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Centro de Interpretación de la Dehesa en Villanueva de Córdoba: guía de la visita

Es una visita corta para entender de qué está hecho el paisaje de Los Pedroches.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Centro de Interpretación de la Dehesa en Villanueva de Córdoba: guía de la visita

Historia y apertura del Centro de Interpretación de la Dehesa en 2010

Dos inauguraciones bajo el mismo techo

Colócate frente a la fachada, en la calle Pozoblanco, con la puerta de entrada delante.

El veintiuno de mayo de dos mil diez se inauguraron dos cosas a la vez en este mismo edificio. Una fue este centro. La otra, la nueva sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Los Pedroches.

Mira la fachada con calma. Es una casa del siglo diecinueve, rehabilitada, de las que se cruzan sin sospechar que guardan una dehesa entera dentro.

Francisco Pulido, presidente de la Diputación de Córdoba, defendió una acción coordinada entre agentes públicos y privados. Poner de acuerdo a tanta gente ya es, hay que reconocerlo, un paisaje difícil de ordenar.

La apertura se vinculó con el plan de dinamización turística de la Mancomunidad de Los Pedroches.

Hoy el centro comparte funciones con la Oficina de Turismo. Puede que entres a ver una dehesa y salgas con un plan para el resto del día.

Pero antes de ser museo, esta casa tuvo otra vida, y todavía se nota. Cruza el umbral y fíjate en lo ancho que es el pasillo. No está ahí por casualidad.

Para profundizar

Entre los discursos de aquel día hay una frase que conviene entender bien. La consejera Aguilera, al hablar de la futura ley, dijo que se descartaba la idea inicial de un único centro de investigación. Hablaba de investigación científica sobre la dehesa, repartida en varias unidades por diferentes provincias. No hablaba de este museo, que nació con otro propósito, el de enseñar la dehesa a quien llega de fuera.

Lo curioso es que la dehesa, que parece lo más antiguo y quieto del mundo, necesitaba en aquel momento una ley nueva para ordenarse. Y este edificio sirvió de escenario para presentarla.

Piensa también en la coincidencia con el Consejo Regulador. En una misma casa, el mismo día, el paisaje se explicaba a los visitantes y se organizaba su producto para el mercado. Es raro que un lugar junte tan bien lo que se mira con lo que se gestiona.

La casa del siglo XIX: pasillo, bóvedas y cocina

Por el pasillo entraban las bestias

Pasillo con bóvedas de arista en el Centro de Interpretación de la Dehesa de Villanueva de Córdoba

Ya dentro, en la planta baja, colócate en el pasillo y mira hacia el fondo y hacia arriba.

¿Por qué un pasillo de una casa de vecinos sería tan ancho? Porque por él entraban los animales de carga, camino de la cuadra del fondo.

Levanta la vista. Los techos de la planta baja eran altos, con bóvedas de arista. Fíjate en cómo se cruzan las líneas y en cuánta altura ganan. Esas bóvedas tenían presencia, pero sobre todo tenían que aguantar el peso del piso de arriba.

Y arriba pasaba lo importante. La planta superior servía para guardar el grano y para hacer la matanza. Dos tareas esenciales de la economía doméstica, una encima de la otra, y bien sujetas por la piedra de abajo.

La casa no era un bloque, sino varios cuerpos. En uno estaba la cocina, y aquí viene lo bueno: no era solo para cocinar. Su ubicación permitía calentar toda la vivienda. Era la calefacción central de la época, sin radiadores ni facturas.

Al fondo, la vida seguía. Había cuadra, pajar, huerto y una cocinilla. Imagina el trasiego diario. El animal que entra, el grano que sube, la lumbre que se enciende, el huerto que espera.

Esta casa nunca fue un lugar de adorno. Fue una máquina de vivir de la tierra. Y para entender de qué tierra hablamos, hay que salir al patio, donde espera un tronco.

Para profundizar

Fíjate en la lógica de la distribución. Cada parte alimenta a otra.

Quizá por eso las bóvedas de arista tienen algo de decisión inteligente. Daban una planta baja noble, de techos altos, y a la vez una estructura capaz de sostener todo lo que arriba se guardaba.

Si te quedas un momento en silencio en el pasillo, es fácil imaginar el ruido de pezuñas sobre el suelo y el eco que devolvería esa bóveda.

«El tronco»: la encina, la bellota y los muros de piedra

El tronco y el muro que no lleva argamasa

Sal al patio y busca el espacio expositivo llamado «El tronco», con la encina y el cercado de piedra.

Un muro de piedra de treinta centímetros de ancho y metro y medio de alto. Más o menos te llega por el pecho.

Estás en el espacio llamado «El tronco». Aquí se cuenta la flora de la dehesa. Busca la encina y sus partes, sus flores y sus espinas. Busca la bellota, que es la razón de que todo esto funcione. Y busca el tema del cercado de piedra.

Porque la dehesa no es solo árboles.

Y aquí está el detalle que cambia cómo ves cualquier pared de campo. Las catanas, piedras grandes y regulares, se colocaban normalmente en la base. Las codales, en cambio, se disponían de forma transversal para contrarrestar las tensiones del muro. Es un detalle del oficio que suele pasar inadvertido.

