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Dehesa de Los Pedroches: audioguía a pie desde Dos Torres

Nueve paradas para leer la dehesa de Los Pedroches como lo que es: un paisaje trabajado, discutido y compartido durante siglos. Desde Dos Torres caminarás entre encinas, paredes de piedra seca y caminos ganaderos. Descubrirás qué hace de una dehesa algo más que un bosque, de dónde viene el jamón que lleva el nombre de esta tierra, por qué una vista puede ser patrimonio y por qué un otoño sin dehesa fue un problema muy serio en 1629.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Dehesa de Los Pedroches: audioguía a pie desde Dos Torres

Encinar y cercados de piedra seca en la dehesa de Dos Torres

Lo que parece natural

En el borde del pueblo, sobre un camino público con cercados de piedra a la vista. Colócate de cara al campo abierto, sin entrar en las fincas.

Hagamos una prueba sencilla. De todo lo que tienes delante, ¿qué ha puesto la naturaleza y qué han puesto las personas? Las encinas parecen salvajes. El pasto, también. Y sin embargo esto es una dehesa, y una dehesa no se hace sola.

Una dehesa es un sistema. Un arbolado claro, casi siempre de encinas, con pastos debajo y, a veces, cultivos. Todo ello aprovechado a la vez y de forma extensiva para tres cosas: el ganado, el monte y la agricultura. Árboles que alguien decidió dejar, pastos que alguien mantuvo, cercados que alguien levantó, ganado que alguien movió de un sitio a otro. Por eso se habla de paisaje cultural, y cuesta encontrarle mejor nombre.

Busca los cercados tradicionales de piedra seca que rodean las propiedades cercanas al pueblo. Luego sigue con la vista el camino donde estás. Fíjate en que el pueblo no termina de golpe. Las casas se estiran en caminos rurales, y los caminos se pierden en el pasto, sin una frontera clara entre caserío y campo.

Esa red de caminos y cañadas no es el marco del cuadro. Es parte del cuadro. Por ella se movía el ganado, y quien quiera leer la historia de esta tierra tiene que seguir sus trazados, igual que se sigue un libro renglón a renglón.

El propio pueblo lo entendió así. El plan general de urbanismo de Dos Torres incluye entre lo que hay que proteger los cercados singulares, los itinerarios periurbanos y la arquitectura rural de interés. Dicho de otro modo: una pared en mitad del campo puede pesar en los papeles municipales tanto como una fachada.

Ahora vamos a conocer a los vecinos con más apetito de la dehesa.

Para profundizar

La dehesa no es igual dos años seguidos. Cambia con la lluvia, con la hierba, con la cosecha de bellota. Un año que viene bueno no es una obra, ni una restauración, ni un plan para embellecer el campo. Es, sencillamente, que el cielo acompañó.

Esa es una de las gracias de este lugar. Lo que ves depende del calendario tanto como de la geografía. Quien pasa en primavera y quien pasa en noviembre ven dos dehesas distintas sobre el mismo suelo, y las dos son verdad.

El otro rasgo que se repite es la continuidad. Árboles, pastos, cercados y actividad agropecuaria no están colocados uno al lado del otro como piezas de una exposición. Funcionan juntos. Cuando uno cambia, los demás lo notan. Y detrás de cada uno de ellos hay una decisión humana que se ha ido repitiendo, temporada tras temporada.

Cerdo ibérico, montanera y DOP Los Pedroches

Cerdos con criterio propio

Cerdos ibéricos en montanera bajo encinas en la dehesa de Los Pedroches

En un camino público con vista abierta sobre la dehesa. Si hay una piara, obsérvala desde lejos.

Si hay algo por lo que se conoce esta tierra fuera de aquí, es el jamón ibérico. Y tiene nombre propio: la Denominación de Origen Protegida Los Pedroches, que protege jamones y paletas ibéricos. Lo que pasta bajo estas encinas es el principio de esa historia.

La clave se llama montanera: el engorde de otoño, cuando los cerdos recorren la dehesa comiendo bellota. Y no hay dos montaneras iguales. Un ejemplo de hace unas temporadas: en la campaña de dos mil veintitrés a dos mil veinticuatro, la empresa Ibesa situó el inicio del engorde entre el veintitrés y el veintinueve de octubre, con un mínimo de sesenta días antes del sacrificio. Eran las fechas de aquel año; las de tu visita pueden ser otras.

