Convento de Santa Clara de Montilla: audioguía de la portada, la iglesia, sus dos sor Ana y los dulces
Una portada de piedra con hojas talladas, una condesa viuda que se hizo monja, una niña que cantaba y tocaba, y un obrador de dulces que ayuda a mantener en pie la casa. Esta audioguía recorre en cinco paradas el Convento de Santa Clara de Montilla, un lugar donde la historia se cuenta con personas, y a veces con azúcar.

Portada de la iglesia del Convento de Santa Clara de Montilla: historia y fundación
La portada con secreto de familia
Colócate en la calle Benedicto Dieciocho, frente a la portada de la iglesia, con la vista en el arco de piedra.
Esta puerta guarda un secreto de familia. Mira primero el arco exterior, de medio punto, y cómo los follajes tallados trepan por la piedra, como si alguien los hubiera dejado crecer allí. Más abajo está la puerta de madera, tan sencilla que invita a pasar de largo. La portada se considera gótico-mudéjar. Se atribuye a Hernán Ruiz el Viejo, pero es una atribución, no una certeza con papeles.
Ahora, el secreto. En mil quinientos doce, Pedro Fernández de Córdoba, primer marqués de Priego, fundó aquí un convento franciscano, para frailes. Su hija, María Jesús de Luna, tuvo otra idea, y aquel proyecto masculino acabó convertido en monasterio de clarisas. El padre puso los cimientos y la hija cambió de inquilinos. El convento nació junto al palacio de la familia, y esa vecindad marcó su historia.
Y la piedra que tienes delante todavía da que hablar. En diciembre de dos mil veinticuatro, la Comisión de Patrimonio de la Junta de Andalucía pidió analizar mediante catas los restos de color de esta portada antes de decidir su tratamiento, y exigió una memoria final con fotografías. Es decir, bajo la piedra que ves pudo haber color. Las fuentes que manejamos no recogen qué resultaron decir las catas ni qué se hizo después. Tampoco permiten separar con seguridad lo antiguo de lo repuesto en la portada. Esa memoria final es el documento donde mirarlo.
Para seguir, entra por la iglesia, que se abre en los horarios de culto. Dentro está lo que más ha atraído a quien llega a este convento.
Para profundizar
El conjunto ocupa una parcela de seis mil cuarenta metros cuadrados, repartidos entre patios y crujías, que son las alas alargadas que rodean cada patio. Casi todo queda tras este muro. La portada es la parte que se enseña, y el resto es la casa de la comunidad.
La documentación de la restauración contempla registrar el estado de la puerta de madera y de la superficie de piedra, y también su policromía. Para quien la estudia, esta entrada no es solo un paso: es un archivo que se lee con lupa.
Iglesia del Convento de Santa Clara: artesonados mudéjares y retablo del Buen Pastor
La iglesia: madera mudéjar y un Buen Pastor

Dentro de la iglesia, en la nave, mirando hacia arriba y después hacia el muro del Evangelio.
Levanta la vista. Los artesonados son de labor mudéjar y cubren la nave y el presbiterio. Descansan sobre pechinas, esas piezas que ayudan a pasar de una planta cuadrada a una cubierta de otra forma. La iglesia tiene una nave rectangular y un presbiterio cuadrado. Entre los dos hay un arco toral, el gran arco que separa y a la vez une ambos espacios.
Busca ahora, en el muro del Evangelio, el retablo del Buen Pastor. Se atribuye a Baltasar del Águila y está fechado en mil quinientos noventa y nueve. Lleva, pues, más de cuatro siglos mirando a quien reza aquí. La Junta dio el visto bueno a su restauración en dos mil veinte.
Esta iglesia ha visto pasar a mujeres muy distintas. La primera es la más conocida del convento, y llegó ya con media vida a cuestas.
Para profundizar
Desde las zonas accesibles al público, los artesonados se ven mejor en la cabecera, donde el presbiterio los recoge casi a la altura de la vista.
Ana Ponce de León, condesa de Feria y sor Ana de la Cruz, en Santa Clara de Montilla
La condesa que se hizo sor Ana