La próxima vez que veas uno en el campo, no lo veas como una simple línea de piedras. Es el trabajo de alguien que sabía dónde poner cada una.

Para saber desde cuándo y por qué, toca entrar en las ramas.

Para profundizar

El oficio de paredero tiene algo de arquitectura sin planos. Quien levanta un muro así elige cada piedra con la mano, la prueba, la gira y la asienta.

Piensa en la escala. Un muro de metro y medio no parece una gran obra. Pero la dehesa de Los Pedroches está formada, entre otras cosas, por muchos cercados de ese tipo, uno detrás de otro, trazando el paisaje.

Y no olvides la tríada que sostiene la economía de la comarca. El cerdo ibérico, la oveja y la vaca se mueven dentro de este paisaje de encinas y piedra. Cuando salgas a la calle, es fácil que veas el campo de otra manera, con las encinas como parte de una explotación pensada, no como un bosque natural sin más.

«Las ramas»: historia, oficios y propiedad de la dehesa

Quién mandaba en el bosque

Zona de documental Las ramas en el Centro de Interpretación de la Dehesa de Villanueva de Córdoba

Pasa a «Las ramas» y colócate en la zona de visionado del documental.

La palabra «dehesa» viene de «defensa». Es decir, que desde el nombre este paisaje nació para proteger algo. El término aludía a terrenos acotados para frenar el pastoreo trashumante.

Siéntate en la zona del documental. Dura quince minutos, y merece la pena fijarte en la secuencia de imágenes y en lo que cuenta sobre oficios, folclore y gastronomía. Aquí la dehesa deja de ser solo naturaleza y se convierte en historia, usos y trabajo.

Porque ese bosque no es el que dejó la naturaleza sin más. Ha cambiado con el pastoreo, el carbón, la leña, la tala y el cultivo. La historia de la propiedad dejó una huella desigual. Los señoríos de Santa Eufemia y Belalcázar configuraron jurisdicciones distintas.

Y aquí viene lo bueno. En la zona occidental hubo grandes latifundios señoriales, vinculados a usurpaciones y adehesamientos indebidos. Dicho de otro modo, hubo quien cercó más de lo que le correspondía.

Así que la próxima vez que mires una dehesa, piensa que ese paisaje tan sereno tiene detrás siglos de tira y afloja por quién podía cercar, quién podía pastar y quién cortaba la leña.

Sal de nuevo a la calle Pozoblanco. Ahora la casa del siglo diecinueve ya no parece solo una casa.

Para profundizar

El centro presenta la dehesa como un ámbito de historia, usos y oficios, además de naturaleza. Esa mezcla es la clave de la visita. No se trata de admirar un paisaje, sino de entender que se ha trabajado.

El documental de quince minutos funciona como resumen. Si llegas con prisa, es el mejor lugar para recoger de golpe oficios, folclore y gastronomía, es decir, lo que la gente hizo, cantó y comió en este paisaje.

Fíjate en la diferencia entre señoríos. Santa Eufemia y Belalcázar no gobernaron igual ni dejaron la misma huella. Esa diferencia explica por qué la propiedad de la tierra no se parece de un lado a otro de la comarca.

Y quédate con la idea de la defensa. Un lugar acotado para frenar a los rebaños que viajaban de un sitio a otro. Es curioso que el nombre de un paisaje que hoy nos parece abierto y libre empezara como una barrera.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Villanueva de Córdoba

El Centro de Interpretación de la Dehesa es una parada clave. Ocupa una casa del siglo XIX rehabilitada, con pasillo ancho, bóvedas de arista, un patio con el espacio «El tronco» y un documental de 15 minutos. Comparte funciones con la Oficina de Turismo, donde pedir más ideas.

¿Cómo llegar a Centro de Interpretación de la Dehesa

El centro se encuentra en la calle Pozoblanco, en Villanueva de Córdoba. Al compartir funciones con la Oficina de Turismo, es un buen sitio al que preguntar cualquier duda sobre el recorrido. Conviene confirmar el acceso en la web oficial del Ayuntamiento. Lo más seguro es consultarlo en la web oficial del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba o preguntar en la Oficina de Turismo antes de acudir.

¿Cuánto se tarda en visitar Centro de Interpretación de la Dehesa

No hay una duración oficial documentada. Como referencia, el documental de la sección «Las ramas» dura 15 minutos. - Pregunta: ¿Cuál es la historia de Centro de Interpretación de la Dehesa? / Respuesta: Ocupa una casa del siglo XIX rehabilitada. Se inauguró el 21 de mayo de 2010, en un acto con la consejera Clara Aguilera y el presidente de la Diputación, Francisco Pulido. En el mismo edificio se abrió la nueva sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Los Pedroches.

¿Qué se explica en el espacio «El tronco

Está en el patio y trata la flora de la dehesa: la encina, sus flores y espinas, la bellota y el cercado de piedra. Explica también los muros levantados por los parederos, de unos 30 centímetros de ancho y 1,50 metros de alto.

¿Qué se cuenta en «Las ramas

Esta sección incluye un documental de 15 minutos y presenta la dehesa como ámbito de historia, usos y oficios. Trata también el folclore y la gastronomía, y las transformaciones del bosque por el pastoreo, el carbón, la leña, la tala y el cultivo.

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