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Ermita de Santa Rita en Espejo: audioguía, historia y qué ver

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Ermita de Santa Rita en Espejo: audioguía, historia y qué ver

Fachada y origen de la Ermita de Santa Rita en Espejo

La ermita que se quedó dentro del pueblo

Colócate frente a la fachada, a unos pasos, de modo que veas el muro entero y la puerta.

Esta ermita fue construida fuera de Espejo, y hoy la tienes en pleno casco urbano. No se movió ella. Creció el pueblo alrededor.

Cuenta la tradición que todo empezó con miedo. Los vecinos pedían a San Sebastián y a San Roque que las epidemias pasaran de largo. Y para tener a los dos santos a mano, dicen que hubo dos ermitas gemelas, una para cada uno.

Aquí viene lo bueno. Solo una llegó hasta ti. La de San Roque fue derribada en el siglo diez y ocho, y la de San Sebastián, esta, aguantó. La ermita se levantó en el siglo diecisiete. En mil setecientos ochenta y cuatro se le añadió una capilla lateral.

Aguantó, sí, pero a duras penas. Tiene ciento cuarenta y cinco metros cuadrados, poco más que un piso amplio, con muros de carga de piedra. Pasó décadas en ruina. En dos mil dieciséis el Obispado la cedió al Ayuntamiento, que se comprometió a intervenir para que no desapareciera.

Ahora busca en la fachada restos de encalado blanco junto a la piedra que asoma. Según el proyecto de rehabilitación, así se encontraba el muro. Es como ver la piel de un edificio que lleva mucho tiempo esperando.

Para profundizar

El papel casi siempre habla de grandes decisiones, pero aquí la cifra es muy concreta. En dos mil veintidós el Ayuntamiento licitó la rehabilitación por ochenta y dos mil cuatrocientos sesenta y nueve euros. El proyecto preveía cuatro meses de obras.

Piensa en lo poco que parece para rescatar un edificio de siglos. Y en lo mucho que había costado dejar que llegara a ese punto.

El inmueble tiene protección integral en el planeamiento urbanístico de Espejo. Eso significa que no se puede tocar a la ligera, y que la intervención tenía que respetar lo que había. No es poca cosa para un templo que hoy ya no se usa para el culto.

Fíjate también en la paradoja de su sitio. Una ermita levantada para quedar lejos, a las afueras, como quien pone una barrera entre el pueblo y el contagio. Hoy forma parte del paisaje cotidiano de las calles.

Portada y capilla lateral de Santa Rita

Veinte reales para Santa Rita

Portada de piedra de la Ermita de Santa Rita en Espejo con dintel y cornisa

Acércate a la portada y mira la puerta de frente, con la piedra del dintel sobre tu cabeza.

Veinte reales no hacían rico a nadie, pero en mil setecientos sesenta y cuatro una vecina, Teresa de Jesús Espinosa, los dejó dos veces. Veinte para la imagen de San Sebastián y otros veinte para la de Santa Rita. Quedó escrito en su testamento.

Dos años después, Juan de Córdoba Cámara dejó otros veinte reales para ayudar a pagar una capilla que se estaba construyendo. Es adintelada, con jambas y dintel de piedra, y encima una cornisa con arranques de frontón. Sencilla y firme.

La capilla de Santa Rita se abre a un lado, bajo un arco de medio punto apoyado en semicolumnas toscanas. Si el edificio está abierto, fíjate en ese arco. Es la entrada a un espacio de grandes dimensiones, donde se entronizó la imagen de la santa con la ampliación de mil setecientos ochenta y cuatro.

La prensa atribuye esa ampliación a Cristóbal Manuel de Gracia Verdejo, que sufragó la capilla. Los testamentos hablan de una capilla en obras ya en mil setecientos sesenta y seis. Las fechas no cuadran del todo y no me atrevo a decidir yo. Quizá fue una obra larga, hecha a golpe de legados.

Y la devoción, ¿de dónde vino? De los predicadores agustinos recoletos de Luque, que habían socorrido a Espejo durante una epidemia.

Una epidemia, unos frailes y unos cuantos reales. Pero la santa necesitaba un lugar donde ser rezada, y eso nos lleva dentro.

Para profundizar

Los testamentos de la época nos dejan escenas pequeñas. En mil setecientos sesenta y nueve, Manuel Baena repartió entre varios templos las misas de su encargo. Cuatro de ellas debían celebrarse en esta ermita, y las diría fray Ramón.

Imagina al hombre, ya al final de su vida, haciendo cuentas de a dónde mandar cada misa, como quien reparte las últimas visitas. Que esta ermita entrara en ese reparto dice algo de su peso en el pueblo.

