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Ermita de San Bartolomé en Dos Torres: audioguía y visita

Un edificio pequeño, una decisión valiente y una cadena de vecinos que pagaron, discutieron y legaron tierras para que la ermita volviera a estar de pie. Esta audioguía te cuenta cómo San Bartolomé dejó el campo para acercarse al pueblo, y quién lo hizo posible.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Ermita de San Bartolomé en Dos Torres: audioguía y visita

Historia y emplazamiento de la Ermita de San Bartolomé de Dos Torres

La ermita que cambió de sitio

Colócate en la pequeña glorieta que rodea la ermita, de cara al edificio, con el pueblo a tu espalda.

¿Cómo se pierde una ermita entera? En Dos Torres no se perdió de golpe. Se fue dando por perdida poco a poco.

La primera ermita de San Bartolomé ya existía en el siglo dieciséis. Estaba fuera de las murallas, al sureste de Torremilano, a cierta distancia de las casas. Entonces tembló la tierra. Los terremotos de mil setecientos cincuenta y cinco y de mil setecientos sesenta y uno dejaron el edificio tan dañado que nadie quiso arreglarlo allí mismo. Las autoridades eclesiásticas y civiles decidieron dar por perdido el viejo y levantar otro en un lugar más cercano al pueblo.

Aun así, el trámite fue lento. En el año mil ochocientos se decidió demoler la ermita antigua. Y el dos de septiembre de mil ochocientos dos, el vicario Alfonso Tirado de Pedrajas cogió la pluma y escribió al obispo para pedir permiso para la nueva. Dos años de papeles por delante, y todavía ni un ladrillo.

Ahora fíjate en lo que te rodea. Esta pequeña glorieta, la posición algo elevada del edificio respecto al pueblo. Y siguiendo el perímetro, el poyo corrido y la lonja cuadrada, esos bancos de obra donde cualquiera podía sentarse a esperar algo.

Lo que tienes delante, por tanto, no es la ermita del siglo dieciséis. Es su heredera, construida de nueva planta en el siglo diecinueve.

¿Y quién pagaría una obra así? Eso lo veremos junto a la puerta.

Para profundizar

Mientras el papeleo seguía su curso, la ermita no podía quedarse sin su protagonista. La imagen titular fue acogida en la ermita de Loreto, y los ornamentos y otros enseres se llevaron a la parroquia. Es decir, el santo se mudó de casa antes que el edificio, y se quedó de huésped hasta que hubiera techo propio.

Fue un reparto sensato: la imagen en una ermita hermana, los objetos de culto a salvo en la iglesia principal. Y todo ello mientras en el sitio antiguo se decidía qué hacer con los restos.

Hoy el plan general de ordenación urbana de Dos Torres incluye esta ermita entre los edificios con nivel de protección integral. Es la máxima categoría de cuidado. Un edificio que nació por un desastre y por la decisión de empezar de cero, hoy es de los que el pueblo se compromete a conservar tal como están.

La puerta y la financiación de la ermita: qué ver en Dos Torres

Una puerta con pasado

Puerta de acceso de la Ermita de San Bartolomé, visita en Dos Torres

Acércate a la puerta de entrada y mírala de frente, con su marco.

Diez mil reales. Esa fue la cifra por la que el alarife Cayetano de Torres, natural de Pozoblanco, se comprometió a proyectar la ermita. Y eso que no andaba sobrado de tiempo: por aquellas fechas trabajaba también en la torre de la parroquia y en el convento de San Juan de la Penitencia. Un hombre con tres obras a la vez.

Cuando el vicario escribió al obispo, esperaba un sí. Recibió preguntas. El obispo Agustín Ayestarán Landa quiso saber dónde estaba el solar, de quién era, cuánto costaría y quién lo iba a pagar. Un obispo con ganas de leerse la letra pequeña, hay que reconocerlo.

Las respuestas tenían su gracia. El solar era terreno común de la villa, cedido de buena voluntad, a doce pasos del final de varias calles. Doce pasos: los que das tú desde el borde de una acera hasta la puerta de tu casa. Y la obra se pagaría con aportaciones de vecinos y cofrades. Si faltaba dinero, el alcalde Bartolomé Osorio y el síndico Isidro Madueño pondrían el resto de su bolsillo.

Y ahora, la puerta que tienes delante. El proyecto decía que se reutilizarían las puertas de la ermita vieja y todos los materiales que aún sirvieran. No era una frase de relleno: se especificaba por escrito.

¿Es esta hoja de madera una de aquellas? Los papeles no lo dicen. Prometen que se reutilizó, pero no prueban que esta sea. Te toca a ti decidir si crees que sí.

Para profundizar

Lo que cuesta una obra no es solo dinero, también es memoria. El solar del edificio antiguo, ya vacío tras la demolición, no se quedó sin dueño. Acabó vendido a una familia local influyente, que ya poseía otros herreñales por la zona.

Un herreñal, por si no has oído la palabra, es un terreno en el que se siembra forraje para el ganado. No era un campo de lujo, pero sí un trozo de tierra útil, y en aquellos años la tierra pesaba más que el oro.

