Yacimiento arqueológico de Barranco de los Álamos, Villa del Río
Tres paradas para leer el paisaje de Villa del Río como quien lee una carta antigua: con atención, sin prisa y con ganas de saber qué falta. Hablarás de una prospección de 1987, de un horno que un vecino describió como romano y que quizá ya no existe, y de un hombre que se tomó la molestia de medirlo antes de que desapareciera. Es un yacimiento en el que lo importante son las personas que lo recordaron. Una advertencia para todo el recorrido: la orientación que te damos es aproximada, porque no está confirmado el acceso ni lo que se conserva. Son puntos para escuchar el paisaje, no un itinerario señalizado.

Historia del yacimiento de Barranco de los Álamos y la prospección de 1987
Un papel, un barranco y una autovía
Colócate donde puedas abarcar con la vista la zona entre la finca El Cabrero y el Barranco de los Álamos, en Villa del Río. La ubicación es aproximada: basta con que tengas delante el espacio entre las dos referencias.
A veces, para que el pasado de un lugar aparezca en un papel, hace falta que alguien quiera construir una autovía. Aquí pasó algo así.
En mil novecientos ochenta y siete, por las obras previstas de la autovía, Pilar Alcain Martínez y Francisco Godoy Delgado prospectaron esta zona. Su informe situó el yacimiento entre la finca El Cabrero y el Barranco de los Álamos, y advertía de que los restos corrían grave peligro por las dos alternativas de trazado del proyecto.
Fíjate en lo que tienes delante. Una finca por un lado, un barranco por otro y, en medio, un espacio que parece no decir nada. Lo que buscas no es un muro ni una columna, sino esa relación entre los dos nombres del mapa, que es lo que anotaron los arqueólogos. No des por hecho que hoy se vea algo.
Y aquí viene lo bueno. El yacimiento no era un secreto que los expertos sacaran de la nada. El texto local cuenta que algunos vecinos ya lo conocían antes de aquella prospección. El lugar estaba en la memoria de la gente mucho antes de estar en el informe.
Quizá eso pasa más de lo que creemos. La ciencia llega, mide y escribe. Pero alguien ya había pisado esa tierra y se había fijado.
Para profundizar
El lugar tiene un nombre local que da que pensar: Los Tejares. Pérez Daza, un autor de Villa del Río que escribió sobre este asunto en una revista de feria de mil novecientos noventa y seis, lo relacionó con la tradición alfarera de la zona. Es una explicación suya, no una etimología comprobada.
Hay una paradoja. Gracias al proyecto de la autovía hubo prospección y, según Pérez Daza, por culpa de las obras junto a los puentes del Guadalquivir se perdió algo. Lo que se perdió, y qué parte, lo vemos en las dos paradas siguientes.
Qué restos se describen: tegulae, ladrillos y cerámica ibérica
Ladrillos, tejas y un terraplén herido

Mira hacia la terraza del Guadalquivir, el escalón de terreno llano junto al río, y hacia el terraplén cercano. La referencia es aproximada. Imagina el suelo cubierto de fragmentos.
Imagina que paseas por un terreno y, en lugar de piedras, encuentras trozos de ladrillo. Luego tejas romanas, de las que llaman tegulae. Y entre ellas, cerámica ibérica pintada a bandas. Todo mezclado, esparcido, como si alguien hubiera vaciado un cajón enorme en la tierra.
Eso es lo que enumeró Pérez Daza al describir los restos dispersos. Lo hizo como vecino que mira, no como arqueólogo con informe. Y su lista es la de alguien que se agacha a recoger.
Fíjate en la mezcla. Ladrillo, teja romana y cerámica ibérica no pertenecen a un solo momento.
Ahora viene la parte difícil. Pérez Daza escribió que las obras de la autovía, la A-4 o Autovía del Sur, destruyeron parte del asentamiento y el horno romano. Es una afirmación suya, sin comprobación independiente posterior. El informe de mil novecientos ochenta y siete solo habla de peligro de destrucción por el trazado, no de lo que acabó pasando. Cuando alguien tiene el suelo cubierto de tejas y un día vuelve y ya no están, esa clase de frase pesa.
Para profundizar
El mismo autor señaló indicios de otro horno en el mismo terraplén y lo describió como destruido. Nadie aporta una verificación arqueológica independiente de ese segundo horno: es la pista de un vecino atento.
Hay otra pregunta que me encanta, porque sale de un hombre que admite lo que no sabe. ¿De dónde sacaban la arcilla los alfareros? Pérez Daza reconoció que no tenía referencias antiguas sobre el lugar exacto. Lo que ofreció fueron hipótesis, entre ellas que obtuvieran arcillas de lugares distintos, una inferencia a partir de muestras y no una certeza.
Me gusta esa honestidad. En un oficio de barro y fuego, quien escribe sobre él se permite decir que no lo sabe.
El horno descrito como romano y el alfarero Juan Cantero
El horno que alguien midió a tiempo