También conviene mirar el contraste de la portada. Por fuera, piedra sobria, dintel recto y una cornisa discreta. Por dentro, el arco de medio punto y las semicolumnas toscanas piden más lucimiento. La parte que se veía desde la calle no prometía lo que había detrás.

Si la puerta está cerrada, quédate con la portada. Basta con ver cómo la piedra aguanta.

Nave, cúpula y pinturas murales de la ermita

El hábito de una devota

Cúpula rebajada y bóvedas del interior de la Ermita de Santa Rita en Espejo

Si puedes asomarte al interior, sitúate en la nave y alza la vista hacia la capilla mayor. Si no, escucha desde la puerta.

En mil setecientos sesenta y siete, Antonia de Córdoba tuvo claro cómo quería despedirse. Quería ser amortajada y enterrada con el hábito de Santa Rita. Ni joyas ni telas. Una prenda de devoción.

Con esa escena en la cabeza, mira el espacio. El templo tiene una sola nave. Hoy está cerrado al culto, así que lo que oyes es sobre todo el eco del silencio.

Arriba, la capilla mayor se cubre con una cúpula rebajada sobre pechinas. Si te dejan entrar, fíjate en esa curva suave que baja hasta las esquinas. Es decir, no es una caja simple, sino un pequeño juego de volúmenes.

Y aquí está el giro. Se documentaron pinturas murales conservadas en la cúpula y en la nave de Santa Rita, además de restos en los arcos. Una ermita que por fuera parece solo cal y piedra guardaba color dentro. Que se vea hoy depende del acceso y de cómo esté el interior, pero merece la pena levantar la mirada hacia bóvedas y arcos.

Antonia no lo sabía, pero su deseo nos cuenta lo mismo que esas pinturas. Esta santa no era una imagen lejana. Era alguien con quien se quería llegar al último día.

¿Y la devoción, empezó en la ermita o ya estaba en las casas? Eso lo sabremos mirando atrás.

Para profundizar

La devoción a Santa Rita venía de antes de que se pensara en una gran capilla. En mil setecientos veinte, María Rodríguez la Muñoza aportó al casarse un lienzo de Santa Rita valorado en siete reales. Fijó dos reales por cada una. Haz la cuenta: cuatrocientos reales en total, mucho más que los siete de aquel lienzo.

Entre un lienzo de siete reales y una cuenta de cuatrocientos se ve cómo vivía la fe en Espejo. Había quien rezaba en casa con lo que tenía, y quien encargaba misas por centenares.

Esa es la ermita que has recorrido. Cada rincón le debe algo a una persona con nombre y apellido.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Ermita de Santa Rita de Espejo

Puedes ver la fachada con restos de encalado y piedra, la portada con dintel y cornisa, la capilla lateral de Santa Rita con su arco de medio punto y, si el acceso lo permite, la cúpula rebajada sobre pechinas y las pinturas murales.

¿Cuál es la historia de la Ermita de Santa Rita

Se erigió en el siglo XVII y en 1784 se amplió con una capilla lateral. Según la tradición, nació de las súplicas a San Sebastián y San Roque contra las epidemias. / Respuesta: La ermita se conserva en el casco urbano de Espejo, en la provincia de Córdoba. Aunque se levantó extramuros de la villa, hoy queda dentro del pueblo, así que lo más sencillo es llegar a pie desde el centro y seguir las indicaciones locales.

¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de Santa Rita

El templo está cerrado al culto y el acceso al interior depende de que el edificio esté abierto. Para conocer horarios y condiciones actualizados conviene consultar la web oficial de turismo de Espejo, turismo.espejo.es, o la oficina de turismo.

¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de Santa Rita

La ermita es pequeña, con 145 metros cuadrados y una sola nave. Esta audioguía recorre tres paradas: fachada, portada con capilla lateral e interior. Se hace con calma en un rato corto, algo más si el interior está abierto.

¿Quién pagó la capilla de Santa Rita

La prensa atribuye la ampliación de 1784 a Cristóbal Manuel de Gracia Verdejo, que sufragó la capilla. Además, varios testamentos del siglo XVIII muestran a vecinos que dejaron veinte reales para las imágenes y para la obra de la capilla.

¿Qué se sabe de la ermita gemela de San Roque

Según la tradición recogida, la ermita de San Roque era gemela de esta, dedicada a San Sebastián. Fue derribada durante el siglo XVIII, mientras que la de San Sebastián, hoy conocida como de Santa Rita, perduró.

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