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Palacio Ducal de Fernán Núñez: audioguía para descubrir qué ver en Fernán Núñez

Un terremoto en Lisboa, unos planos que viajaron desde la misma ciudad del desastre y un conde que dibujó su propia casa. En cinco paradas, de la vieja Plaza de Armas a los jardines en terrazas, descubrirás por qué el Palacio Ducal de Fernán Núñez es mucho más que una fachada bonita. También verás qué es del siglo dieciocho y qué se rehízo mucho después.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Palacio Ducal de Fernán Núñez: audioguía para descubrir qué ver en Fernán Núñez

Plaza de Armas de Fernán Núñez: el antiguo patio del castillo

Una plaza de armas sin armas

Colócate en el centro de la Plaza de Armas, con la fachada principal del palacio delante, en el lado norte.

¿Qué hace un patio de armas sin soldados, sin murallas y con un palacio elegante al fondo? Te recuerda que aquí hubo un recinto fortificado. Esta plaza fue su patio de armas, y durante mucho tiempo también la llamaron Plaza del Castillo.

Todo empieza con una pareja. El treinta y uno de mayo de mil trescientos ochenta y dos, Inés Alfonso de Montemayor y Haro y su marido, Diego Gutiérrez de los Ríos, fundaron el mayorazgo de Fernán Núñez. Era una manera de atar tierras y bienes a la familia para que pasaran enteros de padres a hijos. Hacia mil trescientos ochenta y cinco empezaron a levantarse las primeras casas entre esta plaza y Santa Marina. Crecían a la sombra de la torre de Fernán Núñez de Témez, que formaba parte de la fortificación.

Siglos después, el tercer conde, Francisco Gutiérrez de los Ríos, decidió que lo medieval ya no le sentaba bien. Sus obras fueron un proceso largo, que culminó hacia mil setecientos catorce y le quitó a la plaza buena parte de su aire de fortaleza.

Y aquí viene lo bueno. En mil setecientos cincuenta y cinco, el terremoto de Lisboa dañó aquellas obras. Luego pasaron veintiocho años sin reconstruir, el tiempo que tarda un recién nacido en hacerse adulto. Cuando por fin se movió algo, en mil setecientos ochenta y tres, los planos llegaron precisamente desde Lisboa. Los envió el sexto conde, que todavía estaba allí como embajador. La ciudad del desastre mandó también la solución.

Quizá te preguntes por qué hablamos de un palacio Ducal si hasta ahora solo han desfilado condes. La respuesta llegó en mil ochocientos diecisiete: Fernando Séptimo elevó el condado a ducado, y el título de duque recayó en Carlos Gutiérrez de los Ríos, séptimo conde de Fernán Núñez. La casa se construyó para un conde y ascendió de categoría con la familia.

Acércate a esa fachada. Quizá tenga acento portugués.

Para profundizar

Gira despacio sobre ti mismo y mira la forma de la plaza y los edificios que la cierran. El palacio preside el frente norte y el resto se ordena a su alrededor. Hoy todo esto forma parte de un conjunto histórico protegido: la plaza, el palacio y sus edificios vecinos van juntos, como un solo lugar.

Para imaginar la plaza recién reformada por el tercer conde existe una pista pintada. Es un cuadro de la procesión de la Virgen de Guadalupe, que deja ver cómo quedó el espacio tras aquellas obras. Hay quien sospecha que quizá se pintó también para dejar constancia de ellas. Sería una foto de inauguración, solo que con pinceles.

Fachada neoclásica del Palacio Ducal de Fernán Núñez

Una fachada con acento lisboeta

Fachada neoclásica del Palacio Ducal de Fernán Núñez con columnas jónicas

Acércate a la fachada principal y sitúate frente a la entrada, en el eje central. Desde ahí verás las dos torres de los extremos.

Dos columnas de mármol sostienen el balcón que tienes justo encima de la puerta. Son jónicas, las de los capiteles enrollados como volutas. Marcan el centro de una fachada pensada para que todo se reparta con simetría a izquierda y derecha.

Detrás de esta fachada hay un hombre concreto: Carlos José Gutiérrez de los Ríos, sexto conde de Fernán Núñez. Tras los daños del terremoto de Lisboa, mandó construir el palacio actual entre mil setecientos ochenta y tres y mil setecientos ochenta y siete. Lo hizo en estilo neoclásico, con orden, proporción y nada de excesos. Cuatro años de obra para cambiarle la cara a la villa.

