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Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad de Villaharta: historia y audioguía

Una torre de ladrillo rojo, una nave sencilla y un retablo que viajó desde otro monasterio. En tres paradas descubrirás cómo una ermita del siglo diecisiete acabó siendo la iglesia de un pueblo que antes dependía de dos parroquias vecinas. Y verás por qué los libros de bautismos cuentan más que algunas fachadas.

Hazlo antes de entrar: dentro puede no haber cobertura.
Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad de Villaharta: historia y audioguía

Fachada y torre de la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad

Una ermita bajo los pies

Colócate frente a la fachada principal, a una distancia desde la que veas a la vez la portada y la torre del campanario.

¿Qué tienen en común una portada clásica y una torre de ladrillo rojo? Que se llevan bastante mal a simple vista, y aun así llevan juntas casi doscientos años. Levanta la mirada. Abajo, la portada: pilastras toscanas, columnas planas pegadas al muro, y encima un frontón triangular, de los que parecen sacados de un templo antiguo. Más arriba, el campanario, de ladrillo rojo, cálido y sin pretensiones. Es como ver a alguien de traje y corbata charlando con alguien en mangas de camisa.

Esta iglesia se levantó en mil ochocientos veintiocho. Pero no empezó de cero, porque ya había aquí una ermita dedicada a la misma Virgen de la Piedad. Ya se la cita en mil seiscientos treinta y cinco, así que hablamos de casi dos siglos de historia previa. La decisión de convertir aquella ermita en iglesia la tomó el obispo Pedro Antonio de Trevilla.

Y aquí viene lo bueno. Antes de que existiera este edificio, los difuntos del pueblo se enterraban dentro de la ermita. Piénsalo un momento. El suelo que hoy imaginas lleno de bancos y pasos tranquilos fue, durante años, el lugar donde Villaharta despedía a los suyos.

Quédate un instante con esa idea y luego cruza la puerta. Dentro te espera un espacio mucho más callado que esta fachada.

Para profundizar

Para entender por qué un pueblo pequeño tuvo tanta insistencia en tener su propia iglesia, hay que mirar cómo estaba organizado. En mil seiscientos treinta, Villaharta quedó dividida eclesiásticamente entre Obejo y Espiel. La línea de dependencia pasaba por varias calles del propio pueblo, de modo que según de qué lado de una calle vivieras, tu parroquia estaba en un sitio u otro. La iglesia que ves hoy llegó mucho después de esa organización.

El camino hacia la independencia fue lento. En mil ochocientos uno, el obispo Agustín Ayestarán y Landa nombró un capellán para Villaharta, con la esperanza de que allí acabara estableciéndose una parroquia. Era un primer paso, no la meta.

Cuando te gires para entrar, fíjate otra vez en el contraste entre piedra clásica y ladrillo rojo. Las fachadas también cuentan que un edificio no nace de un plan único, sino de decisiones de personas distintas en momentos distintos.

Nave y pila bautismal: los primeros libros de Villaharta

El primer libro del pueblo

Nave con bóveda de cañón de la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad en Villaharta

Entra en la nave y colócate en el centro, mirando hacia el altar. Luego levanta la vista hacia la bóveda.

El veintiséis de mayo de mil ochocientos quince, un cura escribió una línea que cambió la vida administrativa de un pueblo. Era Sebastián Valor, cura ecónomo, y acababa de registrar la primera partida bautismal del primer libro propio de Villaharta. Hasta entonces, para la Iglesia, los vecinos de aquí casi no existían por su cuenta.

Ahora mira a tu alrededor. La nave es única, sin naves laterales, y eso da una sensación de espacio recogido. Sobre ti, una bóveda de cañón con lunetos, que son esas pequeñas aberturas en forma de cuña que cortan la curva. A los lados, nichos de medio punto, arcos de media circunferencia que enmarcan huecos en el muro.

Diez años antes de aquel primer registro, en mil ochocientos cinco, el obispo Trevilla había ordenado instalar una pila bautismal. Es decir, la pila se pidió veintitrés años antes de que se levantara la iglesia actual. Y al capellán se le encargó actuar como teniente de los párrocos de Obejo y Espiel. Villaharta tenía pila, pero aún no tenía plena independencia.

Busca la zona de la pila bautismal. Cada nombre apuntado allí fue, durante mucho tiempo, un pequeño acto de afirmación del pueblo. Un aviso: confirma con quien te atienda dónde está exactamente.

Y si en el primer libro se escribían nacimientos, ¿qué más guardaban esas páginas? Eso lo cuenta la última parada.

Para profundizar

La independencia de Villaharta no llegó de golpe, y el papeleo lo demuestra. Por orden de Trevilla, el capellán debía ayudar a los párrocos de Obejo y Espiel y llevar allí las partidas. Durante años, los bautismos de Villaharta se copiaron también en los libros de aquellas dos parroquias. Esa duplicación duró hasta agosto de mil ochocientos quince.

