Iglesia Parroquial de San Antonio Abad de Obejo: qué ver y su historia
Sube a la parte más alta de Obejo, donde la iglesia se apoya en las murallas del viejo castillo. Con esta audioguía recorrerás la plazuela, la portada con su torre y las tres naves. Por el camino conocerás a un cura que tuvo que huir, a unos obispos preocupados por los libros y a unas columnas que ya habían vivido otra vida.

Exterior y plazuela de la iglesia de San Antonio Abad en Obejo
La plazuela donde ardieron los libros
Colócate en la plazuela, ante el acceso a la iglesia, y mira hacia arriba, hacia la torre y los restos del castillo.
Hubo un día en que esta plazuela olió a humo. Fue en agosto de mil novecientos treinta y seis, y lo que ardía en la hoguera eran libros, imágenes y retablos de la iglesia que tienes delante. Es una historia de memoria, así que la cuento con cuidado.
Primero, mira alrededor. La iglesia ocupa la parte más alta y más antigua de Obejo. Está pegada a los restos de las murallas y de las torres defensivas del castillo. Fíjate en los volúmenes escalonados, hechos de sillarejo y ladrillo. Sobre ellos asoma el chapitel de la torre.
Aquella hoguera pudo haber acabado con todo. Según el relato local, los dirigentes de las milicias intervinieron. Los libros que quedaban se trasladaron al juzgado, que estaba instalado en una habitación del ayuntamiento. Es decir, que los papeles de la parroquia salieron de esta plaza camino de una sala municipal, y ahí quedaron a resguardo.
Piensa en lo que pueden guardar esos libros. Nombres de vecinos, fechas, familias enteras anotadas a mano durante generaciones. Todo eso estuvo a punto de perderse en un solo día.
La plaza está cerrada por una baranda en su lado abierto, y la casa parroquial ocupa el lado norte. Hoy es un rincón tranquilo, con el pueblo a tus pies.
Y la historia de aquel verano tiene otro protagonista, un hombre que se quedó sin iglesia. Ahora te lo cuento.
Para profundizar
El párroco de entonces se llamaba Pedro Muñoz Adán. Sin templo donde celebrar, dijo misa durante tres meses en casas particulares. Ese detalle dice mucho: la fe de sus vecinos no necesitaba un edificio para seguir viva.
El estudio local añade un matiz humano. El cura era querido por vecinos de ambos bandos. Aun así, temía que visitantes de pueblos cercanos lo fusilaran. Y según el cronista, acabó escapando disfrazado a Villaharta.
Ahora vuelve la vista al edificio. El cronista local sitúa su erección en los años mil doscientos cuarenta y nueve y mil doscientos cincuenta. Si es así, esta colina lleva más de siete siglos con una iglesia encima. Ha visto mucho desde la altura, y no todo ha sido bueno.
Antes de seguir, busca con la mirada la posición del templo respecto al castillo. Desde la plazuela y desde los flancos visibles se entiende por qué quien construyó aquí eligió este lugar: se domina todo alrededor.
Portada, capilla bautismal y torre de la iglesia de Obejo
La puerta, la pila y la torre

Sitúate frente a la entrada, junto al muro del lado de la Epístola, de cara a la portada.
¿Cuánto costaba bautizar a un niño por la puerta equivocada? Diez ducados, según una orden de mil setecientos sesenta. Y no era el niño quien pagaba, sino el sacerdote que se saltara las normas.
Vamos con la puerta. La fachada mira al sureste y da a una pequeña plaza. Delante hay un espacio de paso, paralelo a las naves. Quizá fue un atrio o un pórtico, aunque eso es una posibilidad y no una certeza. Míralo despacio y decide tú.
En esa visita pastoral de mil setecientos sesenta, el obispo Martín de Barcia dejó dos órdenes. La primera, que los libros se guardasen en el archivo para que un incendio no los destruyera. La segunda, que los bautizos los administrase el vicario y no otro sacerdote, bajo pena de diez ducados.
Dos órdenes muy prácticas. Un obispo preocupado por el fuego y por el orden de las pilas, es decir, por la memoria de cada vecino.
Ahora, al entrar, busca a tu izquierda la capilla bautismal. Es la que da acceso a la torre. Por dentro guarda una escalera de caracol de piedra. Desde fuera es cuadrada, con dos cuerpos de mampostería reforzada con ladrillo.
Aquella orden contra el fuego, ya ves, no era un capricho. Los papeles de un pueblo valen más de lo que pesan.
Pero esos papeles también despertaron la codicia de alguien. Te lo cuento en la siguiente sección.
Para profundizar
El archivo parroquial cambió de sitio varias veces. En mil ochocientos cuatro, el párroco pidió renovar la pila bautismal y trasladar el archivo a un armario empotrado, junto al lado del Evangelio.
Casi un siglo después, un inventario de mil novecientos uno lo describía en la sacristía. Tenía tres departamentos y puertas de madera cerradas con llave. Parecía un lugar seguro.
No lo fue del todo. La noche del dos al tres de febrero de mil novecientos cinco, alguien cometió un robo sacrílego. Forzaron la puerta de la sacristía. Y no se conformaron con eso: se llevaron también el cerrojo y la cerradura del archivo.
Fíjate qué se llevaron: no los libros, sino la cerradura. Es un detalle curioso, y el relato no explica más. Quizá buscaban algo, o quizá solo querían llevarse algo de valor. Nos quedamos con la duda.
Cuando cruces la puerta, piensa en esa llave tan poco milagrosa y en todos los que la tuvieron en la mano.
Naves, columnas reutilizadas y presbiterio de San Antonio Abad
Columnas con otra vida