En el mismo lugar, en la nave de la iglesia, con la mirada en el presbiterio.
La figura más famosa de este convento se llamó Ana Ponce de León, condesa de Feria. Ingresó siendo viuda, a mediados del siglo dieciséis, y tomó el nombre de sor Ana de la Cruz. Una noble de la casa de Feria que cambia el palacio por la clausura: eso, en su tiempo, se contaba por todas partes.
Su guía espiritual fue San Juan de Ávila, el gran referente de Montilla. El convento conserva todavía objetos vinculados a él. Murió en mil seiscientos uno.
Aquí, además, el apellido importa. Entre las casas de Priego y de Feria hay hilos de familia, y este convento nació en el palacio de una de ellas. Fue la casa de Priego quien lo fundó, y la de Feria puso a una de sus condesas entre sus muros.
Guarda este nombre, sor Ana de la Cruz, porque unos años después de su muerte llegó otra niña que acabaría llevándolo. Es otra persona.
Sor Ana de la Cruz Ribera: la niña música del Convento de Santa Clara
La otra sor Ana: una niña con arpa

En el mismo lugar, en la iglesia, escuchando el silencio de la nave.
Atención, que aquí hay dos Anas. La condesa de Feria murió en mil seiscientos uno. Doce años después, en mil seiscientos trece, entró en este convento otra Ana: Ana de Ribera, nacida en mil seiscientos seis. Tenía siete años y medio y llegaba para quedarse. Sería la segunda sor Ana de la Cruz del convento.
La niña no vino sola de la nada. La crió su tía, doña Juana de Ribera, quinta marquesa de Priego, que vivía en el palacio de los marqueses, pegado al convento. Cuando llegó el momento de elegir nombre de religiosa, la marquesa le propuso varios. Según la crónica conservada, Ana eligió «de la Cruz».
Y la niña sabía hacer cosas. Recibió formación musical: sabía órgano, aprendió arpa, bajón y vihuela, y además componía. Por eso, con el tiempo, fue pieza importante de la música de la comunidad.
Por eso preocupó tanto lo que vino después. Sor Ana perdió oído. La marquesa y las religiosas consultaron a médicos, porque no querían perder a su música. Y se nota que tampoco querían perder a Ana.
Para profundizar
A los dieciséis años hizo la profesión solemne, y se celebró con gran pompa en el convento y en la ciudad. Murió en mil seiscientos cincuenta, a los cuarenta y cuatro años. La marquesa de Priego le organizó un entierro que la crónica califica de solemnísimo. Habían pasado treinta y siete años desde que cruzó la puerta, y la casa seguía considerándola suya.
Dulces del Convento de Santa Clara de Montilla: yemas, alfajores y tejas
Yemas para sostener un tejado

