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Castillo Ducal de Pay Arias (Espejo): audioguía de la visita

Sube por las cuestas más antiguas de Espejo hasta el Castillo Ducal de Pay Arias, una fortaleza de frontera que acabó siendo casa y en la que hubo vecinos hasta mil novecientos ochenta y cinco. Por el camino te esperan un saqueo de los tiempos de César, un caballero que vigilaba dos reinos, una boda que salió en el Nodo y una torre que nadie sabe cómo llamar. Al final, siete pueblos a la vista desde lo alto.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Castillo Ducal de Pay Arias (Espejo): audioguía de la visita

Subida al castillo por la calle San Bartolomé y el casco antiguo de Espejo

Cuesta arriba hacia Ucubi

A media subida por la calle San Bartolomé, con el castillo asomando por encima de los tejados y la pendiente bajo los pies.

¿Notas cómo tiran las piernas? Esa pendiente es el primer documento de la visita. Estas calles que se doblan y se retuercen no salieron de ningún plano. El pueblo fue creciendo alrededor del castillo, casa a casa y cuesta a cuesta, y por eso estás pisando el barrio más antiguo de Espejo. La calle San Bartolomé es uno de los tramos de esa subida de siempre, la que va enlazando calles y plazas hasta la cima. Fíjate en las callejas que salen a los lados: ninguna se parece a la anterior.

Arriba te espera un cerro de unos cuatrocientos dieciocho metros. Desde allí se ven siete pueblos de la provincia. Siete, de un solo vistazo y sin moverte del sitio.

En este cerro hubo vida mucho antes que castillo. Se llamaba Ucubi, un recinto fortificado ibero-turdetano de mediados del primer milenio antes de Cristo. En el año cuarenta y cinco antes de Cristo quedó atrapado entre dos bandos romanos. Cneo Pompeyo ocupó Ucubi y mandó matar a los vecinos partidarios de Julio César. Cuando César conquistó la plaza, premió a la ciudad por su fidelidad. Hay lealtades que salen caras antes de salir rentables.

Y ahora, el giro. Que aquí viviera gente hace unos dos mil quinientos años no quiere decir que el castillo tenga esa edad. Una cosa es el cerro y otra la piedra que lo corona. Sigue subiendo: la puerta te va a contar que este castillo ha tenido más vidas que un gato.

Para profundizar

Mientras subes, date la vuelta de vez en cuando hacia el valle. Con cada metro que ganas, el horizonte se ensancha y el castillo se va quedando por encima de todo lo demás. Esa sensación de un cerro que manda sobre la campiña ya la tuvieron los viajeros de antes. A finales del siglo dieciocho, el ilustrado Antonio Ponz describió el camino por la campiña como una sucesión de subidas y bajadas antes de divisar Espejo. Es el mismo reproche que le estás haciendo tú a esta calle, solo que él lo dejó por escrito.

Y una curiosidad que viaja lejos. La tradición histórica de Espejo enlaza Ucubi con la familia paterna de Marco Aurelio. Se dice que Annio Vero, abuelo del emperador, era natural de aquí. El abuelo de un emperador de Roma, nacido en lo alto de una cuesta de la campiña. Hay árboles genealógicos que empiezan en sitios muy parecidos a este, con las mismas cuestas y el mismo viento.

Puerta, fachada y muralla del Castillo Ducal de Pay Arias

Una puerta con varias vidas

Puerta y fachada con ventanas geminadas del Castillo Ducal de Pay Arias en Espejo

Frente a la puerta principal, a unos pasos de distancia, para tener a la vista la fachada completa y sus ventanas.

Lo que tienes delante es una fortaleza que acabó convertida en casa, y se le nota en la cara. Levanta la vista hacia las ventanas geminadas de la fachada, esas de dos huecos gemelos, uno junto al otro. Tienen aire de cuento medieval, y algo de eso hay: lo que se ve hoy es, sobre todo, fruto de obras del siglo quince. Luego llegaron más reformas, pensadas para que el castillo, además de defender, sirviera para vivir. Estas ventanas hablan de dos épocas a la vez.

Vamos más atrás. Hacia mil doscientos cuarenta, Ben Hud entregó la torre de Alcalá a Fernando tercero. El rey castellano no recibió precisamente un palacio: el castillo estaba deshabitado y buena parte de la muralla, en el suelo. Fernando tercero se lo cedió a la Orden de Santiago, y su cruz acabó incorporada al escudo de Espejo. Hay herencias que duran más que las murallas.

Y aquí viene lo bueno. Este castillo no se quedó vacío. Hubo gente viviendo dentro hasta mil novecientos ochenta y cinco. Y ese mismo año, el veinticinco de junio, quedó protegido como Bien de Interés Cultural, en la categoría de monumento. En un solo calendario pasó de tener inquilinos a tener ficha oficial. Pocas casas pueden presumir de una jubilación así.