Hay un detalle humano que se escapa si solo miras fechas. Las fechas anotadas en las partidas no siempre coinciden con el nacimiento. Algunos niños habían nacido dos o tres semanas antes de ser bautizados. Así que ese primer libro no marca el primer día de vida de cada vecino, sino el día en que la comunidad lo recibió.

Y el libro no se quedó en bautismos. Recoge matrimonios desde junio de mil ochocientos quince y defunciones desde agosto de ese mismo año. En pocos meses, un solo volumen empezó a cubrir lo esencial de una vida entera.

Retablo de la Virgen de Belén y archivo parroquial

El retablo y los papeles revueltos

Retablo barroco de la Virgen de Belén en la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad, Villaharta

Acércate al retablo de la Virgen de Belén y mira hacia arriba, al remate que lo corona.

Hay un altar que se puede llevar de viaje, y está encima de tu cabeza. O al menos algo que se le parece. El retablo barroco de la Virgen de Belén remata en un dosel que, a modo de altar portátil, lo corona como un pequeño tejadillo ceremonial. Y su historia empieza lejos de aquí, porque procede del monasterio de Pedrique.

Tómate un momento y recorre el retablo con la vista, de abajo arriba. Es una de las piezas más destacadas del interior, y se nota que alguien quiso que lo fuera.

Pero esta parada tiene otro protagonista, menos vistoso y más travieso: el archivo. En mil ochocientos cuatro, el párroco Francisco Jurado Bernardino pidió al obispo renovar la pila y trasladar el archivo a un hueco protegido de la nave. Cuidar los papeles ya era una preocupación entonces. Tras su muerte, el franciscano fray Juan Arredondo se hizo cargo de la parroquia y escribió al obispo que había custodiado los libros.

Y aquí viene el giro. En mil novecientos uno, otro párroco describió ese archivo como tan revuelto que ordenarlo requeriría mucho tiempo. Se quejó, y su queja quedó por escrito. Con cierta ironía, el desorden de los papeles quedó muy bien documentado.

Ahora ya sabes qué guarda este lugar: arte que llegó de otro monasterio y memoria que costó mucho mantener en orden.

Para profundizar

El archivo parroquial tuvo varias casas. Un inventario de mil novecientos uno lo sitúa en la sacristía, repartido en tres departamentos y cerrado con puertas de madera. No era solo una estantería de libros de bautismos. Allí se enumeraban, junto a los libros sacramentales, expedientes matrimoniales, cuentas y actas de visitas pastorales.

Y esas visitas dejaron huella. En mil ochocientos cincuenta y ocho, el obispo Juan Alfonso de Alburquerque visitó la parroquia e indicó que no se celebraran matrimonios fuera de ella sin licencia. Tuvo que intervenir porque se habían celebrado bodas fuera, y el estudio relaciona la advertencia con la ermita de San Benito. Un pueblo con más de un lugar de culto tenía que decidir dónde se casaba la gente, y alguien tenía que ponerlo por escrito.

Así que, cuando salgas, recuerda que esta iglesia no solo se mira. También se lee, en actas, cuentas y quejas de párrocos agobiados.

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Preguntas frecuentes

¿Qué ver en Villaharta

Entre lo que ver en Villaharta destaca la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad. Tiene una portada con pilastras toscanas y frontón triangular, una torre de ladrillo rojo, una nave con bóveda de cañón y un retablo barroco de la Virgen de Belén procedente del monasterio de Pedrique.

¿Cómo llegar a la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad

Según el folleto municipal consultado, la iglesia se sitúa en el cruce de la calle Antonio Machado con la avenida de Andalucía, en Villaharta. Conviene confirmar la ubicación exacta en la oficina de turismo o en la web turística del municipio antes de ir.

¿Cuál es el horario de visita de la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad

No hay un horario verificado para esta audioguía. Al ser un templo en uso, los horarios pueden variar según el culto y la época del año. Lo más seguro es consultar la web turística de Villaharta o preguntar en el ayuntamiento antes de la visita.

¿Cuánto se tarda en visitar la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad

La audioguía recorre tres paradas: la fachada, la nave con la zona de la pila bautismal, y el retablo de la Virgen de Belén. No hay una duración oficial documentada; el tiempo depende de cuánto te detengas en cada parada y de si hay culto en el templo.

¿Cuál es la historia de la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad

La ermita de la Piedad ya aparece citada en 1635. En 1828 se levantó la iglesia actual sobre su solar, por decisión del obispo Pedro Antonio de Trevilla. El primer libro propio de Villaharta abre su primera partida bautismal el 26 de mayo de 1815.

¿Cómo es la fachada de la iglesia

La fachada presenta pilastras toscanas y un frontón triangular en la portada, de aire neoclásico. La torre, en cambio, es de ladrillo rojo. Ese contraste entre la piedra clásica de la entrada y el campanario de ladrillo es uno de los detalles más llamativos del exterior.

¿Qué hay en el interior de la parroquia

El interior tiene una nave única, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y flanqueada por nichos laterales de medio punto. También destaca el retablo barroco de la Virgen de Belén, con un dosel a modo de altar portátil, y la zona de la pila bautismal.

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