviene mirar con otros ojos. Una encina joven y una vieja pueden estar a veinte pasos, y nadie ha puesto fecha a cada una de las que ves. Lo que parece eterno, a veces, lleva dentro el trabajo de alguien con una manguera.

Si las encinas piden tanto cuidado, piensa lo que piden los animales que viven de ellas. Vamos a buscarlos.

Para profundizar

Esa costumbre de plantar no se ha perdido, y ahora tiene uniforme escolar. En dos mil veinticinco, un proyecto comarcal llamado El Dehesafío plantó seiscientas encinas. Participaron más de setecientos escolares, así que salieron a más de un niño por árbol, que es una proporción muy sensata si alguien tiene que regar después. En diciembre de ese año se anunció una novena edición para dos mil veintiséis; si quieres saber cómo ha ido, pregunta en la oficina de turismo. Algunas de las encinas jóvenes que veas pueden venir de campañas así.

Un último dato para medir lo que tienes alrededor. En mil novecientos veinticinco, una descripción del municipio le atribuía la Dehesa del Espíritu Santo con ochocientas cuarenta y una hectáreas, algo más de ocho kilómetros cuadrados. Es una cifra de hace un siglo, no una medición de hoy. Y no la confundas con otra que oirás más adelante, la del monte público llamado La Dehesa: las fuentes no permiten decir que sean el mismo terreno ni comparar una superficie con la otra.

La montanera en la dehesa de Los Pedroches: el cerdo, la bellota y el porquero

El porquero que negociaba con bellotas

Cerdos ibéricos en montanera bajo las encinas de la dehesa de Los Pedroches

Sigue por el linde de la Dehesa del Espíritu Santo hasta tener a la vista las copas de las encinas, siempre desde fuera de la cerca. No hay aquí una explotación porcina con visita turística confirmada: lo que vienes a mirar son los árboles, que es donde se decide la montanera.

Mira esas copas: son una despensa. La montanera es la temporada en que los cerdos engordan comiendo bellota bajo las encinas. Suele abarcar el otoño y el invierno: en Los Pedroches puede empezar en octubre y alargarse hasta febrero o marzo, según el año. La economía histórica de la dehesa se apoyó en la ganadería extensiva, sobre todo en el cerdo ibérico, pero también en la oveja y la vaca.

Ahora, un aviso de lugar. Las escenas que vas a oír no ocurrieron en esta finca. Las recogió el estudioso Manuel Moreno Valero sobre Pozoblanco, otro pueblo de la comarca. Sirven para entender el oficio, no para ponerle dirección aquí.

Una calle de pueblo a primera hora. Suena un látigo, luego un silbato, y las puertas de los corrales empiezan a abrirse. Cada concejo tenía su porquero, y ese sonido era su forma de pasar lista. Las familias abrían las zahúrdas para que sus cerdos se unieran a la piara. Para muchas casas, aquel animal no era un capricho: era una parte importante del patrimonio doméstico, y en torno a su crianza se organizaba la vida de la familia.

Llegada la montanera, el trabajo se repartía. Un zagal, con su vara, conducía la piara hacia las encinas que tocaba aprovechar. El porquero, con el látigo, hacía caer la bellota de las ramas.

Y no era solo un pastor. Podía comprar la bellota de una finca entera y pactar con sus clientes cuánto le pagarían por cada libra de carne que el cerdo ganara durante la montanera. Cuidador, contable y negociante a la vez. Un pequeño empresario con látigo.

Moreno Valero recordaba a un joven que quizá fue el último porquero de Pozoblanco. No dejó su nombre. Dejó la memoria de un oficio que se apagó sin más ruido que el de su silbato.

Desde aquí, la dehesa se ve a ras de suelo. En la próxima parada la verás desde arriba.

Para profundizar

Este cerdo tiene historia de corte. En el siglo dieciocho salía jamón desde Pozoblanco como obsequio cortesano. Que un regalo para la corte viajara colgado de una pata dice mucho de lo que valía lo que se criaba en la comarca.

En mil novecientos cincuenta y nueve, un grupo de ganaderos decidió que juntos les iría mejor. Querían vender sus corderos y conseguir alimento para el ganado. Al frente de aquella primera cooperativa estuvo Ricardo Delgado Vizcaíno. Así nació Covap.