Cruza la puerta y busca la torre más alta. Es la del hombre que dio nombre a todo esto.

Para profundizar

Antes de entrar, sigue con la mirada el perímetro de la muralla. El conjunto tiene planta cuadrangular, con torres en las esquinas. Su cerco abraza toda la meseta de arriba y llega a enlazar con la parroquia y con la Torre del Caballero. De los lienzos antiguos quedan fragmentos. La imagen monumental que ves se rehízo en épocas posteriores, como esas ventanas de la fachada.

Ahora, una escena mucho más cercana. En mil novecientos treinta y cinco, la duquesa viuda de Osuna fue madrina de un sacerdote recién ordenado. Y lo celebró sin escatimar: ofreció un banquete al pueblo dentro del castillo. Unas murallas levantadas para que no entrara nadie, abiertas de par en par para que entrara todo el mundo. Es difícil encontrar una forma mejor de cambiar de oficio.

Torre del Homenaje del Castillo de Pay Arias

La torre del señor de la frontera

Torre del Homenaje del Castillo Ducal de Pay Arias en Espejo

En un punto desde el que tengas a la vista la Torre del Homenaje, con espacio para levantar la mirada hasta su remate.

¿Qué hace un caballero al que le toca vivir en la raya entre dos reinos? Pay Arias de Castro respondió con piedra. A él y a finales del siglo trece se vincula la fortaleza que tienes alrededor, plantada a unos cuatrocientos dieciocho metros de altitud. Esta Torre del Homenaje es la que más alto lo proclama. Sube la vista hasta arriba del todo.

Pay Arias tenía dos preocupaciones, y el castillo atendía a las dos. La primera, sus propias tierras. La segunda, el reino. Esta campiña era frontera con el reino nazarí, y él reforzó las defensas para proteger lo suyo, vigilar la ruta del Guadajoz y tener controlada la llanura. Un castillo con doble jornada: guardia del señor y guardia de la corona. Nadie le pagó horas extra.

Ahora, el giro. Te gustaría que te dijera qué piedras de esta torre puso Pay Arias. A mí también. Pero nadie ha podido precisar qué partes son originales y cuáles posteriores, ni documentar una restauración de la torre con su fecha y su responsable. Lo que ves es la suma de varias manos, y separar con certeza las de cada siglo, hoy por hoy, no es posible. Mientras tanto, la torre, protegida como todo el conjunto desde mil novecientos ochenta y cinco, no suelta prenda.

Baja ahora al patio. Allí la piedra cambió de oficio, y lo hizo a la vista de todos.

Para profundizar

En la primavera de mil trescientos treinta y tres, la villa de Castro del Río estaba cercada. La asediaban las tropas granadinas de Muhammad cuarto. Desde este castillo salió Martín Alfonso con sesenta caballeros y un grupo de peones para socorrerla. Sesenta jinetes: más o menos los que cabrían en un autobús. No parece un ejército capaz de cambiar nada. Y sin embargo, aquella salida contribuyó a que Muhammad cuarto levantara el asedio.

Aquellos hombres del entorno del castillo bajaban la colina sabiendo que iban hacia un cerco, no hacia una fiesta. Ahí tienes la doble función de Pay Arias funcionando de verdad. Una fortaleza como esta no servía solo para mirar desde lejos: también era el punto de partida cuando había que salir. La frontera no era una línea en un mapa. Era el vecino de al lado pidiendo ayuda.

Patio de armas y patio porticado del castillo de Espejo

Del cuartel al salón

Patio porticado del Castillo Ducal de Pay Arias en Espejo, antigua plaza de armas

En el centro del patio porticado, con los soportales alrededor y el suelo del patio bajo los pies.

Este patio ha cambiado de oficio, y no ha sido un cambio pequeño. Aquí estaba la plaza de armas, el espacio militar del castillo. Hoy es un patio porticado, con soportales, más pensado para pasear a la sombra que para formar a la tropa. Esos soportales que te rodean no son de la fortaleza primitiva, sino el rastro de cuando el castillo se convirtió en residencia señorial. Del cuartel al salón, sin moverse del sitio.

Y el salón tuvo invitados. En mil novecientos cuarenta y seis, Ángela María, duquesa de Osuna, se casó en la capilla del castillo. La boda no se quedó entre estas paredes: tuvo eco público y apareció en el Nodo, el noticiario de la época. Con motivo de ese enlace, Petra, viuda de Osuna, organizó comidas y repartió donativos para los pobres de Sevilla y de Espejo. Un castillo de frontera convertido en escenario de crónica de sociedad. Pay Arias no se lo habría creído.