Aquella misma campaña dejó una anécdota. Algunos cerdos decidieron que preferían la ensalada: se entretuvieron comiendo hierba y no alcanzaron el peso previsto. Hay que reconocerlo, no es mal sitio para entretenerse.

Al otoño siguiente, en noviembre de dos mil veinticuatro, se habló de abundancia de pastos y de bellota en Los Pedroches. Un año generoso cambia la dieta, cambia el calendario y, ya lo has visto, puede cambiar hasta la báscula.

Si la temporada acompaña, quizá veas desde aquí una piara alimentándose bajo los árboles. O quizá no. Los animales no tienen cita fija con nadie. Lo que sí es seguro es que tienes delante ganadería en activo. No es una estampa reconstruida para el visitante. Es el trabajo de cada temporada, con sus cuentas y sus preocupaciones.

Obsérvalos siempre desde el camino público, sin entrar en las fincas ni acercarte al ganado.

De los cerdos pasamos a lo que los contiene. Las paredes.

Para profundizar

Detrás de cada jamón hay también una discusión sobre reglas. La calidad del ibérico se rige por una norma estatal, el Real Decreto cuatro de dos mil catorce, de diez de enero. Y las denominaciones de origen añaden sus propias exigencias, y las vigilan con celo.

En dos mil veinticinco, el secretario de la Denominación de Origen Los Pedroches, Juan Luis Ortiz, cuestionó públicamente una decisión sobre las condiciones de certificación de otra denominación, la de Guijuelo, por su posible efecto en la dehesa. Y advirtió de un riesgo muy concreto: que haya ganaderos que abandonen la denominación de Los Pedroches si otra les ofrece condiciones menos exigentes.

Dicho de otro modo, lo que se decide en un despacho puede acabar influyendo en cuántos cerdos pasean bajo estas encinas el próximo otoño. El paisaje también se decide lejos del paisaje.

Muros de piedra seca de Los Pedroches: técnica y vocabulario

Paredes sin pegamento

Muro tradicional de piedra seca de granito en Los Pedroches

Junto a un muro de piedra seca visible desde el camino público. Acércate sin cruzarlo y fíjate en las piedras.

¿Cuánto cemento hace falta para que una pared de piedra aguante en pie? Aquí, tradicionalmente, ninguno. Las paredes de la dehesa se levantaban sin argamasa. Piedra sobre piedra, y el peso y el encaje haciendo el trabajo que en otros sitios hace la mezcla.

Fíjate en que no todas las piedras son iguales. Hay bloques grandes, piezas de distintas formas, fragmentos pequeños metidos en los huecos. Y cada tipo tenía su nombre. Catana. Codal. Barda. Ripio. Cuatro palabras que suenan a conjuro y que en realidad son vocabulario de oficio. Quien levantaba estas paredes no hablaba de piedras en general, igual que un carpintero no habla de maderas en general. Sabía distinguirlas y llamarlas por su nombre.

Ese saber se aprendía mirando y repitiendo, de mano en mano. Y lo que se aprende así también puede perderse así. Por eso, en dos mil veinticinco, se financió una plataforma para salvaguardar el conocimiento tradicional de la piedra seca en Los Pedroches. Es un proyecto que cuida lo que la gente sabe, no la reparación de una pared concreta: de los muros que ves aquí no consta ninguna restauración ni reconstrucción reciente.

Vamos a subir la mirada. Desde lo alto, estas paredes dibujan algo más grande.

Para profundizar

El granito es el material de construcción fundamental de esta comarca. Está en el paisaje y está en las obras del campo. Estas paredes son, en cierto sentido, el mismo suelo de la comarca ordenado en hileras.

Esos nombres de oficio importan más de lo que parece, porque una técnica con vocabulario propio es una técnica con escuela. Detrás hubo generaciones de gente que se corregía, que discutía si una piedra servía o no, que enseñaba a los más jóvenes a elegir.

Y el interés no se ha apagado: en dos mil veintiséis, un proyecto participativo de alcance comarcal se ocupó de los muros de piedra seca de Los Pedroches. La pared parece muda, pero tiene gramática. Y como cualquier lengua, depende de que alguien siga hablándola.

Vista de la dehesa desde la ermita de San Sebastián y las Siete Villas

Una vista con protección

Vista de encinas, parcelas y cercados desde la ermita de San Sebastián en Dos Torres

En la explanada de acceso a la ermita de San Sebastián, de cara al campo. También sirve cualquier camino público con vista despejada sobre la dehesa.

