Convento de las Obreras en Villanueva de Córdoba: historia y audioguía
Una fachada de granito en la calle Real esconde la historia de una madre de familia que fundó una congregación. En tres paradas recorrerás la fachada, la capilla del Dulce Nombre de Jesús y la lápida de una joven que convirtió su cama en altar. Es una visita breve y serena, para quien quiere saber qué ver en Villanueva de Córdoba más allá de lo evidente.

Fachada del Convento de las Obreras y María Jesús Herruzo
La mujer detrás de la piedra
Colócate en la calle Real, frente al convento, a una distancia desde la que veas toda la fachada.
¿Cómo acaba una madre de familia dando nombre a una congregación entera? Tienes delante la respuesta a medias. Es una fachada de granito, sobria y firme, como buena parte de la piedra de por aquí. Fíjate en cómo está compuesta. No presume de nada.
Quien lo puso todo en marcha se llamaba María Jesús Herruzo. En mil novecientos dieciocho se casó con Antonio Cañuelo Ayllón. Tuvieron cuatro hijas, y una de ellas murió siendo pequeña. Es una vida de familia y de duelo, de las que nadie diría que terminarán en la historia de un convento.
Y aquí viene lo bueno. La iniciativa de fundar la congregación se atribuye a un jesuita, Pedro Castro. Pero una idea no camina sola. Fue María Jesús quien la asumió y la encarnó, quien le puso cuerpo, casa y años. El proyecto nació de un sacerdote. La obra, en cambio, tiene su rostro.
Quizá por eso esta fachada tan callada resulta tan elocuente. No cuenta nada de lo que hay detrás. Hay que entrar para saber que todo empezó con unos días de retiro y un puñado de jóvenes.
Para profundizar
El jesuita Pedro Castro le hizo una propuesta concreta en mil novecientos treinta y nueve. Quería crear una comunidad que llevara el Evangelio a los campos y a los pueblos con menos recursos. No se trataba de encerrarse, sino de salir. Piensa en lo que eso significaba para una mujer casada, madre de cuatro hijas, en aquel tiempo.
La memoria local guarda el resultado en un sobrenombre: Madre de los pobres. Los sobrenombres no se conceden por decreto. Los pone la gente, con los años, y solo se quedan cuando alguien se los ha ganado. Cuando salgas de la calle Real, quizá reconozcas ese título en la sobriedad de la piedra. Dentro te espera la capilla, y con ella el momento exacto en que la congregación echó a andar.
Capilla del Dulce Nombre de Jesús y retablo mayor
Nueve mujeres y una casa

Entra en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, si está abierta, y colócate ante el altar mayor.
Cuando se cierra una puerta de casa y se abre la de un convento, ¿cuánto cambia por dentro? En este caso, la casa entera. Lo que tienes ante ti es el retablo mayor, de madera dorada y estilo neobarroco. Delante, el sagrario de plata. Si te acercas, verás en su puerta al Buen Pastor, con su rebaño.
Ahora imagina el principio, mucho más pequeño que todo esto. El quince de noviembre de mil novecientos cuarenta, tras unos días de ejercicios espirituales, María Jesús y otras jóvenes dieron los primeros pasos de la congregación. Entre las nueve primeras integrantes había hijas de la propia María Jesús.
Y este es el giro. La casa donde vivía la familia pasó a ser casa religiosa. No hubo que buscar un edificio: la familia entera se convirtió en comunidad. El hogar fue el primer convento.
Con los años creció hasta necesitar una iglesia como esta. Hoy, el oro del retablo parece hablar de grandeza. Pero todo empezó con nueve mujeres, algunas de ellas hermanas entre sí, bajo un mismo techo.
Cuando termines de mirar, busca más abajo, en el lado del pasillo, el recuerdo de otra mujer que vivió aquí. Su historia es más callada, y quizá más difícil de olvidar.
Para profundizar
La casa familiar fue el primer centro de la obra, y María Jesús la dirigió durante más de quince años. Las primeras hermanas no pasaban sus días entre muros. Trabajaban en misiones, en catequesis, visitando a enfermos y preparando para los sacramentos.
Ahora alza la vista hacia el crucero. La cúpula lleva pinturas religiosas en las pechinas, esos triángulos curvos que sostienen el círculo de arriba. Es fácil quedarse un rato mirándolas.
En el sagrario hay un pergamino que recoge el nombramiento de María Jesús Herruzo como hija predilecta de la villa en mil novecientos cincuenta y siete. Ella murió en mil novecientos sesenta y cinco y descansa en la iglesia que hizo construir. Está en el edificio que te rodea.
Y entre los muros de esta capilla hay otra tumba, la de una joven que no fundó nada y, sin embargo, también dejó huella.
Lápida de la hermana Juanita Méndez
Cuarenta años en una cama

