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Torre del Reloj de Aguilar de la Frontera: historia y visita

Aguilar de la Frontera decidió dónde poner su reloj según hasta dónde llegaba el sonido de sus campanas. La torre se levantó entre mil setecientos setenta y mil setecientos setenta y cuatro, en lo alto del cerro de la Silera.

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Torre del Reloj de Aguilar de la Frontera: historia y visita

Historia de la Torre del Reloj: por qué se levantó en el cerro de la Silera

Una torre para ser oída

Colócate donde puedas ver la torre entera, en lo alto del cerro de la Silera, y deja que tu mirada suba hasta lo más alto.

¿De qué sirve un reloj que nadie puede oír? A mediados del siglo dieciocho, en Aguilar, esa dejó de ser una pregunta retórica.

Lo primero, lo que tienes delante: la Torre del Reloj se construyó entre mil setecientos setenta y mil setecientos setenta y cuatro, y se inauguró en ese último año. La pagó el Ayuntamiento con los fondos municipales de Propios. El proyecto se atribuye a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, aunque su autoría no está documentada. Conviene decirlo tal cual: se le atribuye, no se le puede asegurar.

Ahora, la historia de por qué está aquí. El reloj público vivía antes en la torre de la parroquia. En mil setecientos cuarenta y nueve se constató que no funcionaba: Francisco Lucena Capote lo comunicó, y Andrés del Valle Quesada se ofreció a reparar el viejo y, de paso, a fabricar otro. Un hombre, dos relojes. El reloj nuevo se había concluido en mil setecientos setenta, y según el artículo local que seguimos, el viejo, reparado, siguió activo durante décadas. Es una deducción de esa fuente, no un documento que lo pruebe.

Quedaba decidir dónde ponerlo. Lo lógico era volver a la parroquia. Los representantes vecinales dijeron que no. El pueblo había crecido, sostenían, y desde allí el sonido no alcanzaría a buena parte de la gente. De poco sirve dar la hora a media población.

Surgió otra idea: alojarlo en la iglesia de los Desamparados. Tampoco prosperó. Al final, el Cabildo eligió el cerro de la Silera por dos razones sencillas: era más alto y estaba más en el centro.

Así que, cuando levantes la vista, recuerda que este lugar lo eligieron primero los oídos y después los ojos. Y el cerro, por cierto, tenía una vida anterior a la torre, con trigo, ermitas y pleitos. Vamos a conocerla.

Para profundizar

Elegir bien el sitio no aseguró una vida tranquila al reloj. En mil setecientos ochenta y ocho llegó un aviso poco alentador: las dos campanas se habían quebrado por la intemperie y sonaban débiles. Es una ironía deliciosa. Los vecinos habían peleado para que el sonido llegara a todas partes, y la lluvia, el sol y el viento se lo fueron apagando.

El Ayuntamiento pidió que reconociera las campanas Francisco de Otero, maestro campanero de Córdoba, y que se autorizara repararlas o refundirlas. Las fuentes que manejamos no recogen qué dictaminó Otero ni qué se hizo después, así que no sabemos si las campanas que hoy suenan son las de entonces.

Aparte, una cuestión de nombre. Durante sus primeros años la torre se llamó Torre del Consejo, y más tarde se impuso Torre del Reloj. La fuente no fecha el cambio. Es fácil entender el porqué: el Consejo se olvida; la hora, en cambio, la consulta todo el mundo.

Qué ver en el entorno de la Silera en Aguilar de la Frontera

La Silera: trigo, ermitas y un camino disputado

La torre se eleva sobre las casas y las calles en pendiente de la Silera.

Quédate en el entorno del cerro de la Silera, cerca de la torre, y mira cómo se abren las calles a tu alrededor. La calle que te rodea es, según la fuente local, la calle Desamparados.