La dehesa también se alquilaba con papeles oficiales. En mil novecientos ochenta y siete, la Junta publicó el arrendamiento del lote ganadero número uno por cuatrocientas setenta mil pesetas al año. Incluía montanera, pastos y rastrojeras, y estaba ligado a un centro de selección y reproducción animal.

Pero el cielo manda más que cualquier contrato. Entre dos mil trece y dos mil veinticuatro, Los Pedroches vivió una sequía larga que golpeó el agua, los pastos y la producción de bellota. En dos mil veinticinco, un estudio académico examinó qué medidas tomaron los ganaderos extensivos de la comarca para resistir, y señaló que las primaveras lluviosas de dos mil veinticuatro y dos mil veinticinco trajeron alivio. La cuenta es sencilla: sin bellota, no hay montanera.

Mirador Starlight de Hinojosa del Duque: las ordenanzas de 1724 y el monte público La Dehesa

Reglas para la tierra

Mirador Starlight de Hinojosa del Duque sobre la dehesa de Los Pedroches al anochecer

Estás en el Mirador Starlight de Hinojosa del Duque (tienes las coordenadas en «Prepara tu visita»). Mira al horizonte, donde las parcelas de cereal se alternan con las encinas.

¿Qué hace falta para cuidar un monte? En mil setecientos veinticuatro, Hinojosa respondió con un reglamento. Las ordenanzas de aquel año se escribieron para conservar las dehesas y los montes del pueblo, y las conocemos gracias al trabajo del cronista Luis Romero Fernández. Lo que dicen es sentido común convertido en ley.

En verano estaba prohibido hacer fuego. Los pastores debían separar sus majadas al menos mil pasos, para que cada rebaño tuviera su sitio. Los muros de piedra de las viñas no se tocaban, porque marcaban dónde acababa el trabajo de uno y empezaba el del vecino. Y los vecinos tenían derecho a espigar los rastrojos, es decir, a recoger el grano que quedaba en el suelo después de la cosecha. Nada se desperdiciaba. Ni una espiga.

Ahora vuelve al horizonte. La promoción local habla de encinas centenarias, y las hay que lo parecen. Pero recuerda la primera parada: entre las viejas crecen también las plantadas hace poco, y desde aquí nadie puede ponerle edad a cada copa. Tampoco qué norma cayó sobre cada parcela.

Lo que sí se sabe es que el monte público llamado La Dehesa es hoy municipal: el planeamiento publicado por la Junta le asigna quinientas siete hectáreas y pico, más de cinco kilómetros cuadrados que pertenecen al pueblo. Ojo, no es una versión menguada de las ochocientas cuarenta y una hectáreas de la Dehesa del Espíritu Santo de mil novecientos veinticinco: las fuentes no dicen que sean el mismo terreno, así que no hay pérdida que contar.

Lo que pisas no es antiguo. El mirador es una instalación para mirar, y no consta ni cuándo se construyó ni que se haya restaurado. Su valor está en lo que deja ver.

Tres siglos después, la pregunta sigue siendo la de aquellos vecinos: cómo usar la tierra sin gastarla. Y cuando el sol se ponga, este mismo sitio cambia de tema.

Para profundizar

Aquellas ordenanzas eran tan minuciosas que también regulaban cómo fabricar tejas y ladrillos en la alfarería local. Cuidar el monte y cocer el barro entraban en el mismo papel, porque todo salía de la misma tierra.

Y el cuidado del patrimonio rural sigue dando noticias. No ocurrió aquí, sino en otro punto del municipio. El dieciocho de septiembre de dos mil veintiséis se informó de que el pleno había pedido por unanimidad la cesión o la gestión del parque y el embalse de Fuente La Zarza, ante la petición de demoler su presa. Es otra forma de hacerse la misma pregunta de mil setecientos veinticuatro.

Reserva Starlight de Los Pedroches: el cielo nocturno desde el mirador de Hinojosa del Duque

Un cielo con certificado

Cielo estrellado de la Reserva Starlight de Los Pedroches sobre siluetas de encinas en Hinojosa del Duque

Sigues en el Mirador Starlight de Hinojosa del Duque. Espera a que oscurezca, apaga la pantalla del móvil y levanta la vista.

Las encinas se han vuelto siluetas y el cereal ha desaparecido. Arriba empieza otro paisaje, y ese no necesita ordenanzas.