¿Se puede proteger una vista? No un edificio ni un árbol, sino lo que se ve desde un sitio. En Dos Torres, la respuesta es sí. El planeamiento municipal trata ciertas vistas como patrimonio, y señala expresamente la que se abre desde la explanada de acceso a la ermita de San Sebastián.

Recorre el horizonte despacio. Encinas, parcelas ganaderas, cercados. Esa alternancia es justo lo que el pueblo considera parte de su paisaje agrario. Los papeles lo dicen con palabras secas: suelo rural de potencial agrícola y ganadero. Y añaden algo más interesante. Describen la dehesa como un espacio productivo y, a la vez, seminatural, y piden que los usos humanos sean compatibles con la conservación de sus valores. Ni museo ni fábrica. Las dos cosas, y el equilibrio siempre por hacer.

Pero esta vista tiene otra capa. Este pueblo forma parte de las Siete Villas de Los Pedroches: Pedroche, Torremilano, que es el actual Dos Torres, Torrecampo, Pozoblanco, Villanueva de Córdoba, Alcaracejos y Añora. Siete pueblos que compartieron historia y el aprovechamiento comunal de varias dehesas. Sus vecinos no se limitaron a mirar el campo. Defendieron que estas eran tierras realengas, dependientes de la Corona, y sostuvieron entre todos el uso común de dehesas como la Jara, Ruices y Navas del Emperador.

Así que lo que parece una escena natural es también el dibujo de un acuerdo entre pueblos. Un paisaje negociado.

Bajemos ahora a la plaza donde empieza el camino.

Para profundizar

La historia de las Siete Villas no fue una línea recta. Hubo un periodo en que quedaron bajo el Marqués del Carpio, un paréntesis señorial en esa defensa de lo realengo. Aun así, la comunidad de términos entre las villas perduró hasta el siglo veinte. Varios siglos compartiendo pastos y acuerdos entre pueblos vecinos.

Hay otro detalle del planeamiento que cambia la idea de conservar. No pretende dejar la dehesa congelada como un decorado. Admite que siga produciendo y contempla, además, actividades recreativas y turísticas, siempre con regulación. Tú mismo, mirando desde aquí, formas parte de ese uso previsto.

Y una curiosidad para quien busque el mirador en los folletos. Lo que Dos Torres tiene declarado como conjunto histórico es su casco urbano, no la dehesa, y la ruta turística comarcal propone allí puntos dentro del pueblo. La dehesa se contempla así, desde sus bordes, sus explanadas y sus caminos. Sin barandilla, sin cartel, sin taquilla.

Plaza de la Villa: inicio de la ruta Dehesa y Ganadería

La plaza y el otoño sin dehesa

Plaza de la Villa de Dos Torres, inicio de la ruta Dehesa y Ganadería

En la Plaza de la Villa. Sitúate de forma que veas la salida hacia los caminos rurales.

En mil seiscientos veintinueve, la Corona reclamó un donativo de doscientos mil ducados. La palabra donativo suena a generosidad espontánea, pero ya imaginas el tono. Para afrontar el pago, Córdoba recurrió a los ingresos de un lugar que quizá no esperas: la dehesa de la Jara, una de las dehesas comunales de las Siete Villas que acabas de oír nombrar. Ojo al matiz. La Jara no era una finca de la ciudad: su uso y disfrute correspondía, de forma comunal, a Pedroche y sus villas.

Y aquí viene el giro. Durante el último trimestre de aquel año, la dehesa quedó acotada, cerrada al uso de siempre, para sacar rentas destinadas a la Corona. Justo los meses de la bellota. Para quienes vivían de ella, aquello fue algo muy concreto: un otoño sin su dehesa.

Ahora mira la plaza con otros ojos, y empieza por el nombre del pueblo. Dos Torres nació de la unión de dos villas, Torremilano y Torrefranca. El nombre que hoy lees en los carteles es relativamente reciente: aparece en mil ochocientos treinta y nueve. Dos torres, dos pueblos.

De aquí arranca, y aquí termina, la ruta de la Dehesa y la Ganadería. Conviene tener claras dos cifras. El sendero señalizado mide nueve coma tres kilómetros. La descripción del recorrido circular completo, con la vuelta hasta esta plaza, habla de once coma tres. Calcula fuerzas y agua con la segunda. Busca la calle que te saca hacia los caminos rurales: por ahí vas a salir.