Durante su etapa de embajador en Portugal, el conde conoció el Palacio das Necessidades, entonces una residencia real portuguesa. Se cree que esta fachada se hizo a su imagen y semejanza. Es una hipótesis, no una certeza. Pero no se trata del recuerdo de un viajero de vuelta a casa: el modelo salió de Lisboa con el conde todavía en su puesto. Y un detalle con gracia: aquel palacio lisboeta acabó albergando el Ministerio de Asuntos Exteriores portugués. Buen destino para el edificio que quizá inspiró a un diplomático.

Ahora busca las dos torres que enmarcan la fachada. Una corresponde a la capilla de Santa Escolástica. La otra guarda el torreón vinculado a Fernán Núñez de Témez.

Fíjate en las ventanas de abajo de ambas torres, las que están cegadas. Parecen tan antiguas como el resto, pero no son huecos originales de la fachada histórica. En mil novecientos ochenta y tres el palacio fue cedido al municipio, y dos años después, en la reforma de mil novecientos ochenta y cinco, se incorporaron esas ventanas ciegas para dar armonía al conjunto. Son un retoque del siglo veinte.

Vamos a cruzar esa puerta, al menos con la imaginación.

Para profundizar

La capilla toma su nombre de una mujer: Escolástica Gutiérrez de los Ríos, hermana del sexto conde, que murió en Madrid en mil setecientos ochenta y dos. Las obras del palacio arrancaron al año siguiente. La fachada de su hermano acabó llevando su nombre en una de sus torres.

La torre del otro extremo esconde algo más viejo. Dentro conserva un torreón macizo que, según la historia local, conquistó el capitán Fernán Núñez de Témez, el hombre que dio nombre a la villa.

Mira ahora la portada y las escaleras exteriores que suben a la capilla. Un informe de dos mil veintiséis las describe como piedra original, en concreto calcarenita bioclástica, una piedra formada a partir de restos de antiguos organismos. El ocho de mayo de dos mil veintiséis, Patrimonio aprobó un proyecto para su restauración pétrea. Al cerrar esta guía no consta si las obras han empezado o terminado, así que si ves andamios, ya sabes por qué.

Interior y rehabilitación del Palacio Ducal de Fernán Núñez

La casa que el conde dibujó

Entrada del Palacio Ducal de Fernán Núñez rehabilitado

Si el palacio está abierto, pasa al patio. Si no, quédate ante la puerta principal y deja que el relato te lleve dentro.

Muchos nobles encargaban palacios. Pocos los dibujaban. Carlos José Gutiérrez de los Ríos, el sexto conde, no se limitó a pagar las obras que empezaron en mil setecientos ochenta y tres: también proyectó el edificio. El aspecto actual del palacio se le debe sobre todo a él.

Pero el conde no pensaba solo en su casa. Alrededor de la plaza impulsó dependencias de servicio y de producción, y convirtió el palacio en el centro de un conjunto. Era más un pequeño sistema que una residencia aislada, con el señor en medio.

Ahora el giro. Lo que se ve dentro no es un decorado del siglo dieciocho congelado en el tiempo. En el sector sur sigue en pie una torre medieval, anterior a todo lo demás. Otras partes se adaptaron, se restauraron o se actualizaron con los años. El edificio es una suma de épocas, como casi todas las casas en las que se ha vivido de verdad.

La última capa es muy reciente. Ya en manos municipales, el palacio pasó por una rehabilitación integral de tres años. En noviembre de dos mil veinticinco, el Ayuntamiento la recepcionó oficialmente. La ejecutó la empresa Antroju, con proyecto y dirección del estudio Arquinexos. En aquel momento aún faltaba amueblarlo para abrirlo al público: era un palacio restaurado y vacío, a la espera de que alguien volviera a ponerle las sillas.

Las visitas al interior dependen de su apertura, así que confírmala antes de ir.

Sal a la plaza: los vecinos del palacio tienen su propia historia.

Para profundizar

Antes de tocar una sola piedra, el edificio se midió como nunca se había medido. En dos mil veinticuatro, Patrimonio informó favorablemente sobre el proyecto modificado de restauración, que incluía un levantamiento del edificio con escáner láser en tres dimensiones: millones de puntos para retratar cada muro. La actividad arqueológica se tramitó por separado, con su propio expediente. Lo que pudieran encontrar los arqueólogos es otra historia, que todavía está por contar.