Busca una capilla lateral, a los pies del retablo de San José con el Niño. Allí está la lápida de la hermana Juanita Méndez.
Cuarenta años en una cama. Es lo que duró la vida de enferma de Juanita Méndez. Nació en Villanueva de Córdoba el treinta de enero de mil novecientos treinta y siete. A los diez años entró como interna en el colegio de las Obreras. En octubre de mil novecientos cincuenta, la enfermedad empezó.
En algún momento enfermó de tifus, y su estado fue tan grave que temieron por su vida. Pero lo que cuentan de ella no es solo lo que sufrió. Es cómo vivió esos años. En su lápida hay una frase suya sobre convertir la cama en altar. Léela despacio.
Hay un detalle que lo dice todo. Para su entierro dejó unas notas. Pedía que nadie llorara y daba las gracias a quienes la habían acompañado. Incluso en su despedida pensó en los demás.
Después, sus restos fueron trasladados del cementerio municipal a esta iglesia del Dulce Nombre de Jesús. Hoy su tumba es lugar de visita y de oración para algunos fieles. No hace falta compartir su fe para entender por qué.
Quédate un momento en silencio. Cuando salgas a la calle Real, volverás a ver la fachada de granito. Quizá ya no te parezca tan callada.
Para profundizar
A los trece años, Juanita se consagró a la Virgen. Renovó esa consagración cada año, el día de la Inmaculada. Ser Obrera era su deseo desde niña. En mil novecientos sesenta y tres le propusieron serlo, y al año siguiente tomó el hábito.
Durante las curas diarias rezaba las tres partes del Rosario junto a su enfermera. Es un gesto pequeño, repetido durante años, que habla de su manera de afrontar los días.
Su vida y la de María Jesús Herruzo se cruzan en este mismo edificio. Una levantó la casa y la otra la habitó desde una cama. Las dos están hoy bajo el mismo techo.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el convento está en Villanueva de Córdoba, en la comarca de Los Pedroches. Su fachada da a la calle Real.
- Horarios: confirma el horario de apertura en la web oficial del Ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir.
- Acceso a la capilla: la capilla del Dulce Nombre de Jesús puede estar cerrada fuera del horario de apertura.
- Lápida de Juanita Méndez: también depende de que la iglesia esté abierta.
- Respeto: es un lugar de culto y de oración. Habla en voz baja y evita el flash.
- Duración: el recorrido consta de tres paradas. Cuenta con un ritmo pausado.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Villanueva de Córdoba
Uno de los lugares que visitar es el Convento de las Obreras. Tiene una fachada de granito en la calle Real, una capilla con retablo neobarroco de madera dorada y sagrario de plata, y la lápida de la hermana Juanita Méndez.
¿Cómo llegar a Convento de las Obreras
El convento está en Villanueva de Córdoba, en la comarca de Los Pedroches. Su fachada da a la calle Real, que es el mejor punto para comenzar la visita. Una vez allí, la audioguía te lleva de la fachada a la capilla y a la tumba.
¿Cuál es el horario de visita de Convento de las Obreras
Conviene consultarlo en la web oficial del Ayuntamiento o en la oficina de turismo antes de ir. El acceso a la capilla del Dulce Nombre de Jesús y a la tumba de Juanita Méndez puede depender del horario de apertura.
¿Cuánto se tarda en visitar Convento de las Obreras
La audioguía tiene tres paradas: la fachada en la calle Real, la capilla del Dulce Nombre de Jesús y la lápida de Juanita Méndez. El tiempo depende de tu ritmo y de si la iglesia está abierta ese día.
¿Cuál es la historia de Convento de las Obreras
La congregación comenzó el 15 de noviembre de 1940, tras unos ejercicios espirituales, con María Jesús Herruzo y otras jóvenes. La casa familiar fue el primer centro de la obra. La iniciativa se atribuye al jesuita Pedro Castro.
¿Quién fue María Jesús Herruzo
Se casó con Antonio Cañuelo Ayllón en 1918 y tuvo cuatro hijas. Asumió el proyecto de la congregación propuesto por el jesuita Pedro Castro. Fue nombrada hija predilecta de la villa en 1957 y murió en 1965. La memoria local la recuerda como Madre de los pobres.
¿Quién fue Juanita Méndez
Nació en Villanueva de Córdoba el 30 de enero de 1937 y entró como interna en el colegio de las Obreras a los diez años. Su enfermedad comenzó en octubre de 1950 y su vida en cama duró cuarenta años. Tomó el hábito en 1964.
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