Al salir de la iglesia, en el compás de entrada del convento, junto a la portada plateresca, que es otro acceso del conjunto y no la portada de la iglesia. Desde aquí se ve la tienda de repostería.
Una abadesa dijo una vez que a ella también le gustaban los donuts, pero que no pensaba dejarlos entrar en el convento. Es una de esas frases que dicen mucho en pocas palabras. Era María Jesús Blanco y, en dos mil dieciocho, contó cómo se vive aquí del dulce.
Ese año, el obrador ofrecía casi veinte dulces. Entre ellos figuraban las yemas de Santa Clara, los alfajores y las tejas de almendra. El periódico señalaba que algunas recetas tenían siglos. Los alfajores, además, ganaron por unanimidad el concurso navideño de dos mil dieciséis, según informó la prensa en dos mil diecisiete.
Pero los dulces no son solo tradición ni solo cariño. La abadesa explicó que reservaban parte de las ventas para renovar el convento. Cada caja que sale de aquí es, en cierto modo, un trozo de tejado, de muro o de suelo. En dos mil dieciocho, la comunidad eran quince hermanas, y la mayor tenía noventa y cinco años. Son datos de entonces, y hoy pueden ser distintos.
Si hay tienda abierta, entra y mira qué hay en el mostrador. La oferta de hoy puede no coincidir con la de dos mil dieciocho. Si coincides con alguna jornada especial, ante esta portada plateresca se ha llegado a exponer una pequeña muestra de utensilios históricos de cocina: moldes para bizcochos, almireces y balanzas.
Has empezado en una puerta de piedra, has conocido a una condesa y a una niña con arpa, y terminas con una caja de yemas. Es difícil decir cuál de las tres cosas sostiene más la casa.
Para profundizar
El obrador no siempre tuvo la forma de hoy. La abadesa contó que las dificultades económicas llevaron a las monjas a formalizarlo y a modernizar la cocina con hornos eléctricos. Las hermanas también viajaron a otros obradores para aprender recetas y perfeccionar lo que preparaban en Montilla.
Blanco describió la caída estacional de las ventas como una amenaza para las hermanas, sobre todo en agosto, cuando el calor y el calendario no ayudan. En dos mil dieciocho, durante el Día del Dulce Conventual, las cajas salieron al compás de entrada del convento.
En dos mil veinticuatro, el gestor cultural Juan Casado vinculó algunas recetas a raíces del siglo dieciséis y a reminiscencias andalusíes y sefardíes. Es una atribución suya, no una fecha documentada para cada dulce, pero da gusto imaginarlo.
Prepara tu visita
- Cómo llegar: el punto de inicio es la portada de la iglesia, en la calle Benedicto Dieciocho, en Montilla. Así figura el emplazamiento en la documentación de la Junta de Andalucía.
- Horarios: confirma los horarios de visita en la web oficial de turismo de Montilla o en la oficina de turismo antes de ir.
- Iglesia: se visita durante los cultos, así que conviene consultar cuándo se celebran.
- Tienda: el convento tiene tienda de repostería conventual. Si está abierta, puedes ver los dulces disponibles. La lista de dulces de la parada 5 es de dos mil dieciocho y puede haber cambiado.
- Utensilios históricos: solo se exponen en algunas jornadas, así que no siempre habrá muestra.
- Clausura: hay zonas del convento que forman parte de la clausura y no figuran como visitables en una visita ordinaria. Es el caso de la capilla del Padre de Familias.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en el Convento de Santa Clara de Montilla
La portada de la iglesia, con follajes tallados y arco de medio punto, y la iglesia con artesonados mudéjares y el retablo del Buen Pastor, fechado en 1599. También la memoria de dos religiosas llamadas sor Ana de la Cruz y la tienda de repostería conventual, si está abierta.
¿Cómo llegar al Convento de Santa Clara en Montilla
La portada de la iglesia está en la calle Benedicto XVIII, en Montilla. Es el punto de inicio natural de la visita.
¿Quién fundó el Convento de Santa Clara de Montilla
En 1512, Pedro Fernández de Córdoba, primer marqués de Priego, fundó un convento franciscano. Su hija, María Jesús de Luna, lo convirtió en monasterio de clarisas.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar el Convento de Santa Clara
Depende del ritmo y de qué esté abierto ese día. La audioguía recorre cinco paradas: la portada, la iglesia, las dos sor Ana y los dulces conventuales. Calcula el tiempo según el horario de apertura.
¿Quién fue Ana Ponce de León, condesa de Feria
Ingresó viuda en el convento a mediados del siglo XVI con el nombre de sor Ana de la Cruz. Fue dirigida espiritualmente por San Juan de Ávila y murió en 1601.
¿Quién fue sor Ana de la Cruz Ribera
Ana de Ribera, nacida en 1606, ingresó siendo niña en 1613 y fue la segunda sor Ana de la Cruz del convento. No es la condesa de Feria. Sabía órgano, arpa, bajón y vihuela, y componía. Murió en 1650, a los 44 años.
¿Qué dulces hacen las monjas del Convento de Santa Clara de Montilla
En 2018, el obrador ofrecía casi 20 dulces, entre ellos las yemas de Santa Clara, los alfajores y las tejas de almendra. Es información de esa fecha y puede haber cambiado. Los alfajores ganaron por unanimidad el concurso navideño de 2016, según la prensa de 2017.
¿Qué se sabe de la restauración de la portada
En diciembre de 2024, la Comisión de Patrimonio pidió analizar los restos de policromía mediante catas y presentar una memoria final con fotografías. Las fuentes consultadas no recogen el resultado.
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