Antes de la torre, antes de la iglesia, este cerro guardaba trigo. En la década de mil seiscientos veinte los silos públicos se trasladaron aquí, y de ellos viene el nombre: Silera alude a esos silos de grano. En mil seiscientos treinta y nueve, María de Saavedra, viuda de Pedro de Toro, reclamó el pago de unos terrenos usados para la casa del Pósito y cuatro silos.

Demos ahora un salto atrás respecto al siglo de la torre, a mediados del siglo diecisiete. La cofradía de los Morenos pidió usar casas de la Silera para levantar una ermita a Santa Catalina. El Cabildo accedió, pero puso condiciones: había que conservar espacio para el trigo. Así que en este cerro convivían la fe y el grano, y el grano mandaba.

Ya en el siglo dieciocho llegó la iglesia de los Desamparados. En mil setecientos treinta y cuatro, Juan Paulette obtuvo de Jerónima Espínola, marquesa de Priego y duquesa de Medinaceli, licencia para continuar una capilla y colocar allí la imagen de los Desamparados. Quiso más: ir a Roma a pedir indulgencias para esa imagen. No llegó. Enfermó en el viaje y murió en Valencia.

Ese templo estuvo frente a la torre. Hoy está en ruinas y se desplomó su techumbre. No podemos asegurar que se vea desde el punto exacto donde estás; mira a tu alrededor con calma.

Ahora imagina el trazado antiguo, con los caminos que enlazaban Moralejo, el Carmen y la ermita de los Desamparados. Y en ese trazado, alguien levantó una casa donde no debía.

Para profundizar

La casa de la discordia cortaba un camino. El Cabildo había concedido la licencia a Acisclo de los Reyes y luego la denegó. La priora carmelita advirtió de que cerrar ese paso podía retrasar la llegada de religiosos que debían asistir a una monja enferma. El pleito, sin embargo, no impidió que después se delimitara la calle. Una petición sobre esa casa figura en mil setecientos cincuenta y nueve.

La calle, la actual calle Desamparados, también cambió de nombre. En mil novecientos seis, por propuesta del alcalde José María Pérez García, pasó a llamarse Sagasta. En mil novecientos cuarenta y cuatro recuperó el nombre de Desamparados.

El padrón de mil seiscientos cincuenta y cinco registra cinco vecinos en el Cerrillo de la Cruz. En mil ochocientos cincuenta y ocho se contaron cuatro fábricas de aceite en el entorno.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Torre del Reloj (Aguilar de la Frontera

La torre, construida entre 1770 y 1774, y el entorno del cerro de la Silera: la calle Desamparados, los restos de la antigua iglesia de los Desamparados, frente a la torre, y el trazado de los caminos hacia Moralejo y el Carmen.

¿Cuál es la historia de Torre del Reloj

En 1749 se constató que el reloj de la torre parroquial no funcionaba. Se descartó volver a la parroquia y se levantó una torre nueva, inaugurada en 1774 y pagada con los fondos municipales de Propios. Al principio se la llamó Torre del Consejo.

¿Quién construyó la Torre del Reloj

El proyecto se atribuye a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, aunque su autoría no está documentada. La obra se costeó con los fondos de Propios del Ayuntamiento.

¿Por qué se construyó en el cerro de la Silera

Porque era el punto más alto y céntrico, y el sonido llegaba a más vecinos. Además, el nombre Silera alude a los silos públicos de grano trasladados al cerro en la década de 1620.

¿Qué pasó con las campanas

En 1788 se informó de que las dos campanas se habían quebrado por la intemperie. Se pidió el reconocimiento de Francisco de Otero y autorización para repararlas o refundirlas; no consta qué se hizo después.

¿Cómo llegar a Torre del Reloj

La torre está en el cerro de la Silera, en el casco urbano de Aguilar de la Frontera. Ve al centro del pueblo y sigue las indicaciones hacia el cerro; la oficina de turismo puede orientarte sobre el acceso a pie.

¿Cuánto se tarda en visitar Torre del Reloj

La audioguía tiene dos paradas en el entorno de la torre y se hace con calma a pie. Para visitar el interior, confirma antes las condiciones de acceso.

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