Este mirador lleva Starlight en el nombre, pero el título no es suyo. Es de todo el territorio. La Fundación Starlight, la entidad que reconoce los cielos de calidad para la observación de estrellas, registra a Los Pedroches como Reserva Starlight desde diciembre de dos mil dieciséis. Lo que se distingue es la calidad del cielo de la comarca entera, no una plataforma concreta. El mirador es, sencillamente, un buen sitio desde el que comprobarlo.

Piensa en lo que significa. Un cielo así no se construye: se conserva, igual que la dehesa. Hace falta poca luz artificial y mucho espacio abierto, y eso es justo lo que este paisaje de encinas y parcelas ha mantenido durante siglos casi sin proponérselo.

Así que date tiempo. Los ojos tardan en acostumbrarse a la oscuridad, y cada minuto que esperas aparecen más estrellas. Las constelaciones que vas reconociendo son las mismas que veían el porquero de madrugada y los vecinos que firmaron las ordenanzas. Ellos no tenían certificado. Tenían el cielo.

Para profundizar

El mirador ya ha servido de escenario nocturno. En agosto de dos mil veinticinco acogió una actividad de observación con plazas limitadas. En dos mil veintiséis, Hinojosa anunció una programación de verano con visitas nocturnas, aunque la información publicada no las sitúa en este mirador; si te interesa, consulta qué hay previsto antes de venir.

Un apunte para no liarse con los títulos. Cuando la Fundación Starlight anunció la Reserva, en dos mil diecisiete, explicó que el territorio se preparaba para optar a otra categoría, la de Destino Turístico Starlight. En el listado actual consultado, Los Pedroches no figura con esa segunda distinción: lo que tiene, y desde dos mil dieciséis, es la de Reserva.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué es la dehesa

La dehesa es un paisaje productivo, no un monumento. En Hinojosa del Duque se reconoce por sus encinas y sus cercas tradicionales de piedra levantadas sin argamasa. Históricamente se ha aprovechado con ganadería extensiva, sobre todo de cerdo ibérico, pero también de oveja y vaca.

¿Cuándo es la montanera

La montanera, el periodo en que los cerdos se alimentan de la bellota de las encinas, suele abarcar el otoño y el invierno. En Los Pedroches puede empezar en octubre y prolongarse hasta febrero o marzo, según el año y la cosecha de bellota.

¿Cómo visitar la dehesa de Los Pedroches en Hinojosa del Duque

Esta ruta se recorre desde puntos de observación: el linde de la Dehesa del Espíritu Santo y el Mirador Starlight, en las coordenadas 38.481193, -5.102961. La oficina de turismo y la web hinojosaesturismo.es informan de accesos y actividades.

¿Qué ver en Hinojosa del Duque además de la dehesa

El monumento más destacado es la parroquia de San Juan Bautista, conocida como la Catedral de la Sierra. También merecen la visita la Iglesia Conventual de la Purísima Concepción, las ermitas del pueblo y la zona recreativa de Fuente la Zarza.

¿Qué significa que Los Pedroches sea Reserva Starlight

La Fundación Starlight registra a Los Pedroches como Reserva Starlight desde diciembre de 2016 por la calidad de su cielo nocturno. La distinción corresponde al territorio, no a un mirador concreto; el Mirador Starlight de Hinojosa del Duque es un lugar desde el que observarlo.

¿Por qué hay encinas jóvenes en la dehesa de Los Pedroches

Porque se sigue plantando. En 2025, el proyecto comarcal El Dehesafío plantó 600 encinas con más de 700 escolares, y en diciembre de ese año se anunció una novena edición para 2026. En la Dehesa del Espíritu Santo también hubo forestación, y en veranos secos se regaron las encinas una por una.

¿Cómo afectó la sequía a la dehesa de Córdoba

Entre 2013 y 2024, una sequía prolongada afectó en Los Pedroches al agua, los pastos y la producción de bellota. Un estudio académico publicado en 2025 analizó las medidas que adoptaron los ganaderos extensivos de la comarca. Según ese trabajo, las primaveras lluviosas de 2024 y 2025 aliviaron la situación.

¿Qué historia tiene el cerdo ibérico en Los Pedroches

En el siglo XVIII se enviaba jamón desde Pozoblanco como obsequio cortesano. Según Manuel Moreno Valero, en Pozoblanco cada concejo tenía su porquero, que reunía la piara con látigo y silbato. En 1959 un grupo de ganaderos fundó la cooperativa de la que nació COVAP, con Ricardo Delgado Vizcaíno al frente.

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