Mira hacia el terraplén cercano, sin acercarte más de lo que sea seguro. La posición es aproximada y no hay garantía de que quede nada. Cierra los ojos un momento mientras escuchas la descripción.
Hay quien mide un horno cuando todavía existe y quien lo lamenta cuando ya no está. Pérez Daza fue de los primeros. Dijo haberlo fotografiado y medido antes de que desapareciera, para dejar constancia escrita de cómo era.
Él lo identifica como un horno de cerámica romana. El informe de mil novecientos ochenta y siete es más cauteloso: describe restos romanos y una construcción de opus caementicium, un hormigón romano, semejante a un horno. Así que lo de romano es lectura de Pérez Daza, no una datación arqueológica concluyente. Y en ningún caso se trata de un tejar contemporáneo.
Gracias a su descripción podemos imaginarlo. Una cámara de combustión de planta cuadrada o rectangular, con un solo hogar. Tres arcos de medio punto sosteniendo la techumbre y el suelo de la cámara de cocción. Salió en aquella revista de feria y es lo que queda.
Para profundizar
Ahora, ojo, que son dos historias distintas. En esa misma revista, Pérez Daza habló de Juan Cantero Moreno, un alfarero al que describió como activo en mil novecientos noventa y seis, y lo llamó el último alfarero. Una publicación municipal de dos mil veintiuno lo sitúa en una nave junto al Guadalquivir y lo menciona como artesano. Ninguna fuente dice que trabajara en el horno del yacimiento, ni que su oficio tenga que ver con aquel horno de hace siglos. No sabemos si hoy sigue en activo.
Cantero le transmitió al autor una medida de las pilas de amasado de los aprendices: dos metros por tres, seis metros cuadrados de barro que había que pisar y trabajar. Es más que una cama grande, que ronda los tres o cuatro. El relato conserva también su memoria de aprendiz de los alfareros locales y de sus técnicas.
Pérez Daza temía que el oficio desapareciera con Cantero. Lo dijo como temor personal, no como hecho.
La forma del horno solo puede seguirse hoy en la documentación histórica. Nada acredita que la estructura siga en pie ni que el punto sea visitable. Y queda una idea simple: lo que se mide y se escribe a tiempo sobrevive mejor que la tierra cocida.
Prepara tu visita
- Punto de inicio: el paisaje entre la finca El Cabrero y el Barranco de los Álamos, en Villa del Río.
- Cómo llegar: acércate a Villa del Río y pregunta por la ubicación exacta en la oficina de turismo o en el ayuntamiento.
- El acceso público no está verificado, ni la delimitación ni la conservación de los restos. No esperes ver nada.
- Las tres paradas son puntos de lectura del paisaje, no un recorrido señalizado.
- Antes de acercarte al terraplén, asegúrate de la titularidad, la seguridad y el estado del terreno.
- Consulta horarios y condiciones en la web del ayuntamiento o en la oficina de turismo.
Preguntas frecuentes
¿Cómo llegar al Yacimiento arqueológico de Barranco de los Álamos
Se sitúa entre la finca El Cabrero y el Barranco de los Álamos, en Villa del Río. El acceso público no está verificado, así que pregunta en la oficina de turismo o en el ayuntamiento antes de desplazarte.
¿Cuál es el horario de visita del Yacimiento arqueológico de Barranco de los Álamos
No consta horario de visita. Las tres paradas son puntos de lectura documental del paisaje. Consulta la web del ayuntamiento o la oficina de turismo.
¿Cuánto se tarda en visitar el Yacimiento arqueológico de Barranco de los Álamos
La guía tiene tres paradas de escucha pensadas para hacerse con calma. No hay itinerario confirmado ni restos visibles asegurados, así que depende de dónde puedas colocarte.
¿Cuál es la historia del Yacimiento arqueológico de Barranco de los Álamos
En 1987, Pilar Alcain Martínez y Francisco Godoy Delgado prospectaron la zona por las obras previstas de la autovía y situaron el yacimiento entre la finca El Cabrero y el barranco. Un autor local describió restos de cerámica y un horno.
¿Qué restos se han descrito en el yacimiento
Un autor local enumeró fragmentos de ladrillo, tegulae romanas y cerámica ibérica pintada a bandas, y describió un horno de cámara cuadrada o rectangular, con un solo hogar y tres arcos de medio punto. El informe de 1987 habla de restos romanos y de una construcción semejante a un horno.
¿Se conserva el horno del yacimiento
Las fuentes no acreditan que siga en pie. Pérez Daza afirmó que las obras de la autovía destruyeron parte del asentamiento y el horno romano, pero no hay comprobación independiente posterior; el informe de 1987 solo habla de peligro de destrucción.
¿Quién fue Juan Cantero Moreno
Un alfarero al que Pérez Daza describió como activo en 1996, llamándolo el último alfarero. Una publicación municipal de 2021 lo menciona como artesano. No se sabe si sigue en activo ni trabajó en el horno del yacimiento.
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- - Imagen parada 1: Fotografía frontal de la portada de La Tercia, en la calle Guadalquivir, número 7. En el encalado, a ambos lados del acceso, se distinguen las dos lápidas encastradas en el muro, con sus inscripciones originales. Luz natural suave, sin personas ni elementos añadidos. · Alt: Portada de La Tercia con una lápida a cada lado. · Villa del Río