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Plaza de San José o Plaza Ochavada de Aguilar de la Frontera: audioguía

Una plaza de ocho lados, la que en el pueblo todos llaman Plaza Ochavada, que los vecinos de Aguilar de la Frontera empezaron a levantar con donativos, trabajo y animales de carga. En cuatro paradas descubrirás de dónde le viene el nombre de San José, por qué una cárcel que enfermaba a los presos ayudó a completarla, cómo su centro olió a pescado y quiénes dieron nombre a sus arcos. Es una de las visitas imprescindibles de Aguilar de la Frontera, contada a pie de plaza.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Plaza de San José o Plaza Ochavada de Aguilar de la Frontera: audioguía

Plaza Ochavada: origen e historia de la plaza octogonal de Aguilar

Una plaza ochavada, pagada entre todos

Colócate en uno de los lados de la plaza, de espaldas a una fachada, con todo el octógono delante.

Gira despacio y cuenta los lados. Son ocho. Por eso en Aguilar casi nadie dice «Plaza de San José»: la llaman la Plaza Ochavada. Lo oirás en el pueblo y lo verás en folletos y carteles. «Ochavada» quiere decir eso, de ocho lados, por su planta octogonal. Son dos nombres para un mismo sitio.

¿Y San José? Aquí la historia da un rodeo inesperado. El nombre aparece ligado al reinado de José Bonaparte: la crónica local registra que en mil ochocientos once se celebró en esta plaza su onomástica. Un nombre de santo con un rey detrás.

Pero vamos al principio. Esto era la Silera, un solar abandonado. En mil ochocientos tres el regidor Pablo de la Vega y Mena ya defendía urbanizarlo, aunque no se puede asegurar que aquel proyecto fuera esta plaza. La obra echó a andar en mil ochocientos seis, y la empujaron los vecinos. Hubo donativos. Hubo quien puso sus manos y su tiempo, y quien prestó sus animales de carga. Y alguien tuvo la idea de rifar alhajas. Me gusta imaginar la escena: unos pendientes, una medalla, cambiando de dueño para que el pueblo tuviera dónde encontrarse.

Una geometría así no surge sola: alguien la trazó. Y aquí te confieso un hueco. Las fuentes que hemos manejado nombran a vecinos, a regidores y a un corregidor, pero no recogen quién diseñó el octógono.

¿Cuánto de lo que ves es de entonces? De principios del siglo diecinueve es, sobre todo, la idea: los ocho lados y los cuatro accesos previstos en el proyecto. La piel es más reciente. En los años setenta del siglo veinte la plaza se restauró a fondo: aquella intervención dejó el pavimento y retocó parte de las fachadas para que se parecieran entre sí. Esa armonía tan redonda tiene, en buena parte, medio siglo.

Ahora ponte frente al Ayuntamiento, que te cuento quién terminó de llenar la plaza.

Para profundizar

Una precisión sobre aquella restauración: las fuentes no detallan qué fachadas se retocaron ni en qué consistió cada retoque, así que no sabría señalarte con el dedo cuál conserva su cara original. El suelo tiene además su propia incertidumbre. La crónica local lo atribuye a los años setenta, pero la obra de dos mil veintiséis se centra precisamente en los acerados, así que el borde que pisas junto a las fachadas puede ser ya nuevo.

En la misma década de aquella restauración, un decreto del veinticuatro de mayo de mil novecientos setenta y cuatro declaró la plaza conjunto histórico-artístico, con la denominación de protección de entonces. Hoy figura como Bien de Interés Cultural. Desde aquel decreto, tocarla exige pensárselo dos veces.

Y se ha vuelto a tocar. En septiembre de dos mil veintiséis el Ayuntamiento informó de que acometía la rehabilitación integral de la plaza, para mejorar el conjunto y renovar sus infraestructuras. Es una sola obra, y poco vistosa: aceras y saneamiento, con un presupuesto de más de doscientos cincuenta mil euros. Más de un cuarto de millón para lo que va por los bordes y por debajo. No es una excavación arqueológica ni ha aportado hallazgos. Según cuándo vengas, puede que encuentres vallas o la obra ya terminada: las fuentes que manejamos no recogen su final.

Casas Capitulares, cárcel y arco-archivo de 1833 en la Plaza de San José

Una cárcel, una carnicería y un arco que guardaba papeles

Casas Capitulares y arco anexo reconstruido como archivo en 1833 en la Plaza de San José de Aguilar de la Frontera

Colócate frente a las Casas Capitulares, el Ayuntamiento, con el arco anexo a su fachada a la vista.

Los vecinos empezaron la plaza, pero no la llenaron. Quedaban dos solares que nadie había querido ocupar. Y aquí entra el corregidor Pedro Antonio González de Canales, un hombre con los pies en la tierra. Donde los demás veían huecos, él vio sitio para edificios municipales y para servicios que el pueblo necesitaba: una cárcel, una carnicería y una pescadería.