Ahora, baja la vista al suelo. El patio está construido sobre un aljibe, un depósito de agua que no se puede ver desde el recorrido. Nadie lo ha fechado todavía con un estudio arqueológico. Estás de pie, literalmente, sobre una pregunta abierta.

Y el giro: esta casa se habitó hasta mil novecientos ochenta y cinco. Este patio no es un decorado. Hace solo unas cuatro décadas, alguien lo cruzaba cada mañana como quien cruza su recibidor.

Sube ahora a las murallas. Allí arriba hay una torre con un problema de identidad.

Para profundizar

Para que el castillo tuviera vida, primero hubo que traer gente. En mil trescientos tres, el rey Fernando cuarto concedió medios de subsistencia para favorecer que se poblara. En el mismo movimiento autorizó cambiar el antiguo nombre del lugar, Alcalat, por Espeio. De ese nombre hablaremos en el mirador, porque tiene miga.

Lo que no duró fue el apellido. El linaje de Pay Arias se extinguió y la titularidad pasó a otras ramas. Con el tiempo, el señorío quedó vinculado a la Casa de los Alcaides de los Donceles. Los castillos, como las casas de pueblo, cambian de manos por herencias y parientes lejanos.

¿Y hoy? La novedad más reciente es bastante más modesta. En dos mil veinticuatro se propuso renovar las luminarias. A veces la historia también avanza cambiando bombillas.

Torres esquineras y adarve almenado del Castillo Ducal

Una torre en busca de nombre

Adarve almenado y torre esquinera del Castillo Ducal de Pay Arias en Espejo

En el paseo de ronda, junto al adarve almenado, con una de las torres de las esquinas a la vista.

¿Cómo se llama esta torre? Parece una pregunta fácil, y no lo es. Quizá hayas oído hablar de una Torre de las Palomas. El castillo tiene cuatro torres en las esquinas, y solo dos llevan nombre reconocido: la del Homenaje y la del Caballero. Una Torre de las Palomas no aparece por ninguna parte. Así que tómatelo como un juego: compara la torre que tienes delante con las otras esquinas y decide cuál estás mirando. Bautizarla, eso sí, mejor dejarlo para cuando aparezca un papel que lo diga.

Lo que sí sabemos es qué había antes. La fortaleza de Pay Arias se levantó sobre unas torres más antiguas, ya derruidas, conocidas como Torres de Pay Arias. Un castillo nuevo sobre los restos de otro que ya llevaba su nombre.

Y para que todo esto tuviera sentido, hacía falta gente. El doce de enero de mil trescientos tres, Fernando cuarto concedió recursos y privilegios para poblar el castillo. Dos días después, el rey autorizó al propio Pay Arias a repoblar el lugar y dio franquicias a quienes vinieran a vivir. Primero los recursos, luego el permiso, y en cuarenta y ocho horas. Con el papeleo de hoy, eso tendría algo de milagro.

Todo el conjunto, torres con nombre y sin él, está protegido como monumento desde mil novecientos ochenta y cinco. Sigue hasta el mirador: allí entenderás por qué este pueblo se llama como se llama.

Para profundizar

Sube la vista a la coronación de los muros. Ese borde dentado es el adarve almenado, y cada diente es un merlón. Están hechos de mampuesto, piedra irregular, combinado con ladrillo. Paseo de ronda: el nombre ya lo dice casi todo.

Ahora, una historia para contar en voz baja. Cuenta la tradición del pueblo que desde el aljibe del patio partía una galería subterránea hasta el yacimiento de la Albuhera. Y que en ella anda enredada una Reina Mora legendaria. Nadie ha demostrado que ese túnel exista, y me encantaría que alguien lo hiciera. De momento, la Reina Mora vive en la memoria de Espejo, que tampoco es mal sitio.

Y una época menos romántica. Entre mil cuatrocientos sesenta y cinco y mil cuatrocientos sesenta y ocho, la guerra civil entre Enrique cuarto y el infante Alfonso, sumada a las rivalidades de la nobleza cordobesa, dio a la villa un papel estratégico. La calma llegó con los Reyes Católicos.

Vistas de la campiña desde el Castillo Ducal de Espejo

Specula: un pueblo con nombre de mirador

Vistas de la campiña cordobesa desde el Castillo Ducal de Pay Arias en Espejo

En el mirador o el punto más abierto de la visita, de cara a la campiña, con los tejados del pueblo cayendo ladera abajo.

¿Y si el nombre del pueblo describiera justo lo que estás haciendo ahora mismo? Espejo viene de Specula, que quiere decir atalaya, torre vigía, lugar de observación. Nada de coquetería: aquí se trataba de mirar lejos.