Así que, mientras la ermita nueva se levantaba junto a las calles del pueblo, la antigua se convertía en una finca más, quizá con cebada o con avena donde antes hubo altar. La ermita había cambiado de lugar, y la tierra de la ermita había cambiado de manos.

Esa tierra, como verás en la siguiente parada, todavía tendría una última función.

La nave única y los donantes de la Ermita de San Bartolomé

Una nave y muchos nombres

Nave única de la Ermita de San Bartolomé de Dos Torres con arcos fajones

Si puedes entrar, colócate en el interior mirando hacia la cabecera, con la vista en la cubierta. Si no, rodea el edificio para ver el ábside desde fuera.

Un domingo de verano de mil ochocientos cuatro, Dos Torres se puso en pie para ver bendecir su ermita. El día no fue casual. La fiesta de San Bartolomé cae el veinticuatro de agosto, pero se eligió el domingo veintiséis para que más vecinos pudieran acudir. Dos días de retraso a cambio de una plaza llena. Una buena decisión de organizador.

La obra, de hecho, ya estaba terminada ese verano. Y lo que se bendijo fue una ermita pequeña, de una sola nave. Si estás dentro, mira hacia arriba: los arcos que cruzan el espacio, los fajones, son ligeramente apuntados. Y detrás, pegada al ábside, una sacristía diminuta.

Pero la historia sigue después de la bendición. Porque alguien tenía que mantener el edificio, y fueron los vecinos.

En mil ochocientos diecisiete, Catalina Madueño dispuso que un terreno suyo ayudara para siempre a los reparos y ornamentos de San Bartolomé. Era un herreñal de unos dos celemines, y estaba situado justo en el solar de la ermita primitiva.

Y aquí viene lo bueno. Según el testamento, Catalina y sus hermanos habían comprado el terreno donde se levantó la ermita nueva. En su legado lo dejaron cambiado por el solar antiguo.

La tierra donde estuvo la ermita vieja pasó a sostener la ermita nueva. Un círculo cerrado con una firma.

Para profundizar

Catalina no fue la única. Un año antes, entre mil ochocientos dieciséis y mil ochocientos diecisiete, Antonia Benítez dejó en un codicilo, que es una especie de añadido al testamento, un herreñal cercano a la ermita antigua entre sus disposiciones.

Piensa en lo que eso significa. Dos mujeres, con pocos años de diferencia, dejan tierra a un edificio que ya no está en pie en su lugar original. No es que lo recuerden con nostalgia: lo mantienen vivo con cosas concretas, con parcelas de forraje.

Si estás ante el ábside, quizá te parezca que la ermita es modesta. Lo es. Pero detrás de cada reparo y cada ornamento hubo nombres propios, casi siempre de vecinos que no esperaban salir en ningún libro.

Y quizá sea esa la mejor manera de entender San Bartolomé: no como un monumento que alguien hizo, sino como una cosa que alguien, año tras año, decidió seguir cuidando.

Prepara tu visita

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en la Ermita de San Bartolomé de Dos Torres

Puedes ver la glorieta, el poyo corrido y la lonja exterior, la puerta de acceso y, si el interior está abierto, la nave única con arcos fajones ligeramente apuntados y la pequeña sacristía adosada al ábside.

¿Cuál es la historia de la Ermita de San Bartolomé

La ermita primitiva existía en el siglo XVI, fuera del pueblo. Los terremotos de 1755 y 1761 la dañaron, se decidió demolerla en 1800 y se levantó una nueva, más cercana al pueblo, bendecida el 26 de agosto de 1804.

¿Por qué cambió de lugar la ermita

Tras los seísmos de 1755 y 1761, las autoridades eclesiásticas y civiles optaron por dar por perdido el edificio antiguo y construir otro en un emplazamiento más próximo al pueblo, en lugar de repararlo donde estaba.

¿Quién construyó la ermita actual

El proyecto se encargó al alarife Cayetano de Torres, natural de Pozoblanco, por 10.000 reales. La obra se financiaría con aportaciones de vecinos y cofrades, con el alcalde y el síndico cubriendo un posible déficit.

¿Cómo llegar a la Ermita de San Bartolomé

La ermita está en Dos Torres, en un punto algo elevado y más cercano al pueblo que la ermita primitiva. Se llega a pie desde las calles del casco urbano, pues el solar nuevo estaba junto al final de varias calles.

¿Cuál es el horario de visita de la Ermita de San Bartolomé

No hay un horario confirmado en la documentación consultada. Lo más seguro es consultarlo en la web del Ayuntamiento de Dos Torres o en la oficina de turismo antes de ir, sobre todo si quieres entrar.

¿Cuánto se tarda en visitar la Ermita de San Bartolomé

Es una ermita pequeña, de una sola nave, y la audioguía consta de tres paradas breves. La visita es corta y se combina fácilmente con un paseo por el resto de Dos Torres.

¿Está protegida la ermita

Sí. El plan general de ordenación urbana de Dos Torres incluye la ermita entre los edificios con nivel de protección integral.

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