Del proyecto que trazó el conde al rayo láser, las herramientas cambian, pero la tarea es la misma: entender la casa antes de tocarla.

Edificios aledaños del palacio: mesón, escuelas y caballerizas

Los vecinos del palacio

Edificios aledaños del Palacio Ducal de Fernán Núñez en la Plaza de Armas

Muévete por la Plaza de Armas y busca los edificios que la rodean. Compara su altura y su alineación con la fachada del palacio.

Un palacio necesita algo más que salones. Necesita caballos, pan, viajeros y niños que aprendan a leer. Alrededor de esta plaza estaban las escuelas, las caballerizas, el mesón ducal y el molino de San Carlos. Todos con fachadas de líneas neoclásicas, como si hubieran ido a la misma sastrería que el palacio.

Mira cómo se miran entre ellos. La plaza los articula en torno a un espacio común, y el palacio les da el tono. El sexto conde no construyó solo una casa. Hizo una apuesta urbanística y señorial: un pequeño conjunto de servicios ordenado a su alrededor.

Esa costumbre de atraer gente venía de lejos. La antigua fortaleza ya hacía de imán. En mil trescientos ochenta y cinco, Diego Gutiérrez de los Ríos y García de Aguayo consiguió trasladar hasta aquí la iglesia de Aben Caez para protegerla. La gente buscaba el amparo de los muros, y los muros, de paso, ganaban vecinos.

Esta es la secuencia que explica todo lo que ves. Primero hubo una torre fortificada. Luego, un castillo. Cuando perdió su función defensiva, se convirtió en residencia señorial. La espada dejó paso al escritorio, y el patio de armas acabó siendo una plaza para pasear.

Algunas dependencias tienen accesos o propietarios independientes, así que respeta las zonas privadas.

Detrás del palacio espera el capítulo más discutido: el jardín.

Para profundizar

Las caballerizas, pegadas al palacio, son hoy de propiedad privada. Es un buen recordatorio de que estos conjuntos no siempre llegan enteros a nuestros días: se reparten, se venden y cambian de manos. Aun así, el plan se sigue leyendo. Mesón, escuelas y caballerizas mantienen una escala y una alineación que hablan de un mismo proyecto. El palacio manda, pero no está solo.

Jardines del Palacio Ducal de Fernán Núñez en tres terrazas

Un jardín dibujado dos veces

Jardines en terrazas del Palacio Ducal de Fernán Núñez

Sal a la primera terraza, frente a la salida posterior del palacio, junto a la fuente circular. Luego baja hasta la terraza inferior y mira hacia arriba.

¿Y si el jardín que tienes delante se hubiera copiado de unas estampas que quizá exageraban? Empecemos por lo que ves. Una fuente circular, setos recortados y un recorrido simétrico. El jardín baja en tres terrazas, alineadas con el eje del palacio y adaptadas al desnivel del terreno. Es el neoclasicismo hecho paisaje: orden, estabilidad y perspectiva, tal como lo quiso Carlos José Gutiérrez de los Ríos, el sexto conde, a finales del siglo dieciocho.

Al terminar las obras, el conde encargó que su jardín quedara recogido en grabados. Se ocuparon Vicente Mariani y otros grabadores, entre ellos Palomino. Aquellas estampas acabaron publicadas en mil setecientos ochenta y nueve en el Atlante Español de Bernat Espinalt García.

Ahora el giro. Lo que pisas no es el jardín del siglo dieciocho intacto. Pasó por muchas transformaciones y, en mil novecientos noventa y dos, una Escuela Taller lo remodeló tomando como modelo precisamente esos grabados del Atlante Español. Los grabados guiaron la reconstrucción, pero eso no convierte en original todo lo que ves. Aquella obra de mil novecientos noventa y dos también cambió accesos y partes del trazado. Por eso decimos que este jardín se dibujó dos veces: primero en papel, en el siglo dieciocho, y después sobre el terreno, copiando aquel papel.

Y no todos quedaron contentos. Algunos críticos dudaron de la perspectiva de los grabados. Llegaron a plantear que ciertas vistas o espacios podían ser imaginados por sus autores. Si tenían razón, el jardín de hoy reproduce en parte un sueño dibujado. No es mal destino para un jardín.

Baja hasta la última terraza y vuélvete hacia el palacio. Desde ahí, la escalera de niveles cuenta mejor que nadie cuánto pensó el conde en esta perspectiva.

