Puente de Santa Ana en Dos Torres: audioguía y visita
Un puente de granito con cinco ojos, un arroyo con dos nombres y un documento de 1767 que pone en duda la historia que se cuenta. Esta audioguía te lleva por el acceso, el tablero y los arcos en un paseo corto, con una pregunta abierta que los expertos aún no han cerrado.

Qué ver en Dos Torres: el acceso por la calle del Pilar
Dos puentes y un pilón
Colócate en la calle del Pilar, en la aproximación al puente, mirando hacia donde arranca el paso sobre el arroyo.
¿Cuántos puentes hacen falta para cruzar un arroyo pequeño? En 1754, en esta misma zona, los documentos contaban dos. Eran pequeños, de piedra, y los vecinos de entonces, que se llamaban a sí mismos de Torremilano, los usaban cuando llovía.
Fíjate en cómo arranca el puente desde la calle. Ahora parece un paseo tranquilo. Entonces era una necesidad. Cuando el arroyo Milano crecía, quedarse sin puente significaba quedarse sin cruzar. Los vecinos lo sabían, y el Catastro de Ensenada dejó constancia de ello. Aquí el puente no era un monumento. Era algo más humilde y más útil: el camino de todos los días.
Y ese camino llevaba a un sitio concreto. Este paso comunicaba la calle del Pilar y un arrabal con la ermita de Santa Ana, hoy vinculada a la advocación de Loreto. Uno de los dos puentes de 1754 se identifica con el paso hacia esa ermita.
El arroyo, además, tenía otro nombre. En este tramo lo llamaban arroyo del Pilar, por el pilón-abrevadero que había aquí. Un nombre que no viene de un santo ni de un rey, sino de un sitio donde bebían los animales. Hay que reconocerlo: la gente bautiza las cosas por lo que usa.
Pero hay una pregunta que te dejo para el camino. Si ya había puentes en 1754, ¿es este el mismo que tienes delante? Sube conmigo al tablero y lo averiguamos.
Para profundizar
La historia tradicional asigna este puente al siglo dieciséis. Es una fecha que se repite y que suena bien. Pero el estudio histórico que maneja esta guía advierte de algo incómodo: un documento de 1767 pone en duda que el puente actual sea aquel mismo.
Eso no quiere decir que sepamos qué pasó. Quiere decir que la pregunta está abierta. Los historiadores discuten, y a mí me gusta que sea así, porque un puente que todos dan por sabido deja de mirarse.
Mientras tanto, quédate con la imagen más sencilla: un arroyo, un pilón donde bebían los animales, una ermita al otro lado y vecinos que no querían mojarse los pies. Todo lo demás se construyó sobre esa necesidad.
Puente de Santa Ana: tablero, empedrado y la oferta de 1767
Una oferta sin rival

Sube al centro del tablero y mira a lo largo del puente, hacia el otro extremo.
Diciembre de 1767. Un maestro alarife de Pozoblanco, Francisco de Cabrera, firma una postura para construir un puente nuevo en el arroyo del Pilar. Un puente nuevo. La palabra importa, y volveremos a ella.
Ahora mira el suelo. Estás en el punto más alto, donde el perfil sube y baja como el lomo de un asno. Es una pendiente suave, de las que se notan en las piernas más que en los ojos. Y a ras de suelo, el empedrado forma dibujos, motivos hechos con piezas de piedra.
Veintiocho metros de largo, cinco ojos, sillería y mampostería de granito. Eso es lo que pisas.
Volvamos a Cabrera. Su oferta quedó abierta quince días, el plazo para que alguien mejorara o rebajara el precio. Nadie lo hizo. Y por si acaso, había dejado un poder para que Alfonso de Illescas pujara o rebajara en su nombre durante la adjudicación. Un hombre prevenido, desde luego.
Imagina esos quince días: la noticia circulando, los competidores posibles mirando sus cuentas, y ninguno que se atreva. Cabrera se quedó solo con su oferta.
Y aquí viene lo bueno. El estudio no da el episodio por cerrado. Falta confirmar la adjudicación definitiva y los requisitos concretos de la obra. Sabemos que alguien se ofreció a construir un puente. Abajo, junto al cauce, vas a ver los arcos de cerca.
Para profundizar
El puente que pisas ha sido tocado en tiempos recientes. En 2019 se restauraron paramentos y empedrados. La Diputación consignó una propuesta de subvención de 9.001,45 euros para un proyecto presupuestado en 20.933,60 euros. Es decir, algo menos de la mitad del coste llegaba por esa vía.
Por eso el empedrado que ves con sus motivos es, en buena medida, trabajo de hace pocos años, hecho sobre una estructura mucho más antigua. Es una buena manera de entender un monumento vivo: nadie lo deja quieto, alguien lo cuida.
Los arcos del Puente de Santa Ana y su restauración de 2019
Debajo de los arcos