La plaza parece el centro de un pueblo pequeño. Es también la puerta de un territorio que fue despensa, moneda de cambio y motivo de discusión durante siglos.

Vamos a cruzar esa puerta.

Para profundizar

Lo de mil seiscientos veintinueve es una ventana a un asunto más largo. La historia de estas tierras gira en torno al aprovechamiento comunal y a la disputa sobre quién podía usar los pastos, la leña y la caza. Tres cosas que hoy suenan a paisaje y que entonces eran comida para el ganado, fuego para el invierno y algo que llevar a la mesa.

Esta plaza fue, por tanto, uno de los nudos de una red de vecinos que negociaban, se defendían y se repartían el campo. Por eso la dehesa de Los Pedroches se entiende hoy como un paisaje productivo y cultural a la vez, transformado durante siglos por la relación entre las personas y el medio. Ni las encinas se explican sin quienes las usaron, ni el pueblo se explica sin sus encinas.

Camino del Molino de la Viña y Camino Viejo a El Guijo

Caminos con nombre propio

Camino Viejo a El Guijo con señalización de madera en la dehesa de Dos Torres

En el Camino Viejo a El Guijo, en un tramo desde el que veas las explotaciones ganaderas que lo bordean.

Las señales de madera que te van guiando tienen poca historia y mucha intención. Se colocaron en dos mil quince, cuando la Diputación provincial incorporó este trazado a su programa Paisajes con Historia. En la presentación, Auxiliadora Pozuelo destacó un detalle que dice mucho: la señalética se hizo con madera certificada. Para marcar un camino entre árboles, alguien se preocupó por el origen de la madera de las señales. Es coherente. Eso sí, la madera envejece: si alguna señal se ha deteriorado o se ha cambiado desde entonces, no te extrañe.

El camino se presentó como algo más que un paseo verde. Se señalizó para hacer visible su lado etnográfico y rural, el de la gente que vive y trabaja aquí.

El itinerario enlaza la plaza con el Camino del Molino de la Viña, sigue por este Camino Viejo a El Guijo y busca el arroyo de la Cigüeñuela. Mientras avanzas, observa cómo cambia lo que pisas: tramos de camino, tramos de pista, momentos en que el terreno se abre del todo. A los lados, dehesa, retama y plantas herbáceas. Y explotaciones ganaderas en extensivo.

Aquí viene el giro. El nombre de la ruta, Dehesa y Ganadería, funciona casi como un inventario. Por aquí se identifican ganado porcino, oveja merina y vacuno frisón. La dehesa de este camino no es solo cerdo y bellota. También es vaca, leche y lana. Son prácticas vivas, que se ven, se oyen y, según sople el viento, también se huelen.

Sigue andando. Dentro de poco, el camino se estrecha entre dos paredes de piedra.

Para profundizar

¿Qué hacen vacas lecheras en una dehesa de encinas? Trabajar, como todo lo demás aquí. El vacuno de leche tiene un fuerte componente cooperativo. La cooperativa COVAP, por ejemplo, informa en su página de buenas prácticas evaluadas en doscientas cincuenta y una ganaderías de vacuno de leche. No es el recuento total de la comarca, pero da una idea de cuántas granjas se organizan juntas para sacar adelante la leche.

El trazado, además, va por caminos públicos. La madera de las señales es reciente. Los caminos que marca, no.

Callejón de piedra seca en la ruta de la dehesa de Dos Torres

El callejón de granito

Callejón de piedra seca de granito en la ruta de la dehesa de Dos Torres

En el callejón de piedra seca, aproximadamente entre los kilómetros cuatro y cinco de la ruta. Párate donde tengas muro a ambos lados.

Entre el kilómetro cuatro y el cinco, el mundo se estrecha. El camino deja de ser abierto y se convierte en un callejón, con una pared a cada lado. Son muros de mampuesto, levantados con la misma técnica de piedra seca que viste junto a la primera pared, y te acompañan como dos largas barandillas de granito.

Fíjate en el aparejo, en cómo encajan las piezas, en los remates de arriba. Luego levanta la vista y sigue la línea del muro. Va siguiendo el lindero, el límite entre una finca y otra.

Para eso sirven, en primer lugar. Las paredes tradicionales de la dehesa definen propiedades y ayudan a que el ganado no pase libremente de una finca a otra. Pero quizá lo más interesante no sea lo que separan, sino lo que organizan. Una pared decide por dónde puede ir una piara y por dónde no. Por eso levantarla y mantenerla formaba parte del manejo cotidiano de la dehesa, como mover a los animales de un pasto a otro.