Para profundizar

El jardín tuvo varias fases, y la afición venía de antes. En una carta de mil seiscientos ochenta y tres, el tercer conde, Francisco de los Ríos, ya pedía opinión a su arquitecto de Cabra, José Granados, sobre mármoles y dimensiones. Es el mismo conde cuyas obras en la plaza culminaron hacia mil setecientos catorce: proyectos de largo aliento, un siglo antes del diseño neoclásico de su descendiente.

Después llegó la vida corriente. La fuente de la última terraza acabó convertida en cenador. Se plantaron frutales, y el jardín terminó funcionando casi como un huerto. En mil novecientos treinta y tres se recortó una esquina junto a la calle Barroseco para facilitar el paso por ella, un cambio práctico que alteró el perímetro histórico.

La fuente de la primera terraza estuvo rodeada por bustos de mármol, que se retiraron para conservarlos. Lo que veas hoy a su alrededor no es necesariamente la disposición original.

La propiedad también se partió. Una parte del jardín quedó en manos del municipio y otra se vendió, junto con las caballerizas, a otra familia local. Una tapia separó la última terraza.

Limoneros, naranjos y jazmines ponen hoy el perfume con el que termina este recorrido.

Prepara tu visita


Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Palacio Ducal de Fernán Núñez

Destacan la Plaza de Armas, antiguo patio del recinto fortificado; la fachada neoclásica con dos columnas jónicas de mármol y dos torres; los edificios aledaños, como el mesón, las escuelas y las caballerizas; y los jardines en tres terrazas descendentes con su fuente circular y vegetación aromática.

¿Cómo llegar al Palacio Ducal de Fernán Núñez en Fernán Núñez

El palacio está en la Plaza de Armas de Fernán Núñez, que también se llamó Plaza del Castillo. Ocupa el lado norte de la plaza y su fachada principal mira hacia ella. La plaza es el mejor punto de partida para recorrer el conjunto y sus edificios vecinos.

¿Cuál es la historia del Palacio Ducal de Fernán Núñez

El mayorazgo se fundó en 1382. El recinto pasó de torre fortificada a castillo y después a residencia señorial. Tras los daños del terremoto de Lisboa de 1755, el VI conde, Carlos José Gutiérrez de los Ríos, construyó el palacio actual entre 1783 y 1787, en estilo neoclásico. En 1983 fue cedido al municipio, y en noviembre de 2025 el Ayuntamiento recepcionó su rehabilitación integral.

¿Por qué se llama Palacio Ducal si lo construyó un conde

Porque en 1817 Fernando VII elevó el condado de Fernán Núñez a ducado, y el título de duque se concedió a Carlos Gutiérrez de los Ríos, VII conde de Fernán Núñez. El palacio se construyó para un conde y la familia ascendió después a la dignidad ducal.

¿Cuál es el horario del Palacio Ducal de Fernán Núñez

El Ayuntamiento recepcionó la rehabilitación en noviembre de 2025, cuando aún faltaba el mobiliario para abrirlo al público. Esta guía no puede confirmar la fecha de apertura ni los horarios actuales, así que consúltalos en el Ayuntamiento o en la oficina de turismo de Fernán Núñez antes de ir.

¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Palacio Ducal de Fernán Núñez

La audioguía recorre 5 paradas muy próximas entre sí: la Plaza de Armas, la fachada, el interior, los edificios aledaños y los jardines. La duración depende sobre todo de si el interior y los jardines están abiertos, así que confirma el acceso antes de planificar tu visita.

¿Quién construyó el Palacio Ducal de Fernán Núñez

El palacio actual lo mandó construir Carlos José Gutiérrez de los Ríos, VI conde de Fernán Núñez, entre 1783 y 1787. Él mismo proyectó el edificio y envió los planos desde Lisboa cuando aún era embajador. Se cree, aunque es solo una hipótesis, que la fachada se hizo a imagen y semejanza del Palacio das Necessidades, una residencia real portuguesa que el conde conoció en Lisboa.

¿Son originales los jardines del Palacio Ducal

No del todo. Los jardines tuvieron transformaciones y una remodelación en 1992, hecha por una Escuela Taller a partir de los grabados que encargó el VI conde y que se publicaron en 1789 en el Atlante Español. Algunos críticos cuestionaron la perspectiva de esos grabados. La intervención también modificó accesos y elementos del trazado.

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