Ya dentro, colócate en la nave central y mira hacia las columnas y, al fondo, hacia la cabecera.
Estas columnas tuvieron otra vida antes de sostener esta iglesia. Los capiteles y las basas son reutilizados, de origen visigodo y califal. Dicho de otro modo, algunas piezas que sujetan los arcos de aquí vienen de edificios anteriores.
Levanta la vista. Verás arcos peraltados, alfices y capiteles que separan las tres naves. La central es más ancha y más alta que las laterales, y todo el templo se divide en cuatro tramos. Hacia el fondo, la cubierta de madera de la nave central te lleva a la cabecera. Allí, el presbiterio es cuadrado y se cubre con una cúpula de ladrillo sobre pechinas de sillares de granito.
Aquí también hay personas con tarea. En mil setecientos setenta y nueve llegó el visitador Bernabé Velarde y revisó los libros. Encontró partidas con errores y dio quince días para corregirlas. Si no se hacía, la multa era de cuatro ducados, que irían a la fábrica local. Además, el informe recoge otra controversia por bautizos administrados por otros sacerdotes, con una pena de veinte ducados.
Y aquí viene lo bueno. Esos mismos libros no hablaban solo de bautizos. Uno anotó los precios locales del trigo, la cebada, el pan y la carne en mil setecientos ochenta, mil setecientos ochenta y uno y mil setecientos ochenta y tres. Entre partida y partida, alguien apuntó cuánto costaba comer.
Un templo se levanta con piedras ajenas y se llena de apuntes de la vida diaria. Antes de irte, vuelve a mirar las columnas: cada una es un pedazo de otra historia.
Para profundizar
La iglesia tiene fecha de nacimiento documental. La primera mención conocida de la parroquia es del veintidós de enero de mil cuatrocientos sesenta y uno. Es la fecha más antigua que tenemos negro sobre blanco.
Los libros, en cambio, son anteriores. El archivo local sitúa el inicio de los libros parroquiales de Obejo entre mil quinientos treinta y siete y mil quinientos cuarenta, antes del Concilio de Trento. Es decir, aquí se anotaba a la gente cuando aún no era obligatorio hacerlo en todas partes.
Y hay un detalle de nombre. En los libros del siglo diecisiete, la parroquia aparecía como la de Nuestro Señor San Antón. Seguramente lo habías oído en el pueblo como San Antonio Abad, pero también se decía así.
Con eso cierras el recorrido. Una colina, un castillo, una puerta, unas columnas y un archivo que sobrevivió al fuego, a un robo y a muchos siglos.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: la iglesia está en la parte más alta de Obejo, junto a los restos del castillo. Sube hacia la plazuela que da acceso al templo.
- Horarios: confirma los horarios de apertura y de culto en la web oficial del Ayuntamiento de Obejo o en la oficina de turismo antes de ir.
- Plazuela: tiene una baranda en su lado abierto, así que conviene moverse con calma.
- Recorrido: son tres paradas, dos en el exterior y una en el interior. Para la tercera, el templo debe estar abierto.
- Respeto: es una iglesia en uso, así que baja la voz y evita los momentos de culto.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Iglesia Parroquial de San Antonio Abad
Merece la pena ver su posición elevada junto al castillo, la torre con chapitel, la portada y la capilla bautismal. Dentro destacan las tres naves, los arcos peraltados con capiteles reutilizados de origen visigodo y califal, la cubierta de madera y la cúpula del presbiterio.
¿Cómo llegar a Iglesia Parroquial de San Antonio Abad en Obejo
La iglesia está en la parte más elevada y antigua de Obejo, junto a los restos de murallas y torres del castillo. Hay que subir hasta la plazuela que da acceso al templo, delimitada por una baranda, con la casa parroquial en el lado norte.
¿Cuál es la historia de Iglesia Parroquial de San Antonio Abad
Un cronista local sitúa su erección en 1249-1250. La primera mención documental conocida de la parroquia es del 22 de enero de 1461. Sus libros empiezan entre 1537 y 1540, y en agosto de 1936 hubo una hoguera en la plazuela.
¿Cuál es el horario de Iglesia Parroquial de San Antonio Abad
No consta un horario fiable en la documentación consultada. Al tratarse de una iglesia en uso, conviene confirmar los horarios de apertura y de culto en la web oficial del Ayuntamiento de Obejo o en la oficina de turismo antes de la visita.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar Iglesia Parroquial de San Antonio Abad
La audioguía tiene tres paradas: la plazuela, la portada con la torre y el interior. El tiempo depende de tu ritmo y de si el templo está abierto. Con calma, basta para recorrer exterior e interior sin prisas.
¿Cómo es la arquitectura de la iglesia de Obejo
Tiene tres naves divididas en cuatro tramos, con la central más ancha y alta. Los arcos descansan en columnas con capiteles y basas reutilizados. El presbiterio es cuadrado y se cubre con una cúpula de ladrillo sobre pechinas de sillares de granito.
¿Qué pasó en la iglesia de Obejo en 1936
Según el cronista local, en agosto de 1936 se quemaron libros, imágenes y retablos en una hoguera en la plazuela. Los dirigentes de las milicias intervinieron y los libros restantes se llevaron al juzgado, instalado en una habitación del ayuntamiento.
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