La razón no fue la belleza. Fue un sótano. La cárcel de entonces estaba bajo tierra y era tan insalubre que, según el informe municipal que reproduce el cronista, algunos presos enfermaban tras pasar allí unos pocos días. Una condena corta podía salir muy cara. Y la carnicería estaba peor: tan insalubre que, dice el mismo informe, las ratas se comían la carne. Con argumentos así, cualquier concejal levanta la mano.

Ojo con el orden, porque es fácil confundirlo. La plaza no nació de este problema sanitario: había nacido antes, de la iniciativa vecinal de mil ochocientos seis. La cárcel y la carnicería explican cómo se completó, no por qué empezó.

Ahora mira el arco anexo a las Casas Capitulares. Tuvo una segunda vida. En mil ochocientos treinta y tres lo reconstruyeron y lo adaptaron como archivo municipal, porque documentos importantes estaban a merced del polvo y de la humedad. Un arco que, además de dejar pasar a la gente, guardaba la memoria del pueblo. Y la prueba de que no todo lo que ves en estos pasos es del primer día.

Camina ahora hasta el centro de la plaza.

Para profundizar

Si se te han mezclado las fechas, aquí van en orden. Mil ochocientos tres: un regidor propone urbanizar la Silera. Mil ochocientos seis: arranca la obra con el esfuerzo de los vecinos. Después, en un momento que las fuentes no precisan, González de Canales suma la cárcel, la carnicería y la pescadería al plan. Mil ochocientos once: la plaza celebra la onomástica de José Bonaparte. Mil ochocientos treinta y tres: el arco anexo al Ayuntamiento se convierte en archivo. Mil ochocientos cuarenta y nueve: la plaza se destina a la contratación de jornaleros. Mil novecientos veintiséis: un quiosco-pescadería en el centro. Años setenta: la gran restauración, y en mayo de mil novecientos setenta y cuatro, la declaración como conjunto histórico-artístico. Dos mil veintiséis: obras de aceras y saneamiento.

¿Y cuándo se dio la plaza por terminada? Ahí las fuentes callan. No hay fecha de inauguración ni de remate. Quizá sea lo más honesto: más que terminarse, se fue completando.

Mercado, jornaleros y quiosco de la Plaza de San José

Pescado, jornales y Viernes Santo

Paso cubierto con arco en el perímetro de la Plaza de San José de Aguilar de la Frontera, visto desde el centro

Ponte en el centro de la plaza y gira poco a poco para ver las cuatro salidas cubiertas del perímetro.

Este centro olió a pescado. En mil novecientos veintiséis se levantó aquí un quiosco de estilo regionalista, proyectado por José Corbella Pené, para alojar la pescadería del mercado. Las obras se pagaron al año siguiente, en mil novecientos veintisiete, lo que para una obra pública es casi una hazaña de puntualidad. No era una pieza antigua de la plaza: era del siglo veinte.

¿Lo buscas? Las fuentes lo cuentan en pasado, como algo que ocupó este centro, y no dicen cuándo desapareció ni qué hay hoy en su lugar. Así que no lo busques como una pieza que visitar: imagínalo. Y si ves aquí una fuente u otro elemento, no des por hecho que sea antiguo; no hemos encontrado papeles que lo fechen.

Y es que esta plaza nunca fue solo un sitio bonito. Aquí se concentraba el mercado, y aquí venían los jornaleros a buscar trabajo en el campo. En mil ochocientos cuarenta y nueve el Ayuntamiento tomó una decisión reveladora: se llevó el mercado de verduras a otro lugar y destinó la plaza a la contratación de jornaleros. No la cerró a todo lo demás: el comercio siguió, y en el siglo veinte, como acabas de oír, aquí se vendía pescado. Pero desde entonces fue también una oficina de empleo al aire libre, sin ventanilla y sin número.

La plaza era, además, escenario de otra clase de reunión. El Viernes Santo, la cofradía de Jesús Nazareno representaba aquí el Sermón del Paso ante los vecinos.

Gira despacio: verás cuatro salidas cubiertas. Tienen nombre y apellidos. Ve hacia la que lleva a la calle Don Teodoro y te los presento.

Para profundizar

Los jornaleros que esperaban aquí no siempre vivieron días tranquilos. El veintiocho de diciembre de mil novecientos diecinueve murió en esta plaza Manuel Carreras Barranco. Era jornalero y tenía treinta y dos años. Lo abatió la Guardia Civil. De aquel día nos han llegado su nombre, su edad y la fecha. Vale la pena quedarse un momento con esos tres datos, en el mismo lugar donde ocurrió.

Si lo juntas todo, el octógono se parece a un escenario que cambia de decorado según el día. Puestos de venta y una pescadería en el centro. Hombres y mujeres pendientes de un jornal. Cofrades y vecinos ante un sermón. Las mismas ocho fachadas mirando todas esas escenas.

Los arcos de la Plaza de San José y sus nombres

Cuatro puertas con nombre propio

Arco de la calleja de don Teodoro en la Plaza de San José de Aguilar de la Frontera

Camina hasta la salida que lleva a la calle Don Teodoro y quédate bajo el arco, con la plaza a un lado y el entorno de la Torre del Reloj al otro.