Fue un rey quien lo dejó escrito. En mil trescientos tres, Fernando cuarto dispuso que la antigua Alcalat pasara a llamarse Espeio, y respaldó que el lugar se repoblara. Un cambio de nombre que suena casi a descripción del puesto de trabajo.

Abre bien los ojos. Delante tienes la campiña: olivares, campos y pueblos salpicados hasta el horizonte. Estás en la cota más alta de todo lo que rodea a Espejo, y por eso este castillo es uno de los grandes símbolos de la villa. Desde aquí se alcanzan siete pueblos de la provincia. Intenta contarlos.

Quizá por eso el nombre encaja tan bien. Esta altura no sería solo un regalo para la vista, sino la razón de ser de la palabra Specula. La memoria del pueblo le atribuye a Pay Arias la misma idea: para él la campiña era frontera que defender y, a la vez, tierra que organizar con un plan señorial propio.

Y aquí va el último giro. Lo que ves en pie es, sobre todo, del siglo quince y de reformas posteriores. El nombre Espeio es de mil trescientos tres. La palabra lleva más tiempo vigilando que la piedra.

Para profundizar

Antes de irte, baja la mirada hacia la ladera. Las casas se escalonan como pueden y las calles se empinan porque el cerro no dio otra opción: el pueblo se adaptó a la colina, no al revés. Desde aquí se entiende la cuesta que subiste al principio. Lo que abajo parecía un laberinto es, visto desde arriba, un abanico de calles que cuelga de la cima.

Date la vuelta una última vez hacia el castillo. Lo que tienes detrás es una mezcla: fortaleza y casa, almenas y ventanas, defensa y comodidad. Su configuración definitiva llegó sobre todo con las obras del siglo quince y con las reformas que lo hicieron habitable. Por eso tiene esa doble cara que has ido descubriendo en cada parada.

Pompeyo, Pay Arias, Martín Alfonso, una duquesa en el Nodo. Todos pasaron por este cerro. Unos vinieron a conquistar, otros a defender, otros a casarse. Tú has venido a mirar, que es justo lo que promete el nombre de este pueblo.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en el Castillo Ducal de Pay Arias (Espejo

La visita incluye la subida por la calle San Bartolomé, la fachada con ventanas geminadas, la Torre del Homenaje, el patio porticado que fue plaza de armas, el adarve almenado con merlones de mampuesto y ladrillo y un mirador sobre la campiña desde el que se divisan 7 pueblos de la provincia.

¿Cuál es la historia del Castillo Ducal de Pay Arias

El cerro estuvo ocupado por Ucubi, recinto ibero-turdetano. La fortaleza se vincula a Pay Arias de Castro a finales del siglo XIII, y en 1303 Fernando IV impulsó su poblamiento y el nombre Espeio. Lo visible es sobre todo del siglo XV, con reformas residenciales. Estuvo habitado hasta 1985.

¿Cómo llegar al Castillo Ducal de Pay Arias

El castillo corona el casco antiguo de Espejo, sobre un cerro de unos 418 metros. Se llega a pie subiendo por las calles sinuosas del barrio más antiguo del pueblo, con la calle San Bartolomé como tramo histórico de la subida. Las cuestas son pronunciadas, así que conviene llevar calzado cómodo.

¿Cuál es el horario de visita del Castillo Ducal de Pay Arias

Los horarios y las condiciones de visita pueden cambiar, por lo que lo recomendable es confirmarlos antes de ir en la web oficial de turismo de Espejo o en la oficina de turismo municipal. Ten en cuenta que la visita al interior comienza por el antiguo patio de armas, hoy convertido en patio porticado.

¿Cuánto se tarda en visitar el Castillo Ducal de Pay Arias

Depende del ritmo de cada visitante y del tiempo que pases en el mirador. Esta audioguía tiene 6 paradas, desde la subida por el casco antiguo hasta las vistas de la campiña, y cada una combina un relato esencial con un apartado para profundizar. Suma también el tiempo de la cuesta, que es empinada.

¿Por qué el pueblo se llama Espejo

El nombre deriva de Specula, que significa atalaya, torre vigía o lugar de observación. En 1303 el rey Fernando IV dispuso que la antigua Alcalat pasara a llamarse Espeio. La posición del castillo, en la cota más alta de la campiña que rodea al pueblo, encaja con ese sentido de mirador.

¿Existe una Torre de las Palomas en el Castillo Ducal de Espejo

No hay base documental para ese nombre. El castillo tiene 4 torres esquineras, y las identificadas por su nombre son la Torre del Homenaje y la Torre del Caballero. Lo que sí consta es que la fortaleza se levantó sobre torres anteriores derruidas, conocidas como Torres de Pay Arias.

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