Quien colocó estas piedras probablemente no se veía como constructor de nada memorable. Resolvía un problema práctico: que sus animales y los del vecino no se mezclaran. Y la solución sigue en pie.

¿De cuándo es este tramo? Nadie lo ha fechado. Este tipo de pared está bien documentado, pero esta en concreto guarda su edad para sí.

Más adelante te espera un lugar pensado, sobre todo, para los animales.

Para profundizar

Este es buen sitio para poner a prueba el oído de antes. ¿Recuerdas que cada clase de piedra tenía su nombre de oficio? Aquí tienes un muro entero para buscar los bloques grandes, las piezas de forma y los fragmentos pequeños que rellenan los huecos. Nadie te va a corregir si te equivocas.

Un callejón como este tiene algo de pasillo. Las dos paredes guardan las fincas de cada lado y, a la vez, dejan un corredor por donde se puede avanzar sin invadir lo ajeno. La propiedad, aquí, no consiste solo en cerrar. También consiste en dejar paso.

Y piensa en lo que soporta una pared así. Cada temporal, cada animal que se roza, cada raíz que empuja pone a prueba su equilibrio. Que siga en pie, kilómetro tras kilómetro, es la mejor firma que podía dejar quien la levantó.

Descansadero ganadero con pozo y abrevaderos de granito

Donde bebía el ganado

Descansadero ganadero con pozo de brocal granítico y abrevaderos de piedra

En el descansadero ganadero, a mitad de la ruta. Si está accesible, colócate junto al brocal del pozo, con los bebederos a la vista.

Aquí el invitado eres tú. Este lugar, a mitad del recorrido, se pensó para otros caminantes: los de cuatro patas. Es un descansadero para el ganado, con un pozo de brocal de granito y bebederos de piedra.

Acércate al brocal, el anillo de piedra que rodea la boca del pozo, y después a los bebederos. Mira el sitio desde el punto de vista de una oveja con sed, que es como mejor se entiende. Agua. Un abrevadero. Un lugar donde parar. Leído así, el paisaje cambia de protagonista. Deja de ser el decorado del paseante y se convierte en una infraestructura para animales.

Piensa en los rebaños que has ido viendo por el camino. Todos necesitan beber, y en una ruta larga el agua decide dónde se para.

¿Cuántos años tiene este pozo? Ni el brocal ni los bebederos tienen fecha conocida. Son piezas que han seguido haciendo su trabajo sin que nadie se acordara de apuntar cuándo empezaron.

Llena la vista de agua aquí, porque en todo el recorrido no hay fuentes hasta volver al pueblo.

Queda la última parte del camino. El agua que corre.

Para profundizar

Si esperabas una noria, aquí no la hay. Lo que tienes delante es un pozo, y las descripciones de esta ruta no mencionan ninguna noria en el itinerario. Pero merece la pena saber que existieron, porque son la otra cara del agua en Dos Torres.

En el pueblo era frecuente la noria de rueda horizontal movida por animales. Un animal caminando en círculo, una rueda que gira, el agua que sube. Una tecnología distinta de este pozo, pensada sobre todo para el campo cultivado.

Las norias no eran piezas sueltas. Formaban una red de aprovechamiento agrícola, una especie de fontanería del campo. Cuando llegó la mecanización, bombas y motores ocuparon su sitio. Ganó la eficacia. Si quieres saber dónde quedan restos visibles, pregunta en la oficina de turismo: esta ruta no los incluye.

Arroyo de la Cigüeñuela y regreso a Dos Torres

El arroyo y la vuelta

Arroyo de la Cigüeñuela y puente en el camino de regreso a Dos Torres

Junto al puente sobre el arroyo de la Cigüeñuela, de cara al agua, con las encinas y los linderos alrededor.

El arroyo de la Cigüeñuela se cruza por un puente, y en ese paso empieza la vuelta. Desde aquí, el camino ya mira hacia el pueblo.

Antes de seguir, quédate un momento junto al agua. El arroyo, el puente, las encinas, los linderos. Observa cómo se intercalan agua, pasto y caminos, como si alguien hubiera trenzado las tres cosas. En cierto modo, mucha gente lo hizo, durante mucho tiempo.

De ese tiempo quedan papeles. El archivo municipal de Dos Torres guarda documentación desde finales del siglo quince. En ella aparecen las dehesas, las juntas de las villas y la trashumancia. Lo que has caminado hoy también está escrito en tinta.