Ya estás bajo uno de los cuatro pasos cubiertos. Los accesos estaban previstos en el proyecto: la plaza se pensó con cuatro entradas. Otra cosa es cuándo se levantó cada arco, y eso las fuentes no lo precisan. Previstos desde el principio, sí; con fecha de construcción conocida, no. Lo que sí se ve es la solución: los arcos se metieron dentro de las fachadas, y el espacio de encima no se desperdició. Se hicieron estancias habitables. Hubo gente cuya casa estaba, literalmente, sobre la puerta de la plaza.

¿Te imaginas que la puerta de tu casa llevara el nombre de un vecino? Aquí pasó. En papeles del siglo diecinueve los arcos aparecen bautizados a la manera popular: el de Manuel López, el de Alonso de Tíscar, el de Francisco Franco. Y antes de que te dé un respingo: ese Francisco Franco no tiene nada que ver con el dictador del siglo veinte. Era un propietario del siglo diecinueve, que aparece en documentos de la década de mil ochocientos cuarenta como promotor de uno de los arcos. Los demás nombres son también de quienes los promovieron o quedaron asociados a ellos.

El cuarto es este bajo el que estás: el arco de la calleja de don Teodoro. Por un lado tienes la plaza; por el otro, el paso hacia el entorno de la Torre del Reloj, otro de los monumentos de primer orden de Aguilar.

Estos pasos eran algo más que entradas: eran la antesala del negocio. Las calles inmediatas contaban como parte del mercado, así que quien venía a comprar, a vender o a buscar jornal ya estaba metido en faena antes de cruzar el arco.

Cruza y mira atrás. Ocho lados, cuatro puertas y un pueblo que se fue construyendo su plaza.

Para profundizar

¿Han tocado estos arcos las obras de rehabilitación que el Ayuntamiento anunció en septiembre de dos mil veintiséis? No lo sabemos. La noticia habla de una rehabilitación integral centrada en aceras y saneamiento, pero no detalla qué recibió cada arco: qué piedra se conservó, cuál se sustituyó, qué se limpió y nada más.

Así que este arco guarda una pequeña incertidumbre, y a mí me parece honesta. Cuando pases la mano por estas paredes, puede que toques obra antigua o una reparación reciente. En una plaza que nunca ha dejado de usarse, eso es casi un elogio.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué la Plaza de San José se llama también Plaza Ochavada

«Ochavada» alude a su planta octogonal, de ocho lados, y es el nombre con el que se la conoce popularmente. El de San José aparece vinculado al reinado de José Bonaparte: la crónica local registra celebraciones por su onomástica en la plaza en 1811.

¿Qué ver en la Plaza de San José de Aguilar de la Frontera

Su planta de ocho lados, los cuatro pasos cubiertos con arcos integrados en las fachadas y estancias habitables encima, y el arco anexo a las Casas Capitulares (Ayuntamiento), reconstruido y adaptado como archivo municipal en 1833.

¿Cuál es la historia de la Plaza de San José

Ocupa la antigua Silera, un solar abandonado que ya en 1803 se proponía urbanizar. La obra arrancó en 1806 por iniciativa vecinal, con donativos, trabajo, animales de carga y una rifa de alhajas. Después, el corregidor González de Canales incorporó cárcel, carnicería y pescadería para completarla. En 1849 se destinó a la contratación de jornaleros, sin dejar de tener actividad comercial.

¿Quién diseñó la Plaza de San José

Las fuentes consultadas para esta audioguía no recogen el nombre del autor del proyecto del octógono. Sí documentan a los vecinos que financiaron la obra, al regidor Pablo de la Vega y Mena y al corregidor Pedro Antonio González de Canales.

¿Cómo llegar a la Plaza de San José

La plaza está en el casco urbano de Aguilar de la Frontera, junto al Ayuntamiento. Se llega cómodamente a pie por cualquiera de sus cuatro pasos cubiertos. El arco de la calleja de don Teodoro la comunica con el entorno de la Torre del Reloj, una buena referencia para orientarse.

¿Cuál es el horario de la Plaza de San José

Es un espacio público al aire libre, integrado en la vida diaria del pueblo, sin horario de visita. Conviene consultar en la oficina de turismo si en las fechas previstas hay obras o actos que afecten a la visita.

¿Desde cuándo está protegida la Plaza de San José

Un decreto del 24 de mayo de 1974 la declaró conjunto histórico-artístico; hoy figura como Bien de Interés Cultural. En esa misma década, una restauración dejó el pavimento y homogeneizó parte de las fachadas, aunque las fuentes no detallan qué elementos concretos se rehicieron.

¿Qué había en el centro de la Plaza de San José

En 1926 se construyó en el centro un quiosco de estilo regionalista diseñado por José Corbella Pené y destinado a pescadería del mercado; las obras se pagaron en 1927. Las fuentes lo mencionan en pasado y no precisan cuándo desapareció ni qué ocupa hoy ese espacio.

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