Desde el lateral aguas abajo, junto al cauce, mira la cara inferior de los arcos. Hazlo sin bajar a zonas no habilitadas.
Esto es lo que casi nadie mira: la panza del puente. Levanta la vista hacia la cara inferior de los arcos y fíjate en cómo encajan las piedras, una contra otra, sin nada que las pegue a la vista. Cinco ojos de granito que sostienen todo lo que acabas de pisar.
Ahora sí podemos hablar de lo que pasó. El estudio localiza en los terremotos de 1755 y 1761 posibles daños que afectaron a edificios de Torremilano, incluido el puente del Pilar. Posibles. La palabra es del propio historiador, y yo la respeto.
Fíjate en la secuencia. Primero, los temblores. Después, en 1767, la obra de un puente nuevo. Y la iniciativa no salió del pueblo: partió de un despacho del corregidor-intendente de Córdoba, dirigido a la justicia y a la junta de propios de Torremilano. Alguien desde arriba pidió que se sacara a remate.
Y el puente se promovió junto a la ermita de Loreto, después de que Francisco de Cabrera terminara allí trabajos a satisfacción de las autoridades locales. Cabrera, además, ofreció diez mil reales, y nadie lo mejoró.
Aquí está el giro. La tradición dice siglo dieciséis. El documento notarial de 1767 cuestiona la antigüedad del puente que vemos hoy. Puede que estés mirando una obra de hace más de dos siglos y medio, no de hace casi cinco.
Antes de irte, busca en cada extremo los faroles tradicionales. Son el último detalle del puente.
Para profundizar
La restauración de 2019 se autorizó en el contexto del Conjunto Histórico de Dos Torres, declarado Bien de Interés Cultural. El proyecto municipal se centraba en paramentos y empedrados, es decir, en las caras de piedra y en el suelo.
Eso explica por qué lo que ves tiene un aire cuidado. Y explica también algo más sutil: el puente se conserva porque el pueblo entero está protegido, no solo él.
Las tres paradas, por cierto, son tres maneras de mirar el mismo puente. No hay tres monumentos, hay uno solo con muchas capas.
Y la pregunta final sigue ahí, sin respuesta: ¿puente del siglo dieciséis, o puente de después de los terremotos? Los expertos aún lo discuten. Tú ya has estado debajo de sus arcos, así que opina con conocimiento de causa.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el puente está en Dos Torres, y se accede desde la calle del Pilar.
- Es un puente al aire libre, sin horario de apertura ni entrada conocidos; conviene confirmar cualquier dato en el Ayuntamiento o la oficina de turismo.
- Calcula unos veinte o treinta minutos para las tres paradas.
- Ve con calzado cómodo: el empedrado del tablero es irregular.
- Para ver los arcos, quédate en zonas habilitadas junto al cauce.
- Si llueve o el arroyo baja crecido, extrema la precaución.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Puente de Santa Ana (Dos Torres
Puedes ver el arranque desde la calle del Pilar, el tablero en lomo de asno con su empedrado decorado, la cara inferior de los cinco arcos de granito y los faroles tradicionales situados en los dos extremos del puente.
¿Cuál es la historia de Puente de Santa Ana
La tradición lo sitúa en el siglo 16, pero un documento de 1767 cuestiona que el puente actual sea ese. Ese año Francisco de Cabrera ofreció construir un puente nuevo en el arroyo del Pilar. Falta confirmar la adjudicación definitiva.
¿Cómo llegar a Puente de Santa Ana
El puente está en Dos Torres, y su acceso urbano se hace desde la calle del Pilar. Comunicaba esa calle y un arrabal con la ermita de Santa Ana, hoy vinculada a la advocación de Loreto.
¿Cuál es el horario de visita de Puente de Santa Ana
No consta un horario de visita. Se trata de un puente al aire libre en el casco urbano. Para cualquier duda, conviene consultar al Ayuntamiento de Dos Torres o a la oficina de turismo antes de ir.
¿Cuánto se tarda en visitar Puente de Santa Ana
Con las tres paradas de esta audioguía, acceso, tablero y arcos, basta entre 20 y 30 minutos. Es un puente de 28 metros de longitud, así que el tiempo depende sobre todo de lo que quieras detenerte a mirar.
¿Cómo es el Puente de Santa Ana
Tiene cinco ojos y mide 28 metros de longitud. Está construido con sillería y mampostería de granito. Su tablero tiene perfil de lomo de asno y un empedrado decorado con motivos formados por piezas de piedra.
¿Se ha restaurado el Puente de Santa Ana
Sí, en 2019 se restauraron paramentos y empedrados. La Diputación consignó una propuesta de subvención de 9.001,45 euros para un proyecto presupuestado en 20.933,60 euros. La obra se autorizó en el contexto del Conjunto Histórico, declarado BIC.
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