Algunas de esas páginas son duras. En mil ochocientos treinta y cinco, veintitrés personas de Villanueva de Córdoba y de Pozoblanco murieron en un enfrentamiento carlista. Después se propuso repartir parcelas de la dehesa de la Jara entre las familias afectadas: veinticinco suertes de quince fanegas. La propuesta no prosperó. Pero dice mucho de lo que significaba esta tierra. Cuando se buscó algo con que sostener a quienes habían perdido a los suyos, se pensó en un trozo de dehesa.

Retoma el camino de regreso. Lo que dejas atrás es un sistema en el que muros, ganado y usos tradicionales forman a la vez patrimonio cultural y natural. Y la plaza de la que saliste, cuando llegues, ya no será la misma plaza.

Para profundizar

Mientras vuelves, presta atención al cielo. En esta ruta se citan el milano negro, el buitre leonado, el rabilargo y el arrendajo. Quizá veas alguno. Abajo, entre la vegetación, aparecen las retamas. Y a lo largo del camino hay encinas centenarias, aunque ponerle edad exacta a cada árbol que ves sería ir más lejos de lo que nadie puede asegurar.

Queda una pregunta abierta, de las buenas. Llevamos todo el recorrido hablando de dehesas comunales, de aprovechamientos compartidos, de villas que defendían su uso común. Pues bien, el origen jurídico de esa propiedad comunal se ha debatido mucho, y no hay acuerdo unánime. ¿De dónde salió el derecho de estos pueblos a compartir sus pastos? Quienes investigan la dehesa todavía lo discuten.

Quizá sea lo más honesto que se puede decir de este paisaje. Lo ves, lo caminas, lo puedes tocar. Y aun así guarda preguntas que ni sus propios papeles terminan de responder.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es una dehesa

Es un sistema de arbolado claro, a menudo de encinas, con pastos y a veces cultivos, aprovechado de forma extensiva para usos ganaderos, forestales y agrícolas. En Dos Torres, el planeamiento municipal la describe como espacio productivo y seminatural y pide compatibilizar sus usos con la conservación de sus valores.

¿Por qué se llama Dos Torres

Porque el municipio nació de la unión de dos villas, Torremilano y Torrefranca. El nombre de Dos Torres es relativamente reciente: aparece en 1839. Torremilano fue una de las Siete Villas de Los Pedroches.

¿Qué es la DOP Los Pedroches

Es la Denominación de Origen Protegida que ampara jamones y paletas ibéricos de esta comarca. La calidad del ibérico se regula además por el Real Decreto 4/2014, de 10 de enero.

¿Cuándo es la montanera

Es la etapa de otoño en que el cerdo ibérico engorda en la dehesa con bellota, y sus fechas cambian cada año según la hierba y la bellota. Como ejemplo, en la campaña 2023/24 se comunicó el inicio del engorde entre el 23 y el 29 de octubre, con un mínimo de 60 días antes del sacrificio.

¿Qué rutas hay en la dehesa de Dos Torres y cuánto miden

La ruta Dehesa y Ganadería sale y vuelve a la Plaza de la Villa. El sendero señalizado mide 9,3 km y el recorrido circular completo se describe con 11,3 km. Pasa por el Camino del Molino de la Viña, el Camino Viejo a El Guijo y el arroyo de la Cigüeñuela. Dos Torres forma parte además de la Ruta de las Siete Villas.

¿Cómo llegar al inicio de la ruta

El punto de partida es la Plaza de la Villa de Dos Torres, donde la ruta empieza y termina. Desde allí se sale a pie hacia los caminos rurales del entorno. Antes de ir conviene confirmar el estado del itinerario y de la señalización en la oficina de turismo o la web municipal.

¿Qué ver en Los Pedroches desde Dos Torres

Cercados de piedra seca, un callejón de muros de mampuesto entre los kilómetros 4 y 5, un descansadero con pozo de brocal granítico y bebederos de piedra, el arroyo de la Cigüeñuela y la vista desde la explanada de la ermita de San Sebastián, que el planeamiento municipal protege como vista de interés.

¿Se pueden ver cerdos ibéricos en la dehesa

Es posible si coincide la temporada, pero no está garantizado en ningún punto ni fecha. Se trata de ganadería en activo, así que hay que observar desde caminos públicos, sin entrar en las fincas ni acercarse a los animales.

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